Los 1001: GRUPO 25:Jacques Brel - Ces gens-là (1966); The Only Ones - The Only Ones (1978); The Undertones -The Undertones (1979)

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Mensaje por David Z. el Sáb 20 Abr 2019 - 7:37

Bien, ya he esperado a que casi todos voten y nadie, ni siquiera Watts, pueda quitarle puntos a los Monks en represalia al cobarde ladrillazo que os voy a soltar, así que vamos allá.

Hay que joderse con Borogis, va y empieza su tochete de los Cramps hablando de Platón. ¿Y ahora a quién cito yo? ¿A Nietzsche? ¿A Confucio? ¿A Paquirrín?

Citemos a Mike Stax mejor, que ha descrito su música mejor de lo que yo podría hacer:

“La música de los Monks es el material del que está hecha la verdadera grandeza: enormes golpes de bajo reverberando y ritmos de batería, llevados a un límite frenético de distorsión y sobrecarga por los tajos de un banjo electrificado, todo con una capa encima de ráfagas de chillidos de un órgano delirante y el zumbido y el alarido del feedback y el fuzz que algún enajenado descarga en una guitarra eléctrica; todo esto empujando las voces agresivas y guiadas por la ira, que gritan: “Te odio, chica, con pasión…” “La gente va a morir por ti”, “Los chicos son chicos, las chicas son ricas”, “Pussy galore viene y nos encanta… no nos gusta la bomba atómica”… “¡Cállate! ¡No llores!” Y “Higgle-Dy, Piggle-Dy, ¡hagámoslo!” (Mike Stax, Ugly Things)

O refirámonos a otro gran sabio, Antoine “Grasitas” Dominó, que una vez dijo con no poca razón: “eso que ahora llaman rock’n’roll se llama rhythm’n’blues y lo llevo tocando yo veinte años en Nueva Orleans”. Lo mismo podrían haber dicho los Monks en el 77: “eso que ahora llaman punk lo tocábamos nosotros hace más de 10 años”. No les faltarían argumentos. Esto no es como por ejemplo lo de los Sonics, un sonido rock’n’roll recrudecido y distorsionado pero nada realmente nuevo. Esto es más como lo del primer disco de los Stooges: un asalto frontal a la música del momento, una música desconocida hasta entonces.

Tal vez las condiciones mentales de Iggy de aburrimiento, ansiedad, ira, desencanto y alienación/fascinación ante una sociedad posindustrial ya estaban ahí en los Monjes, que habían sido soldados sólo por escapar de sus pueblos de mierda y que no tenían ninguna simpatía al ejército ("¿qué ejército? ¡cualquier ejército!”, como se dice en el disco).

Ya sabéis que a mí, cuya yegua no es mi vieja yegua gris y cuya polla peina canas y calvicie donde antaño hubo rizos rubios al sol, apenas se me levanta ya sin viagra. No, espera, esa es otra historia. Dónde estaba. Maldito alemán. Ah, sí, apenas se me levanta ya con el rock (no con el rock’n’roll, ojo, ahí me pincho todo lo que quiero). Este disco pertenece a esa rara categoría de discos rock que no solo aún tolero y hasta disfruto  enteros, sino que me los puedo poner tres o cuatro veces seguidas en un día (total, son 30 increíbles minutos). Lo acabo de hacer.

Eskoriez ahora pensará —mientras se agarra tiernamente a su cactus y a su nuevo póster de Ana Torroja y los Cano melenas al viento (abajo pone “una rosa es una rosa” y Esko lo acaba de comprar en eBay autografiado por José María, que le ha regalado además 10 discos de su nueva ópera)—  que soy con el rock como ese compañero que todos tenemos al que se le pasó la mano con el porno y ya solo es capaz de eyacular (con la fuerza de una bisabuela soplando velas) con videos bizarros y demenciados de enanas masturbando caballos (o bisabuelas soplando velas). Que ya solo me pone lo más raro y marciano. Un poco lo que dice DumDum de los paladares curtidos. Solo puedo responder que no se debe menospreciar el poder de lo que aún hoy es chocante, chatarrero y único, y menos en el rock. Ni los videos de bisabuelas y caballos. Pero no entremos ahora en este jardín. El caso es que este es aún uno de ese puñado de discos que es ponerlos y dar cabezazos contra la vida, movérseme el cuerpo entero como si fueran el Cachabolik Blues Rock (y algo de adiabolado sí tienen) y contorsionarme como un espasmódico acelerado: hay algo en él que me vuelve puro nervio, emoción, frenesí, energía. Toca exactamente en los centros primarios del córtex, que diría Jung. O Carpanta, no recuerdo quién. Tienen eso que tienen Stooges, los Cramps, la Velvet, los Modern Lovers, los Swell Maps, los Ramones o los Pistols: el fuego del rock’n’roll puro, llevado de antorcha en antorcha como en una conspiración de hombres de las cavernas contra este sindiós de civilización.

Hablando de sindioses:

Alemania, alrededor de 1964. Gran presencia militar americana en todo el país por aquello de la guerra fría.  Eddie, Gary, Larry, Dave y Roger han terminado su estancia el ejército yanqui (y algo yonqui) y se quedan en Alemania disfrutando de la juventud y la banda que han formado: The Torquays. Como todas las agrupaciones musicales del momento, hacen rock’n’roll cincuentero/beatlesco. Al fin y al cabo los Beatles tuvieron sus primeros fans en Alemania y allí ahora todo el mundo quiere sonar como ellos y a ser posible seguir su imposible camino al éxito. Hay concursos de bandas imitadoras de los Fab Four, etc. Los Torquays se van curtiendo por los escenarios del país (tocando generalmente para soldados) y tienen una gran oportunidad de ir más allá cuando les contratan como banda local del Rio Bar de Stuttgart, donde pueden tocar todas las horas que quieran varios días por semana. Esto los vuelve músicos mejores… e inquietos: han de probar cosas nuevas para no aburrirse, experimentando con distorsión, feedback, elementos que los vuelven únicos e interesantes entre la predecible escena “beatlemaníaca” local.

Una noche, tras tocar en ese club, dos diseñadores y publicistas alemanes llamados Carl y Walter, que estaban entre la audiencia, se les acercan para decirles que les gusta su sonido y que están buscando una banda con la que trabajar. Se decide que ambos se convertirán en el equipo de management de la banda. Muy a semejanza de Warhol con la Velvet, solo que antes. Carl y Walter serán fundamentales para el grupo, que en realidad es el fruto del enorme feedback trasatlántico, como se llama el documental de la banda, lo que interpreto no sólo como alusión al sonido, sino especialmente al intercambio de ideas entre los rockeros americanos y sus vanguardistas mánagers alemanes.

“¡Están locos estos germanos!”, esto lo sabemos por ya varias razones y esto es lo que se decían los músicos americanos, ya rebautizados (no se sabe bien por quién) como Monks. Sus mánagers les piden algo totalmente radical: una, digamos, imagen de marca en que todos los elementos (el nombre, la tipografía del logo, la imagen y el concepto de la banda) sean inmediatamente distinguibles y coherentes. Les dan reglas escritas: “Sé siempre un Monk. No te salgas del papel de Monk dentro ni fuera del escenario. No lleves ropas de colores. Nunca seas un Torquay”. Los alemanes saben lo que buscan: un grupo que sea algo más que una banda, una organización eficiente en la que todo funcione al servicio del sonido y la idea.

Las innovaciones de imagen son accesorias aunque impactantes (la tonsura no la ven nada clara y solo la hacen a insistencia de los managers, el vestir todo de negro con cordones semejando hábitos monjiles, etc). Es divertido en todo caso cómo explican que una vez se hicieron la tonsura, la gente se cambiaba de acera al verlos… pero las chicas los miraban con mucha más atención que antes. En todo caso todo esto es irrelevante. Son las innovaciones de sonido —a medias entre la banda y los mánagers imagino, aunque los Monks dicen que en cuestión de sonido casi todo fue idea del grupo— las que hacen que hablemos hoy de este disco y las que hacen de los Monks un milagro. Veámoslas:

La primera es lo que Eddie llama una “deconstrucción de las canciones”. Los Monks ya tienen buenas canciones. Ahora empiezan a sacar de ellas todo lo no necesario. “Si teníamos 4 acordes, la dejábamos en 3, o en 2, o en 1” (Lou Reed: “un acorde es perfecto. Dos, ya te estás arriesgando. Tres, ya es jazz). “Si teníamos 50 palabras en la canción, la dejábamos en 20”, dice de hecho que no cree que ninguna canción de los Monks supere las 20-30 palabras. Es exactamente el mismo concepto que sigue Iggy en los Stooges.

A nivel sonoro y compositivo lo que los Monks intentan se puede calificar de un sonido “anti-Beatle”, de hecho para mí son los grandes anti-beatles de la historia de la música. Son una reacción a la beatlemanía, una nueva ola, y así se explican muchas decisiones: donde los de Liverpool favorecen melodías elaboradas, los Monks usan un acorde. Donde aquellos cantan “She Loves You” o “From Me to You”, estos cantan “I Hate You (But Call Me)”. Donde los fab-four usan bellas armonías en los coros, los Monjes cantan, como buenos monjes medievales (antes de la polifonía), al unísono (“But call me!”). Es tremendamente efectivo (esos coros son maravillosos, unidos al órgano dan una especie de sonido de iglesia de Satán maravilloso), pero no lo sería si no fuera por un elemento aún más básico e importante en su música: el RITMO.

Los Monks son una respuesta a los Beatles porque donde para estos melodía y armonía son esenciales, para los Monks solo existe el RITMO. Todo en la banda está a su servicio, cada instrumento es parte de la sección rítmica (casi no puede distinguirse nada más que el machacón ritmo donde todo se une). Incorporan el banjo solo para usarlo como instrumento de percusión (ver los maravillosos videos). La batería no usa apenas platillos, solo caja, bombo y timbal de suelo (floor tom), el bajo y el bombo se unen en un groove casi insano que los productores se las ven y se las desean para recoger en estudio. El productor de este disco, por cierto, explica cómo a base de varios micrófonos y subir volúmenes logró esa maravilla de sonido (otra gran diferencia con cualquier banda de garaje del momento es que este disco suena absolutamente brutal, la producción está a años luz de lo común). También dice que cuando los vio por primera vez tuvo que salirse de la sala porque el volumen era ensordecedor, y que fue desde fuera cuando se dio cuenta de que la banda era la puta ostia. Lo que son, vamos.

Por cierto que esta búsqueda del ritmo percibido como algo “primario” y “primitivo” da pie a una discusión interesante: ¿no es toda la vanguardia del siglo XX, en casi cualquier arte, una reacción a la sociedad occidental perfecta en su técnica y tecnología y la búsqueda consiguiente de algo que casi siempre se asocia con primitivismo, desde las formas de Picasso hasta los ritmos del tambor? El gran Alain Danielou tiene un artículo llamado algo como “la tiranía de la armonía” donde dice que precisamente Occidente exporta la armonía como su gran hallazgo que es superior a toda otra música, como su imperialismo cultural, y que músicas basadas en otros aspectos son menospreciadas y tratadas de primitivas. Y así sucede con la música basada en el ritmo.

Otro aspecto interesante de esta búsqueda obsesiva del ritmo, del BOM BOM tribal y cazurro que tanto gusta a los enfermizos del sector demenciado del rock’n’roll, es que por ejemplo usan ritmos fuera del 4/4 para desasosegar más y volver el ritmo más obsesivo y machacón, dejando al oyente en tensión, haciendo progresiones que en vez de durar cuatro compases duran cinco, o en vez de repetir una parte las típicas 12 veces lo hacen 13… Al final de Love Came Tumbling Down por ejemplo el groove se repite 10 veces (no 8 ni 4 ni 12), y al principio de “Blast Off!” (casi la canción más prescindible del disco en realidad) es difícil llevar la cuenta del número de repeticiones, que se vuelven simplemente hipnóticas.

Y luego está la voz. Irritante a veces, a mí me recuerda a Johnny Rotten, a Mark E Smith o a Jello Biafra… más de 10 años antes, ojo.  The Fall precisamente adoran a los Monks y hacen nada menos que cuatro versiones de este disco a lo largo de su carrera.

El sonido me recuerda no poco a los Stooges y algo a veces a la Velvet. Lo que Iggy dice de escuchar a Harry Partch o de ir a las fábricas de coches de Detroit y oír las placas de metal cayendo una sobre otra y los martillos hidráulicos y demás como influencia se escucha claramente aquí. La guitarra del principio de Monk Time, de hecho, ese primer ‘solo/riff’, suena a Stooges muchísimo. Insistimos, 3 años antes que los de Ann Arbor.

Analicemos esa guitarra, por Dios: escuchad lo que hace la guitarra en “Oh How to Do Now" o en “We Do Wie Du”. Es una puta locura. Parece la Velvet, parece Ron Asheton. O escuchad ese alucinante órgano de “Complication”, suena a Cale, a gloria bendita.
Prestad atención a uno de los grandes aciertos del disco: ese maldito banjo eléctrico que suena como un cuchillo. Fijaos en él. Es como una descarga eléctrica cada sonido que hace, cada golpe. Qué maravilla de hallazgo decir, tomad un instrumento tradicional americano, y hacedlo sonar vanguardista. Como el botijo o jug de los 13th Floor Elevators. Pero esto suena mucho más agresivo, sonando a contratiempo a menudo, una locura. En directo es increíble ese banjo y la forma de tocarlo de Dave Day es hipnótica y da idea del uso que le da como instrumento de percusión. Suena como a chapas de metal al chocar, saltan chispas, igual que el bajo suena como un taladro por momentos.








Todo en ellos es hipnótico en vivo, si esas apariciones de TV son representativas de cómo eran (y dado que son las únicas que hay, no quedan más huevos que asumir que lo son): cómo se alinean en el escenario, cómo juegan con la guitarra en el suelo acercándose todos a tocarla como una extraña comunión, esas enormes panderetas dando contra el teclado, el batería aporreando la caja con unos cascabeles… Es un puto delirio, uno de los grupos más mágicos que ha debido existir. ¡Y nadie lo entendía! ¡Nadie lo disfrutaba!

Porque nada en 1966 sonaba así y nada suena así hoy. El disco nos llega como un milagro, como algo preservado en el tiempo que no ha perdido ningún vigor en 50 años. Sigue sonando radical, único y maravilloso. En su día además sonaba… imposible. Lo que más se repetía en la prensa alemana en su día: “BRUTAL”. Un sonido de pesadilla, de otra dimensión. Como dice alguien por ahí, un disco de una pureza de intenciones y de una total despreocupación por lo que otros hacen o por los resultados comerciales. Un sonido crudo y enloquecido: “Nadie jamás hizo un disco entero a este nivel de demencia. Es una joya nacida del aislamiento y del horrible conocimiento interior de que nadie escucha lo que dices ... Aprovecharon el estar en otro país para escribir canciones que habrían sido horriblemente mutiladas por productores y arreglistas en América. No necesitaban “limpiar” su sonido, como los Beatles y otros habían hecho al volver a casa, pues no había ninguna restricción artística”. Lo he pillado del wikiwiki, no recuerdo de quién.


Por todo lo anterior este disco es una obra maestra que siempre se nombra como precursor y como influencia seminal en el desarrollo de varios estilos: obviamente el punk, pero también el kraut rock (el tipo de Faust dice en el documental que le volaron la cabeza y le cambiaron la vida, es cierto que se ve una clara analogía entre lo que hacen Monks y lo que hacen varios krautrockers) y hasta hay quien dice que en el metal (aunque yo no oigo absolutamente nada de metal aquí, la verdad). De hecho este disco, mucho más que por ejemplo los Sonics o los Saicos, anuncia caminos nuevos que irán hacia el punk y hacia todo sonido industrial y de vanguardia.

Hacer algo tan innovador y único, avanzado al menos 10 años a su tiempo, no sale gratis (díselo a la Velvet). El resultado es que nadie comprendía lo que hacían (díselo a la Velvet). Tocaban en clubs y la gente no entendía nada, no bailaban, no disfrutaban. Se quedaban mirando con cara de bobos. Nadie estaba preparado para esto. Cuando tocaban en bares de soldados americanos siempre tenían problemas por ese inicio de Monk Time con “no nos gusta el ejército, ¿qué ejército? ¡ningún ejército! ¿Para qué estáis matando a jóvenes en Vietnam?”, un alegato muy valiente y aún nada común, ya que la resistencia a Vietnam aún no ha empezado a tener la fuerza que luego cobrará. Cobrar casi cobraron varias veces, en efecto.

Así que tras un año o así de tocar, y con un tour por el sureste asiático a punto de empezar, el batería les abandona y la banda se desintegra (qué pena, pudiendo haber muerto a machetazos en un bar de Saigón tras tocar Monk Time para los marines). Dejan sólo este disco (y un single posterior que no pasa de anécdota) como eterno legado. Aún hay a quien le cuesta entender este Black Monk Time (como se demuestra en este mismo hilo). No ha envejecido nada. No suena a “otra banda de garaje”. Suena aún más raro y único que en su día. Mark E Smith, Genesis P’ Orridge (Throbbing Gristle), Jon Spencer, Dead Kennedys o los Beastie Boys no pueden estar equivocados. No todos a la vez.


Y para mí nada de toda esta mierda sería importante si no fuera por las canciones. Menuda colección, joder: Piggle Eye, Boys are Boys, Oh How to Do Now (¡HIJODEPU TA, HIJODEPU TA!), Shut Up, I Hate You, Monk Time… putos himnos todas. Perfectas. Canciones sencillas, casi infantiles, puro rock, para contrastar con lo radical del sonido. Una combinación imbatible.


El resumen (podría haber escrito solo esto y quitar todo lo de arriba, pero tengo una reputación que mantener) es que fue un grupo de americanos normales (o sea, algo desquiciados, como buenos americanos normales), buenos músicos, al que dos locos alemanes llevaron a alturas que tal vez ni grupo ni mánagers soñaron ni comprendieron bien. Lo que dice Mike Stax de la conjunción de elementos más improbable y azarosa en la historia de una formación rock (¿soldados americanos en Alemania? ¿mánagers alemanes?). Una asociación perfecta entre rock y vanguardia, entre cazurrismo e inteligencia, entre visión comercial y resultado totalmente anticomercial. Una maravilla… y francamente una locura que no estuviera ya en la lista, pues no puede caber ninguna duda de que este es uno de los 1001 discos (y hasta de los 981) más importantes de la historia de la música rock. No hay muchos discos tan avanzados a su tiempo como este y que suenen igual de bien hoy. Y si no lo entendéis y no comprendéis su grandeza nada más darle al play, tenéis dos cachos de corcho por orejas. Lo siento, pero al menos os harán descuento al comprar en el Caprabo. Seguid escuchándolo y lo entenderéis.

Mira, al final he sido breve.

Salud,
Z


Última edición por David Z. el Sáb 20 Abr 2019 - 9:30, editado 3 veces
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Mensaje por sapir el Sáb 20 Abr 2019 - 8:22

@David Z. escribió:
Spoiler:
Bien, ya he esperado a que casi todos voten y nadie, ni siquiera Watts, pueda quitarle puntos a los Monks en represalia al cobarde ladrillazo que os voy a soltar, así que vamos allá.

Hay que joderse con Borogis, va y empieza su tochete de los Cramps hablando de Platón. ¿Y ahora a quién cito yo? ¿A Nietzsche? ¿A Confucio? ¿A Paquirrín?

Citemos a Mike Stax mejor, que ha descrito su música mejor de lo que yo podría hacer:

“La música de los Monks es el material del que está hecha la verdadera grandeza: enormes golpes de bajo reverberando y ritmos de batería, llevados a un límite frenético de distorsión y sobrecarga por los tajos de un banjo electrificado, todo con una capa encima de ráfagas de chillidos de un órgano delirante y el zumbido y el alarido del feedback y el fuzz que algún enajenado descarga en una guitarra eléctrica; todo esto empujando las voces agresivas y guiadas por la ira, que gritan: “Te odio, chica, con pasión…” “La gente va a morir por ti”, “Los chicos son chicos, las chicas son ricas”, “Pussy galore viene y nos encanta… no nos gusta la bomba atómica”… “¡Cállate! ¡No llores!” Y “Higgle-Dy, Piggle-Dy, ¡hagámoslo!” (Mike Stax, Ugly Things)

O refirámonos a otro gran sabio, Antoine “Grasitas” Dominó, que una vez dijo con no poca razón: “eso que ahora llaman rock’n’roll se llama rhythm’n’blues y lo llevo tocando yo veinte años en Nueva Orleans”. Lo mismo podrían haber dicho los Monks en el 77: “eso que ahora llaman punk lo tocábamos nosotros hace más de 10 años”. No les faltarían argumentos. Esto no es como por ejemplo lo de los Sonics, un sonido rock’n’roll recrudecido y distorsionado pero nada realmente nuevo. Esto es más como lo del primer disco de los Stooges: un asalto frontal a la música del momento, una música desconocida hasta entonces.

Tal vez las condiciones mentales de Iggy de aburrimiento, desencanto y alienación/fascinación ante una sociedad industrial ya estaban ahí en los Monjes, que habían sido soldados sólo por escapar de sus pueblos de mierda y que no tenían ninguna simpatía al ejército ("¿qué ejército? ¡cualquier ejército!”, como se dice en el disco).

Ya sabéis que a mí, cuya yegua no es mi vieja yegua gris y cuya polla peina canas y calvicie donde antaño hubo rizos rubios al sol, apenas se me levanta ya sin viagra. No, espera, esa es otra historia. Dónde estaba. Maldito alemán. Ah, sí, apenas se me levanta ya con el rock (no con el rock’n’roll, ojo, ahí me pincho todo lo que quiero). Este disco pertenece a esa rara categoría que no solo aún tolero entero, sino que me lo puedo poner tres o cuatro veces seguidas en un día (total, son 30 increíbles minutos). Lo acabo de hacer.

Eskoriez ahora pensará —mientras se agarra tiernamente a su cactus y a su nuevo póster de Ana Torroja y los Cano melenas al viento (abajo pone “una rosa es una rosa” y Esko lo acaba de comprar en eBay autografiado por José María, que le ha regalado además 10 discos de su nueva ópera—  que soy con el rock como ese compañero que todos tenemos al que se le pasó la mano con el porno y ya solo es capaz de eyacular (con la fuerza de una bisabuela soplando velas) con videos bizarros y demenciados de enanas masturbando caballos (o bisabuelas soplando velas). Que ya solo me pone lo más raro y marciano. Un poco lo que dice DumDum de los paladares curtidos. Solo puedo responder que no se debe menospreciar el poder de lo que aún hoy es chocante, chatarrero y único, y menos en el rock. Ni los videos de bisabuelas y caballos. Pero no entremos ahora en este jardín. El caso es que este es aún uno de ese puñado de discos que es ponerlos y dar cabezazos contra la vida, movérseme el cuerpo entero como si fueran el Cachabolik Blues Rock (y algo de adiabolado sí tienen) y contorsionarme como un espasmódico acelerado: hay algo en él que me vuelve puro nervio, emoción, frenesí, energía. Toca exactamente en los centros primarios del córtex, que diría Jung. O Carpanta, no recuerdo quién. Tienen eso que tienen Stooges, los Cramps, la Velvet, los Modern Lovers, los Swell Maps, los Ramones o los Pistols: el fuego del rock’n’roll puro, llevado de antorcha en antorcha como en una conspiración de hombres de las cavernas contra este sindiós de civilización.

Hablando de sindioses:

Alemania, alrededor de 1964. Gran presencia militar americana en todo el país por aquello de la guerra fría.  Eddie, Garry, Larry, Dave y Roger han terminado su estancia el ejército yanqui (y algo yonqui) y se quedan en Alemania disfrutando de la juventud y la banda que han formado: The Torquays. Como todas las agrupaciones musicales del momento, hacen rock’n’roll cincuentero/beatlesco. Al fin y al cabo los Beatles tuvieron sus primeros fans en Alemania y allí ahora todo el mundo quiere sonar como ellos y a ser posible seguir su imposible camino al éxito. Hay concursos de bandas imitadoras de los Fab Four, etc. Los Torquays se van curtiendo por los escenarios del país (tocando generalmente para soldados) y tienen una gran oportunidad de ir más allá cuando les contratan como banda local del Rio Bar de Stuttgart, donde pueden tocar todas las horas que quieran varios días por semana. Esto los vuelve músicos mejores… e inquietos: han de probar cosas nuevas para no aburrirse, experimentando con distorsión, feedback, elementos que los vuelven únicos e interesantes entre la predecible escena “beatlemaníaca” local.

Una noche, tras tocar en ese club, dos diseñadores y publicistas alemanes llamados Carl y Walter, que estaban entre la audiencia, se les acercan para decirles que les gusta su sonido y que están buscando una banda con la que trabajar. Se decide que ambos se convertirán en el equipo de management de la banda. Muy a semejanza de Warhol con la Velvet, solo que antes. Carl y Walter serán fundamentales para el grupo, que en realidad es el fruto del enorme feedback trasatlántico, como se llama el documental de la banda, en lo que interpreto no sólo como alusión al sonido, sino especialmente al intercambio de ideas entre los rockeros americanos y sus vanguardistas mánagers alemanes.

“¡Están locos estos germanos!”, esto lo sabemos por ya varias razones y esto es lo que se decían los músicos americanos, ya rebautizados (no se sabe bién por quién) como Monks. Sus mánagers les piden algo totalmente radical: una, digamos, imagen de marca en que todos los elementos (el nombre, la tipografía, la imagen y el concepto de la banda) sean inmediatamente distinguibles y coherentes. Les dan reglas escritas: “Sé siempre un Monk. No te salgas del papel de Monk dentro ni fuera del escenario. No lleves ropas de colores. Nunca seas un Torquay”. Los alemanes saben lo que buscan: un grupo que sea algo más que una banda, una organización eficiente en la que todo funcione al servicio del sonido y la idea.

Las innovaciones de imagen son accesorias aunque impactantes (la tonsura no la ven nada clara y solo la hacen a insistencia de los managers, el vestir todo de negro con cordones semejando hábitos monjiles, etc). Es divertido en todo caso cómo explican que una vez se hicieron la tonsura, la gente se cambiaba de acera al verlos… pero las chicas los miraban con mucha más atención que antes. En todo caso todo esto es irrelevante. Son las innovaciones de sonido —a medias entre la banda y los mánagers— las que hacen que hablemos hoy de este disco y las que hacen de los Monks un milagro. Veámoslas:

La primera es lo que Eddie llama una “deconstrucción de las canciones”. Los Monks ya tienen buenas canciones. Ahora empiezan a sacar de ellas todo lo no necesario. “Si teníamos 4 acordes, la dejábamos en 3, o en 2, o en 1” (Lou Reed: “un acorde es perfecto. Dos, ya te estás arriesgando. Tres, ya es jazz). “Si teníamos 50 palabras en la canción, la dejábamos en 20”, dice de hecho que no cree que ninguna canción de los Monks supere las 20-30 palabras. Es exactamente el mismo concepto que sigue Iggy en los Stooges.

A nivel sonoro y compositivo lo que los Monks intentan se puede calificar de un sonido “anti-Beatle”, de hecho para mí son los grandes anti-beatles de la historia de la música. Son una reacción a la beatlemanía, una nueva ola, y así se explican muchas decisiones: donde los de Liverpool favorecen melodías elaboradas, los Monks usan un acorde. Donde aquellos cantan “She Loves You” o “From Me to You”, estos cantan “I Hate You (But Call Me)”. Donde los fab-four usan bellas armonías en los coros, los Monjes cantan, como buenos monjes medievales (antes de la polifonía), al unísono (“But call me!”). Es tremendamente efectivo (esos coros son maravillosos, unidos al órgano dan una especie de sonido de iglesia de Satán maravilloso), pero no lo sería si no fuera por un elemento aún más básico e importante en su música: el RITMO.

Los Monks son una respuesta a los Beatles porque donde para estos melodía y armonía son esenciales, para los Monks solo existe el RITMO. Todo en la banda está a su servicio, cada instrumento es parte de la sección rítmica (casi no puede distinguirse nada más que el machacón ritmo donde todo se une). Incorporan el banjo solo para usarlo como instrumento de percusión (ver los maravillosos videos). La batería no usa apenas platillos, solo caja, bombo y timbal de suelo (floor tom), el bajo y el bombo se unen en un groove casi insano que los productores se las ven y se las desean para recoger en estudio. El productor de este disco, por cierto, explica cómo a base de varios micrófonos y subir volúmenes logró esa maravilla de sonido (otra gran diferencia con cualquier banda de garaje del momento es que este disco suena absolutamente brutal, la producción está a años luz de lo común). También dice que cuando los vio por primera vez tuvo que salirse de la sala porque el volumen era ensordecedor, y que fue desde fuera cuando se dio cuenta de que la banda era la puta ostia. Lo que son, vamos.

Por cierto que esta búsqueda del ritmo percibido como algo “primario” y “primitivo” da pie a una discusión interesante: ¿no es toda la vanguardia del siglo XX, en casi cualquier arte, una reacción a la sociedad occidental perfecta en su técnica y tecnología y la búsqueda consiguiente de algo que casi siempre se asocia con primitivismo, desde las formas de Picasso hasta los ritmos del tambor? El gran Alain Danielou tiene un artículo llamado algo como “la tiranía de la armonía” donde dice que precisamente Occidente exporta la armonía como su gran hallazgo que es superior a toda otra música, como su imperialismo cultural, y que músicas basadas en otros aspectos son menospreciadas y tratadas de primitivas. Y así sucede con la música basada en el ritmo.

Otro aspecto interesante de esta búsqueda obsesiva del ritmo, del BOM BOM tribal y cazurro que tanto gusta a los enfermizos del sector demenciado del rock’n’roll, es que por ejemplo usan ritmos fuera del 4/4 para desasosegar más y volver el ritmo más obsesivo y machacón, haciendo progresiones que en vez de durar cuatro compases duran cinco, o en vez de repetir una parte las típicas 12 veces lo hacen 13… Al final de Love Came Tumbling Down por ejemplo el groove se repite 10 veces (no 8 ni 4 ni 12), y al principio de “Blast Off!” (casi la canción más prescindible del disco en realidad) es difícil llevar la cuenta del número de repeticiones, que se vuelven simplemente hipnóticas.

Y luego está la voz. Irritante a veces, a mí me recuerda a Johnny Rotten, a Mark E Smith o a Jello Biafra… más de 10 años antes, ojo.  The Fall precisamente adoran a los Monks y hacen nada menos que cuatro versiones de este disco a lo largo de su carrera.

El sonido me recuerda no poco a los Stooges y algo a veces a la Velvet. Lo que Iggy dice de escuchar a Harry Partch o de ir a las fábricas de coches de Detroit y oír las placas de metal cayendo una sobre otra y los martillos hidráulicos y demás como influencia se escucha claramente aquí. La guitarra del principio de Monk Time, de hecho, ese primer ‘solo/riff’, suena a Stooges muchísimo. Insistimos, 3 años antes que los de Ann Arbor.

Analicemos esa guitarra, por Dios: escuchad lo que hace la guitarra en “Oh How to Do Now" o en “We Do Wie Du”. Es una puta locura. Parece la Velvet, parece Ron Asheton. O escuchad ese alucinante órgano de “Complication”, suena a Cale, a gloria bendita.
Prestad atención a uno de los grandes aciertos del disco: ese maldito banjo eléctrico que suena como un puto cuchillo. Fijaos en él. Es como una descarga eléctrica cada maldito sonido que hace. Qué maravilla de hallazgo decir, tomad un instrumento tradicional americano, y hacedlo sonar vanguardista. Como el botijo o jug de los 13th Floor Elevators. Pero esto suena mucho más agresivo, sonando a contratiempo a menudo, una locura. En directo es increíble ese banjo y la forma de tocarlo de Dave Day es hipnótica y da idea del uso que le da como instrumento de percusión. Suena como a chapas de metal al chocar, saltan chispas, igual que el bajo suena como un taladro por momentos.








Todo en ellos es hipnótico en vivo, si esas apariciones de TV son representativas de cómo eran (y dado que son las únicas que hay, no quedan más huevos que asumir que lo son): cómo se alinean en el escenario, cómo juegan con la guitarra en el suelo acercándose todos a tocarla como una extraña comunión, esas enormes panderetas dando contra el teclado, el batería aporreando la caja con unos cascabeles… Es un puto delirio, uno de los grupos más mágicos que ha debido existir. ¡Y nadie lo entendía! ¡Nadie lo disfrutaba!

Porque nada en 1966 sonaba así y nada suena así hoy. El disco nos llega como un milagro, como algo preservado en el tiempo que no ha perdido ningún vigor en 50 años. Sigue sonando radical, único y maravilloso. En su día además sonaba… imposible. Lo que más se repetía en la prensa alemana en su día: “BRUTAL”. Un sonido de pesadilla, de otra dimensión. Como dice alguien por ahí, un disco de una pureza de intenciones y de una total despreocupación por lo que otros hacen o por los resultados comerciales. Un sonido crudo y enloquecido: “Nadie jamás hizo un disco entero a este nivel de demencia. Es una joya nacida del aislamiento y del horrible conocimiento interior de que nadie escucha lo que dices ... Aprovecharon el estar en otro país para escribir canciones que habrían sido horriblemente mutiladas por productores y arreglistas en América. No necesitaban “limpiar” su sonido, como los Beatles y otros habían hecho al volver a casa, pues no había ninguna restricción artística”. Lo he pillado del wikiwiki, no recuerdo de quién.


Por todo lo anterior este disco es una obra maestra que siempre se nombra como precursor y como influencia seminal en el desarrollo de varios estilos: obviamente el punk, pero también el kraut rock (el tipo de Faust dice en el documental que le volaron la cabeza y le cambiaron la vida, es cierto que se ve una clara analogía entre lo que hacen Monks y lo que hacen varios krautrockers) y hasta hay quien dice que en el metal (aunque yo no oigo absolutamente nada de metal aquí, la verdad). De hecho este disco, mucho más que por ejemplo los Sonics o los Saicos, anuncia caminos nuevos que irán hacia el punk y hacia todo sonido industrial y de vanguardia.

Hacer algo tan innovador y único, avanzado al menos 10 años a su tiempo, no sale gratis (díselo a la Velvet). El resultado es que nadie comprendía lo que hacían (díselo a la Velvet). Tocaban en clubs y la gente no entendía nada, no bailaban, no disfrutaban. Se quedaban mirando con cara de bobos. Nadie estaba preparado para esto. Cuando tocaban en bares de soldados americanos siempre tenían problemas por ese inicio de Monk Time con “no nos gusta el ejército, ¿qué ejército? ¡ningún ejército! ¿Para qué estáis matando a jóvenes en Vietnam?”, un alegato muy valiente y aún nada común, ya que la resistencia a Vietnam aún no ha empezado a tener la fuerza que luego cobrará. Cobrar casi cobraron varias veces, en efecto.

Así que tras un año o así de tocar, y con un tour por el sureste asiático a punto de empezar, el batería les abandona y la banda se desintegra (qué pena, pudiendo haber muerto a machetazos en un bar de Saigón tras tocar Monk Time para los marines). Dejan sólo este disco (y un single posterior que no pasa de anécdota) como eterno legado. Aún hay a quien le cuesta entender este Black Monk Time (como se demuestra en este mismo hilo). No ha envejecido nada. No suena a “otra banda de garaje”. Suena aún más raro y único que en su día. Mark E Smith, Genesis P’ Orridge (Throbbing Gristle), Jon Spencer, Dead Kennedys o los Beastie Boys no pueden estar equivocados. No todos a la vez.


Y para mí nada de toda esta mierda sería importante si no fuera por las canciones. Menuda colección, joder: Piggle Eye, Boys are Boys, Oh How to Do Now (¡HIJODEPU TA, HIJODEPU TA!), Shut Up, I Hate You, Monk Time… putos himnos todas. Perfectas. Canciones sencillas, casi infantiles, puro rock, para contrastar con lo radical del sonido. Una combinación imbatible.


El resumen (podría haber escrito solo esto y quitar todo lo de arriba, pero tengo una reputación que mantener) es que fue un grupo de americanos normales (o sea, algo desquiciados, como buenos americanos normales), buenos músicos, al que dos locos alemanes llevaron a alturas que ni ellos mismos soñaron ni comprendieron bien. Lo que dice Mike Stax de la conjunción de elementos más improbable y azarosa en la historia de una formación rock (¿soldados americanos en Alemania? ¿mánagers alemanes?). Una asociación perfecta entre rock y vanguardia, entre cazurrismo e inteligencia, entre visión comercial y resultado totalmente anticomercial. Una maravilla… y francamente una locura que no estuviera ya en la lista, pues no puede caber ninguna duda de que este es uno de los 1001 discos (y hasta de los 981) más importantes de la historia de la música rock. No hay muchos discos tan avanzados a su tiempo como este y que suenen igual de bien hoy. Y si no lo entendéis y no comprendéis su grandeza nada más darle al play, tenéis dos cachos de corcho por orejas. Lo siento, pero al menos os harán descuento al comprar en el Caprabo. Seguid escuchándolo y lo entenderéis.

Mira, al final he sido breve.

Salud,
Z

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Mensaje por Annie el Sáb 20 Abr 2019 - 8:50

Tengo algo que decir. Y es que por ahí por la mitad escribiste garaje. Y no se pone así. La segunda también es una g y se dice garash. Así como si una vez hubieras sido presidente del gobierno. El resto está más o menos bien. Tengo que repasarlo mientras escucho el de Mecano.
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Mensaje por Chaleco el Sáb 20 Abr 2019 - 10:35

Votado.
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Mensaje por Black Flamingo el Sáb 20 Abr 2019 - 10:46

@David Z. escribió:Bien, ya he esperado a que casi todos voten y nadie, ni siquiera Watts, pueda quitarle puntos a los Monks en represalia al cobarde ladrillazo que os voy a soltar, así que vamos allá.

Hay que joderse con Borogis, va y empieza su tochete de los Cramps hablando de Platón. ¿Y ahora a quién cito yo? ¿A Nietzsche? ¿A Confucio? ¿A Paquirrín?

Citemos a Mike Stax mejor, que ha descrito su música mejor de lo que yo podría hacer:

“La música de los Monks es el material del que está hecha la verdadera grandeza: enormes golpes de bajo reverberando y ritmos de batería, llevados a un límite frenético de distorsión y sobrecarga por los tajos de un banjo electrificado, todo con una capa encima de ráfagas de chillidos de un órgano delirante y el zumbido y el alarido del feedback y el fuzz que algún enajenado descarga en una guitarra eléctrica; todo esto empujando las voces agresivas y guiadas por la ira, que gritan: “Te odio, chica, con pasión…” “La gente va a morir por ti”, “Los chicos son chicos, las chicas son ricas”, “Pussy galore viene y nos encanta… no nos gusta la bomba atómica”… “¡Cállate! ¡No llores!” Y “Higgle-Dy, Piggle-Dy, ¡hagámoslo!” (Mike Stax, Ugly Things)

O refirámonos a otro gran sabio, Antoine “Grasitas” Dominó, que una vez dijo con no poca razón: “eso que ahora llaman rock’n’roll se llama rhythm’n’blues y lo llevo tocando yo veinte años en Nueva Orleans”. Lo mismo podrían haber dicho los Monks en el 77: “eso que ahora llaman punk lo tocábamos nosotros hace más de 10 años”. No les faltarían argumentos. Esto no es como por ejemplo lo de los Sonics, un sonido rock’n’roll recrudecido y distorsionado pero nada realmente nuevo. Esto es más como lo del primer disco de los Stooges: un asalto frontal a la música del momento, una música desconocida hasta entonces.

Tal vez las condiciones mentales de Iggy de aburrimiento, ansiedad, ira, desencanto y alienación/fascinación ante una sociedad posindustrial ya estaban ahí en los Monjes, que habían sido soldados sólo por escapar de sus pueblos de mierda y que no tenían ninguna simpatía al ejército ("¿qué ejército? ¡cualquier ejército!”, como se dice en el disco).

Ya sabéis que a mí, cuya yegua no es mi vieja yegua gris y cuya polla peina canas y calvicie donde antaño hubo rizos rubios al sol, apenas se me levanta ya sin viagra. No, espera, esa es otra historia. Dónde estaba. Maldito alemán. Ah, sí, apenas se me levanta ya con el rock (no con el rock’n’roll, ojo, ahí me pincho todo lo que quiero). Este disco pertenece a esa rara categoría de discos rock que no solo aún tolero y hasta disfruto  enteros, sino que me los puedo poner tres o cuatro veces seguidas en un día (total, son 30 increíbles minutos). Lo acabo de hacer.

Eskoriez ahora pensará —mientras se agarra tiernamente a su cactus y a su nuevo póster de Ana Torroja y los Cano melenas al viento (abajo pone “una rosa es una rosa” y Esko lo acaba de comprar en eBay autografiado por José María, que le ha regalado además 10 discos de su nueva ópera)—  que soy con el rock como ese compañero que todos tenemos al que se le pasó la mano con el porno y ya solo es capaz de eyacular (con la fuerza de una bisabuela soplando velas) con videos bizarros y demenciados de enanas masturbando caballos (o bisabuelas soplando velas). Que ya solo me pone lo más raro y marciano. Un poco lo que dice DumDum de los paladares curtidos. Solo puedo responder que no se debe menospreciar el poder de lo que aún hoy es chocante, chatarrero y único, y menos en el rock. Ni los videos de bisabuelas y caballos. Pero no entremos ahora en este jardín. El caso es que este es aún uno de ese puñado de discos que es ponerlos y dar cabezazos contra la vida, movérseme el cuerpo entero como si fueran el Cachabolik Blues Rock (y algo de adiabolado sí tienen) y contorsionarme como un espasmódico acelerado: hay algo en él que me vuelve puro nervio, emoción, frenesí, energía. Toca exactamente en los centros primarios del córtex, que diría Jung. O Carpanta, no recuerdo quién. Tienen eso que tienen Stooges, los Cramps, la Velvet, los Modern Lovers, los Swell Maps, los Ramones o los Pistols: el fuego del rock’n’roll puro, llevado de antorcha en antorcha como en una conspiración de hombres de las cavernas contra este sindiós de civilización.

Hablando de sindioses:

Alemania, alrededor de 1964. Gran presencia militar americana en todo el país por aquello de la guerra fría.  Eddie, Gary, Larry, Dave y Roger han terminado su estancia el ejército yanqui (y algo yonqui) y se quedan en Alemania disfrutando de la juventud y la banda que han formado: The Torquays. Como todas las agrupaciones musicales del momento, hacen rock’n’roll cincuentero/beatlesco. Al fin y al cabo los Beatles tuvieron sus primeros fans en Alemania y allí ahora todo el mundo quiere sonar como ellos y a ser posible seguir su imposible camino al éxito. Hay concursos de bandas imitadoras de los Fab Four, etc. Los Torquays se van curtiendo por los escenarios del país (tocando generalmente para soldados) y tienen una gran oportunidad de ir más allá cuando les contratan como banda local del Rio Bar de Stuttgart, donde pueden tocar todas las horas que quieran varios días por semana. Esto los vuelve músicos mejores… e inquietos: han de probar cosas nuevas para no aburrirse, experimentando con distorsión, feedback, elementos que los vuelven únicos e interesantes entre la predecible escena “beatlemaníaca” local.

Una noche, tras tocar en ese club, dos diseñadores y publicistas alemanes llamados Carl y Walter, que estaban entre la audiencia, se les acercan para decirles que les gusta su sonido y que están buscando una banda con la que trabajar. Se decide que ambos se convertirán en el equipo de management de la banda. Muy a semejanza de Warhol con la Velvet, solo que antes. Carl y Walter serán fundamentales para el grupo, que en realidad es el fruto del enorme feedback trasatlántico, como se llama el documental de la banda,  lo que interpreto no sólo como alusión al sonido, sino especialmente al intercambio de ideas entre los rockeros americanos y sus vanguardistas mánagers alemanes.

“¡Están locos estos germanos!”, esto lo sabemos por ya varias razones y esto es lo que se decían los músicos americanos, ya rebautizados (no se sabe bien por quién) como Monks. Sus mánagers les piden algo totalmente radical: una, digamos, imagen de marca en que todos los elementos (el nombre, la tipografía del logo, la imagen y el concepto de la banda) sean inmediatamente distinguibles y coherentes. Les dan reglas escritas: “Sé siempre un Monk. No te salgas del papel de Monk dentro ni fuera del escenario. No lleves ropas de colores. Nunca seas un Torquay”. Los alemanes saben lo que buscan: un grupo que sea algo más que una banda, una organización eficiente en la que todo funcione al servicio del sonido y la idea.

Las innovaciones de imagen son accesorias aunque impactantes (la tonsura no la ven nada clara y solo la hacen a insistencia de los managers, el vestir todo de negro con cordones semejando hábitos monjiles, etc). Es divertido en todo caso cómo explican que una vez se hicieron la tonsura, la gente se cambiaba de acera al verlos… pero las chicas los miraban con mucha más atención que antes. En todo caso todo esto es irrelevante. Son las innovaciones de sonido —a medias entre la banda y los mánagers imagino, aunque los Monks dicen que en cuestión de sonido casi todo fue idea del grupo— las que hacen que hablemos hoy de este disco y las que hacen de los Monks un milagro. Veámoslas:

La primera es lo que Eddie llama una “deconstrucción de las canciones”. Los Monks ya tienen buenas canciones. Ahora empiezan a sacar de ellas todo lo no necesario. “Si teníamos 4 acordes, la dejábamos en 3, o en 2, o en 1” (Lou Reed: “un acorde es perfecto. Dos, ya te estás arriesgando. Tres, ya es jazz). “Si teníamos 50 palabras en la canción, la dejábamos en 20”, dice de hecho que no cree que ninguna canción de los Monks supere las 20-30 palabras. Es exactamente el mismo concepto que sigue Iggy en los Stooges.

A nivel sonoro y compositivo lo que los Monks intentan se puede calificar de un sonido “anti-Beatle”, de hecho para mí son los grandes anti-beatles de la historia de la música. Son una reacción a la beatlemanía, una nueva ola, y así se explican muchas decisiones: donde los de Liverpool favorecen melodías elaboradas, los Monks usan un acorde. Donde aquellos cantan “She Loves You” o “From Me to You”, estos cantan “I Hate You (But Call Me)”. Donde los fab-four usan bellas armonías en los coros, los Monjes cantan, como buenos monjes medievales (antes de la polifonía), al unísono (“But call me!”). Es tremendamente efectivo (esos coros son maravillosos, unidos al órgano dan una especie de sonido de iglesia de Satán maravilloso), pero no lo sería si no fuera por un elemento aún más básico e importante en su música: el RITMO.

Los Monks son una respuesta a los Beatles porque donde para estos melodía y armonía son esenciales, para los Monks solo existe el RITMO. Todo en la banda está a su servicio, cada instrumento es parte de la sección rítmica (casi no puede distinguirse nada más que el machacón ritmo donde todo se une). Incorporan el banjo solo para usarlo como instrumento de percusión (ver los maravillosos videos). La batería no usa apenas platillos, solo caja, bombo y timbal de suelo (floor tom), el bajo y el bombo se unen en un groove casi insano que los productores se las ven y se las desean para recoger en estudio. El productor de este disco, por cierto, explica cómo a base de varios micrófonos y subir volúmenes logró esa maravilla de sonido (otra gran diferencia con cualquier banda de garaje del momento es que este disco suena absolutamente brutal, la producción está a años luz de lo común). También dice que cuando los vio por primera vez tuvo que salirse de la sala porque el volumen era ensordecedor, y que fue desde fuera cuando se dio cuenta de que la banda era la puta ostia. Lo que son, vamos.

Por cierto que esta búsqueda del ritmo percibido como algo “primario” y “primitivo” da pie a una discusión interesante: ¿no es toda la vanguardia del siglo XX, en casi cualquier arte, una reacción a la sociedad occidental perfecta en su técnica y tecnología y la búsqueda consiguiente de algo que casi siempre se asocia con primitivismo, desde las formas de Picasso hasta los ritmos del tambor? El gran Alain Danielou tiene un artículo llamado algo como “la tiranía de la armonía” donde dice que precisamente Occidente exporta la armonía como su gran hallazgo que es superior a toda otra música, como su imperialismo cultural, y que músicas basadas en otros aspectos son menospreciadas y tratadas de primitivas. Y así sucede con la música basada en el ritmo.

Otro aspecto interesante de esta búsqueda obsesiva del ritmo, del BOM BOM tribal y cazurro que tanto gusta a los enfermizos del sector demenciado del rock’n’roll, es que por ejemplo usan ritmos fuera del 4/4 para desasosegar más y volver el ritmo más obsesivo y machacón, dejando al oyente en tensión, haciendo progresiones que en vez de durar cuatro compases duran cinco, o en vez de repetir una parte las típicas 12 veces lo hacen 13… Al final de Love Came Tumbling Down por ejemplo el groove se repite 10 veces (no 8 ni 4 ni 12), y al principio de “Blast Off!” (casi la canción más prescindible del disco en realidad) es difícil llevar la cuenta del número de repeticiones, que se vuelven simplemente hipnóticas.

Y luego está la voz. Irritante a veces, a mí me recuerda a Johnny Rotten, a Mark E Smith o a Jello Biafra… más de 10 años antes, ojo.  The Fall precisamente adoran a los Monks y hacen nada menos que cuatro versiones de este disco a lo largo de su carrera.

El sonido me recuerda no poco a los Stooges y algo a veces a la Velvet. Lo que Iggy dice de escuchar a Harry Partch o de ir a las fábricas de coches de Detroit y oír las placas de metal cayendo una sobre otra y los martillos hidráulicos y demás como influencia se escucha claramente aquí. La guitarra del principio de Monk Time, de hecho, ese primer ‘solo/riff’, suena a Stooges muchísimo. Insistimos, 3 años antes que los de Ann Arbor.

Analicemos esa guitarra, por Dios: escuchad lo que hace la guitarra en “Oh How to Do Now" o en “We Do Wie Du”. Es una puta locura. Parece la Velvet, parece Ron Asheton. O escuchad ese alucinante órgano de “Complication”, suena a Cale, a gloria bendita.
Prestad atención a uno de los grandes aciertos del disco: ese maldito banjo eléctrico que suena como un cuchillo. Fijaos en él. Es como una descarga eléctrica cada sonido que hace, cada golpe. Qué maravilla de hallazgo decir, tomad un instrumento tradicional americano, y hacedlo sonar vanguardista. Como el botijo o jug de los 13th Floor Elevators. Pero esto suena mucho más agresivo, sonando a contratiempo a menudo, una locura. En directo es increíble ese banjo y la forma de tocarlo de Dave Day es hipnótica y da idea del uso que le da como instrumento de percusión. Suena como a chapas de metal al chocar, saltan chispas, igual que el bajo suena como un taladro por momentos.








Todo en ellos es hipnótico en vivo, si esas apariciones de TV son representativas de cómo eran (y dado que son las únicas que hay, no quedan más huevos que asumir que lo son): cómo se alinean en el escenario, cómo juegan con la guitarra en el suelo acercándose todos a tocarla como una extraña comunión, esas enormes panderetas dando contra el teclado, el batería aporreando la caja con unos cascabeles… Es un puto delirio, uno de los grupos más mágicos que ha debido existir. ¡Y nadie lo entendía! ¡Nadie lo disfrutaba!

Porque nada en 1966 sonaba así y nada suena así hoy. El disco nos llega como un milagro, como algo preservado en el tiempo que no ha perdido ningún vigor en 50 años. Sigue sonando radical, único y maravilloso. En su día además sonaba… imposible. Lo que más se repetía en la prensa alemana en su día: “BRUTAL”. Un sonido de pesadilla, de otra dimensión. Como dice alguien por ahí, un disco de una pureza de intenciones y de una total despreocupación por lo que otros hacen o por los resultados comerciales. Un sonido crudo y enloquecido: “Nadie jamás hizo un disco entero a este nivel de demencia. Es una joya nacida del aislamiento y del horrible conocimiento interior de que nadie escucha lo que dices ... Aprovecharon el estar en otro país para escribir canciones que habrían sido horriblemente mutiladas por productores y arreglistas en América. No necesitaban “limpiar” su sonido, como los Beatles y otros habían hecho al volver a casa, pues no había ninguna restricción artística”. Lo he pillado del wikiwiki, no recuerdo de quién.


Por todo lo anterior este disco es una obra maestra que siempre se nombra como precursor y como influencia seminal en el desarrollo de varios estilos: obviamente el punk, pero también el kraut rock (el tipo de Faust dice en el documental que le volaron la cabeza y le cambiaron la vida, es cierto que se ve una clara analogía entre lo que hacen Monks y lo que hacen varios krautrockers) y hasta hay quien dice que en el metal (aunque yo no oigo absolutamente nada de metal aquí, la verdad). De hecho este disco, mucho más que por ejemplo los Sonics o los Saicos, anuncia caminos nuevos que irán hacia el punk y hacia todo sonido industrial y de vanguardia.

Hacer algo tan innovador y único, avanzado al menos 10 años a su tiempo, no sale gratis (díselo a la Velvet). El resultado es que nadie comprendía lo que hacían (díselo a la Velvet). Tocaban en clubs y la gente no entendía nada, no bailaban, no disfrutaban. Se quedaban mirando con cara de bobos. Nadie estaba preparado para esto. Cuando tocaban en bares de soldados americanos siempre tenían problemas por ese inicio de Monk Time con “no nos gusta el ejército, ¿qué ejército? ¡ningún ejército! ¿Para qué estáis matando a jóvenes en Vietnam?”, un alegato muy valiente y aún nada común, ya que la resistencia a Vietnam aún no ha empezado a tener la fuerza que luego cobrará. Cobrar casi cobraron varias veces, en efecto.

Así que tras un año o así de tocar, y con un tour por el sureste asiático a punto de empezar, el batería les abandona y la banda se desintegra (qué pena, pudiendo haber muerto a machetazos en un bar de Saigón tras tocar Monk Time para los marines). Dejan sólo este disco (y un single posterior que no pasa de anécdota) como eterno legado. Aún hay a quien le cuesta entender este Black Monk Time (como se demuestra en este mismo hilo). No ha envejecido nada. No suena a “otra banda de garaje”. Suena aún más raro y único que en su día. Mark E Smith, Genesis P’ Orridge (Throbbing Gristle), Jon Spencer, Dead Kennedys o los Beastie Boys no pueden estar equivocados. No todos a la vez.


Y para mí nada de toda esta mierda sería importante si no fuera por las canciones. Menuda colección, joder: Piggle Eye, Boys are Boys, Oh How to Do Now (¡HIJODEPU TA, HIJODEPU TA!), Shut Up, I Hate You, Monk Time… putos himnos todas. Perfectas. Canciones sencillas, casi infantiles, puro rock, para contrastar con lo radical del sonido. Una combinación imbatible.


El resumen (podría haber escrito solo esto y quitar todo lo de arriba, pero tengo una reputación que mantener) es que fue un grupo de americanos normales (o sea, algo desquiciados, como buenos americanos normales), buenos músicos, al que dos locos alemanes llevaron a alturas que tal vez ni grupo ni mánagers soñaron ni comprendieron bien. Lo que dice Mike Stax de la conjunción de elementos más improbable y azarosa en la historia de una formación rock (¿soldados americanos en Alemania? ¿mánagers alemanes?). Una asociación perfecta entre rock y vanguardia, entre cazurrismo e inteligencia, entre visión comercial y resultado totalmente anticomercial. Una maravilla… y francamente una locura que no estuviera ya en la lista, pues no puede caber ninguna duda de que este es uno de los 1001 discos (y hasta de los 981) más importantes de la historia de la música rock. No hay muchos discos tan avanzados a su tiempo como este y que suenen igual de bien hoy. Y si no lo entendéis y no comprendéis su grandeza nada más darle al play, tenéis dos cachos de corcho por orejas. Lo siento, pero al menos os harán descuento al comprar en el Caprabo. Seguid escuchándolo y lo entenderéis.

Mira, al final he sido breve.

Salud,
Z

axl axl axl axl axl axl

Bravo.
Veo que son muchos los que siguen el hilo cada semana, comentando y escuchando los discos para posteriormente votarlos. No sé, este tipo de ejercicios quizá deberían de servir para algo más que escuchar discos a ritmo industrial. Estaría bien que ademas de pasar un buen rato e ir descubriendo grandes álbumes, ayudara a ver la historia de la música con cierta perpectiva histórica y a poner los discos en valor deacuerdo con el contexto en el que se crearon. No sé, es mi opinión. Por otro lado también se puede hacer como los Monks y aplicar el reduccionismo crítico hasta la mínima expresión: Turra, no hay canciones, un 0.
El disco de The monks debería estar en este tipo de lista, así como el CQ de The Outsiders, incluso aunque no te gusten.

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Mensaje por Black Flamingo el Sáb 20 Abr 2019 - 10:52

@Annie escribió:
@Black Flamingo escribió:
@eskoriez escribió:The Monks-Black Monk Time

Joder vaya mierda mas irritante, menos mal que era corto. Parece que no hay semana sin la bizarrada de turno.

n2

Si el Dave Wyndorf de Spine of God se enterara seguramente te daría una colleja. Un gran amante del garage y la psicodelia primigenia de los 60's y de los recopilatorios Nuggets, donde por supuesto aparecen The Monks.

Hace tiempo que no lo escucho pero me quedó la idea de que "4-way diablo" (2007) era su disco más garage.


Tiene algunos temas muy garageros, como el tema homónimo que es pura guitarra 60's. De todas formas la producción es más nitida, acorde con la época y musculosa que en sus primeros álbumes. Discos como el debut o superjudge sonaban mas crudos y Lo-Fi y en cierta manera garajeros. En ese sentido Dopes marcó el inicio de ese nueva dirección de sonido en cuanto a la producción.
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Mensaje por Rhonda el Sáb 20 Abr 2019 - 11:18

@David Z. escribió:
Spoiler:
Bien, ya he esperado a que casi todos voten y nadie, ni siquiera Watts, pueda quitarle puntos a los Monks en represalia al cobarde ladrillazo que os voy a soltar, así que vamos allá.

Hay que joderse con Borogis, va y empieza su tochete de los Cramps hablando de Platón. ¿Y ahora a quién cito yo? ¿A Nietzsche? ¿A Confucio? ¿A Paquirrín?

Citemos a Mike Stax mejor, que ha descrito su música mejor de lo que yo podría hacer:

“La música de los Monks es el material del que está hecha la verdadera grandeza: enormes golpes de bajo reverberando y ritmos de batería, llevados a un límite frenético de distorsión y sobrecarga por los tajos de un banjo electrificado, todo con una capa encima de ráfagas de chillidos de un órgano delirante y el zumbido y el alarido del feedback y el fuzz que algún enajenado descarga en una guitarra eléctrica; todo esto empujando las voces agresivas y guiadas por la ira, que gritan: “Te odio, chica, con pasión…” “La gente va a morir por ti”, “Los chicos son chicos, las chicas son ricas”, “Pussy galore viene y nos encanta… no nos gusta la bomba atómica”… “¡Cállate! ¡No llores!” Y “Higgle-Dy, Piggle-Dy, ¡hagámoslo!” (Mike Stax, Ugly Things)

O refirámonos a otro gran sabio, Antoine “Grasitas” Dominó, que una vez dijo con no poca razón: “eso que ahora llaman rock’n’roll se llama rhythm’n’blues y lo llevo tocando yo veinte años en Nueva Orleans”. Lo mismo podrían haber dicho los Monks en el 77: “eso que ahora llaman punk lo tocábamos nosotros hace más de 10 años”. No les faltarían argumentos. Esto no es como por ejemplo lo de los Sonics, un sonido rock’n’roll recrudecido y distorsionado pero nada realmente nuevo. Esto es más como lo del primer disco de los Stooges: un asalto frontal a la música del momento, una música desconocida hasta entonces.

Tal vez las condiciones mentales de Iggy de aburrimiento, ansiedad, ira, desencanto y alienación/fascinación ante una sociedad posindustrial ya estaban ahí en los Monjes, que habían sido soldados sólo por escapar de sus pueblos de mierda y que no tenían ninguna simpatía al ejército ("¿qué ejército? ¡cualquier ejército!”, como se dice en el disco).

Ya sabéis que a mí, cuya yegua no es mi vieja yegua gris y cuya polla peina canas y calvicie donde antaño hubo rizos rubios al sol, apenas se me levanta ya sin viagra. No, espera, esa es otra historia. Dónde estaba. Maldito alemán. Ah, sí, apenas se me levanta ya con el rock (no con el rock’n’roll, ojo, ahí me pincho todo lo que quiero). Este disco pertenece a esa rara categoría de discos rock que no solo aún tolero y hasta disfruto  enteros, sino que me los puedo poner tres o cuatro veces seguidas en un día (total, son 30 increíbles minutos). Lo acabo de hacer.

Eskoriez ahora pensará —mientras se agarra tiernamente a su cactus y a su nuevo póster de Ana Torroja y los Cano melenas al viento (abajo pone “una rosa es una rosa” y Esko lo acaba de comprar en eBay autografiado por José María, que le ha regalado además 10 discos de su nueva ópera)—  que soy con el rock como ese compañero que todos tenemos al que se le pasó la mano con el porno y ya solo es capaz de eyacular (con la fuerza de una bisabuela soplando velas) con videos bizarros y demenciados de enanas masturbando caballos (o bisabuelas soplando velas). Que ya solo me pone lo más raro y marciano. Un poco lo que dice DumDum de los paladares curtidos. Solo puedo responder que no se debe menospreciar el poder de lo que aún hoy es chocante, chatarrero y único, y menos en el rock. Ni los videos de bisabuelas y caballos. Pero no entremos ahora en este jardín. El caso es que este es aún uno de ese puñado de discos que es ponerlos y dar cabezazos contra la vida, movérseme el cuerpo entero como si fueran el Cachabolik Blues Rock (y algo de adiabolado sí tienen) y contorsionarme como un espasmódico acelerado: hay algo en él que me vuelve puro nervio, emoción, frenesí, energía. Toca exactamente en los centros primarios del córtex, que diría Jung. O Carpanta, no recuerdo quién. Tienen eso que tienen Stooges, los Cramps, la Velvet, los Modern Lovers, los Swell Maps, los Ramones o los Pistols: el fuego del rock’n’roll puro, llevado de antorcha en antorcha como en una conspiración de hombres de las cavernas contra este sindiós de civilización.

Hablando de sindioses:

Alemania, alrededor de 1964. Gran presencia militar americana en todo el país por aquello de la guerra fría.  Eddie, Gary, Larry, Dave y Roger han terminado su estancia el ejército yanqui (y algo yonqui) y se quedan en Alemania disfrutando de la juventud y la banda que han formado: The Torquays. Como todas las agrupaciones musicales del momento, hacen rock’n’roll cincuentero/beatlesco. Al fin y al cabo los Beatles tuvieron sus primeros fans en Alemania y allí ahora todo el mundo quiere sonar como ellos y a ser posible seguir su imposible camino al éxito. Hay concursos de bandas imitadoras de los Fab Four, etc. Los Torquays se van curtiendo por los escenarios del país (tocando generalmente para soldados) y tienen una gran oportunidad de ir más allá cuando les contratan como banda local del Rio Bar de Stuttgart, donde pueden tocar todas las horas que quieran varios días por semana. Esto los vuelve músicos mejores… e inquietos: han de probar cosas nuevas para no aburrirse, experimentando con distorsión, feedback, elementos que los vuelven únicos e interesantes entre la predecible escena “beatlemaníaca” local.

Una noche, tras tocar en ese club, dos diseñadores y publicistas alemanes llamados Carl y Walter, que estaban entre la audiencia, se les acercan para decirles que les gusta su sonido y que están buscando una banda con la que trabajar. Se decide que ambos se convertirán en el equipo de management de la banda. Muy a semejanza de Warhol con la Velvet, solo que antes. Carl y Walter serán fundamentales para el grupo, que en realidad es el fruto del enorme feedback trasatlántico, como se llama el documental de la banda,  lo que interpreto no sólo como alusión al sonido, sino especialmente al intercambio de ideas entre los rockeros americanos y sus vanguardistas mánagers alemanes.

“¡Están locos estos germanos!”, esto lo sabemos por ya varias razones y esto es lo que se decían los músicos americanos, ya rebautizados (no se sabe bien por quién) como Monks. Sus mánagers les piden algo totalmente radical: una, digamos, imagen de marca en que todos los elementos (el nombre, la tipografía del logo, la imagen y el concepto de la banda) sean inmediatamente distinguibles y coherentes. Les dan reglas escritas: “Sé siempre un Monk. No te salgas del papel de Monk dentro ni fuera del escenario. No lleves ropas de colores. Nunca seas un Torquay”. Los alemanes saben lo que buscan: un grupo que sea algo más que una banda, una organización eficiente en la que todo funcione al servicio del sonido y la idea.

Las innovaciones de imagen son accesorias aunque impactantes (la tonsura no la ven nada clara y solo la hacen a insistencia de los managers, el vestir todo de negro con cordones semejando hábitos monjiles, etc). Es divertido en todo caso cómo explican que una vez se hicieron la tonsura, la gente se cambiaba de acera al verlos… pero las chicas los miraban con mucha más atención que antes. En todo caso todo esto es irrelevante. Son las innovaciones de sonido —a medias entre la banda y los mánagers imagino, aunque los Monks dicen que en cuestión de sonido casi todo fue idea del grupo— las que hacen que hablemos hoy de este disco y las que hacen de los Monks un milagro. Veámoslas:

La primera es lo que Eddie llama una “deconstrucción de las canciones”. Los Monks ya tienen buenas canciones. Ahora empiezan a sacar de ellas todo lo no necesario. “Si teníamos 4 acordes, la dejábamos en 3, o en 2, o en 1” (Lou Reed: “un acorde es perfecto. Dos, ya te estás arriesgando. Tres, ya es jazz). “Si teníamos 50 palabras en la canción, la dejábamos en 20”, dice de hecho que no cree que ninguna canción de los Monks supere las 20-30 palabras. Es exactamente el mismo concepto que sigue Iggy en los Stooges.

A nivel sonoro y compositivo lo que los Monks intentan se puede calificar de un sonido “anti-Beatle”, de hecho para mí son los grandes anti-beatles de la historia de la música. Son una reacción a la beatlemanía, una nueva ola, y así se explican muchas decisiones: donde los de Liverpool favorecen melodías elaboradas, los Monks usan un acorde. Donde aquellos cantan “She Loves You” o “From Me to You”, estos cantan “I Hate You (But Call Me)”. Donde los fab-four usan bellas armonías en los coros, los Monjes cantan, como buenos monjes medievales (antes de la polifonía), al unísono (“But call me!”). Es tremendamente efectivo (esos coros son maravillosos, unidos al órgano dan una especie de sonido de iglesia de Satán maravilloso), pero no lo sería si no fuera por un elemento aún más básico e importante en su música: el RITMO.

Los Monks son una respuesta a los Beatles porque donde para estos melodía y armonía son esenciales, para los Monks solo existe el RITMO. Todo en la banda está a su servicio, cada instrumento es parte de la sección rítmica (casi no puede distinguirse nada más que el machacón ritmo donde todo se une). Incorporan el banjo solo para usarlo como instrumento de percusión (ver los maravillosos videos). La batería no usa apenas platillos, solo caja, bombo y timbal de suelo (floor tom), el bajo y el bombo se unen en un groove casi insano que los productores se las ven y se las desean para recoger en estudio. El productor de este disco, por cierto, explica cómo a base de varios micrófonos y subir volúmenes logró esa maravilla de sonido (otra gran diferencia con cualquier banda de garaje del momento es que este disco suena absolutamente brutal, la producción está a años luz de lo común). También dice que cuando los vio por primera vez tuvo que salirse de la sala porque el volumen era ensordecedor, y que fue desde fuera cuando se dio cuenta de que la banda era la puta ostia. Lo que son, vamos.

Por cierto que esta búsqueda del ritmo percibido como algo “primario” y “primitivo” da pie a una discusión interesante: ¿no es toda la vanguardia del siglo XX, en casi cualquier arte, una reacción a la sociedad occidental perfecta en su técnica y tecnología y la búsqueda consiguiente de algo que casi siempre se asocia con primitivismo, desde las formas de Picasso hasta los ritmos del tambor? El gran Alain Danielou tiene un artículo llamado algo como “la tiranía de la armonía” donde dice que precisamente Occidente exporta la armonía como su gran hallazgo que es superior a toda otra música, como su imperialismo cultural, y que músicas basadas en otros aspectos son menospreciadas y tratadas de primitivas. Y así sucede con la música basada en el ritmo.

Otro aspecto interesante de esta búsqueda obsesiva del ritmo, del BOM BOM tribal y cazurro que tanto gusta a los enfermizos del sector demenciado del rock’n’roll, es que por ejemplo usan ritmos fuera del 4/4 para desasosegar más y volver el ritmo más obsesivo y machacón, dejando al oyente en tensión, haciendo progresiones que en vez de durar cuatro compases duran cinco, o en vez de repetir una parte las típicas 12 veces lo hacen 13… Al final de Love Came Tumbling Down por ejemplo el groove se repite 10 veces (no 8 ni 4 ni 12), y al principio de “Blast Off!” (casi la canción más prescindible del disco en realidad) es difícil llevar la cuenta del número de repeticiones, que se vuelven simplemente hipnóticas.

Y luego está la voz. Irritante a veces, a mí me recuerda a Johnny Rotten, a Mark E Smith o a Jello Biafra… más de 10 años antes, ojo.  The Fall precisamente adoran a los Monks y hacen nada menos que cuatro versiones de este disco a lo largo de su carrera.

El sonido me recuerda no poco a los Stooges y algo a veces a la Velvet. Lo que Iggy dice de escuchar a Harry Partch o de ir a las fábricas de coches de Detroit y oír las placas de metal cayendo una sobre otra y los martillos hidráulicos y demás como influencia se escucha claramente aquí. La guitarra del principio de Monk Time, de hecho, ese primer ‘solo/riff’, suena a Stooges muchísimo. Insistimos, 3 años antes que los de Ann Arbor.

Analicemos esa guitarra, por Dios: escuchad lo que hace la guitarra en “Oh How to Do Now" o en “We Do Wie Du”. Es una puta locura. Parece la Velvet, parece Ron Asheton. O escuchad ese alucinante órgano de “Complication”, suena a Cale, a gloria bendita.
Prestad atención a uno de los grandes aciertos del disco: ese maldito banjo eléctrico que suena como un cuchillo. Fijaos en él. Es como una descarga eléctrica cada sonido que hace, cada golpe. Qué maravilla de hallazgo decir, tomad un instrumento tradicional americano, y hacedlo sonar vanguardista. Como el botijo o jug de los 13th Floor Elevators. Pero esto suena mucho más agresivo, sonando a contratiempo a menudo, una locura. En directo es increíble ese banjo y la forma de tocarlo de Dave Day es hipnótica y da idea del uso que le da como instrumento de percusión. Suena como a chapas de metal al chocar, saltan chispas, igual que el bajo suena como un taladro por momentos.








Todo en ellos es hipnótico en vivo, si esas apariciones de TV son representativas de cómo eran (y dado que son las únicas que hay, no quedan más huevos que asumir que lo son): cómo se alinean en el escenario, cómo juegan con la guitarra en el suelo acercándose todos a tocarla como una extraña comunión, esas enormes panderetas dando contra el teclado, el batería aporreando la caja con unos cascabeles… Es un puto delirio, uno de los grupos más mágicos que ha debido existir. ¡Y nadie lo entendía! ¡Nadie lo disfrutaba!

Porque nada en 1966 sonaba así y nada suena así hoy. El disco nos llega como un milagro, como algo preservado en el tiempo que no ha perdido ningún vigor en 50 años. Sigue sonando radical, único y maravilloso. En su día además sonaba… imposible. Lo que más se repetía en la prensa alemana en su día: “BRUTAL”. Un sonido de pesadilla, de otra dimensión. Como dice alguien por ahí, un disco de una pureza de intenciones y de una total despreocupación por lo que otros hacen o por los resultados comerciales. Un sonido crudo y enloquecido: “Nadie jamás hizo un disco entero a este nivel de demencia. Es una joya nacida del aislamiento y del horrible conocimiento interior de que nadie escucha lo que dices ... Aprovecharon el estar en otro país para escribir canciones que habrían sido horriblemente mutiladas por productores y arreglistas en América. No necesitaban “limpiar” su sonido, como los Beatles y otros habían hecho al volver a casa, pues no había ninguna restricción artística”. Lo he pillado del wikiwiki, no recuerdo de quién.


Por todo lo anterior este disco es una obra maestra que siempre se nombra como precursor y como influencia seminal en el desarrollo de varios estilos: obviamente el punk, pero también el kraut rock (el tipo de Faust dice en el documental que le volaron la cabeza y le cambiaron la vida, es cierto que se ve una clara analogía entre lo que hacen Monks y lo que hacen varios krautrockers) y hasta hay quien dice que en el metal (aunque yo no oigo absolutamente nada de metal aquí, la verdad). De hecho este disco, mucho más que por ejemplo los Sonics o los Saicos, anuncia caminos nuevos que irán hacia el punk y hacia todo sonido industrial y de vanguardia.

Hacer algo tan innovador y único, avanzado al menos 10 años a su tiempo, no sale gratis (díselo a la Velvet). El resultado es que nadie comprendía lo que hacían (díselo a la Velvet). Tocaban en clubs y la gente no entendía nada, no bailaban, no disfrutaban. Se quedaban mirando con cara de bobos. Nadie estaba preparado para esto. Cuando tocaban en bares de soldados americanos siempre tenían problemas por ese inicio de Monk Time con “no nos gusta el ejército, ¿qué ejército? ¡ningún ejército! ¿Para qué estáis matando a jóvenes en Vietnam?”, un alegato muy valiente y aún nada común, ya que la resistencia a Vietnam aún no ha empezado a tener la fuerza que luego cobrará. Cobrar casi cobraron varias veces, en efecto.

Así que tras un año o así de tocar, y con un tour por el sureste asiático a punto de empezar, el batería les abandona y la banda se desintegra (qué pena, pudiendo haber muerto a machetazos en un bar de Saigón tras tocar Monk Time para los marines). Dejan sólo este disco (y un single posterior que no pasa de anécdota) como eterno legado. Aún hay a quien le cuesta entender este Black Monk Time (como se demuestra en este mismo hilo). No ha envejecido nada. No suena a “otra banda de garaje”. Suena aún más raro y único que en su día. Mark E Smith, Genesis P’ Orridge (Throbbing Gristle), Jon Spencer, Dead Kennedys o los Beastie Boys no pueden estar equivocados. No todos a la vez.


Y para mí nada de toda esta mierda sería importante si no fuera por las canciones. Menuda colección, joder: Piggle Eye, Boys are Boys, Oh How to Do Now (¡HIJODEPU TA, HIJODEPU TA!), Shut Up, I Hate You, Monk Time… putos himnos todas. Perfectas. Canciones sencillas, casi infantiles, puro rock, para contrastar con lo radical del sonido. Una combinación imbatible.


El resumen (podría haber escrito solo esto y quitar todo lo de arriba, pero tengo una reputación que mantener) es que fue un grupo de americanos normales (o sea, algo desquiciados, como buenos americanos normales), buenos músicos, al que dos locos alemanes llevaron a alturas que tal vez ni grupo ni mánagers soñaron ni comprendieron bien. Lo que dice Mike Stax de la conjunción de elementos más improbable y azarosa en la historia de una formación rock (¿soldados americanos en Alemania? ¿mánagers alemanes?). Una asociación perfecta entre rock y vanguardia, entre cazurrismo e inteligencia, entre visión comercial y resultado totalmente anticomercial. Una maravilla… y francamente una locura que no estuviera ya en la lista, pues no puede caber ninguna duda de que este es uno de los 1001 discos (y hasta de los 981) más importantes de la historia de la música rock. No hay muchos discos tan avanzados a su tiempo como este y que suenen igual de bien hoy. Y si no lo entendéis y no comprendéis su grandeza nada más darle al play, tenéis dos cachos de corcho por orejas. Lo siento, pero al menos os harán descuento al comprar en el Caprabo. Seguid escuchándolo y lo entenderéis.

Mira, al final he sido breve.
Salud,
Z

Cruz
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Mensaje por Rhonda el Sáb 20 Abr 2019 - 11:29

Bromas aparte, si me dedicara a estudiar oposiciones con la misma cantidad de tiempo y atención que dedico para leer los tochos de Z, ya sería alto cargo de la administración...
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Mensaje por Stoneheart el Sáb 20 Abr 2019 - 12:14

@David Z. escribió:
Spoiler:
Bien, ya he esperado a que casi todos voten y nadie, ni siquiera Watts, pueda quitarle puntos a los Monks en represalia al cobarde ladrillazo que os voy a soltar, así que vamos allá.

Hay que joderse con Borogis, va y empieza su tochete de los Cramps hablando de Platón. ¿Y ahora a quién cito yo? ¿A Nietzsche? ¿A Confucio? ¿A Paquirrín?

Citemos a Mike Stax mejor, que ha descrito su música mejor de lo que yo podría hacer:

“La música de los Monks es el material del que está hecha la verdadera grandeza: enormes golpes de bajo reverberando y ritmos de batería, llevados a un límite frenético de distorsión y sobrecarga por los tajos de un banjo electrificado, todo con una capa encima de ráfagas de chillidos de un órgano delirante y el zumbido y el alarido del feedback y el fuzz que algún enajenado descarga en una guitarra eléctrica; todo esto empujando las voces agresivas y guiadas por la ira, que gritan: “Te odio, chica, con pasión…” “La gente va a morir por ti”, “Los chicos son chicos, las chicas son ricas”, “Pussy galore viene y nos encanta… no nos gusta la bomba atómica”… “¡Cállate! ¡No llores!” Y “Higgle-Dy, Piggle-Dy, ¡hagámoslo!” (Mike Stax, Ugly Things)

O refirámonos a otro gran sabio, Antoine “Grasitas” Dominó, que una vez dijo con no poca razón: “eso que ahora llaman rock’n’roll se llama rhythm’n’blues y lo llevo tocando yo veinte años en Nueva Orleans”. Lo mismo podrían haber dicho los Monks en el 77: “eso que ahora llaman punk lo tocábamos nosotros hace más de 10 años”. No les faltarían argumentos. Esto no es como por ejemplo lo de los Sonics, un sonido rock’n’roll recrudecido y distorsionado pero nada realmente nuevo. Esto es más como lo del primer disco de los Stooges: un asalto frontal a la música del momento, una música desconocida hasta entonces.

Tal vez las condiciones mentales de Iggy de aburrimiento, ansiedad, ira, desencanto y alienación/fascinación ante una sociedad posindustrial ya estaban ahí en los Monjes, que habían sido soldados sólo por escapar de sus pueblos de mierda y que no tenían ninguna simpatía al ejército ("¿qué ejército? ¡cualquier ejército!”, como se dice en el disco).

Ya sabéis que a mí, cuya yegua no es mi vieja yegua gris y cuya polla peina canas y calvicie donde antaño hubo rizos rubios al sol, apenas se me levanta ya sin viagra. No, espera, esa es otra historia. Dónde estaba. Maldito alemán. Ah, sí, apenas se me levanta ya con el rock (no con el rock’n’roll, ojo, ahí me pincho todo lo que quiero). Este disco pertenece a esa rara categoría de discos rock que no solo aún tolero y hasta disfruto  enteros, sino que me los puedo poner tres o cuatro veces seguidas en un día (total, son 30 increíbles minutos). Lo acabo de hacer.

Eskoriez ahora pensará —mientras se agarra tiernamente a su cactus y a su nuevo póster de Ana Torroja y los Cano melenas al viento (abajo pone “una rosa es una rosa” y Esko lo acaba de comprar en eBay autografiado por José María, que le ha regalado además 10 discos de su nueva ópera)—  que soy con el rock como ese compañero que todos tenemos al que se le pasó la mano con el porno y ya solo es capaz de eyacular (con la fuerza de una bisabuela soplando velas) con videos bizarros y demenciados de enanas masturbando caballos (o bisabuelas soplando velas). Que ya solo me pone lo más raro y marciano. Un poco lo que dice DumDum de los paladares curtidos. Solo puedo responder que no se debe menospreciar el poder de lo que aún hoy es chocante, chatarrero y único, y menos en el rock. Ni los videos de bisabuelas y caballos. Pero no entremos ahora en este jardín. El caso es que este es aún uno de ese puñado de discos que es ponerlos y dar cabezazos contra la vida, movérseme el cuerpo entero como si fueran el Cachabolik Blues Rock (y algo de adiabolado sí tienen) y contorsionarme como un espasmódico acelerado: hay algo en él que me vuelve puro nervio, emoción, frenesí, energía. Toca exactamente en los centros primarios del córtex, que diría Jung. O Carpanta, no recuerdo quién. Tienen eso que tienen Stooges, los Cramps, la Velvet, los Modern Lovers, los Swell Maps, los Ramones o los Pistols: el fuego del rock’n’roll puro, llevado de antorcha en antorcha como en una conspiración de hombres de las cavernas contra este sindiós de civilización.

Hablando de sindioses:

Alemania, alrededor de 1964. Gran presencia militar americana en todo el país por aquello de la guerra fría.  Eddie, Gary, Larry, Dave y Roger han terminado su estancia el ejército yanqui (y algo yonqui) y se quedan en Alemania disfrutando de la juventud y la banda que han formado: The Torquays. Como todas las agrupaciones musicales del momento, hacen rock’n’roll cincuentero/beatlesco. Al fin y al cabo los Beatles tuvieron sus primeros fans en Alemania y allí ahora todo el mundo quiere sonar como ellos y a ser posible seguir su imposible camino al éxito. Hay concursos de bandas imitadoras de los Fab Four, etc. Los Torquays se van curtiendo por los escenarios del país (tocando generalmente para soldados) y tienen una gran oportunidad de ir más allá cuando les contratan como banda local del Rio Bar de Stuttgart, donde pueden tocar todas las horas que quieran varios días por semana. Esto los vuelve músicos mejores… e inquietos: han de probar cosas nuevas para no aburrirse, experimentando con distorsión, feedback, elementos que los vuelven únicos e interesantes entre la predecible escena “beatlemaníaca” local.

Una noche, tras tocar en ese club, dos diseñadores y publicistas alemanes llamados Carl y Walter, que estaban entre la audiencia, se les acercan para decirles que les gusta su sonido y que están buscando una banda con la que trabajar. Se decide que ambos se convertirán en el equipo de management de la banda. Muy a semejanza de Warhol con la Velvet, solo que antes. Carl y Walter serán fundamentales para el grupo, que en realidad es el fruto del enorme feedback trasatlántico, como se llama el documental de la banda,  lo que interpreto no sólo como alusión al sonido, sino especialmente al intercambio de ideas entre los rockeros americanos y sus vanguardistas mánagers alemanes.

“¡Están locos estos germanos!”, esto lo sabemos por ya varias razones y esto es lo que se decían los músicos americanos, ya rebautizados (no se sabe bien por quién) como Monks. Sus mánagers les piden algo totalmente radical: una, digamos, imagen de marca en que todos los elementos (el nombre, la tipografía del logo, la imagen y el concepto de la banda) sean inmediatamente distinguibles y coherentes. Les dan reglas escritas: “Sé siempre un Monk. No te salgas del papel de Monk dentro ni fuera del escenario. No lleves ropas de colores. Nunca seas un Torquay”. Los alemanes saben lo que buscan: un grupo que sea algo más que una banda, una organización eficiente en la que todo funcione al servicio del sonido y la idea.

Las innovaciones de imagen son accesorias aunque impactantes (la tonsura no la ven nada clara y solo la hacen a insistencia de los managers, el vestir todo de negro con cordones semejando hábitos monjiles, etc). Es divertido en todo caso cómo explican que una vez se hicieron la tonsura, la gente se cambiaba de acera al verlos… pero las chicas los miraban con mucha más atención que antes. En todo caso todo esto es irrelevante. Son las innovaciones de sonido —a medias entre la banda y los mánagers imagino, aunque los Monks dicen que en cuestión de sonido casi todo fue idea del grupo— las que hacen que hablemos hoy de este disco y las que hacen de los Monks un milagro. Veámoslas:

La primera es lo que Eddie llama una “deconstrucción de las canciones”. Los Monks ya tienen buenas canciones. Ahora empiezan a sacar de ellas todo lo no necesario. “Si teníamos 4 acordes, la dejábamos en 3, o en 2, o en 1” (Lou Reed: “un acorde es perfecto. Dos, ya te estás arriesgando. Tres, ya es jazz). “Si teníamos 50 palabras en la canción, la dejábamos en 20”, dice de hecho que no cree que ninguna canción de los Monks supere las 20-30 palabras. Es exactamente el mismo concepto que sigue Iggy en los Stooges.

A nivel sonoro y compositivo lo que los Monks intentan se puede calificar de un sonido “anti-Beatle”, de hecho para mí son los grandes anti-beatles de la historia de la música. Son una reacción a la beatlemanía, una nueva ola, y así se explican muchas decisiones: donde los de Liverpool favorecen melodías elaboradas, los Monks usan un acorde. Donde aquellos cantan “She Loves You” o “From Me to You”, estos cantan “I Hate You (But Call Me)”. Donde los fab-four usan bellas armonías en los coros, los Monjes cantan, como buenos monjes medievales (antes de la polifonía), al unísono (“But call me!”). Es tremendamente efectivo (esos coros son maravillosos, unidos al órgano dan una especie de sonido de iglesia de Satán maravilloso), pero no lo sería si no fuera por un elemento aún más básico e importante en su música: el RITMO.

Los Monks son una respuesta a los Beatles porque donde para estos melodía y armonía son esenciales, para los Monks solo existe el RITMO. Todo en la banda está a su servicio, cada instrumento es parte de la sección rítmica (casi no puede distinguirse nada más que el machacón ritmo donde todo se une). Incorporan el banjo solo para usarlo como instrumento de percusión (ver los maravillosos videos). La batería no usa apenas platillos, solo caja, bombo y timbal de suelo (floor tom), el bajo y el bombo se unen en un groove casi insano que los productores se las ven y se las desean para recoger en estudio. El productor de este disco, por cierto, explica cómo a base de varios micrófonos y subir volúmenes logró esa maravilla de sonido (otra gran diferencia con cualquier banda de garaje del momento es que este disco suena absolutamente brutal, la producción está a años luz de lo común). También dice que cuando los vio por primera vez tuvo que salirse de la sala porque el volumen era ensordecedor, y que fue desde fuera cuando se dio cuenta de que la banda era la puta ostia. Lo que son, vamos.

Por cierto que esta búsqueda del ritmo percibido como algo “primario” y “primitivo” da pie a una discusión interesante: ¿no es toda la vanguardia del siglo XX, en casi cualquier arte, una reacción a la sociedad occidental perfecta en su técnica y tecnología y la búsqueda consiguiente de algo que casi siempre se asocia con primitivismo, desde las formas de Picasso hasta los ritmos del tambor? El gran Alain Danielou tiene un artículo llamado algo como “la tiranía de la armonía” donde dice que precisamente Occidente exporta la armonía como su gran hallazgo que es superior a toda otra música, como su imperialismo cultural, y que músicas basadas en otros aspectos son menospreciadas y tratadas de primitivas. Y así sucede con la música basada en el ritmo.

Otro aspecto interesante de esta búsqueda obsesiva del ritmo, del BOM BOM tribal y cazurro que tanto gusta a los enfermizos del sector demenciado del rock’n’roll, es que por ejemplo usan ritmos fuera del 4/4 para desasosegar más y volver el ritmo más obsesivo y machacón, dejando al oyente en tensión, haciendo progresiones que en vez de durar cuatro compases duran cinco, o en vez de repetir una parte las típicas 12 veces lo hacen 13… Al final de Love Came Tumbling Down por ejemplo el groove se repite 10 veces (no 8 ni 4 ni 12), y al principio de “Blast Off!” (casi la canción más prescindible del disco en realidad) es difícil llevar la cuenta del número de repeticiones, que se vuelven simplemente hipnóticas.

Y luego está la voz. Irritante a veces, a mí me recuerda a Johnny Rotten, a Mark E Smith o a Jello Biafra… más de 10 años antes, ojo.  The Fall precisamente adoran a los Monks y hacen nada menos que cuatro versiones de este disco a lo largo de su carrera.

El sonido me recuerda no poco a los Stooges y algo a veces a la Velvet. Lo que Iggy dice de escuchar a Harry Partch o de ir a las fábricas de coches de Detroit y oír las placas de metal cayendo una sobre otra y los martillos hidráulicos y demás como influencia se escucha claramente aquí. La guitarra del principio de Monk Time, de hecho, ese primer ‘solo/riff’, suena a Stooges muchísimo. Insistimos, 3 años antes que los de Ann Arbor.

Analicemos esa guitarra, por Dios: escuchad lo que hace la guitarra en “Oh How to Do Now" o en “We Do Wie Du”. Es una puta locura. Parece la Velvet, parece Ron Asheton. O escuchad ese alucinante órgano de “Complication”, suena a Cale, a gloria bendita.
Prestad atención a uno de los grandes aciertos del disco: ese maldito banjo eléctrico que suena como un cuchillo. Fijaos en él. Es como una descarga eléctrica cada sonido que hace, cada golpe. Qué maravilla de hallazgo decir, tomad un instrumento tradicional americano, y hacedlo sonar vanguardista. Como el botijo o jug de los 13th Floor Elevators. Pero esto suena mucho más agresivo, sonando a contratiempo a menudo, una locura. En directo es increíble ese banjo y la forma de tocarlo de Dave Day es hipnótica y da idea del uso que le da como instrumento de percusión. Suena como a chapas de metal al chocar, saltan chispas, igual que el bajo suena como un taladro por momentos.








Todo en ellos es hipnótico en vivo, si esas apariciones de TV son representativas de cómo eran (y dado que son las únicas que hay, no quedan más huevos que asumir que lo son): cómo se alinean en el escenario, cómo juegan con la guitarra en el suelo acercándose todos a tocarla como una extraña comunión, esas enormes panderetas dando contra el teclado, el batería aporreando la caja con unos cascabeles… Es un puto delirio, uno de los grupos más mágicos que ha debido existir. ¡Y nadie lo entendía! ¡Nadie lo disfrutaba!

Porque nada en 1966 sonaba así y nada suena así hoy. El disco nos llega como un milagro, como algo preservado en el tiempo que no ha perdido ningún vigor en 50 años. Sigue sonando radical, único y maravilloso. En su día además sonaba… imposible. Lo que más se repetía en la prensa alemana en su día: “BRUTAL”. Un sonido de pesadilla, de otra dimensión. Como dice alguien por ahí, un disco de una pureza de intenciones y de una total despreocupación por lo que otros hacen o por los resultados comerciales. Un sonido crudo y enloquecido: “Nadie jamás hizo un disco entero a este nivel de demencia. Es una joya nacida del aislamiento y del horrible conocimiento interior de que nadie escucha lo que dices ... Aprovecharon el estar en otro país para escribir canciones que habrían sido horriblemente mutiladas por productores y arreglistas en América. No necesitaban “limpiar” su sonido, como los Beatles y otros habían hecho al volver a casa, pues no había ninguna restricción artística”. Lo he pillado del wikiwiki, no recuerdo de quién.


Por todo lo anterior este disco es una obra maestra que siempre se nombra como precursor y como influencia seminal en el desarrollo de varios estilos: obviamente el punk, pero también el kraut rock (el tipo de Faust dice en el documental que le volaron la cabeza y le cambiaron la vida, es cierto que se ve una clara analogía entre lo que hacen Monks y lo que hacen varios krautrockers) y hasta hay quien dice que en el metal (aunque yo no oigo absolutamente nada de metal aquí, la verdad). De hecho este disco, mucho más que por ejemplo los Sonics o los Saicos, anuncia caminos nuevos que irán hacia el punk y hacia todo sonido industrial y de vanguardia.

Hacer algo tan innovador y único, avanzado al menos 10 años a su tiempo, no sale gratis (díselo a la Velvet). El resultado es que nadie comprendía lo que hacían (díselo a la Velvet). Tocaban en clubs y la gente no entendía nada, no bailaban, no disfrutaban. Se quedaban mirando con cara de bobos. Nadie estaba preparado para esto. Cuando tocaban en bares de soldados americanos siempre tenían problemas por ese inicio de Monk Time con “no nos gusta el ejército, ¿qué ejército? ¡ningún ejército! ¿Para qué estáis matando a jóvenes en Vietnam?”, un alegato muy valiente y aún nada común, ya que la resistencia a Vietnam aún no ha empezado a tener la fuerza que luego cobrará. Cobrar casi cobraron varias veces, en efecto.

Así que tras un año o así de tocar, y con un tour por el sureste asiático a punto de empezar, el batería les abandona y la banda se desintegra (qué pena, pudiendo haber muerto a machetazos en un bar de Saigón tras tocar Monk Time para los marines). Dejan sólo este disco (y un single posterior que no pasa de anécdota) como eterno legado. Aún hay a quien le cuesta entender este Black Monk Time (como se demuestra en este mismo hilo). No ha envejecido nada. No suena a “otra banda de garaje”. Suena aún más raro y único que en su día. Mark E Smith, Genesis P’ Orridge (Throbbing Gristle), Jon Spencer, Dead Kennedys o los Beastie Boys no pueden estar equivocados. No todos a la vez.


Y para mí nada de toda esta mierda sería importante si no fuera por las canciones. Menuda colección, joder: Piggle Eye, Boys are Boys, Oh How to Do Now (¡HIJODEPU TA, HIJODEPU TA!), Shut Up, I Hate You, Monk Time… putos himnos todas. Perfectas. Canciones sencillas, casi infantiles, puro rock, para contrastar con lo radical del sonido. Una combinación imbatible.


El resumen (podría haber escrito solo esto y quitar todo lo de arriba, pero tengo una reputación que mantener) es que fue un grupo de americanos normales (o sea, algo desquiciados, como buenos americanos normales), buenos músicos, al que dos locos alemanes llevaron a alturas que tal vez ni grupo ni mánagers soñaron ni comprendieron bien. Lo que dice Mike Stax de la conjunción de elementos más improbable y azarosa en la historia de una formación rock (¿soldados americanos en Alemania? ¿mánagers alemanes?). Una asociación perfecta entre rock y vanguardia, entre cazurrismo e inteligencia, entre visión comercial y resultado totalmente anticomercial. Una maravilla… y francamente una locura que no estuviera ya en la lista, pues no puede caber ninguna duda de que este es uno de los 1001 discos (y hasta de los 981) más importantes de la historia de la música rock. No hay muchos discos tan avanzados a su tiempo como este y que suenen igual de bien hoy. Y si no lo entendéis y no comprendéis su grandeza nada más darle al play, tenéis dos cachos de corcho por orejas. Lo siento, pero al menos os harán descuento al comprar en el Caprabo. Seguid escuchándolo y lo entenderéis.

Mira, al final he sido breve.

Salud,
Z
study



















Ahora en serio, parafernalia estética y declaración de intenciones a parte, está claro que no es un disco de garage cualquiera, ni mucho menos. Es muy fácil.convencerme con un órgano cafre que suene a Sister Ray, con lo cual tampoco tiene mucho mérito, pero de momento me llevas descubiertos dos discos a los que no habría llegado de otro modo.
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Los 1001: GRUPO 25:Jacques Brel - Ces gens-là (1966); The Only Ones - The Only Ones (1978); The Undertones -The Undertones (1979) - Página 19 Empty Re: Los 1001: GRUPO 25:Jacques Brel - Ces gens-là (1966); The Only Ones - The Only Ones (1978); The Undertones -The Undertones (1979)

Mensaje por Chaleco el Sáb 20 Abr 2019 - 12:15

@David Z. escribió:Bien, ya he esperado a que casi todos voten y nadie, ni siquiera Watts, pueda quitarle puntos a los Monks en represalia al cobarde ladrillazo que os voy a soltar, así que vamos allá.

Hay que joderse con Borogis, va y empieza su tochete de los Cramps hablando de Platón. ¿Y ahora a quién cito yo? ¿A Nietzsche? ¿A Confucio? ¿A Paquirrín?

Citemos a Mike Stax mejor, que ha descrito su música mejor de lo que yo podría hacer:

“La música de los Monks es el material del que está hecha la verdadera grandeza: enormes golpes de bajo reverberando y ritmos de batería, llevados a un límite frenético de distorsión y sobrecarga por los tajos de un banjo electrificado, todo con una capa encima de ráfagas de chillidos de un órgano delirante y el zumbido y el alarido del feedback y el fuzz que algún enajenado descarga en una guitarra eléctrica; todo esto empujando las voces agresivas y guiadas por la ira, que gritan: “Te odio, chica, con pasión…” “La gente va a morir por ti”, “Los chicos son chicos, las chicas son ricas”, “Pussy galore viene y nos encanta… no nos gusta la bomba atómica”… “¡Cállate! ¡No llores!” Y “Higgle-Dy, Piggle-Dy, ¡hagámoslo!” (Mike Stax, Ugly Things)

O refirámonos a otro gran sabio, Antoine “Grasitas” Dominó, que una vez dijo con no poca razón: “eso que ahora llaman rock’n’roll se llama rhythm’n’blues y lo llevo tocando yo veinte años en Nueva Orleans”. Lo mismo podrían haber dicho los Monks en el 77: “eso que ahora llaman punk lo tocábamos nosotros hace más de 10 años”. No les faltarían argumentos. Esto no es como por ejemplo lo de los Sonics, un sonido rock’n’roll recrudecido y distorsionado pero nada realmente nuevo. Esto es más como lo del primer disco de los Stooges: un asalto frontal a la música del momento, una música desconocida hasta entonces.

Tal vez las condiciones mentales de Iggy de aburrimiento, ansiedad, ira, desencanto y alienación/fascinación ante una sociedad posindustrial ya estaban ahí en los Monjes, que habían sido soldados sólo por escapar de sus pueblos de mierda y que no tenían ninguna simpatía al ejército ("¿qué ejército? ¡cualquier ejército!”, como se dice en el disco).

Ya sabéis que a mí, cuya yegua no es mi vieja yegua gris y cuya polla peina canas y calvicie donde antaño hubo rizos rubios al sol, apenas se me levanta ya sin viagra. No, espera, esa es otra historia. Dónde estaba. Maldito alemán. Ah, sí, apenas se me levanta ya con el rock (no con el rock’n’roll, ojo, ahí me pincho todo lo que quiero). Este disco pertenece a esa rara categoría de discos rock que no solo aún tolero y hasta disfruto  enteros, sino que me los puedo poner tres o cuatro veces seguidas en un día (total, son 30 increíbles minutos). Lo acabo de hacer.

Eskoriez ahora pensará —mientras se agarra tiernamente a su cactus y a su nuevo póster de Ana Torroja y los Cano melenas al viento (abajo pone “una rosa es una rosa” y Esko lo acaba de comprar en eBay autografiado por José María, que le ha regalado además 10 discos de su nueva ópera)—  que soy con el rock como ese compañero que todos tenemos al que se le pasó la mano con el porno y ya solo es capaz de eyacular (con la fuerza de una bisabuela soplando velas) con videos bizarros y demenciados de enanas masturbando caballos (o bisabuelas soplando velas). Que ya solo me pone lo más raro y marciano. Un poco lo que dice DumDum de los paladares curtidos. Solo puedo responder que no se debe menospreciar el poder de lo que aún hoy es chocante, chatarrero y único, y menos en el rock. Ni los videos de bisabuelas y caballos. Pero no entremos ahora en este jardín. El caso es que este es aún uno de ese puñado de discos que es ponerlos y dar cabezazos contra la vida, movérseme el cuerpo entero como si fueran el Cachabolik Blues Rock (y algo de adiabolado sí tienen) y contorsionarme como un espasmódico acelerado: hay algo en él que me vuelve puro nervio, emoción, frenesí, energía. Toca exactamente en los centros primarios del córtex, que diría Jung. O Carpanta, no recuerdo quién. Tienen eso que tienen Stooges, los Cramps, la Velvet, los Modern Lovers, los Swell Maps, los Ramones o los Pistols: el fuego del rock’n’roll puro, llevado de antorcha en antorcha como en una conspiración de hombres de las cavernas contra este sindiós de civilización.

Hablando de sindioses:

Alemania, alrededor de 1964. Gran presencia militar americana en todo el país por aquello de la guerra fría.  Eddie, Gary, Larry, Dave y Roger han terminado su estancia el ejército yanqui (y algo yonqui) y se quedan en Alemania disfrutando de la juventud y la banda que han formado: The Torquays. Como todas las agrupaciones musicales del momento, hacen rock’n’roll cincuentero/beatlesco. Al fin y al cabo los Beatles tuvieron sus primeros fans en Alemania y allí ahora todo el mundo quiere sonar como ellos y a ser posible seguir su imposible camino al éxito. Hay concursos de bandas imitadoras de los Fab Four, etc. Los Torquays se van curtiendo por los escenarios del país (tocando generalmente para soldados) y tienen una gran oportunidad de ir más allá cuando les contratan como banda local del Rio Bar de Stuttgart, donde pueden tocar todas las horas que quieran varios días por semana. Esto los vuelve músicos mejores… e inquietos: han de probar cosas nuevas para no aburrirse, experimentando con distorsión, feedback, elementos que los vuelven únicos e interesantes entre la predecible escena “beatlemaníaca” local.

Una noche, tras tocar en ese club, dos diseñadores y publicistas alemanes llamados Carl y Walter, que estaban entre la audiencia, se les acercan para decirles que les gusta su sonido y que están buscando una banda con la que trabajar. Se decide que ambos se convertirán en el equipo de management de la banda. Muy a semejanza de Warhol con la Velvet, solo que antes. Carl y Walter serán fundamentales para el grupo, que en realidad es el fruto del enorme feedback trasatlántico, como se llama el documental de la banda,  lo que interpreto no sólo como alusión al sonido, sino especialmente al intercambio de ideas entre los rockeros americanos y sus vanguardistas mánagers alemanes.

“¡Están locos estos germanos!”, esto lo sabemos por ya varias razones y esto es lo que se decían los músicos americanos, ya rebautizados (no se sabe bien por quién) como Monks. Sus mánagers les piden algo totalmente radical: una, digamos, imagen de marca en que todos los elementos (el nombre, la tipografía del logo, la imagen y el concepto de la banda) sean inmediatamente distinguibles y coherentes. Les dan reglas escritas: “Sé siempre un Monk. No te salgas del papel de Monk dentro ni fuera del escenario. No lleves ropas de colores. Nunca seas un Torquay”. Los alemanes saben lo que buscan: un grupo que sea algo más que una banda, una organización eficiente en la que todo funcione al servicio del sonido y la idea.

Las innovaciones de imagen son accesorias aunque impactantes (la tonsura no la ven nada clara y solo la hacen a insistencia de los managers, el vestir todo de negro con cordones semejando hábitos monjiles, etc). Es divertido en todo caso cómo explican que una vez se hicieron la tonsura, la gente se cambiaba de acera al verlos… pero las chicas los miraban con mucha más atención que antes. En todo caso todo esto es irrelevante. Son las innovaciones de sonido —a medias entre la banda y los mánagers imagino, aunque los Monks dicen que en cuestión de sonido casi todo fue idea del grupo— las que hacen que hablemos hoy de este disco y las que hacen de los Monks un milagro. Veámoslas:

La primera es lo que Eddie llama una “deconstrucción de las canciones”. Los Monks ya tienen buenas canciones. Ahora empiezan a sacar de ellas todo lo no necesario. “Si teníamos 4 acordes, la dejábamos en 3, o en 2, o en 1” (Lou Reed: “un acorde es perfecto. Dos, ya te estás arriesgando. Tres, ya es jazz). “Si teníamos 50 palabras en la canción, la dejábamos en 20”, dice de hecho que no cree que ninguna canción de los Monks supere las 20-30 palabras. Es exactamente el mismo concepto que sigue Iggy en los Stooges.

A nivel sonoro y compositivo lo que los Monks intentan se puede calificar de un sonido “anti-Beatle”, de hecho para mí son los grandes anti-beatles de la historia de la música. Son una reacción a la beatlemanía, una nueva ola, y así se explican muchas decisiones: donde los de Liverpool favorecen melodías elaboradas, los Monks usan un acorde. Donde aquellos cantan “She Loves You” o “From Me to You”, estos cantan “I Hate You (But Call Me)”. Donde los fab-four usan bellas armonías en los coros, los Monjes cantan, como buenos monjes medievales (antes de la polifonía), al unísono (“But call me!”). Es tremendamente efectivo (esos coros son maravillosos, unidos al órgano dan una especie de sonido de iglesia de Satán maravilloso), pero no lo sería si no fuera por un elemento aún más básico e importante en su música: el RITMO.

Los Monks son una respuesta a los Beatles porque donde para estos melodía y armonía son esenciales, para los Monks solo existe el RITMO. Todo en la banda está a su servicio, cada instrumento es parte de la sección rítmica (casi no puede distinguirse nada más que el machacón ritmo donde todo se une). Incorporan el banjo solo para usarlo como instrumento de percusión (ver los maravillosos videos). La batería no usa apenas platillos, solo caja, bombo y timbal de suelo (floor tom), el bajo y el bombo se unen en un groove casi insano que los productores se las ven y se las desean para recoger en estudio. El productor de este disco, por cierto, explica cómo a base de varios micrófonos y subir volúmenes logró esa maravilla de sonido (otra gran diferencia con cualquier banda de garaje del momento es que este disco suena absolutamente brutal, la producción está a años luz de lo común). También dice que cuando los vio por primera vez tuvo que salirse de la sala porque el volumen era ensordecedor, y que fue desde fuera cuando se dio cuenta de que la banda era la puta ostia. Lo que son, vamos.

Por cierto que esta búsqueda del ritmo percibido como algo “primario” y “primitivo” da pie a una discusión interesante: ¿no es toda la vanguardia del siglo XX, en casi cualquier arte, una reacción a la sociedad occidental perfecta en su técnica y tecnología y la búsqueda consiguiente de algo que casi siempre se asocia con primitivismo, desde las formas de Picasso hasta los ritmos del tambor? El gran Alain Danielou tiene un artículo llamado algo como “la tiranía de la armonía” donde dice que precisamente Occidente exporta la armonía como su gran hallazgo que es superior a toda otra música, como su imperialismo cultural, y que músicas basadas en otros aspectos son menospreciadas y tratadas de primitivas. Y así sucede con la música basada en el ritmo.

Otro aspecto interesante de esta búsqueda obsesiva del ritmo, del BOM BOM tribal y cazurro que tanto gusta a los enfermizos del sector demenciado del rock’n’roll, es que por ejemplo usan ritmos fuera del 4/4 para desasosegar más y volver el ritmo más obsesivo y machacón, dejando al oyente en tensión, haciendo progresiones que en vez de durar cuatro compases duran cinco, o en vez de repetir una parte las típicas 12 veces lo hacen 13… Al final de Love Came Tumbling Down por ejemplo el groove se repite 10 veces (no 8 ni 4 ni 12), y al principio de “Blast Off!” (casi la canción más prescindible del disco en realidad) es difícil llevar la cuenta del número de repeticiones, que se vuelven simplemente hipnóticas.

Y luego está la voz. Irritante a veces, a mí me recuerda a Johnny Rotten, a Mark E Smith o a Jello Biafra… más de 10 años antes, ojo.  The Fall precisamente adoran a los Monks y hacen nada menos que cuatro versiones de este disco a lo largo de su carrera.

El sonido me recuerda no poco a los Stooges y algo a veces a la Velvet. Lo que Iggy dice de escuchar a Harry Partch o de ir a las fábricas de coches de Detroit y oír las placas de metal cayendo una sobre otra y los martillos hidráulicos y demás como influencia se escucha claramente aquí. La guitarra del principio de Monk Time, de hecho, ese primer ‘solo/riff’, suena a Stooges muchísimo. Insistimos, 3 años antes que los de Ann Arbor.

Analicemos esa guitarra, por Dios: escuchad lo que hace la guitarra en “Oh How to Do Now" o en “We Do Wie Du”. Es una puta locura. Parece la Velvet, parece Ron Asheton. O escuchad ese alucinante órgano de “Complication”, suena a Cale, a gloria bendita.
Prestad atención a uno de los grandes aciertos del disco: ese maldito banjo eléctrico que suena como un cuchillo. Fijaos en él. Es como una descarga eléctrica cada sonido que hace, cada golpe. Qué maravilla de hallazgo decir, tomad un instrumento tradicional americano, y hacedlo sonar vanguardista. Como el botijo o jug de los 13th Floor Elevators. Pero esto suena mucho más agresivo, sonando a contratiempo a menudo, una locura. En directo es increíble ese banjo y la forma de tocarlo de Dave Day es hipnótica y da idea del uso que le da como instrumento de percusión. Suena como a chapas de metal al chocar, saltan chispas, igual que el bajo suena como un taladro por momentos.








Todo en ellos es hipnótico en vivo, si esas apariciones de TV son representativas de cómo eran (y dado que son las únicas que hay, no quedan más huevos que asumir que lo son): cómo se alinean en el escenario, cómo juegan con la guitarra en el suelo acercándose todos a tocarla como una extraña comunión, esas enormes panderetas dando contra el teclado, el batería aporreando la caja con unos cascabeles… Es un puto delirio, uno de los grupos más mágicos que ha debido existir. ¡Y nadie lo entendía! ¡Nadie lo disfrutaba!

Porque nada en 1966 sonaba así y nada suena así hoy. El disco nos llega como un milagro, como algo preservado en el tiempo que no ha perdido ningún vigor en 50 años. Sigue sonando radical, único y maravilloso. En su día además sonaba… imposible. Lo que más se repetía en la prensa alemana en su día: “BRUTAL”. Un sonido de pesadilla, de otra dimensión. Como dice alguien por ahí, un disco de una pureza de intenciones y de una total despreocupación por lo que otros hacen o por los resultados comerciales. Un sonido crudo y enloquecido: “Nadie jamás hizo un disco entero a este nivel de demencia. Es una joya nacida del aislamiento y del horrible conocimiento interior de que nadie escucha lo que dices ... Aprovecharon el estar en otro país para escribir canciones que habrían sido horriblemente mutiladas por productores y arreglistas en América. No necesitaban “limpiar” su sonido, como los Beatles y otros habían hecho al volver a casa, pues no había ninguna restricción artística”. Lo he pillado del wikiwiki, no recuerdo de quién.


Por todo lo anterior este disco es una obra maestra que siempre se nombra como precursor y como influencia seminal en el desarrollo de varios estilos: obviamente el punk, pero también el kraut rock (el tipo de Faust dice en el documental que le volaron la cabeza y le cambiaron la vida, es cierto que se ve una clara analogía entre lo que hacen Monks y lo que hacen varios krautrockers) y hasta hay quien dice que en el metal (aunque yo no oigo absolutamente nada de metal aquí, la verdad). De hecho este disco, mucho más que por ejemplo los Sonics o los Saicos, anuncia caminos nuevos que irán hacia el punk y hacia todo sonido industrial y de vanguardia.

Hacer algo tan innovador y único, avanzado al menos 10 años a su tiempo, no sale gratis (díselo a la Velvet). El resultado es que nadie comprendía lo que hacían (díselo a la Velvet). Tocaban en clubs y la gente no entendía nada, no bailaban, no disfrutaban. Se quedaban mirando con cara de bobos. Nadie estaba preparado para esto. Cuando tocaban en bares de soldados americanos siempre tenían problemas por ese inicio de Monk Time con “no nos gusta el ejército, ¿qué ejército? ¡ningún ejército! ¿Para qué estáis matando a jóvenes en Vietnam?”, un alegato muy valiente y aún nada común, ya que la resistencia a Vietnam aún no ha empezado a tener la fuerza que luego cobrará. Cobrar casi cobraron varias veces, en efecto.

Así que tras un año o así de tocar, y con un tour por el sureste asiático a punto de empezar, el batería les abandona y la banda se desintegra (qué pena, pudiendo haber muerto a machetazos en un bar de Saigón tras tocar Monk Time para los marines). Dejan sólo este disco (y un single posterior que no pasa de anécdota) como eterno legado. Aún hay a quien le cuesta entender este Black Monk Time (como se demuestra en este mismo hilo). No ha envejecido nada. No suena a “otra banda de garaje”. Suena aún más raro y único que en su día. Mark E Smith, Genesis P’ Orridge (Throbbing Gristle), Jon Spencer, Dead Kennedys o los Beastie Boys no pueden estar equivocados. No todos a la vez.


Y para mí nada de toda esta mierda sería importante si no fuera por las canciones. Menuda colección, joder: Piggle Eye, Boys are Boys, Oh How to Do Now (¡HIJODEPU TA, HIJODEPU TA!), Shut Up, I Hate You, Monk Time… putos himnos todas. Perfectas. Canciones sencillas, casi infantiles, puro rock, para contrastar con lo radical del sonido. Una combinación imbatible.


El resumen (podría haber escrito solo esto y quitar todo lo de arriba, pero tengo una reputación que mantener) es que fue un grupo de americanos normales (o sea, algo desquiciados, como buenos americanos normales), buenos músicos, al que dos locos alemanes llevaron a alturas que tal vez ni grupo ni mánagers soñaron ni comprendieron bien. Lo que dice Mike Stax de la conjunción de elementos más improbable y azarosa en la historia de una formación rock (¿soldados americanos en Alemania? ¿mánagers alemanes?). Una asociación perfecta entre rock y vanguardia, entre cazurrismo e inteligencia, entre visión comercial y resultado totalmente anticomercial. Una maravilla… y francamente una locura que no estuviera ya en la lista, pues no puede caber ninguna duda de que este es uno de los 1001 discos (y hasta de los 981) más importantes de la historia de la música rock. No hay muchos discos tan avanzados a su tiempo como este y que suenen igual de bien hoy. Y si no lo entendéis y no comprendéis su grandeza nada más darle al play, tenéis dos cachos de corcho por orejas. Lo siento, pero al menos os harán descuento al comprar en el Caprabo. Seguid escuchándolo y lo entenderéis.



Salud,
Z

Bravo

@David Z. escribió:Mira, al final he sido breve.

Jajaja
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Mensaje por BillyBudd el Sáb 20 Abr 2019 - 12:21

Tengo dudas para lo que queda de Semana Santa, no sé si leerme el texto de Z, pero igual no me da tiempo, y mejor opto por releerme En busca del tiempo perdido de Proust.
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Mensaje por BillyBudd el Sáb 20 Abr 2019 - 12:25

No, en serio, excelente aportación. Es un lujo contar con estos textos en este hilo.
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Mensaje por Stoneheart el Sáb 20 Abr 2019 - 12:27

@BillyBudd escribió:No, en serio, excelente aportación. Es un lujo contar con estos textos en este hilo.
Arrow2 Arrow2 Arrow2

Pero, por favor, tened piedad y usad el spoiler para citar.
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Mensaje por watts el Sáb 20 Abr 2019 - 14:41

Menos mal que ya había votado. A la altura de lo esperado, Z. Es decir, brutal. Una pena que se hayan perdido estas chapas ne el hilo...

Ayer estuve buscando los comentarios de los Buzzcocks para ver mi referencia a los Undertones y demostrar de una vez por todas que hay discos que desaparecen, pero nada, no hay manera. Solo digo "recuperé el disco de Undertones" o algo así. El caso es que me lié a leer las cosas sobre Buzzcocks y después sobre los Byrds y también una discusión sobre Burnimg y el rock en castellano o otra sobre Camarón y el flamenco. Y joder, puedes (al menos yo puedo) torarte horas leyendo eso y disfrutando. Y te entran ganas de ponerte el debut de los Byrds (que fue lo que hize) o incluso te planteas que no escuchaste bien el de Camarón... y lees a Galvez (que pase a saludar...) o ves el momento que entra psycho en el hilo preguntando de qué va todo esto, o ves a un eskoriez que casi era otra persona, anni filosofando y pendejo pendejando... y no sé, eso está todo ahí... y yo también hacía chapas y ahora no tengo energías

Menos mal que cada una de Z vale por 3...
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Mensaje por eskoriez el Sáb 20 Abr 2019 - 15:14

Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos
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Mensaje por mugu el Sáb 20 Abr 2019 - 20:25

@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos


Laughing Laughing Laughing


¿Alguien me puede confirmar si he votado?. No lo recuerdo Embarassed
mugu
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Mensaje por watts el Sáb 20 Abr 2019 - 20:37

@mugu escribió:
@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos


Laughing Laughing Laughing


¿Alguien me puede confirmar si he votado?. No lo recuerdo Embarassed

Solo Boro...si no, la solución es votar otra vez y si está repe se quita una...
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Mensaje por mugu el Sáb 20 Abr 2019 - 20:44

@watts escribió:
@mugu escribió:
@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos


Laughing Laughing Laughing


¿Alguien me puede confirmar si he votado?. No lo recuerdo Embarassed

Solo Boro...si no, la solución es votar otra vez y si está repe se quita una...

Esperaré hasta esta noche a ver si Boro resuelve mi duda. Si no, haré lo que dices ( o me pongo otro nombre y hago trampas Laughing )

Gracias Smile
mugu
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Mensaje por Rhonda el Sáb 20 Abr 2019 - 21:23

Votad Mecano.

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Mensaje por mugu el Dom 21 Abr 2019 - 0:34

Como no viene Boro, voy a votar (no sé si otra vez).

Si eso, ya tal
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Mensaje por watts el Dom 21 Abr 2019 - 10:41

Si, hombre, lo que le faltaba al pobre Boro... tiene que venir al vermú y también le exigimos nocturnidad... Laughing

Bueno, creo y espero que pasen los Monjes...
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Mensaje por perrosajón el Dom 21 Abr 2019 - 11:20

@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos

Cabalidad máxima.
Vamos de frikada en frikada hasta la gran detonación final.
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Mensaje por borogis el Dom 21 Abr 2019 - 13:04

@mugu escribió:
@watts escribió:
@mugu escribió:
@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos


Laughing Laughing Laughing


¿Alguien me puede confirmar si he votado?. No lo recuerdo Embarassed

Solo Boro...si no, la solución es votar otra vez y si está repe se quita una...

Esperaré hasta esta noche a ver si Boro resuelve mi duda. Si no, haré lo que dices ( o me pongo otro nombre y hago trampas Laughing )

Gracias Smile

No habías votado mugu, todo correcto Smile
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Mensaje por BillyBudd el Dom 21 Abr 2019 - 13:04

@perrosajón escribió:
@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos

Cabalidad máxima.
Vamos de frikada en frikada hasta la gran detonación final.

Bueno, la siguiente ronda me parece muy digna. Quizás haya gente a la que no le entusiasme ninguno de los tres discos, o alguno de ellos, pero desde la cabalidad me parecen tres cosas muy respetables y sin frikadas. La única pega que se me puede ocurrir es el encaje de Jacques Brel en una lista como la nuestra. Y eso quizás en su primera elaboración, porque en el rescate ya estamos viendo que triunfan las cosas más insospechadas (desde la perspectiva de una lista de rock).
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Mensaje por watts el Dom 21 Abr 2019 - 13:24

Creo que hay dos records:

Monks, tan solo dos 0
Mecano no los he contado

Laughing Laughing
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Mensaje por Rhonda el Dom 21 Abr 2019 - 13:28

Injustísimo resultado de Mecano.
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Mensaje por DumDumBoy el Dom 21 Abr 2019 - 14:06

La semana que viene va a estar entre Brel y los Undertones... yo de primeras me decanto por el pepinazo que es Teenage Kicks, que por cierto siempre le he econtrado un parecido razonable con el Silly Thing de los Pistols/Professionals, que es del mismo año. Las dos me encantan



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Mensaje por watts el Dom 21 Abr 2019 - 14:23

Undertones son mi 2 seguro. A ver cómo le explico a mis hijas que no voto la máxima puntuación al disco de los Undertones que trae Yampois y Ai gola guela
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Mensaje por BillyBudd el Dom 21 Abr 2019 - 14:26

Pues yo creo que voy a apostar por The Only Ones. Soy un loser.
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Mensaje por sonic buzzard el Dom 21 Abr 2019 - 15:15

@BillyBudd escribió:Pues yo creo que voy a apostar por The Only Ones. Soy un loser.

Arrow2

Es un disco que solo con el tema inicial ya vale por discografias enteras ¡Incluso con generos enteros!
No obstante me jode la vida no votar la maravilla de los Undertones.
De Brel no me puesto un disco entero en mi vida, el par de canciones que conozco nunca me han llamado la atencion para hacerlo.

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Mensaje por mugu el Dom 21 Abr 2019 - 15:16

@watts escribió:Undertones son mi 2 seguro. A ver cómo le explico a mis hijas que no voto la máxima puntuación al disco de los Undertones que trae Yampois y Ai gola guela

Te ha quedado muy galego Laughing


Yo me lo tengo que pensar aún. Dos discos que me gustan mucho y uno bastante ajeno que se va a llevar 0 puntos.

Sin reescuchas parten con ligera ventaja The Only Ones, pero necesito actualizar mis sensaciones no vaya a cambiar de opinión.
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Mensaje por deniztek el Dom 21 Abr 2019 - 15:22

@DumDumBoy escribió:La semana que viene va a estar entre Brel y los Undertones... yo de primeras me decanto por el pepinazo que es Teenage Kicks, que por cierto siempre le he econtrado un parecido razonable con el Silly Thing de los Pistols/Professionals, que es del mismo año. Las dos me encantan




Teenage Kicks o mucho me equivoco o no está en el disco original..

Sea como fuere, hay un buen puñao de temazos.
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Mensaje por DumDumBoy el Dom 21 Abr 2019 - 16:03

@deniztek escribió:
@DumDumBoy escribió:La semana que viene va a estar entre Brel y los Undertones... yo de primeras me decanto por el pepinazo que es Teenage Kicks, que por cierto siempre le he econtrado un parecido razonable con el Silly Thing de los Pistols/Professionals, que es del mismo año. Las dos me encantan




Teenage Kicks o mucho me equivoco o no está en el disco original..

Sea como fuere, hay un buen puñao de temazos.

Sí es un single previo al disco, justamente incluido en las reediciones.
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Mensaje por deniztek el Dom 21 Abr 2019 - 16:17

@DumDumBoy escribió:
@deniztek escribió:
@DumDumBoy escribió:La semana que viene va a estar entre Brel y los Undertones... yo de primeras me decanto por el pepinazo que es Teenage Kicks, que por cierto siempre le he econtrado un parecido razonable con el Silly Thing de los Pistols/Professionals, que es del mismo año. Las dos me encantan




Teenage Kicks o mucho me equivoco o no está en el disco original..

Sea como fuere, hay un buen puñao de temazos.

Sí es un single previo al disco, justamente incluido en las reediciones.


Será mi "excusa" para decidirme por los Only Ones..Smile

Además de que yo, ciertamente, considero los discos originales y de que, hoy por hoy, los Only Ones me atráen algo más que los Undertones..

Gran ronda.
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Mensaje por watts el Dom 21 Abr 2019 - 16:25

@deniztek escribió:
@DumDumBoy escribió:
@deniztek escribió:
@DumDumBoy escribió:La semana que viene va a estar entre Brel y los Undertones... yo de primeras me decanto por el pepinazo que es Teenage Kicks, que por cierto siempre le he econtrado un parecido razonable con el Silly Thing de los Pistols/Professionals, que es del mismo año. Las dos me encantan




Teenage Kicks o mucho me equivoco o no está en el disco original..

Sea como fuere, hay un buen puñao de temazos.

Sí es un single previo al disco, justamente incluido en las reediciones.


Será mi "excusa" para decidirme por los Only Ones..Smile

Además de que yo, ciertamente, considero los discos originales y de que, hoy por hoy, los Only Ones me atráen algo más que los Undertones..

Gran ronda.

Para mí Teenage Kicks viene en mi disco y así lo voy a considerar... Laughing
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Mensaje por perrosajón el Dom 21 Abr 2019 - 16:49

@BillyBudd escribió:
@perrosajón escribió:
@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos

Cabalidad máxima.
Vamos de frikada en frikada hasta la gran detonación final.

Bueno, la siguiente ronda me parece muy digna. Quizás haya gente a la que no le entusiasme ninguno de los tres discos, o alguno de ellos, pero desde la cabalidad me parecen tres cosas muy respetables y sin frikadas. La única pega que se me puede ocurrir es el encaje de Jacques Brel en una lista como la nuestra. Y eso quizás en su primera elaboración, porque en el rescate ya estamos viendo que triunfan las cosas más insospechadas (desde la perspectiva de una lista de rock).

No, ya, si la próxima ronda con Undertones y Only Ones la cosa promete, de Brel sólo controlo lo que sonaba en la radio de la cocina cuando era un crío y ya preveo drama.

Hablaba más bien de las últimas rondas que entre el éxito de Mingus, Sun Ra y los Monks me he sentido como un cervatillo angustiado en un rincón. Luego ya, se me pasa y todo bien.
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Mensaje por sonic buzzard el Dom 21 Abr 2019 - 17:38

De la gran defensa de Z sobre los monjes me quedo sobre todo con lo que comenta en cuanto a sonido. Efectivamente el disco suena brutal y su propuesta tiene originalidad y, a priori, resulta interesante; el problema son las canciones.
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Mensaje por Rhonda el Dom 21 Abr 2019 - 17:49

Forera atacada otra vez 

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Mensaje por perrosajón el Dom 21 Abr 2019 - 18:03

@sonic buzzard escribió:De la gran defensa de Z sobre los monjes me quedo sobre todo con lo que comenta en cuanto a sonido. Efectivamente el disco suena brutal y su propuesta tiene originalidad y, a priori, resulta interesante; el problema son las canciones  

Detallitos...
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Mensaje por Francois Zappa el Dom 21 Abr 2019 - 23:25

@Rhonda escribió:Forera atacada otra vez 

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Mensaje por Chaleco el Lun 22 Abr 2019 - 0:06

@perrosajón escribió:
@sonic buzzard escribió:De la gran defensa de Z sobre los monjes me quedo sobre todo con lo que comenta en cuanto a sonido. Efectivamente el disco suena brutal y su propuesta tiene originalidad y, a priori, resulta interesante; el problema son las canciones  

Detallitos...

Me flipan sus canciones.
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Mensaje por mugu el Lun 22 Abr 2019 - 1:08

@perrosajón escribió:
@BillyBudd escribió:
@perrosajón escribió:
@eskoriez escribió:Cómo siempre un placer leer estos textos sobre discos incapaces de justificar y defenderse por si mismos

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Vamos de frikada en frikada hasta la gran detonación final.

Bueno, la siguiente ronda me parece muy digna. Quizás haya gente a la que no le entusiasme ninguno de los tres discos, o alguno de ellos, pero desde la cabalidad me parecen tres cosas muy respetables y sin frikadas. La única pega que se me puede ocurrir es el encaje de Jacques Brel en una lista como la nuestra. Y eso quizás en su primera elaboración, porque en el rescate ya estamos viendo que triunfan las cosas más insospechadas (desde la perspectiva de una lista de rock).

No, ya, si la próxima ronda con Undertones y Only Ones la cosa promete, de Brel sólo controlo lo que sonaba en la radio de la cocina cuando era un crío y ya preveo drama.

Hablaba más bien de las últimas rondas que entre el éxito de Mingus, Sun Ra y los Monks me he sentido como un cervatillo angustiado en un rincón. Luego ya, se me pasa y todo bien.

Enseguida llega la primavera y podrás corretear por ahí, no sufras.
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Mensaje por el barón el Lun 22 Abr 2019 - 8:11

A falta de escuchar el de Jacques Brel, de los otros dos me quedo con los Only Ones.
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Mensaje por Pendejo el Lun 22 Abr 2019 - 12:59

Actualizado el titulo!!!!

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–La mayor parte es un plagio de James Joyce. Te habrás preguntado a qué venían todas esas referencias a Dublín.
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Mensaje por Pendejo el Lun 22 Abr 2019 - 13:01

Eskoriez le ha dado un 1 a Mecano

Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing

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Mensaje por Kirchhoff el Lun 22 Abr 2019 - 13:08

Esta semana no voy a votar, imposible decidirme pale
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Mensaje por Rhonda el Lun 22 Abr 2019 - 13:10

@Kirchhoff escribió:Esta semana no voy a votar, imposible decidirme pale

Todo discazos. Ya nos acordaremos del 'sorteador' cuando tengamos que decidir entre tres discos que nos den igual  Bronca
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Los 1001: GRUPO 25:Jacques Brel - Ces gens-là (1966); The Only Ones - The Only Ones (1978); The Undertones -The Undertones (1979) - Página 19 Empty Re: Los 1001: GRUPO 25:Jacques Brel - Ces gens-là (1966); The Only Ones - The Only Ones (1978); The Undertones -The Undertones (1979)

Mensaje por DumDumBoy el Lun 22 Abr 2019 - 13:29

Tocho de Z en spoiler Wink

Spoiler:


@David Z. escribió:Bien, ya he esperado a que casi todos voten y nadie, ni siquiera Watts, pueda quitarle puntos a los Monks en represalia al cobarde ladrillazo que os voy a soltar, así que vamos allá.

Hay que joderse con Borogis, va y empieza su tochete de los Cramps hablando de Platón. ¿Y ahora a quién cito yo? ¿A Nietzsche? ¿A Confucio? ¿A Paquirrín?

Citemos a Mike Stax mejor, que ha descrito su música mejor de lo que yo podría hacer:

“La música de los Monks es el material del que está hecha la verdadera grandeza: enormes golpes de bajo reverberando y ritmos de batería, llevados a un límite frenético de distorsión y sobrecarga por los tajos de un banjo electrificado, todo con una capa encima de ráfagas de chillidos de un órgano delirante y el zumbido y el alarido del feedback y el fuzz que algún enajenado descarga en una guitarra eléctrica; todo esto empujando las voces agresivas y guiadas por la ira, que gritan: “Te odio, chica, con pasión…” “La gente va a morir por ti”, “Los chicos son chicos, las chicas son ricas”, “Pussy galore viene y nos encanta… no nos gusta la bomba atómica”… “¡Cállate! ¡No llores!” Y “Higgle-Dy, Piggle-Dy, ¡hagámoslo!” (Mike Stax, Ugly Things)

O refirámonos a otro gran sabio, Antoine “Grasitas” Dominó, que una vez dijo con no poca razón: “eso que ahora llaman rock’n’roll se llama rhythm’n’blues y lo llevo tocando yo veinte años en Nueva Orleans”. Lo mismo podrían haber dicho los Monks en el 77: “eso que ahora llaman punk lo tocábamos nosotros hace más de 10 años”. No les faltarían argumentos. Esto no es como por ejemplo lo de los Sonics, un sonido rock’n’roll recrudecido y distorsionado pero nada realmente nuevo. Esto es más como lo del primer disco de los Stooges: un asalto frontal a la música del momento, una música desconocida hasta entonces.

Tal vez las condiciones mentales de Iggy de aburrimiento, ansiedad, ira, desencanto y alienación/fascinación ante una sociedad posindustrial ya estaban ahí en los Monjes, que habían sido soldados sólo por escapar de sus pueblos de mierda y que no tenían ninguna simpatía al ejército ("¿qué ejército? ¡cualquier ejército!”, como se dice en el disco).

Ya sabéis que a mí, cuya yegua no es mi vieja yegua gris y cuya polla peina canas y calvicie donde antaño hubo rizos rubios al sol, apenas se me levanta ya sin viagra. No, espera, esa es otra historia. Dónde estaba. Maldito alemán. Ah, sí, apenas se me levanta ya con el rock (no con el rock’n’roll, ojo, ahí me pincho todo lo que quiero). Este disco pertenece a esa rara categoría de discos rock que no solo aún tolero y hasta disfruto  enteros, sino que me los puedo poner tres o cuatro veces seguidas en un día (total, son 30 increíbles minutos). Lo acabo de hacer.

Eskoriez ahora pensará —mientras se agarra tiernamente a su cactus y a su nuevo póster de Ana Torroja y los Cano melenas al viento (abajo pone “una rosa es una rosa” y Esko lo acaba de comprar en eBay autografiado por José María, que le ha regalado además 10 discos de su nueva ópera)—  que soy con el rock como ese compañero que todos tenemos al que se le pasó la mano con el porno y ya solo es capaz de eyacular (con la fuerza de una bisabuela soplando velas) con videos bizarros y demenciados de enanas masturbando caballos (o bisabuelas soplando velas). Que ya solo me pone lo más raro y marciano. Un poco lo que dice DumDum de los paladares curtidos. Solo puedo responder que no se debe menospreciar el poder de lo que aún hoy es chocante, chatarrero y único, y menos en el rock. Ni los videos de bisabuelas y caballos. Pero no entremos ahora en este jardín. El caso es que este es aún uno de ese puñado de discos que es ponerlos y dar cabezazos contra la vida, movérseme el cuerpo entero como si fueran el Cachabolik Blues Rock (y algo de adiabolado sí tienen) y contorsionarme como un espasmódico acelerado: hay algo en él que me vuelve puro nervio, emoción, frenesí, energía. Toca exactamente en los centros primarios del córtex, que diría Jung. O Carpanta, no recuerdo quién. Tienen eso que tienen Stooges, los Cramps, la Velvet, los Modern Lovers, los Swell Maps, los Ramones o los Pistols: el fuego del rock’n’roll puro, llevado de antorcha en antorcha como en una conspiración de hombres de las cavernas contra este sindiós de civilización.

Hablando de sindioses:

Alemania, alrededor de 1964. Gran presencia militar americana en todo el país por aquello de la guerra fría.  Eddie, Gary, Larry, Dave y Roger han terminado su estancia el ejército yanqui (y algo yonqui) y se quedan en Alemania disfrutando de la juventud y la banda que han formado: The Torquays. Como todas las agrupaciones musicales del momento, hacen rock’n’roll cincuentero/beatlesco. Al fin y al cabo los Beatles tuvieron sus primeros fans en Alemania y allí ahora todo el mundo quiere sonar como ellos y a ser posible seguir su imposible camino al éxito. Hay concursos de bandas imitadoras de los Fab Four, etc. Los Torquays se van curtiendo por los escenarios del país (tocando generalmente para soldados) y tienen una gran oportunidad de ir más allá cuando les contratan como banda local del Rio Bar de Stuttgart, donde pueden tocar todas las horas que quieran varios días por semana. Esto los vuelve músicos mejores… e inquietos: han de probar cosas nuevas para no aburrirse, experimentando con distorsión, feedback, elementos que los vuelven únicos e interesantes entre la predecible escena “beatlemaníaca” local.

Una noche, tras tocar en ese club, dos diseñadores y publicistas alemanes llamados Carl y Walter, que estaban entre la audiencia, se les acercan para decirles que les gusta su sonido y que están buscando una banda con la que trabajar. Se decide que ambos se convertirán en el equipo de management de la banda. Muy a semejanza de Warhol con la Velvet, solo que antes. Carl y Walter serán fundamentales para el grupo, que en realidad es el fruto del enorme feedback trasatlántico, como se llama el documental de la banda,  lo que interpreto no sólo como alusión al sonido, sino especialmente al intercambio de ideas entre los rockeros americanos y sus vanguardistas mánagers alemanes.

“¡Están locos estos germanos!”, esto lo sabemos por ya varias razones y esto es lo que se decían los músicos americanos, ya rebautizados (no se sabe bien por quién) como Monks. Sus mánagers les piden algo totalmente radical: una, digamos, imagen de marca en que todos los elementos (el nombre, la tipografía del logo, la imagen y el concepto de la banda) sean inmediatamente distinguibles y coherentes. Les dan reglas escritas: “Sé siempre un Monk. No te salgas del papel de Monk dentro ni fuera del escenario. No lleves ropas de colores. Nunca seas un Torquay”. Los alemanes saben lo que buscan: un grupo que sea algo más que una banda, una organización eficiente en la que todo funcione al servicio del sonido y la idea.

Las innovaciones de imagen son accesorias aunque impactantes (la tonsura no la ven nada clara y solo la hacen a insistencia de los managers, el vestir todo de negro con cordones semejando hábitos monjiles, etc). Es divertido en todo caso cómo explican que una vez se hicieron la tonsura, la gente se cambiaba de acera al verlos… pero las chicas los miraban con mucha más atención que antes. En todo caso todo esto es irrelevante. Son las innovaciones de sonido —a medias entre la banda y los mánagers imagino, aunque los Monks dicen que en cuestión de sonido casi todo fue idea del grupo— las que hacen que hablemos hoy de este disco y las que hacen de los Monks un milagro. Veámoslas:

La primera es lo que Eddie llama una “deconstrucción de las canciones”. Los Monks ya tienen buenas canciones. Ahora empiezan a sacar de ellas todo lo no necesario. “Si teníamos 4 acordes, la dejábamos en 3, o en 2, o en 1” (Lou Reed: “un acorde es perfecto. Dos, ya te estás arriesgando. Tres, ya es jazz). “Si teníamos 50 palabras en la canción, la dejábamos en 20”, dice de hecho que no cree que ninguna canción de los Monks supere las 20-30 palabras. Es exactamente el mismo concepto que sigue Iggy en los Stooges.

A nivel sonoro y compositivo lo que los Monks intentan se puede calificar de un sonido “anti-Beatle”, de hecho para mí son los grandes anti-beatles de la historia de la música. Son una reacción a la beatlemanía, una nueva ola, y así se explican muchas decisiones: donde los de Liverpool favorecen melodías elaboradas, los Monks usan un acorde. Donde aquellos cantan “She Loves You” o “From Me to You”, estos cantan “I Hate You (But Call Me)”. Donde los fab-four usan bellas armonías en los coros, los Monjes cantan, como buenos monjes medievales (antes de la polifonía), al unísono (“But call me!”). Es tremendamente efectivo (esos coros son maravillosos, unidos al órgano dan una especie de sonido de iglesia de Satán maravilloso), pero no lo sería si no fuera por un elemento aún más básico e importante en su música: el RITMO.

Los Monks son una respuesta a los Beatles porque donde para estos melodía y armonía son esenciales, para los Monks solo existe el RITMO. Todo en la banda está a su servicio, cada instrumento es parte de la sección rítmica (casi no puede distinguirse nada más que el machacón ritmo donde todo se une). Incorporan el banjo solo para usarlo como instrumento de percusión (ver los maravillosos videos). La batería no usa apenas platillos, solo caja, bombo y timbal de suelo (floor tom), el bajo y el bombo se unen en un groove casi insano que los productores se las ven y se las desean para recoger en estudio. El productor de este disco, por cierto, explica cómo a base de varios micrófonos y subir volúmenes logró esa maravilla de sonido (otra gran diferencia con cualquier banda de garaje del momento es que este disco suena absolutamente brutal, la producción está a años luz de lo común). También dice que cuando los vio por primera vez tuvo que salirse de la sala porque el volumen era ensordecedor, y que fue desde fuera cuando se dio cuenta de que la banda era la puta ostia. Lo que son, vamos.

Por cierto que esta búsqueda del ritmo percibido como algo “primario” y “primitivo” da pie a una discusión interesante: ¿no es toda la vanguardia del siglo XX, en casi cualquier arte, una reacción a la sociedad occidental perfecta en su técnica y tecnología y la búsqueda consiguiente de algo que casi siempre se asocia con primitivismo, desde las formas de Picasso hasta los ritmos del tambor? El gran Alain Danielou tiene un artículo llamado algo como “la tiranía de la armonía” donde dice que precisamente Occidente exporta la armonía como su gran hallazgo que es superior a toda otra música, como su imperialismo cultural, y que músicas basadas en otros aspectos son menospreciadas y tratadas de primitivas. Y así sucede con la música basada en el ritmo.

Otro aspecto interesante de esta búsqueda obsesiva del ritmo, del BOM BOM tribal y cazurro que tanto gusta a los enfermizos del sector demenciado del rock’n’roll, es que por ejemplo usan ritmos fuera del 4/4 para desasosegar más y volver el ritmo más obsesivo y machacón, dejando al oyente en tensión, haciendo progresiones que en vez de durar cuatro compases duran cinco, o en vez de repetir una parte las típicas 12 veces lo hacen 13… Al final de Love Came Tumbling Down por ejemplo el groove se repite 10 veces (no 8 ni 4 ni 12), y al principio de “Blast Off!” (casi la canción más prescindible del disco en realidad) es difícil llevar la cuenta del número de repeticiones, que se vuelven simplemente hipnóticas.

Y luego está la voz. Irritante a veces, a mí me recuerda a Johnny Rotten, a Mark E Smith o a Jello Biafra… más de 10 años antes, ojo.  The Fall precisamente adoran a los Monks y hacen nada menos que cuatro versiones de este disco a lo largo de su carrera.

El sonido me recuerda no poco a los Stooges y algo a veces a la Velvet. Lo que Iggy dice de escuchar a Harry Partch o de ir a las fábricas de coches de Detroit y oír las placas de metal cayendo una sobre otra y los martillos hidráulicos y demás como influencia se escucha claramente aquí. La guitarra del principio de Monk Time, de hecho, ese primer ‘solo/riff’, suena a Stooges muchísimo. Insistimos, 3 años antes que los de Ann Arbor.

Analicemos esa guitarra, por Dios: escuchad lo que hace la guitarra en “Oh How to Do Now" o en “We Do Wie Du”. Es una puta locura. Parece la Velvet, parece Ron Asheton. O escuchad ese alucinante órgano de “Complication”, suena a Cale, a gloria bendita.
Prestad atención a uno de los grandes aciertos del disco: ese maldito banjo eléctrico que suena como un cuchillo. Fijaos en él. Es como una descarga eléctrica cada sonido que hace, cada golpe. Qué maravilla de hallazgo decir, tomad un instrumento tradicional americano, y hacedlo sonar vanguardista. Como el botijo o jug de los 13th Floor Elevators. Pero esto suena mucho más agresivo, sonando a contratiempo a menudo, una locura. En directo es increíble ese banjo y la forma de tocarlo de Dave Day es hipnótica y da idea del uso que le da como instrumento de percusión. Suena como a chapas de metal al chocar, saltan chispas, igual que el bajo suena como un taladro por momentos.








Todo en ellos es hipnótico en vivo, si esas apariciones de TV son representativas de cómo eran (y dado que son las únicas que hay, no quedan más huevos que asumir que lo son): cómo se alinean en el escenario, cómo juegan con la guitarra en el suelo acercándose todos a tocarla como una extraña comunión, esas enormes panderetas dando contra el teclado, el batería aporreando la caja con unos cascabeles… Es un puto delirio, uno de los grupos más mágicos que ha debido existir. ¡Y nadie lo entendía! ¡Nadie lo disfrutaba!

Porque nada en 1966 sonaba así y nada suena así hoy. El disco nos llega como un milagro, como algo preservado en el tiempo que no ha perdido ningún vigor en 50 años. Sigue sonando radical, único y maravilloso. En su día además sonaba… imposible. Lo que más se repetía en la prensa alemana en su día: “BRUTAL”. Un sonido de pesadilla, de otra dimensión. Como dice alguien por ahí, un disco de una pureza de intenciones y de una total despreocupación por lo que otros hacen o por los resultados comerciales. Un sonido crudo y enloquecido: “Nadie jamás hizo un disco entero a este nivel de demencia. Es una joya nacida del aislamiento y del horrible conocimiento interior de que nadie escucha lo que dices ... Aprovecharon el estar en otro país para escribir canciones que habrían sido horriblemente mutiladas por productores y arreglistas en América. No necesitaban “limpiar” su sonido, como los Beatles y otros habían hecho al volver a casa, pues no había ninguna restricción artística”. Lo he pillado del wikiwiki, no recuerdo de quién.


Por todo lo anterior este disco es una obra maestra que siempre se nombra como precursor y como influencia seminal en el desarrollo de varios estilos: obviamente el punk, pero también el kraut rock (el tipo de Faust dice en el documental que le volaron la cabeza y le cambiaron la vida, es cierto que se ve una clara analogía entre lo que hacen Monks y lo que hacen varios krautrockers) y hasta hay quien dice que en el metal (aunque yo no oigo absolutamente nada de metal aquí, la verdad). De hecho este disco, mucho más que por ejemplo los Sonics o los Saicos, anuncia caminos nuevos que irán hacia el punk y hacia todo sonido industrial y de vanguardia.

Hacer algo tan innovador y único, avanzado al menos 10 años a su tiempo, no sale gratis (díselo a la Velvet). El resultado es que nadie comprendía lo que hacían (díselo a la Velvet). Tocaban en clubs y la gente no entendía nada, no bailaban, no disfrutaban. Se quedaban mirando con cara de bobos. Nadie estaba preparado para esto. Cuando tocaban en bares de soldados americanos siempre tenían problemas por ese inicio de Monk Time con “no nos gusta el ejército, ¿qué ejército? ¡ningún ejército! ¿Para qué estáis matando a jóvenes en Vietnam?”, un alegato muy valiente y aún nada común, ya que la resistencia a Vietnam aún no ha empezado a tener la fuerza que luego cobrará. Cobrar casi cobraron varias veces, en efecto.

Así que tras un año o así de tocar, y con un tour por el sureste asiático a punto de empezar, el batería les abandona y la banda se desintegra (qué pena, pudiendo haber muerto a machetazos en un bar de Saigón tras tocar Monk Time para los marines). Dejan sólo este disco (y un single posterior que no pasa de anécdota) como eterno legado. Aún hay a quien le cuesta entender este Black Monk Time (como se demuestra en este mismo hilo). No ha envejecido nada. No suena a “otra banda de garaje”. Suena aún más raro y único que en su día. Mark E Smith, Genesis P’ Orridge (Throbbing Gristle), Jon Spencer, Dead Kennedys o los Beastie Boys no pueden estar equivocados. No todos a la vez.


Y para mí nada de toda esta mierda sería importante si no fuera por las canciones. Menuda colección, joder: Piggle Eye, Boys are Boys, Oh How to Do Now (¡HIJODEPU TA, HIJODEPU TA!), Shut Up, I Hate You, Monk Time… putos himnos todas. Perfectas. Canciones sencillas, casi infantiles, puro rock, para contrastar con lo radical del sonido. Una combinación imbatible.


El resumen (podría haber escrito solo esto y quitar todo lo de arriba, pero tengo una reputación que mantener) es que fue un grupo de americanos normales (o sea, algo desquiciados, como buenos americanos normales), buenos músicos, al que dos locos alemanes llevaron a alturas que tal vez ni grupo ni mánagers soñaron ni comprendieron bien. Lo que dice Mike Stax de la conjunción de elementos más improbable y azarosa en la historia de una formación rock (¿soldados americanos en Alemania? ¿mánagers alemanes?). Una asociación perfecta entre rock y vanguardia, entre cazurrismo e inteligencia, entre visión comercial y resultado totalmente anticomercial. Una maravilla… y francamente una locura que no estuviera ya en la lista, pues no puede caber ninguna duda de que este es uno de los 1001 discos (y hasta de los 981) más importantes de la historia de la música rock. No hay muchos discos tan avanzados a su tiempo como este y que suenen igual de bien hoy. Y si no lo entendéis y no comprendéis su grandeza nada más darle al play, tenéis dos cachos de corcho por orejas. Lo siento, pero al menos os harán descuento al comprar en el Caprabo. Seguid escuchándolo y lo entenderéis.

Mira, al final he sido breve.

Salud,
Z


Genial la defensa como simpre y muy interesante lo que comentas sobre ser como la némesis de los Beatles.
No obstante está claro que también están influenciados por ellos como el 99% de las bandas de garage que surgieron tras la british invasion.

Y por otra parte cabe destacar una analogía en sus respectivos discos del 66. En ese año los Beatles editan Revolver que ciertamente está muy alejado del rollo minimalista garagero primitivo pero... contiene un tema que también se suele citar como antecedente del kraut, esa obra maestra que es Tomorrow Never Knows.
Además se dice que Lennon le pidió a George Martin que sonase el tema como monjes! tibetanos cantando desde lo alto de una montaña cheers  

Los caminos no pueden ser más diferentes, por un lado letras minimalistas y espontaneas sobre ritmos tribales y primitivos de los Monks y por el otro los Beatles con la sofisticación de los loops, trucos de estudio y una letra "culta" basada en en el Libro tibetano de los muertos.


Última edición por DumDumBoy el Lun 22 Abr 2019 - 14:23, editado 2 veces
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