La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por Eloy 05.05.22 19:10

En este articulo de La Vanguardia, de julio del año pasado, explican bastante a fondo quién es este hombre. 

https://www.google.com/amp/s/www.lavanguardia.com/internacional/20210712/7593470/peon-putin-barcelona.amp.html


Última edición por Eloy el 05.05.22 19:11, editado 1 vez
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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por pantxo 05.05.22 19:11

Bueno, parece que lo han soltado y queda a la espera de que Ucrania curse una orden de extradicion. Parece ser que el batallon txupito le tiene ganas.

https://www.google.com/amp/s/elpais.com/espana/2022-05-05/la-policia-detiene-en-tarragona-al-periodista-y-politico-ucranio-anatoli-shari-por-una-orden-de-detencion-cursada-por-kiev.html%3foutputType=amp
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Mensaje por Zoetrope 05.05.22 19:15

pantxo escribió:
Zoetrope escribió:
pantxo escribió:
Zoetrope escribió:
Rikileaks escribió:
pantxo escribió:
Rikileaks escribió:¿Cómo va eso del youtuber ucraniano detenido en Tarragona?

Ahora me entero.

Del El Pais:

El servicio de inteligencia ucraniano (SBU), ha informado de que la detención ha sido realizada por los agentes españoles en coordinación con la oficina del fiscal general de Ucrania, “socios internacionales” y como resultado de “una operación especial” de los agentes del SBU, informa la agencia Servimedia. El servicio secreto ucraniano acusa a Anatoli Sharii de la presunta comisión de los delitos de traición y de violación de la igualdad de los ciudadanos según su raza, nacionalidad, creencias religiosas, discapacidad y otras causa, según las mismas fuentes.

Sharii abandonó su país hace una década tras denunciar, como periodista, casos de corrupción. Tiene un canal de Youtube con 2,9 millones de seguidores y creó un partido político que se opone con vehemencia a las políticas del presidente Volodímir Zelenski.

https://www.google.com/amp/s/elpais.com/espana/2022-05-05/la-policia-detiene-en-tarragona-al-periodista-y-politico-ucranio-anatoli-shari-por-una-orden-de-detencion-cursada-por-kiev.html%3foutputType=amp

Desde cuando se hace caso a las pretensiones judiciales de un pais que no es miembro de la UE y sin que lo pida la Interpol?

Es lo que más me extraña de todo.
Que tal y como lo están contando, parece que ha sido llamadita de la madera ucraniana y a por el.

La noticia no dice que se haga caso, dice que se está a la espera de que Kiev presente la demanda de extradición, sobre la que tendrán que decidir. Por de pronto todo lo que hay es una orden de detención internacional donde incluso la fiscalía lo que único que ha pedido es que se le retire el pasaporte, cosa que imagino será lo normal mientras el caso está abierto.

Extraditar a nadie a un pais en guerra?
Ni idea de quien es, ni de lo que haya podido hacer pero el asunto apesta a chapuza con poca base juridica.
La inteligencia ucraniana tiene problemas mas acuciantes que mandar detener a influencers opositores a Zelenski, digo yo...

Parece que me explico mal y la noticia también. Hay una demanda de extradición que se tiene que atender, igual que si tu vas y pones una denuncia por lo que sea, se abre un expediente que tiene que atenderse. Eso no presupone que te den la razón ni absolutamente nada, solo que se ha puesto en marcha un procedimiento. Es lo que tienen los estados de derecho.

Le acusan de traidor a la patria. Eso poco tiene que ver con un estado de derecho.

Quien extradita, en su caso, es España. Es aquí donde aplica la legislación española. La traición a la patria, en otro orden de cosas, es un delito común en muchas democracias, igual en casi todas. Ya otra cosa es como esté redactado y demostrarlo con la ley en la mano.
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Mensaje por Zoetrope 05.05.22 19:18

pantxo escribió:Bueno, parece que lo han soltado y queda a la espera de que Ucrania curse una orden de extradicion. Parece ser que el batallon txupito le tiene ganas.

https://www.google.com/amp/s/elpais.com/espana/2022-05-05/la-policia-detiene-en-tarragona-al-periodista-y-politico-ucranio-anatoli-shari-por-una-orden-de-detencion-cursada-por-kiev.html%3foutputType=amp

Coño es lo que ponía en la noticia que se ha colgado originalmente y lo que he resumido en mi intervención. Aunque admito que tengas más confianza en Google, son americanos.
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Mensaje por pantxo 05.05.22 19:22

Zoetrope escribió:
pantxo escribió:Bueno, parece que lo han soltado y queda a la espera de que Ucrania curse una orden de extradicion. Parece ser que el batallon txupito le tiene ganas.

https://www.google.com/amp/s/elpais.com/espana/2022-05-05/la-policia-detiene-en-tarragona-al-periodista-y-politico-ucranio-anatoli-shari-por-una-orden-de-detencion-cursada-por-kiev.html%3foutputType=amp

Coño es lo que ponía en la noticia que se ha colgado originalmente y lo que he resumido en mi intervención. Aunque admito que tengas más confianza en Google, son americanos.

No he leido tu post. Me he puesto a googlear al enterarme por Riki-Riki.
Y lo de traicion suele ser cuando no tienes una mierda de que acusarle. Repito, ni puta idea de quien es, la noticia pone que montó un partido politico con su nombre (puto flipau: Laughing ) y que está ilegalizado por el amigo Zelenski.
Tu crees que se puede mandar a nadie a juzgar a Kiev ahora mismo?
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Mensaje por Zoetrope 05.05.22 19:28

pantxo escribió:
Zoetrope escribió:
pantxo escribió:Bueno, parece que lo han soltado y queda a la espera de que Ucrania curse una orden de extradicion. Parece ser que el batallon txupito le tiene ganas.

https://www.google.com/amp/s/elpais.com/espana/2022-05-05/la-policia-detiene-en-tarragona-al-periodista-y-politico-ucranio-anatoli-shari-por-una-orden-de-detencion-cursada-por-kiev.html%3foutputType=amp

Coño es lo que ponía en la noticia que se ha colgado originalmente y lo que he resumido en mi intervención. Aunque admito que tengas más confianza en Google, son americanos.

No he leido tu post. Me he puesto a googlear al enterarme por Riki-Riki.
Y lo de traicion suele ser cuando no tienes una mierda de que acusarle. Repito, ni puta idea de quien es, la noticia pone que montó un partido politico con su nombre (puto flipau: Laughing ) y que está ilegalizado por el amigo Zelenski.
Tu crees que se puede mandar a nadie a juzgar a Kiev ahora mismo?

De momento nadie le ha extraditado, ni siquiera está la acusación formal de Ucrania. Esa entiendo que tiene que ser la base de decisión, no mi opinión que se algo menos que lo justo de leyes y hasta hace unos minutos ni sabía de la existencia de este señor
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Mensaje por terremoto73 05.05.22 19:28

esta es una entrevista del ABC que parece que el diario español no ha querido publicar

https://www.lasrepublicas.com/2022/05/05/destapado-la-entrevista-que-el-abc-ocultaba-de-la-portavoz-del-ministerio-de-exteriores-ruso/

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Mensaje por pantxo 05.05.22 22:32

Lula Da Silva ha dado una entrevista a The Times. Gara la recoge en su digital.


 Lula cuestiona el «espectáculo» de Zelensky y le reprocha no estar negociando más con Putin

El expresidente de Brasil Lula da Silva considera que en la guerra de Ucrania «no hay un solo culpable», y reprocha a unos y otros no haber utilizado el diálogo para resolver el conflicto. Critica el comportamiento «un poco extraño» de Zelensky, a quien insta a «estar en la mesa de negociaciones».

El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva ha cuestionado al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, el «espectáculo» que a su juicio está montando tras el inicio de la guerra por parte de Rusia y le ha reprochado no estar haciendo más por negociar.

«No conozco al presidente de Ucrania. Pero su comportamiento es un poco extraño. Parece que es parte del espectáculo. Está en televisión mañana, tarde y noche. Está en el Parlamento de Reino Unido, en el Parlamento alemán, en el francés, en el italiano, como si estuviera en campaña política. Debería estar en la mesa de negociaciones», ha comentado Lula en una entrevista para la revista ‘Time’.

El político brasileño se ha mostrado especialmente crítico con Zelensky, a quien ha acusado de querer la guerra, ya que en caso contrario «habría negociado un poco más». Ha recordado que «las conversaciones fueron muy pocas», añadiendo que «si quieres paz, tienes que tener paciencia».

«Podrían haberse sentado en una mesa de negociación durante diez, quince, veinte días, un mes entero, tratando de encontrar una solución. Creo que el diálogo solo funciona cuando se lo toma en serio», ha recalcado.

«En la guerra no hay un solo culpable»

Lula considera que «nadie» está ayudando a acabar con el conflicto y ha apuntado que Zelensky «es tan responsable» como el presidente ruso, Vladimir Putin. «En la guerra no hay un solo culpable», ha dicho.

«Saddam Hussein fue tan culpable como (George W.) Bush porque Saddam Hussein podría haber dicho ‘puedes venir aquí y verificar, y probaré que no tengo armas de destrucción masiva’, pero mintió a su gente. Y ahora, este presidente de Ucrania podría haber dicho ‘vamos, dejemos de hablar de este asunto de la OTAN, de unirnos a la UE por un tiempo. Hablemos un poco más primero’», ha valorado.

«Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no es solo Putin el culpable. Estados Unidos y la UE también son culpables. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Entonces Estados Unidos y Europa deberían haber dicho ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’. Eso habría solucionado el problema», ha apuntado.

Ha subrayado que EEUU y Europa han alentado la confrontación al jalear las aspiraciones de Ucrania de unirse a la OTAN y la UE sabiendo que eso empeoraría las cosas. «Los europeos podrían haber dicho ‘ahora no es el momento para que Ucrania se una a la UE, esperaremos’», ha dicho.

En lo que respecta a la figura de Zelensky, Lula cree que está siendo utilizado por EEUU y la UE para resolver sus cuitas con Rusia: «Piensan que él es la guinda del pastel (...). Está bien, fuiste un buen comediante, pero no hagamos la guerra para que aparezcas en televisión».

«Y deberíamos decirle a Putin: ‘tienes muchas armas, pero no necesitas usarlas en Ucrania. ¡Hablemos!' (...) Critiqué a Putin cuando estuve en Ciudad de México, diciendo que fue un error invadir, pero no creo que nadie esté tratando de ayudar a crear la paz. La gente está estimulando el odio contra Putin. ¡Eso no resolverá las cosas!», ha señalado.

«Biden podría haber tomado un avión a Moscú»

Cuestionado sobré qué habría hecho él en el lugar de Zelensky, el expresidente brasileño ha reconocido que no sabe si hubiera sido capaz de evitar el conflicto, pero lo que sí habría hecho es hablar con todos los actores políticos «porque la guerra no es la solución» y, «si no lo intentas, no arreglas las cosas».

«La burocracia no puede sustituir a la política. En política, son dos jefes de Estado que gobiernan, ambos elegidos por su pueblo, los que tienen que sentarse en la mesa de negociación y mirarse a los ojos y hablar», ha insistido Lula, quien ha recordado cómo la UE y Estados Unidos «jugaron» con la democracia cuando reconocieron a Juan Guaidó como presidente de Venezuela.

Respecto al presidente estadounidense, Joe Biden, si bien ha señalado que le ha tocado vivir un momento difícil, también considera que no ha tomado el camino correcto en la guerra de Ucrania, pues debería haber hecho uso de su «mucha influencia» para evitar el conflicto.

«Biden podría haber tomado un avión a Moscú para hablar con Putin. Este es el tipo de actitud que se espera de un líder. Intervenir para que las cosas no se descarrilen. No creo que haya hecho eso», ha remarcado.

«De la misma manera que los estadounidenses persuadieron a los rusos de no poner misiles en Cuba en 1961, Biden podría haber dicho ‘vamos a hablar un poco más. No queremos a Ucrania en la OTAN, punto final’. Eso no es una concesión», ha puntualizado.

Nadie se toma en serio a la ONU

Lula ha prometido que en caso de ser elegido presidente en las próximas elecciones de octubre, Brasil no entrará en la OTAN. «Soy un tipo que solo piensa en la paz. (...) Brasil no tiene disputas con ningún país, ni con Estados Unidos, ni con China, ni con Rusia, ni con Bolivia, ni con Argentina, ni con México», ha explicado, al mismo tiempo que ha hablado de «reconstruir» la Organización de las Naciones Unidas.

«Hoy, Naciones Unidas ya no representa nada, no es tomada en serio porque cada uno toma decisiones sin respetarla. Putin invadió Ucrania unilateralmente, sin consultar a la ONU. Estados Unidos está acostumbrado a invadir países sin consultar a nadie y sin respetar al Consejo de Seguridad. Entonces, necesitamos reconstruir la ONU, con más países y más personas. Si hacemos eso, podemos empezar a mejorar el mundo», ha aseverado.








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Mensaje por Koikila 05.05.22 22:40

Ay Lula... no me seas tan ingenuo...
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Mensaje por helterstalker 05.05.22 22:40

terremoto73 escribió:esta es una entrevista del ABC que parece que el diario  español no ha querido publicar

https://www.lasrepublicas.com/2022/05/05/destapado-la-entrevista-que-el-abc-ocultaba-de-la-portavoz-del-ministerio-de-exteriores-ruso/


https://www.abc.es/internacional/abci-gobierno-ruso-presiona-abc-para-publicar-falsa-entrevista-portavoz-ministerio-exteriores-202205051417_noticia.html
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Mensaje por Eloy 05.05.22 23:46

helterstalker escribió:
terremoto73 escribió:esta es una entrevista del ABC que parece que el diario  español no ha querido publicar

https://www.lasrepublicas.com/2022/05/05/destapado-la-entrevista-que-el-abc-ocultaba-de-la-portavoz-del-ministerio-de-exteriores-ruso/


https://www.abc.es/internacional/abci-gobierno-ruso-presiona-abc-para-publicar-falsa-entrevista-portavoz-ministerio-exteriores-202205051417_noticia.html



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Mensaje por Wonton Sopabuena 06.05.22 0:07

Eloy escribió:
helterstalker escribió:
terremoto73 escribió:esta es una entrevista del ABC que parece que el diario  español no ha querido publicar

https://www.lasrepublicas.com/2022/05/05/destapado-la-entrevista-que-el-abc-ocultaba-de-la-portavoz-del-ministerio-de-exteriores-ruso/


https://www.abc.es/internacional/abci-gobierno-ruso-presiona-abc-para-publicar-falsa-entrevista-portavoz-ministerio-exteriores-202205051417_noticia.html



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Mientras leía la entrevista lo que me preguntaba era cómo la había obtenido lasrepublicas.com
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Mensaje por Zoetrope 06.05.22 0:08

Eloy escribió:
helterstalker escribió:
terremoto73 escribió:esta es una entrevista del ABC que parece que el diario  español no ha querido publicar

https://www.lasrepublicas.com/2022/05/05/destapado-la-entrevista-que-el-abc-ocultaba-de-la-portavoz-del-ministerio-de-exteriores-ruso/


https://www.abc.es/internacional/abci-gobierno-ruso-presiona-abc-para-publicar-falsa-entrevista-portavoz-ministerio-exteriores-202205051417_noticia.html



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A quién vas a creer a los nazis del ABC o al gobierno ruso.
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Mensaje por Wonton Sopabuena 06.05.22 0:10

lasrepublicas.com tiene un extenso artículo de hace un par de días sobre lo que pasó en Odessa, por si alguno no está al tanto.
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Mensaje por Intruder 06.05.22 1:07

pantxo escribió:Lula Da Silva ha dado una entrevista a The Times. Gara la recoge en su digital.


 Lula cuestiona el «espectáculo» de Zelensky y le reprocha no estar negociando más con Putin

El expresidente de Brasil Lula da Silva considera que en la guerra de Ucrania «no hay un solo culpable», y reprocha a unos y otros no haber utilizado el diálogo para resolver el conflicto. Critica el comportamiento «un poco extraño» de Zelensky, a quien insta a «estar en la mesa de negociaciones».

El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva ha cuestionado al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, el «espectáculo» que a su juicio está montando tras el inicio de la guerra por parte de Rusia y le ha reprochado no estar haciendo más por negociar.

«No conozco al presidente de Ucrania. Pero su comportamiento es un poco extraño. Parece que es parte del espectáculo. Está en televisión mañana, tarde y noche. Está en el Parlamento de Reino Unido, en el Parlamento alemán, en el francés, en el italiano, como si estuviera en campaña política. Debería estar en la mesa de negociaciones», ha comentado Lula en una entrevista para la revista ‘Time’.

El político brasileño se ha mostrado especialmente crítico con Zelensky, a quien ha acusado de querer la guerra, ya que en caso contrario «habría negociado un poco más». Ha recordado que «las conversaciones fueron muy pocas», añadiendo que «si quieres paz, tienes que tener paciencia».

«Podrían haberse sentado en una mesa de negociación durante diez, quince, veinte días, un mes entero, tratando de encontrar una solución. Creo que el diálogo solo funciona cuando se lo toma en serio», ha recalcado.

«En la guerra no hay un solo culpable»

Lula considera que «nadie» está ayudando a acabar con el conflicto y ha apuntado que Zelensky «es tan responsable» como el presidente ruso, Vladimir Putin. «En la guerra no hay un solo culpable», ha dicho.

«Saddam Hussein fue tan culpable como (George W.) Bush porque Saddam Hussein podría haber dicho ‘puedes venir aquí y verificar, y probaré que no tengo armas de destrucción masiva’, pero mintió a su gente. Y ahora, este presidente de Ucrania podría haber dicho ‘vamos, dejemos de hablar de este asunto de la OTAN, de unirnos a la UE por un tiempo. Hablemos un poco más primero’», ha valorado.

«Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no es solo Putin el culpable. Estados Unidos y la UE también son culpables. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Entonces Estados Unidos y Europa deberían haber dicho ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’. Eso habría solucionado el problema», ha apuntado.

Ha subrayado que EEUU y Europa han alentado la confrontación al jalear las aspiraciones de Ucrania de unirse a la OTAN y la UE sabiendo que eso empeoraría las cosas. «Los europeos podrían haber dicho ‘ahora no es el momento para que Ucrania se una a la UE, esperaremos’», ha dicho.

En lo que respecta a la figura de Zelensky, Lula cree que está siendo utilizado por EEUU y la UE para resolver sus cuitas con Rusia: «Piensan que él es la guinda del pastel (...). Está bien, fuiste un buen comediante, pero no hagamos la guerra para que aparezcas en televisión».

«Y deberíamos decirle a Putin: ‘tienes muchas armas, pero no necesitas usarlas en Ucrania. ¡Hablemos!' (...) Critiqué a Putin cuando estuve en Ciudad de México, diciendo que fue un error invadir, pero no creo que nadie esté tratando de ayudar a crear la paz. La gente está estimulando el odio contra Putin. ¡Eso no resolverá las cosas!», ha señalado.

«Biden podría haber tomado un avión a Moscú»

Cuestionado sobré qué habría hecho él en el lugar de Zelensky, el expresidente brasileño ha reconocido que no sabe si hubiera sido capaz de evitar el conflicto, pero lo que sí habría hecho es hablar con todos los actores políticos «porque la guerra no es la solución» y, «si no lo intentas, no arreglas las cosas».

«La burocracia no puede sustituir a la política. En política, son dos jefes de Estado que gobiernan, ambos elegidos por su pueblo, los que tienen que sentarse en la mesa de negociación y mirarse a los ojos y hablar», ha insistido Lula, quien ha recordado cómo la UE y Estados Unidos «jugaron» con la democracia cuando reconocieron a Juan Guaidó como presidente de Venezuela.

Respecto al presidente estadounidense, Joe Biden, si bien ha señalado que le ha tocado vivir un momento difícil, también considera que no ha tomado el camino correcto en la guerra de Ucrania, pues debería haber hecho uso de su «mucha influencia» para evitar el conflicto.

«Biden podría haber tomado un avión a Moscú para hablar con Putin. Este es el tipo de actitud que se espera de un líder. Intervenir para que las cosas no se descarrilen. No creo que haya hecho eso», ha remarcado.

«De la misma manera que los estadounidenses persuadieron a los rusos de no poner misiles en Cuba en 1961, Biden podría haber dicho ‘vamos a hablar un poco más. No queremos a Ucrania en la OTAN, punto final’. Eso no es una concesión», ha puntualizado.

Nadie se toma en serio a la ONU

Lula ha prometido que en caso de ser elegido presidente en las próximas elecciones de octubre, Brasil no entrará en la OTAN. «Soy un tipo que solo piensa en la paz. (...) Brasil no tiene disputas con ningún país, ni con Estados Unidos, ni con China, ni con Rusia, ni con Bolivia, ni con Argentina, ni con México», ha explicado, al mismo tiempo que ha hablado de «reconstruir» la Organización de las Naciones Unidas.

«Hoy, Naciones Unidas ya no representa nada, no es tomada en serio porque cada uno toma decisiones sin respetarla. Putin invadió Ucrania unilateralmente, sin consultar a la ONU. Estados Unidos está acostumbrado a invadir países sin consultar a nadie y sin respetar al Consejo de Seguridad. Entonces, necesitamos reconstruir la ONU, con más países y más personas. Si hacemos eso, podemos empezar a mejorar el mundo», ha aseverado.


Grande ahí Lula, este es el tipo de mensaje que necesita el mundo, no solo en este conflicto......
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Mensaje por Heaven 06.05.22 8:43

Para Lula la culpa es de Ucrania por llevar la falda muy corta e ir provocando a Rusia.

Puttin nunca pensó que esta operación especial duraría tanto, el se pensaba que ya hace tiempo tendría un gobierno títere en Ucrania y nadie podría ver sus crímenes contra la población civil.

Cuanto más dure este conflicto más posibilidades tendremos de que se acabe extendiendo por regiones de Europa. El regimen ucraniano cada día que pase será menos democratico y respetuoso con las leyes y Rusia ... más pobre y fascista.
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Mensaje por loaded 06.05.22 8:48

«Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no es solo Putin el culpable. Estados Unidos y la UE también son culpables. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Entonces Estados Unidos y Europa deberían haber dicho ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’. Eso habría solucionado el problema», ha apuntado

No puedo creer que un viejo zorro como Lula Da Silva haya podido decir algo que tiene la ingenuidad de un niño de cuatro años.
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Mensaje por Josecapo 06.05.22 8:57

Menuda sarta de gilipolleces ha soltado Lula el pacifista.

Como si Zelenski no quisiera hablar.

Hay que tenerlos cuadrados para ser ucraniano e ir a negociar a Bielorrusia, aliado de Putin que dejó vía libre para la invasión, mientras siguen bombardeando a tu población civil.

Si analizamos lo que han pedido/cedido unos y otros, podemos ver como Ucrania se ha manifestado para ceder en algunos puntos y Rusia no cede en ni uno solo.

Rusia ha mentido por activa y por pasiva, desde el inicio de la invasión, a no atacar corredores humanitarios, a solo atacar la zona del Donbass, etc, etc...

Lula, deja de hacer el ridículo y vete a tomar por el culo.
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Mensaje por Zoetrope 06.05.22 8:59

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«Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no es solo Putin el culpable. Estados Unidos y la UE también son culpables. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Entonces Estados Unidos y Europa deberían haber dicho ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’. Eso habría solucionado el problema», ha apuntado

No puedo creer que un viejo zorro como Lula Da Silva haya podido decir algo que tiene la ingenuidad de un niño de cuatro años.

El gobierno de Lula, como otros de Latinoamérica, han tenido estrechas relaciones con los rusos. Yo creo que habla desde la afinidad con esa postura, y como ocurre en otros casos, intenta disfrazarlo de un equilibrio de queda forzado e ingenuo.
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Mensaje por Godofredo 06.05.22 9:01

loaded escribió:
«Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no es solo Putin el culpable. Estados Unidos y la UE también son culpables. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Entonces Estados Unidos y Europa deberían haber dicho ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’. Eso habría solucionado el problema», ha apuntado

No puedo creer que un viejo zorro como Lula Da Silva haya podido decir algo que tiene la ingenuidad de un niño de cuatro años.

La ingenuidad y la caradura son primas hermanas.
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Mensaje por Zoetrope 06.05.22 9:09

Josecapo escribió:Menuda sarta de gilipolleces ha soltado Lula el pacifista.

Como si Zelenski no quisiera hablar.

Hay que tenerlos cuadrados para ser ucraniano e ir a negociar a Bielorrusia, aliado de Putin que dejó vía libre para la invasión, mientras siguen bombardeando a tu población civil.

Si analizamos lo que han pedido/cedido unos y otros, podemos ver como Ucrania se ha manifestado para ceder en algunos puntos y Rusia no cede en ni uno solo.

Rusia ha mentido por activa y por pasiva, desde el inicio de la invasión, a no atacar corredores humanitarios, a solo atacar la zona del Donbass, etc, etc...

Lula, deja de hacer el ridículo y vete a tomar por el culo.

Mintió incluso cuando dijo que no iba a invadir Ucrania.
Muy claro lo que comentas que hasta el día de hoy Rusia no ha manifestado ninguna voluntad de ceder en nada concreto. Y todo lo que se adivina es que a lo mejor "cedería" algo de lo está intentando ganar por la guerra.
Con lo que estamos viendo llega un punto que es cínico e insultante insistir en que los demás no atienden las demandas negociadoras de Rusia y que por eso estamos así. ¿Qué demandas negociadoras ha presentado Rusia? Yo lo único que veo presentar son misiles y la amenaza de más misiles.
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Mensaje por Godofredo 06.05.22 9:10

Zoetrope escribió:
loaded escribió:
«Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no es solo Putin el culpable. Estados Unidos y la UE también son culpables. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Entonces Estados Unidos y Europa deberían haber dicho ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’. Eso habría solucionado el problema», ha apuntado

No puedo creer que un viejo zorro como Lula Da Silva haya podido decir algo que tiene la ingenuidad de un niño de cuatro años.

El gobierno de Lula, como otros de Latinoamérica, han tenido estrechas relaciones con los rusos. Yo creo que habla desde la afinidad con esa postura, y como ocurre en otros casos, intenta disfrazarlo de un equilibrio de queda forzado e ingenuo.

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Mensaje por Rikileaks 06.05.22 9:15

pantxo escribió:
Zoetrope escribió:
pantxo escribió:Bueno, parece que lo han soltado y queda a la espera de que Ucrania curse una orden de extradicion. Parece ser que el batallon txupito le tiene ganas.

https://www.google.com/amp/s/elpais.com/espana/2022-05-05/la-policia-detiene-en-tarragona-al-periodista-y-politico-ucranio-anatoli-shari-por-una-orden-de-detencion-cursada-por-kiev.html%3foutputType=amp

Coño es lo que ponía en la noticia que se ha colgado originalmente y lo que he resumido en mi intervención. Aunque admito que tengas más confianza en Google, son americanos.

No he leido tu post. Me he puesto a googlear al enterarme por Riki-Riki.
Y lo de traicion suele ser cuando no tienes una mierda de que acusarle. Repito, ni puta idea de quien es, la noticia pone que montó un partido politico con su nombre (puto flipau: Laughing ) y que está ilegalizado por el amigo Zelenski.
Tu crees que se puede mandar a nadie a juzgar a Kiev ahora mismo?

Y yo no os voy a engañar, había mirado este asunto un poco por encima.
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Mensaje por pantxo 06.05.22 9:45

Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Otros se alian mas con el discurso de Biden, Sanchez, Scholz, Borrell (la OTAN vamos)

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Mensaje por efecto diablo 06.05.22 9:53

pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Otros se alian mas con el discurso de Biden, Sanchez, Scholz, Borrell (la OTAN vamos)

Ingenuidad.
Curioso.

Resume otra vez lo que decís .Más que nada porque os lo han puesto un millón de veces aquí y seguís (siguen ) negando la realidad de lo que representa “vuestra” propuesta .

Toda vuestra postura consiste en exigir un diálogo que consiste en que Ucrania se rinda .
Ese es vuestro discurso (y el de Lula ….. ).Disfrazando un pacifismo que consiste en premiar al belicista-invasor .

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Mensaje por pantxo 06.05.22 10:01

efecto diablo escribió:
pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Otros se alian mas con el discurso de Biden, Sanchez, Scholz, Borrell (la OTAN vamos)

Ingenuidad.
Curioso.

Resume otra vez lo que decís .Más que nada porque os lo han puesto un millón de veces aquí y seguís (siguen ) negando la realidad de lo que representa “vuestra” propuesta .

Toda vuestra postura consiste en exigir un diálogo que consiste en que Ucrania se rinda .
Ese es vuestro discurso (y el de Lula ….. ).Disfrazando un pacifismo que consiste en premiar al belicista-invasor .


Hablaré por mi, nunca he pedido rendicion alguna por mucho que se repita.
Diplomacia no es rendicion. Es solo eso, diplomacia. Puede resolver conflictos o no, lo que no hace es matar a nadie.
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Mensaje por efecto diablo 06.05.22 10:05

Intruder escribió:
pantxo escribió:Lula Da Silva ha dado una entrevista a The Times. Gara la recoge en su digital.


 Lula cuestiona el «espectáculo» de Zelensky y le reprocha no estar negociando más con Putin

El expresidente de Brasil Lula da Silva considera que en la guerra de Ucrania «no hay un solo culpable», y reprocha a unos y otros no haber utilizado el diálogo para resolver el conflicto. Critica el comportamiento «un poco extraño» de Zelensky, a quien insta a «estar en la mesa de negociaciones».

El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva ha cuestionado al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, el «espectáculo» que a su juicio está montando tras el inicio de la guerra por parte de Rusia y le ha reprochado no estar haciendo más por negociar.

«No conozco al presidente de Ucrania. Pero su comportamiento es un poco extraño. Parece que es parte del espectáculo. Está en televisión mañana, tarde y noche. Está en el Parlamento de Reino Unido, en el Parlamento alemán, en el francés, en el italiano, como si estuviera en campaña política. Debería estar en la mesa de negociaciones», ha comentado Lula en una entrevista para la revista ‘Time’.

El político brasileño se ha mostrado especialmente crítico con Zelensky, a quien ha acusado de querer la guerra, ya que en caso contrario «habría negociado un poco más». Ha recordado que «las conversaciones fueron muy pocas», añadiendo que «si quieres paz, tienes que tener paciencia».

«Podrían haberse sentado en una mesa de negociación durante diez, quince, veinte días, un mes entero, tratando de encontrar una solución. Creo que el diálogo solo funciona cuando se lo toma en serio», ha recalcado.

«En la guerra no hay un solo culpable»

Lula considera que «nadie» está ayudando a acabar con el conflicto y ha apuntado que Zelensky «es tan responsable» como el presidente ruso, Vladimir Putin. «En la guerra no hay un solo culpable», ha dicho.

«Saddam Hussein fue tan culpable como (George W.) Bush porque Saddam Hussein podría haber dicho ‘puedes venir aquí y verificar, y probaré que no tengo armas de destrucción masiva’, pero mintió a su gente. Y ahora, este presidente de Ucrania podría haber dicho ‘vamos, dejemos de hablar de este asunto de la OTAN, de unirnos a la UE por un tiempo. Hablemos un poco más primero’», ha valorado.

«Putin no debería haber invadido Ucrania. Pero no es solo Putin el culpable. Estados Unidos y la UE también son culpables. ¿Cuál fue el motivo de la invasión de Ucrania? ¿La OTAN? Entonces Estados Unidos y Europa deberían haber dicho ‘Ucrania no se unirá a la OTAN’. Eso habría solucionado el problema», ha apuntado.

Ha subrayado que EEUU y Europa han alentado la confrontación al jalear las aspiraciones de Ucrania de unirse a la OTAN y la UE sabiendo que eso empeoraría las cosas. «Los europeos podrían haber dicho ‘ahora no es el momento para que Ucrania se una a la UE, esperaremos’», ha dicho.

En lo que respecta a la figura de Zelensky, Lula cree que está siendo utilizado por EEUU y la UE para resolver sus cuitas con Rusia: «Piensan que él es la guinda del pastel (...). Está bien, fuiste un buen comediante, pero no hagamos la guerra para que aparezcas en televisión».

«Y deberíamos decirle a Putin: ‘tienes muchas armas, pero no necesitas usarlas en Ucrania. ¡Hablemos!' (...) Critiqué a Putin cuando estuve en Ciudad de México, diciendo que fue un error invadir, pero no creo que nadie esté tratando de ayudar a crear la paz. La gente está estimulando el odio contra Putin. ¡Eso no resolverá las cosas!», ha señalado.

«Biden podría haber tomado un avión a Moscú»

Cuestionado sobré qué habría hecho él en el lugar de Zelensky, el expresidente brasileño ha reconocido que no sabe si hubiera sido capaz de evitar el conflicto, pero lo que sí habría hecho es hablar con todos los actores políticos «porque la guerra no es la solución» y, «si no lo intentas, no arreglas las cosas».

«La burocracia no puede sustituir a la política. En política, son dos jefes de Estado que gobiernan, ambos elegidos por su pueblo, los que tienen que sentarse en la mesa de negociación y mirarse a los ojos y hablar», ha insistido Lula, quien ha recordado cómo la UE y Estados Unidos «jugaron» con la democracia cuando reconocieron a Juan Guaidó como presidente de Venezuela.

Respecto al presidente estadounidense, Joe Biden, si bien ha señalado que le ha tocado vivir un momento difícil, también considera que no ha tomado el camino correcto en la guerra de Ucrania, pues debería haber hecho uso de su «mucha influencia» para evitar el conflicto.

«Biden podría haber tomado un avión a Moscú para hablar con Putin. Este es el tipo de actitud que se espera de un líder. Intervenir para que las cosas no se descarrilen. No creo que haya hecho eso», ha remarcado.

«De la misma manera que los estadounidenses persuadieron a los rusos de no poner misiles en Cuba en 1961, Biden podría haber dicho ‘vamos a hablar un poco más. No queremos a Ucrania en la OTAN, punto final’. Eso no es una concesión», ha puntualizado.

Nadie se toma en serio a la ONU

Lula ha prometido que en caso de ser elegido presidente en las próximas elecciones de octubre, Brasil no entrará en la OTAN. «Soy un tipo que solo piensa en la paz. (...) Brasil no tiene disputas con ningún país, ni con Estados Unidos, ni con China, ni con Rusia, ni con Bolivia, ni con Argentina, ni con México», ha explicado, al mismo tiempo que ha hablado de «reconstruir» la Organización de las Naciones Unidas.

«Hoy, Naciones Unidas ya no representa nada, no es tomada en serio porque cada uno toma decisiones sin respetarla. Putin invadió Ucrania unilateralmente, sin consultar a la ONU. Estados Unidos está acostumbrado a invadir países sin consultar a nadie y sin respetar al Consejo de Seguridad. Entonces, necesitamos reconstruir la ONU, con más países y más personas. Si hacemos eso, podemos empezar a mejorar el mundo», ha aseverado.


Grande ahí Lula, este es el tipo de mensaje que necesita el  mundo, no solo en este conflicto......

El discurso de Lula no solo es demencial sino que ademas lo sabe.
Centrémonos por ejemplo en el reproche a la exposición mediática de Zelensky.
Es obvio que está se debe a la necesidad de llegar a las poblaciones occidentales como método de presión a los gobiernos .Sabe que de esto depende mucho el apoyo a Ucrania y que las sociedades occidentales enseguida nos cansamos de las novedades .
Al reprochar Lula esto y plantearlo desde una perspectiva de “no se porque lo hace” se dirige a un público que quiere comprar este mensaje (Zelensky payaso mediático ) o a uno que no es capaz de comprenderlo .
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Mensaje por Josecapo 06.05.22 10:05

La palabra "diplomacia" es preciosa.

Dime en que ha cedido hasta la fecha Rusia, estoy ansioso por tu respuesta o la del resto de pacifistas llenos de palabras vacías.
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Mensaje por Rikileaks 06.05.22 10:06

Josecapo escribió:La palabra "diplomacia" es preciosa.

Dime en que ha cedido hasta la fecha Rusia, estoy ansioso por tu respuesta o la del resto de pacifistas llenos de palabras vacías.

En ceder armas a los prorrusos del Donbass desde 2014
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Mensaje por efecto diablo 06.05.22 10:07

pantxo escribió:
efecto diablo escribió:
pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Otros se alian mas con el discurso de Biden, Sanchez, Scholz, Borrell (la OTAN vamos)

Ingenuidad.
Curioso.

Resume otra vez lo que decís .Más que nada porque os lo han puesto un millón de veces aquí y seguís (siguen ) negando la realidad de lo que representa “vuestra” propuesta .

Toda vuestra postura consiste en exigir un diálogo que consiste en que Ucrania se rinda .
Ese es vuestro discurso (y el de Lula ….. ).Disfrazando un pacifismo que consiste en premiar al belicista-invasor .


Hablaré por mi, nunca he pedido rendicion alguna por mucho que se repita.
Diplomacia no es rendicion. Es solo eso, diplomacia. Puede resolver conflictos o no, lo que no hace es matar a nadie.

Seguís (sigues ) negando que haya diálogo y que si hay falta de él es reprochable a Ucrania .
Cuando las pruebas que tenemos son justo las contrarias .Quien ha dejado de “dialogar” o utilizar la diplomacia es Rusia .
Es algo muy claro que omitís para poder plantear el reproche a Ucrania .
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Mensaje por Zoetrope 06.05.22 10:11

Rikileaks escribió:
Josecapo escribió:La palabra "diplomacia" es preciosa.

Dime en que ha cedido hasta la fecha Rusia, estoy ansioso por tu respuesta o la del resto de pacifistas llenos de palabras vacías.

En ceder armas a los prorrusos del Donbass desde 2014

Imagino que Pantxo ya se manifestó en ese momento reclamando también diplomacia.
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Mensaje por Heaven 06.05.22 10:16

¿Lula no queria volver a ser presidente de Brasil? pues no haremos más preguntas pero ya sabemos por que es tan tibio condenando a Puttin y sus secuaces...

Lo que no acabo de entender de tanto anti_Otan y anti_yanqui por que les cuesta tanto condenar la guerra y sus crímenes, una guerra que ha empezado Rusia. Luego somos los que les condenamos a Rusia somos los pro_Otan pero es que otros parecen echar de menos el Pacto de Varsovia, Stalin, el muro de Berlin, a Mao, a Pol Pot ... Que cada uno se mire sus fobias y sus filias pero ahora mismo en Ucrania estan muriendo miles de personas cuyo único delito ha sido no recibir a las tropas de Puttin con flores y pasteles.
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Mensaje por pantxo 06.05.22 10:23

efecto diablo escribió:
pantxo escribió:
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pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Otros se alian mas con el discurso de Biden, Sanchez, Scholz, Borrell (la OTAN vamos)

Ingenuidad.
Curioso.

Resume otra vez lo que decís .Más que nada porque os lo han puesto un millón de veces aquí y seguís (siguen ) negando la realidad de lo que representa “vuestra” propuesta .

Toda vuestra postura consiste en exigir un diálogo que consiste en que Ucrania se rinda .
Ese es vuestro discurso (y el de Lula ….. ).Disfrazando un pacifismo que consiste en premiar al belicista-invasor .


Hablaré por mi, nunca he pedido rendicion alguna por mucho que se repita.
Diplomacia no es rendicion. Es solo eso, diplomacia. Puede resolver conflictos o no, lo que no hace es matar a nadie.

Seguís (sigues ) negando que haya diálogo y que si hay falta de él es reprochable a Ucrania .
Cuando las pruebas que tenemos son justo las contrarias .Quien ha dejado de “dialogar” o utilizar la diplomacia es Rusia .
Es algo muy claro que omitís para poder plantear el reproche a Ucrania .

Confiando en los rusos entre poco y nada, tampoco tengo yo muy clara la voluntad ucraniana o la autoridad de Zelenski en la misma. Eso tambien se omite y se mira para otro lado.
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Mensaje por Zoetrope 06.05.22 10:28

pantxo escribió:
efecto diablo escribió:
pantxo escribió:
efecto diablo escribió:
pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Otros se alian mas con el discurso de Biden, Sanchez, Scholz, Borrell (la OTAN vamos)

Ingenuidad.
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Resume otra vez lo que decís .Más que nada porque os lo han puesto un millón de veces aquí y seguís (siguen ) negando la realidad de lo que representa “vuestra” propuesta .

Toda vuestra postura consiste en exigir un diálogo que consiste en que Ucrania se rinda .
Ese es vuestro discurso (y el de Lula ….. ).Disfrazando un pacifismo que consiste en premiar al belicista-invasor .


Hablaré por mi, nunca he pedido rendicion alguna por mucho que se repita.
Diplomacia no es rendicion. Es solo eso, diplomacia. Puede resolver conflictos o no, lo que no hace es matar a nadie.

Seguís (sigues ) negando que haya diálogo y que si hay falta de él es reprochable a Ucrania .
Cuando las pruebas que tenemos son justo las contrarias .Quien ha dejado de “dialogar” o utilizar la diplomacia es Rusia .
Es algo muy claro que omitís para poder plantear el reproche a Ucrania .

Confiando en los rusos entre poco y nada, tampoco tengo yo muy clara la voluntad ucraniana o la autoridad de Zelenski en la misma. Eso tambien se omite y se mira para otro lado.

Poner en el mismo lugar de manera pertinaz a quien ha agredido renunciando a resolver las cosas negociadamente y a la víctima que está siendo golpeada porque no se aviene a razones para que dejen de atizarla y así a los demás no nos salpique la sangre. Por mucho que lo repitas, hasta normalizarlo, sigue sonando igual de cínico.
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Mensaje por Eloy 06.05.22 10:31

El paraguas del contexto, bajo el que se refugia un pacifismo mr.wonderful de teclado y tacita, lleva impresa una frase repetida hasta la saciedad, palabra más o palabra menos: "La invasión es injustificable, pero Putin no es el único culpable..."

Una oración compuesta que, como adversativa clásica, contrapone sus argumentos, por más que se intente argumentar la segunda sin que se oponga a la primera.
Tarea harto difícil, por no decir imposible.


Tras el discurso del "muy mal, fatal la invasión pero..." se esconden multitud de otras frases que, prácticamente nadie de quien lo esgrime, se atreve a pronunciar abiertamente.
Ni se atreverá, que una cosa es pensar que Rusia sí tiene sus razones para la invasión, y que Ucrania se merece en cierto modo lo que le está pasando. Y otra decirlo así, sin subterfugios. Sin vericuetos. Sin evasivas.

Sin (chupito) contexto.
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Mensaje por káiser 06.05.22 10:32

pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Chomsky. En otro momento tal vez hable de los otros. Algún apunte sobre Chomsky, es posible que el mayor intelectual de izquierdas salido de USA en los últimos 50 años. Un referente al que leí ávidamente allá por los 90 y sentía una gran afinidad y admiración.

Y al que leo, veo o escucho desde hará 10 años, seguramente más, y siento, no sé, ¿pena? Sus exhibiciones de creencias fosilizadas, pereza intelectual, ignorancia de referentes modernos fuera de USA, ombliguismo y vanidad, son muy tristes. Por decirlo en términos vulgares, chochea.

Hace poco leí esto de Yassin al-Haj Saleh, escritor e intelectual sirio, un tipo que pasó 16 años en la cárcel, acerca de Chomsky:

Arrow https://newlinesmag.com/review/chomsky-is-no-friend-of-the-syrian-revolution/

Está en inglés, pero he encontrado una traducción al español. Para el que le interese ahí va tochaco:  Vaya tocho macho

Yassin al-Haj Saleh

Apenas tres semanas después de ser liberado, tras 16 años de prisión en Siria, comencé a traducir un libro al árabe. El libro era «Perspectivas sobre el poder: reflexiones sobre la naturaleza humana y el orden social», de Noam Chomsky. Me había tomado un tiempo darme cuenta de que el importante lingüista y el duro crítico del imperialismo estadounidense eran la misma persona. Me pareció un ejemplo notable y muy necesario de la responsabilidad social y política de los científicos e intelectuales. Su participación activa en el movimiento por los derechos civiles y la movilización contra la guerra de Vietnam fueron impresionantes, junto con sus prolíficos escritos tanto sobre lingüística como sobre política. En el libro que traduje, había dos ensayos sobre lingüística, uno sobre la responsabilidad del intelectual y cinco sobre política.

Para los antiguos presos políticos comunistas que habían pasado largos años detenidos y habían vivido la caída del comunismo mientras estaban en la cárcel, este referente estadounidense era importante. Nos dijo que la lucha por la justicia y la libertad aún era posible, que teníamos compañeros en el mundo y que no estábamos solos, y que la caída del bloque soviético podía ser emancipadora, no una pérdida desgarradora.

El segundo libro en cuya traducción trabajé junto a otro ex preso político fue «Una vida de disensión» de Robert Barsky. Era sobre la vida y la política de Chomsky. Incluso en aquella etapa temprana, teníamos algunas críticas al rígido sistema de pensamiento de Chomsky, limitado por su EE.UU.-centrismo, que sólo resulta parcialmente útil para analizar muchas luchas, la nuestra incluida. Nosotros mismos éramos disidentes en nuestro país y en dos niveles: oponiéndonos a un régimen que mostraba flagrantes tendencias discriminatorias y opresivas, y expresando opiniones críticas sobre la Unión Soviética y su comunismo. Un principio fundamental del partido en el cual yo era un joven militante era la istiklaliyya (independencia o autonomía), que significaba que éramos nosotros, y sólo nosotros, los que decidíamos las políticas adecuadas para nuestro país y nuestro pueblo, no ningún centro en el extranjero. De tal forma que no éramos huérfanos en busca de un nuevo padre, ni nos movía el deseo de sustituir el marxismo-leninismo por una especie de catecismo chomskiano. Sin embargo, siempre pensamos que nuestra causa era la misma: luchar contra la desigualdad y la opresión en todas partes, y sobre una base de igualdad y fraternidad.

Pero el tiempo reveló que se trataba de una ilusión, de la cual somos sus únicos responsables. En los 11 años transcurridos desde el inicio de la revolución siria en marzo de 2011, Chomsky no ha escrito ni una sola vez sobre Siria para informar a sus numerosos lectores sobre el drama del país. Sus comentarios dispersos revelan que ve la lucha siria -como ocurre con todas las demás luchas- únicamente a través del marco del imperialismo estadounidense. Por lo tanto, es ciego a las especificidades de la política, la sociedad, la economía y la historia de Siria.

Es más, su percepción del papel de Estados Unidos ha pasado de un americanocentrismo provinciano a una especie de teología, en la que Estados Unidos ocupa el lugar de Dios: aunque sea un Dios maligno es el único motorizador. Como resulta comprensible, esta perspectiva cuestiona la autonomía de otros actores, lo que nos trae ecos de los debates sobre el libre albedrío de los teólogos islámicos de hace unos 1.200 años. Chomsky parece estar más cerca de los jabriyyeen, que niegan totalmente la libertad humana y constatan la omnipotencia de Dios, que de los qadariyyeen, que pensaban que la justicia de Dios y la libertad humana iban juntas.

Los yihadistas actuales se adhieren principalmente a la tradición del jabriyyah. Chomsky ha sido persistente en su propia yihad durante décadas, de una forma que recuerda a Ibn Hanbal o Ibn Timiyyah, aunque sin arriesgar la libertad o la vida como hicieron los dos padres del salafismo moderno (salvo dutante su breve detención tras una protesta en el Pentágono durante la guerra de Vietnam).

Estados Unidos nunca ha sido una fuerza a favor de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos en Oriente Medio. Su papel destructivo en la región, desde por lo menos 1967, se compara justificadamente con el papel de la tiranía estatal y posiblemente del nihilismo islámico tras la ocupación estadounidense de Irak. Sin embargo, Estados Unidos no ha sido el protagonista central de la catástrofe siria, como lo admite una declaración que el propio Chomsky firmó en marzo de 2021. Lo más que ha hecho Estados Unidos es esforzarse por no perjudicar al régimen de Assad, incluso después de que éste violara el derecho internacional que prohíbe el uso de armas químicas y cruzara la «línea roja» del entonces presidente Barack Obama en 2013, tal y como lo hizo muchas veces antes y después de ello.

La perspectiva americanocentrista de Chomsky tiende sistemáticamente a minimizar los crímenes de los Estados que se oponen a Estados Unidos. En una entrevista reciente publicada por el periódico DAWN, en enero de 2022, él dijo: «Difícilmente se puede acusar a Irán de comportamiento ilegal o criminal por apoyar al gobierno reconocido [por las Naciones Unidas]» en Siria. Apoyar a un régimen que el propio Chomsky describe como «monstruoso» no es criminal ni ilegal, insiste. No encuentra nada ilegal en apoyar a un régimen que niega cualquier derecho a sus súbditos, y cree que sería ilegal castigar a ese mismo régimen por matar a más de 1.400 de sus ciudadanos con armas químicas en una clara violación del derecho internacional. Así lo expresó a Independent Global News en septiembre de 2013.

Lo que Chomsky llama el «gobierno reconocido» de Siria es el régimen dinástico que lleva 52 años en el poder, precisamente la mitad de los 104 años que comprenden toda la historia del Estado sirio moderno. Durante estas cinco décadas, Siria ha sufrido dos veces conflictos internos. Hubo decenas de miles de víctimas en la primera oleada (1979-82) y cientos de miles en la segunda (2011 a la actualidad). Ambas están estructuralmente relacionadas con la configuración camaríllesca y discriminatoria del régimen.Comentaristas como Chomsky hacen notar su calificación del régimen como «brutal» y «monstruoso», pero apenas como el prefacio de lo que consideran que es el verdadero problema: el papel de Estados Unidos y sus aliados en la región. Se equivocan.

El carácter monstruoso del régimen es el hecho central de este conflicto y, aún más, de la historia de Siria desde 1970. Es la clave para entender la persistente catástrofe del país y la raíz de todo lo demás. Pero el enfoque de Chomsky tiene el efecto de relativizar los crímenes del régimen, que representan el 90% de las víctimas y la destrucción. Pareciera que si no se puede culpar a Estados Unidos de estos crímenes entonces no tienen una gran importancia.

También resulta bastante curioso que Chomsky mencione de forma más bien insulsa y despreocupada que cuando Irán extiende su influencia en la región, lo hace principalmente en las «zonas chiítas o zonas cercanas a las chiítas», como si esto fuera de alguna manera un hecho neutral sin implicaciones sociales y políticas destructivas. Los izquierdistas y nacionalistas de la región llamamos a esto sectarismo, fuente singularmente importante de conflictos civiles y masacres genocidas en muchos países. Chomsky parece no haberse familiarizado en absoluto con el trabajo de muchos intelectuales árabes, en su mayoría izquierdistas, sobre el sectarismo y sus efectos destructivos desde la década de 1970. Así que quizá habría que plantearle una pregunta spivakiana: ¿Pueden hablar los intelectuales subalternos? Basándome en mi reciente experiencia personal, la respuesta es que no. Mi carta a la Internacional Progresista sobre Siria no fue publicada, y sus integrantes dejaron de contactarme después de que les enviara la carta, aunque había sido suya la iniciativa hablar conmigo en abril de 2020 e invitarme a organizar todo un dossier sobre Siria para ellos. Aparentemente, no hay lugar para nosotros, los izquierdistas y demócratas sirios que nos oponemos al régimen de Assad, en una coalición progresista internacional.

Desde los días en que se planteó la «Cuestión Oriental», hace más de un siglo y medio, el sectarismo se ha desarrollado a través del nexo entre las intervenciones coloniales externas y las «extervenciones» internas, por así decirlo, cuando los grupos socioculturales nacionales se ven empujados a exigir la protección de las potencias externas. El imperialismo francés ofreció un ejemplo primordial de este paradigma hasta la independencia de Siria y El Líbano tras la Segunda Guerra Mundial, y esa historia sigue siendo relevante.

Al supervisar a las milicias chiítas importadas de Afganistán, Irak y Líbano, y al coordinarse con formaciones militares altamente sectarias como la Cuarta División del ejército sirio (dirigida por Maher al-Assad, hermano de Bashar) y otras agencias de seguridad igualmente sectarias, Irán no es meramente una «supuesta amenaza», como aseguró Chomsky en la misma entrevista; más bien es otra potencia colonial despiadada, que manipula de forma criminal las divisiones sociales que el régimen de Assad ha estado exacerbando durante medio siglo. Irán es culpable de crímenes de guerra contra personas sirias que se oponen al régimen.

Dentro de la teología de Chomsky, nada de esto es visible. La transformación de la república árabe más antigua en un estado privatizado con un creciente potencial genocida se derivó de perseguir la quimera de una seguridad permanente y absoluta, móvil que siempre ha conducido a atrocidades masivas en Siria y en todas partes, como sostiene Dirk Moses en «Los problemas del Genocidio: La seguridad permanente y el lenguaje de la transgresión». Esta transformación reaccionaria, la mayor en la historia de Siria después de la independencia, nunca ha merecido atención dentro de la perspectiva de Chomsky.

No es sorprendente que los sirios no estén representados en sus comentarios sobre Siria. Chomsky nunca se refiere a un sirio, ni cita a uno, ni siquiera menciona a un occidental que apoye la causa siria. Sus fuentes son personas como Patrick Cockburn, que considera al régimen un mal menor, y posiblemente el difunto Robert Fisk, el periodista británico que dio voz a asesinos sectarios como Jamil Hassan, el jefe de la notoria inteligencia de la fuerza aérea, y Suheil Hassan, el líder de las igualmente notorias Fuerzas Tigre, pero nunca a personas críticas hacia el régimen químico. Los tres comparten una perspectiva desde la «alta política» centrada en los «gobiernos reconocidos» -Rusia, Irán, Israel y Arabia Saudí- así como en los yihadistas y el imperialismo estadounidense.

De Cockburn, Chomsky toma prestada la noción de «wahabización del islam suní», que es una generalización precipitada e irresponsable, y por lo mismo resulta tan útil para quienes no saben y quieren que otros crean que saben. Esta generalización no difiere en absoluto del libro notoriamente racista de Raphael Patai, «La mente árabe», que proporcionó la base teórica para la tortura en Guantánamo y Abu Ghraib, según Judith Butler en «Marcos de guerra». Cockburn no le dijo nada a Chomsky sobre la iranización del islam chií, también una gran generalización, aunque un poco más plausible si se tiene en cuenta que los chiíes son un grupo minoritario en la mayoría de los países musulmanes y porque hay un centro imperial activo en Teherán.

Es bastante revelador, por cierto, que DAWN haya omitido las exoneraciones de Chomsky a Irán y su «actuación principalmente en las zonas chiítas o cercanas a las chiítas», en la versión árabe de su entrevista con él. Ellos tienen una mejor comprensión del tema, y parece que se sintieron avergonzados por lo que dijo.

Si la «wahabización de los árabes suníes» es el diagnóstico correcto de una enfermedad fundamentalista puesta de manifiesto por el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, entonces quizás el remedio correcto sería el tipo de deswahabización que hemos visto en la bestial prisión militar siria de Sednaya, Guantánamo o Abu Ghraib, donde se pueden probar y desarrollar «técnicas mejoradas de interrogatorio». Personajes como Cockburn y Chomsky han contribuido a insensibilizar a la opinión pública occidental ante lo que pueda ocurrir con el «rebaño wahabizado», algo que aumenta la precariedad de sus vidas y legitima las mismas guerras a las que Chomsky se opone.

Pero, ¿por qué Cockburn, que ni siquiera habla árabe, es «el comentarista más serio» sobre Siria y la región, según el coautor de «Fabricando el consenso»? ¿No hay gente en la región que sea capaz de comentar seriamente sus propios asuntos y representarse a sí misma? ¿Es concebible hoy en día que incluso los autores mainstream de Estados Unidos llamen a un periodista extranjero «el comentarista más serio» sobre otro país o región extranjera? En esta práctica inesperadamente colonial, Chomsky podría beneficiarse de una buena dosis de Edward Said.

Por cierto, hay unos cuantos libros en árabe sobre el islamismo contemporáneo, Siria y grupos como el Estado Islámico, más informativos y matizados que «El ascenso de Estado Islámico: ISIS y la nueva revolución sunita» de Cockburn, cuyo «análisis» sectarizante y conocimiento estereotípicamente colonial es regurgitado acríticamente por «el intelectual público vivo más citado del mundo». Fisk fue aún más mecánico al desplegar este método colonial de análisis. Estos tres hombres repiten cosas coloniales rancias, rehabilitadas por regímenes coloniales internos como el de Assad y por crueles potencias expansionistas como Irán y Rusia para su propio beneficio.

Lo que tanto Chomsky como su «comentarista más serio» ignoran es que el islamismo en todas sus variantes es un fenómeno minoritario y elitista, y esa es una de las razones por las que es tan violento. Las encuestas del Barómetro Árabe en 2018-19 mostraron que «menos del 20% de la gente en Túnez y Egipto (así como en Argelia, Jordania, Irak y Libia) confiaba en los partidos islamistas. Más del 76% estaría a favor de la democracia y el estado civil». Estas cifras se citan en el libro de Asef Bayat «Vida revolucionaria: El día a día de la primavera árabe». En este libro, publicado en 2021, encontramos un enfoque genuinamente democrático, una perspectiva subalterna, análisis matizados, respeto a los hechos, un antirracismo de principios, a diferencia de la teología de Chomsky y de su fuente. Siria no es en absoluto diferente de las sociedades que aparecen en la encuesta.

En los siguientes párrafos intentaré mostrar a los lectores cuán superficial es la tesis de la wahabización, aunque sin entrar en muchos detalles.

El islamismo contemporáneo es el intento de generar política en sociedades que no tienen una verdadera política interna, en Estados que tampoco tienen una verdadera soberanía a nivel internacional. Muestra los límites de la pobreza política en sociedades que han sufrido el politicidio, como Siria, Egipto, Libia, Túnez, Irak y Arabia Saudí. Porque la única «asamblea» que ni siquiera los regímenes exterminadores pueden disolver es la de los creyentes en los lugares de culto, y la única «opinión» que no pueden silenciar es la de las sagradas escrituras. Esta circunstancia es la razón por la cual los islamistas llegaron a desempeñar un papel relativamente importante en las últimas cuatro décadas. El Islam permitió a mucha gente reunirse y hablar, e incluso protestar sobre asuntos públicos.

Sin embargo, la estructura jerárquica y elitista del islamismo también enajena sistemáticamente a la gente de la política desde que el islamismo pasa de la protesta al poder. Incluso en el caso del yihadismo, que constituye una minoría aún más pequeña dentro de la minoría islamista, sería una simplificación excesiva reducirlo a un proceso de wahabización desencadenado por la monarquía saudí. Por el contrario, el yihadismo es una guerra que se libra cuando los Estados árabes y musulmanes modernos no pueden luchar contra los invasores extranjeros (estadounidenses, israelíes, etc.) y sólo pueden hacer la guerra contra sus súbditos. El Islam que fue formado por el imperio (en lugar de formarlo), se encarga de responder a esta condición a largo plazo de la deficiente soberanía de los Estados. Definitivamente hay un componente anticolonial y antiimperialista en la yihad, pero no lo capta la imaginación y la memoria imperialista mitificada del islamismo contemporáneo.

En Siria, en particular, la reducción de una mayoría sociocultural a una minoría política -con la discriminación, el politicidio, la tortura y las masacres como métodos para efectuar la minorización- tiene un considerable poder explicativo para comprender mejor el islamismo suní. Las personas no representadas, a las que se les niegan los derechos y la capacidad de organizarse, tienden a encontrar representación en sus identidades religiosas. La coincidencia con la tiranía estatal agresiva -que mira a los gobernados con el ojo gorgónico de la soberanía (unidad, matanza, excepción) y a las potencias regionales e internacionales con el ojo benigno de la política (pluralidad, negociación, reglas)- hace que el ascenso del islamismo violento sea una certeza histórica.

En nuestros Estados al revés, donde la guerra es hacia dentro y la política hacia fuera (a diferencia del Islam clásico y del tipo ideal de los Estados-nación modernos), el yihadismo contemporáneo representa la soberanía sin política, las guerras hacia fuera y hacia dentro. Me extiendo un poco en esta cuestión del fundamentalismo porque parece ser un punto importante en la teología de Chomsky y por el patético nivel de conocimiento sobre el islamismo en Occidente. En el análisis contemporáneo, los islamistas, y especialmente los yihadistas, parecen irracionales, irresponsables y sin sentido. Con esto como teoría, la solución no puede ser otra que remitirlos a Guantánamo, a Abu Ghraib, al Guantánamo de Europa (el campo de detención de al-Hol, en el noreste de Siria, donde miles de mujeres y niños, cientos de ellos de origen europeo, están detenidos indefinidamente por estar relacionados con algunos «combatientes ilegales» del Estado Islámico) o a Sednaya (y Tadmur en los años de mi juventud) sin derecho alguno, y dejarlos allí indefinidamente. Han sido convertidos en inhumanos, y por lo tanto sus vidas no importan.

¿El estudio serio del islamismo en su amplio espectro, desde los individuos practicantes hasta las organizaciones nihilistas como el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, justifica y legitima a estos últimos? En absoluto. Pero ciertamente puede ayudarnos a entender un fenómeno global importante y a evitar las batallas reaccionarias en las que estos islamistas, junto con sus poderosos homólogos de Occidente, Rusia, India y China, quieren que nos hundamos durante generaciones.

Las «ideas» de Chomsky al respecto no son más que otra expresión del fracaso de las humanidades occidentales para humanizar: Da por sentada la parte de la deshumanización, reproduce una versión pobre de la misma y la consolida. Existe una cuestión islámica global (islamismo más islamofobia, que es en realidad una mezcla de sunnifobia y arabofobia), y la forma en que el islam y el islamismo se representan en todas partes sólo parece trazar un camino hacia una carnicería cada vez mayor. En esto, el gurú criticado aquí es tan conservador como se puede llegar a ser.

La situación en Siria, con cinco potencias ocupantes, es instructiva para cualquiera que esté realmente interesado en mejorar su comprensión de la actual situación mundial. Tenemos a las fuerzas estadounidenses en una parte del país, a los rusos e iraníes protegiendo al «gobierno reconocido», a los turcos en otra parte, los cuatro con sus apoderados locales o importados; y antes de todo eso, tenemos a los israelíes, que han ocupado los Altos del Golán desde 1967 y han monopolizado los cielos de Siria en coordinación con los rusos.

Siria es una rara situación de «imperialismo líquido», parafraseando al difunto Zygmunt Baumann; sin embargo, el hecho de que haya cinco estados poderosos en un pequeño país, o lo que puede llamarse «imperialismo en un país», no parece interesar a Chomsky. No olvidemos tampoco que «los imperialistas conquistados», o los imperialistas sin imperio -me refiero a los yihadistas suníes procedentes de todo el mundo- siguen ahí. Esta compleja situación no puede explicarse relativizando los crímenes de los adversarios de Estados Unidos y absolutizando los de los estadounidenses.

Chomsky dice que la intervención de Rusia en Siria está «mal» pero «no es imperialista», porque «apoyar a un gobierno no es imperialismo». Rusia tiene muchas bases militares en Siria, ha alquilado el puerto de Tartous durante 49 años y ha matado a 23.000 civiles sirios en seis años. Putin y sus ayudantes se han jactado varias veces de haber probado con éxito más de 320 sistemas de armas en Siria y de que el 85% de los comandantes del ejército ruso adquirieron experiencia de combate en Siria. En 2018 y 2019, Rusia recibió pedidos de armas por valor de 51,100 y 55,000 millones de dólares. Estas acciones no figuran en absoluto en el análisis de Chomsky; en respuesta a la pregunta del médico sirio Taha Bali sobre el imperialismo ruso, Chomsky negó que tuviera lugar una práctica imperialista antes de pasar apresuradamente a su eterno monólogo: «¿Qué hace Estados Unidos? Apoya a los países que están desarrollando a los movimientos yihadistas», refiriéndose a la monarquía saudí.

Esta visión es bastante superficial, como espero que haya quedado claro a estas alturas. En todo caso, la falta de soberanía del Estado saudí y su necesidad de protectores extranjeros, más que su apoyo activo, es lo que explica el yihadismo. Osama bin Laden fue bastante claro en este punto en 1990 cuando pidió que los saudíes no permitieran que las tropas estadounidenses y de otros países tuvieran bases en el reino y dijo que sólo los musulmanes debían defender las tierras musulmanas. Sin embargo, el apoyo de Estados Unidos a los saudíes tampoco tendría que considerarse imperialismo, dado que el gobierno saudí también está reconocido por la ONU.

Una idea del vergonzoso nivel de conocimiento de Chomsky sobre Siria puede verse en la misma entrevista en vídeo en la que afirma que no hubo ningún levantamiento en Siria en 2012 (según nuestro conocimiento subalterno, el levantamiento comenzó en marzo de 2011) y luego da a entender que, si hubo manifestantes, estaban allí junto al Estado Islámico y otros grupos yihadistas.

Se entrevé de forma igualmente interesante el modo de pensar de Chomsky cuando, sobre la cuestión de la intervención humanitaria tras la masacre química de 2013, pregunta al mismo médico y activista sirio: ¿A quién deberían bombardear los estadounidenses en Siria? ¿Al régimen? Porque eso, por supuesto, socavaría el «frente de resistencia» a los yihadistas. La reducción de la lucha siria a este marco dominante por parte de Chomsky es compartida por Eric Zammour, el candidato presidencial de la derecha francesa, quien recientemente recomendó rehabilitar las relaciones con el régimen sirio porque las opciones son el statu quo o el Estado Islámico y el califato. Otro adepto es Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, que declaró en 2012 que Rusia no aceptaría el dominio suní en Siria. Chomsky tiene muchas ideas fijas, y parece más fácil mover montañas que esperar que las revise o admita errores.

En medio de todo esto, la crítica de Chomsky al papel de Estados Unidos en Siria parece totalmente superflua. Dado que Estados Unidos hizo exactamente lo que a Chomsky le gusta: Nunca bombardeó al régimen, combatió sólo a los yihadistas, pensó, como él, que o es Assad o es el yihadismo, y apoyó a los kurdos, a los que deseaba que el malvado Dios estadounidense protegiera (véase su participación en «Disidentes de la izquierda internacional», editado por Andy Heintz, 2019, página 26). ¿Por qué protegerlos a ellos, pero no a todos los demás? Los sirios han pedido protección internacional desde el otoño de 2011, unos seis meses después de su levantamiento totalmente pacífico, en vano. Sólo después de movilizar su propio poder colectivo pacífico y luego exigir la protección del mundo del que se creían parte, mucha gente empezó a recurrir a Alá, lo que fue bueno para los grupos alá-cráticos.

Curiosamente, Chomsky habla en el libro de Heintz como un general militar, diciéndole al hegemón imperialista estadounidense que «debería hacer todo lo posible para proteger a los kurdos en lugar de mantener las políticas pasadas de traición habitual». Por una vez, la intervención humanitaria es posible.

En realidad, los sirios han sido palestinizados mientras que el régimen se israeliza con Rusia ocupando el papel de Estados Unidos: vetando 16 veces una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para proteger al régimen de los señalamientos. Pero el pensamiento de Chomsky parece residir en la teología más que en la historia, libre de contexto o posición y eternamente válido, por lo tanto, inmutable. Este privilegio del sistema sobre el contexto y la posición explica que Chomsky haga referencia a la masacre química de Saddam Hussein en Halabja en 1988 en su entrevista con DAWN mientras que no menciona nada sobre las numerosas masacres químicas perpetradas por el régimen en Siria, aunque son mucho más recientes. A estas alturas debería estar desalentadoramente claro por qué: Estados Unidos estuvo implicado en la primera, por lo que sus víctimas son dignas de compasión. El papel de Estados Unidos en la masacre química siria fue más ambiguo: condenó el ataque pero se apartó de su propia línea roja y pasó a negociar un sórdido acuerdo con Rusia. El acontecimiento no se prestaba a la visión determinista de Chomsky, así que resolvió su disonancia cognitiva recurriendo a la negación.

«No resulta tan obvio por qué el régimen de Assad habría llevado a cabo un ataque de guerra química en un momento en que está prácticamente ganando la guerra», dijo. Bueno, no resulta tan obvio por qué los nazis habrían llevado a cabo ejecuciones en cámaras de gas en un momento en el que estaban prácticamente ganando la guerra en el Este. Durante al menos seis meses, Hannah Arendt dudó de la existencia misma de las cámaras de gas porque no eran militarmente necesarias. Tampoco resultaba obvio por qué el ejército estadounidense humillaba, aterrorizaba y torturaba a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib después de haber derrocado con éxito al régimen de Saddam. Incluso no es obvio por qué el propio régimen de Assad seguiría torturando a personas en su calabozo durante años, sólo para ejecutarlas al final.

Sustituyendo los hechos por una lógica primitiva, el comentario de Chomsky sobre las masacres de agosto de 2013 no es una expresión de conocimiento, sino de negación basada en un razonamiento interesado. No era imposible para él leer los informes de Ghouta Oriental, basados en la investigación de campo y el activismo, de gente como el gran Razan Zeitouneh, traducidos al inglés, y publicados justo después de la enorme masacre de agosto de 2013 (ver aquí y aquí). Pero Chomsky nunca ha permitido que los hechos compliquen sus ordenados esquemas. En su análisis, los activistas y escritores sirios son invisibles, inexistentes de hecho.

Chomsky apoyó a Ted Postol, el teórico de la conspiración que niega la masacre química de Khan Sheikhoun, donde murieron 92 personas el 4 de abril de 2017. Este «profesor del MIT» fue descrito por el camarada Noam como «un analista muy serio y creíble», comparable sin duda al «comentarista más serio.» ¿Hay personas en Khan Sheikhoun con las que se pueda entablar contacto y preguntar sobre lo que ha sucedido a su comunidad y quién creen que fue el responsable de matar a sus seres queridos? No en el mundo de los «profesores del MIT». En nuestro mundo, el subalterno puede tener voz, pero no tiene audiencia dentro de las universidades estadounidenses de élite.

Uno llega a la conclusión de que un crimen es un crimen cuando lo comete el imperialismo estadounidense o se comete contra quienes no son sus aliados. Por el contrario, un crimen no es gran cosa cuando los autores no son los estadounidenses o las víctimas son sólo de las comunidades «wahabizadas». No hay nada «criminal» o «ilegal» en matar a los de esta última categoría. Incluso el apoyo a un régimen monstruoso no puede ser criminal, porque ese mismo monstruo es un gobierno.

El «gobierno» de Siria dirige una máquina de tortura; es extremadamente corrupto, extremadamente sectario y extremadamente destructor de la verdad. En un mundo cuerdo esto significa que es ilegítimo. Es una junta bajo cuyo largo gobierno Siria ha pasado de ser un país subdesarrollado a un matadero sin remedio. En los 52 años de gobierno de la familia Assad, se ha legitimado utilizando el tropo colonial de «proteger a las minorías». Otra idea legitimadora utilizada por el régimen después de la revolución es la guerra imperialista contra el terror, el único «gran relato» que queda en nuestro planeta, y la base de las alianzas criminales contra los movimientos populares y a favor de las juntas criminales en todas partes. Por lo tanto, es extraordinario que Chomsky, un autoproclamado anarquista, justifique la intervención rusa en Siria porque fue invitada por su «gobierno reconocido».

La osificación del sistema de pensamiento de Chomsky explica la paradoja de calificar al régimen de brutal y monstruoso sin poder decir una sola frase positiva sobre ninguno de los que han luchado contra él. Entre otras cosas, su sistema estrangula su mejor juicio. No puede ser ciego al hecho de que el régimen dinástico de los Assad es uno de los peores del planeta. En cambio, Chomsky se guía por un sistema muerto, indiferente al legítimo deseo de la gente de no vivir bajo una tiranía violenta, así como a la magnitud del sufrimiento y el dolor humanos que se les inflige cuando actúan de acuerdo con ese deseo. Se aferra a un sistema reificado porque funciona como lenguaje común que comparte con sus fans y seguidores. Por eso le cuesta más disentir de este sistema que del sistema imperialista estadounidense. En el Islam, llaman a la primera disidencia la yihad mayor. Siempre es más fácil luchar contra los enemigos declarados que contra el propio discurso y yo imperial.

Siendo yo mismo un izquierdista de toda la vida, lo que me ha impactado en el discurso izquierdista occidental sobre Siria no ha sido la posición poco fraternal, antidemocrática y antipática de muchos de los implicados, sino la trivialidad del debate, una combinación embrutecedora de ignorancia y arrogancia. Siria nunca ha sido el foco del debate; más bien ha sido sólo una herramienta para reiterar viejos dogmas sobre el imperialismo estadounidense y sus intrigas. Es la misma cáscara solipsista dentro de la cual prosperan Cockburn y Fisk. Chomsky no puede reconocer a los sirios porque desestabilizamos este sistema, complicamos el lenguaje e insistimos en nuestro derecho a representarnos.

Algunos lectores pueden encontrar esta crítica dura y emocional en su refutación de un supuesto aliado. Lo es. Y lo es precisamente porque se suponía que era un aliado. Chomsky es bastante influyente, y es responsable de la difusión de juicios erróneos y apatía sobre la mayor lucha de este siglo. Ya no es una conducta correcta absolverle de las críticas, como hemos hecho hasta ahora los escritores y activistas sirios. El problema con Chomsky no es que sepa poco sobre Siria (que de hecho es el caso); el problema es que nunca puede decir «no sé». Desde su perspectiva, es tan omnisciente como omnipotente es el imperialismo estadounidense. Lamento decir que su sensibilidad es aún menor a lo poco que sabe, como lo demuestra su imperdonable comentario sobre la masacre química de 2013. Puede conducirse como polemista de una manera bastante deshonrosa, como demuestra un largo intercambio de correos electrónicos entre él y Sam Hamad en 2017. Lo que parecía estar en juego para él es su propia corrección, no el destino de millones de personas. Semejante insularidad es un insulto a cualquier política verdaderamente de izquierda y liberadora, y merece ser dejada atrás.

Si algo ha hecho Chomsky es contribuir a invisibilizar a los activistas y escritores sirios que luchan por la democracia y la justicia social, en lugar de ayudar a hacernos más visibles a nosotros y a nuestra causa. Difícilmente el comportamiento de un aliado.

Es fácil detectar un fuerte componente imperialista en el antiimperialismo verticalista de Chomsky, que simplemente no ve a la gente corriente en su lucha por la vida y la dignidad; sin embargo, no se abstiene de informarnos acerca de lo que es una lucha genuina, qué amenazas son reales y cuáles son supuestas, y a quién se le permite darles sentido. Anexar todas las luchas a aquella que Chomsky y los suyos decidan no es diferente de anexionar otras tierras a un centro imperialista. Lo primero reclama la istiklaliyya (independencia como mentalidad) y lo otro el istiklal (autogobierno). El antiimperialista imperialista siempre sabe lo que conviene sin molestarse en estudiar. Los hechos prosaicos no son importantes.

La influencia de Chomsky en el extranjero supera incluso a los presidentes estadounidenses en cuanto a su poder simbólico; sin embargo, a diferencia de ellos, no está sujeto ni siquiera a los «controles y equilibrios» teóricos. Es intimidante criticar a una autoridad así. Puede ser peligrosamente intimidante criticar a las autoridades políticas, como sigue ocurriendo en mi país, en Rusia, en Irán y en muchas partes del mundo. Pero es nuestro deber como agentes éticos en las luchas contemporáneas por la libertad y la justicia cuestionar a estas autoridades y mostrar sus limitaciones. He intentado mostrar que, en relación con la causa siria, esta autoridad concreta carece de información básica, de análisis matizados, de curiosidad intelectual y de empatía humana. Es justo decir que se trata de una autoridad inconstitucional, incluso absoluta y arbitraria.

Veinticinco años después de haber traducido «Poderes y perspectivas», encuentro que su autor cierra decisivamente cualquier perspectiva de un futuro diferente. La perspectiva de Chomsky contradice a la democracia en muchos aspectos fundamentales: alta política, americanocentrismo, jabriyyah, omnisciencia, desatención a lo contingente y a lo sorprendente (que es la historia), antiimperialismo imperialista verticalista, y una negación total de la agencia de los pueblos que luchan por la libertad y la justicia. El sistema de pensamiento de esta autoridad es autoritario. Es un establecimiento del que hay que disentir tanto como del comunismo soviético y sus derivados.


*Yassin al-Haj Saleh es un escritor sirio y ex preso político. Artículo publicado originalmente en inglés por New Lines Magazine.

https://mst-rd.org/2022/03/23/chomsky-y-siria/
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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por pantxo 06.05.22 10:53

Heaven escribió:¿Lula no queria volver a ser presidente de Brasil? pues no haremos más preguntas pero ya sabemos por que es tan tibio condenando a Puttin y sus secuaces...

Lo que no acabo de entender de tanto anti_Otan y anti_yanqui por que les cuesta tanto condenar la guerra y sus crímenes, una guerra que ha empezado Rusia. Luego somos los que les condenamos a Rusia somos los pro_Otan pero es que otros parecen echar de menos el Pacto de Varsovia, Stalin, el muro de Berlin, a Mao, a Pol Pot ... Que cada uno se mire sus fobias y sus filias pero ahora mismo en Ucrania estan muriendo miles de personas cuyo único delito ha sido no recibir a las tropas de Puttin con flores y pasteles.

Quien no condena la invasion o las salvajadas de Putin? Que adjetivos que no haya usado quieres que use?
Yo te podría decir lo mismo sobre el bando ucraniano. Pero claro, aqui tifamos los demas, el bufandeo y tal... Me sorprende bastante la actitud belicista de alguno/as, de otro/as ni hostias, pero bueno, mientras haya respetuo mutuo por aqui seguiré.
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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por pantxo 06.05.22 10:55

káiser escribió:
pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Chomsky. En otro momento tal vez hable de los otros. Algún apunte sobre Chomsky, es posible que el mayor intelectual de izquierdas salido de USA en los últimos 50 años. Un referente al que leí ávidamente allá por los 90 y sentía una gran afinidad y admiración.

Y al que leo, veo o escucho desde hará 10 años, seguramente más, y siento, no sé, ¿pena? Sus exhibiciones de creencias fosilizadas, pereza intelectual, ignorancia de referentes modernos fuera de USA, ombliguismo y vanidad, son muy tristes. Por decirlo en términos vulgares, chochea.

Hace poco leí esto de Yassin al-Haj Saleh, escritor e intelectual sirio, un tipo que pasó 16 años en la cárcel, acerca de Chomsky:

Arrow https://newlinesmag.com/review/chomsky-is-no-friend-of-the-syrian-revolution/

Está en inglés, pero he encontrado una traducción al español. Para el que le interese ahí va tochaco:  Vaya tocho macho

Yassin al-Haj Saleh

Apenas tres semanas después de ser liberado, tras 16 años de prisión en Siria, comencé a traducir un libro al árabe. El libro era «Perspectivas sobre el poder: reflexiones sobre la naturaleza humana y el orden social», de Noam Chomsky. Me había tomado un tiempo darme cuenta de que el importante lingüista y el duro crítico del imperialismo estadounidense eran la misma persona. Me pareció un ejemplo notable y muy necesario de la responsabilidad social y política de los científicos e intelectuales. Su participación activa en el movimiento por los derechos civiles y la movilización contra la guerra de Vietnam fueron impresionantes, junto con sus prolíficos escritos tanto sobre lingüística como sobre política. En el libro que traduje, había dos ensayos sobre lingüística, uno sobre la responsabilidad del intelectual y cinco sobre política.

Para los antiguos presos políticos comunistas que habían pasado largos años detenidos y habían vivido la caída del comunismo mientras estaban en la cárcel, este referente estadounidense era importante. Nos dijo que la lucha por la justicia y la libertad aún era posible, que teníamos compañeros en el mundo y que no estábamos solos, y que la caída del bloque soviético podía ser emancipadora, no una pérdida desgarradora.

El segundo libro en cuya traducción trabajé junto a otro ex preso político fue «Una vida de disensión» de Robert Barsky. Era sobre la vida y la política de Chomsky. Incluso en aquella etapa temprana, teníamos algunas críticas al rígido sistema de pensamiento de Chomsky, limitado por su EE.UU.-centrismo, que sólo resulta parcialmente útil para analizar muchas luchas, la nuestra incluida. Nosotros mismos éramos disidentes en nuestro país y en dos niveles: oponiéndonos a un régimen que mostraba flagrantes tendencias discriminatorias y opresivas, y expresando opiniones críticas sobre la Unión Soviética y su comunismo. Un principio fundamental del partido en el cual yo era un joven militante era la istiklaliyya (independencia o autonomía), que significaba que éramos nosotros, y sólo nosotros, los que decidíamos las políticas adecuadas para nuestro país y nuestro pueblo, no ningún centro en el extranjero. De tal forma que no éramos huérfanos en busca de un nuevo padre, ni nos movía el deseo de sustituir el marxismo-leninismo por una especie de catecismo chomskiano. Sin embargo, siempre pensamos que nuestra causa era la misma: luchar contra la desigualdad y la opresión en todas partes, y sobre una base de igualdad y fraternidad.

Pero el tiempo reveló que se trataba de una ilusión, de la cual somos sus únicos responsables. En los 11 años transcurridos desde el inicio de la revolución siria en marzo de 2011, Chomsky no ha escrito ni una sola vez sobre Siria para informar a sus numerosos lectores sobre el drama del país. Sus comentarios dispersos revelan que ve la lucha siria -como ocurre con todas las demás luchas- únicamente a través del marco del imperialismo estadounidense. Por lo tanto, es ciego a las especificidades de la política, la sociedad, la economía y la historia de Siria.

Es más, su percepción del papel de Estados Unidos ha pasado de un americanocentrismo provinciano a una especie de teología, en la que Estados Unidos ocupa el lugar de Dios: aunque sea un Dios maligno es el único motorizador. Como resulta comprensible, esta perspectiva cuestiona la autonomía de otros actores, lo que nos trae ecos de los debates sobre el libre albedrío de los teólogos islámicos de hace unos 1.200 años. Chomsky parece estar más cerca de los jabriyyeen, que niegan totalmente la libertad humana y constatan la omnipotencia de Dios, que de los qadariyyeen, que pensaban que la justicia de Dios y la libertad humana iban juntas.

Los yihadistas actuales se adhieren principalmente a la tradición del jabriyyah. Chomsky ha sido persistente en su propia yihad durante décadas, de una forma que recuerda a Ibn Hanbal o Ibn Timiyyah, aunque sin arriesgar la libertad o la vida como hicieron los dos padres del salafismo moderno (salvo dutante su breve detención tras una protesta en el Pentágono durante la guerra de Vietnam).

Estados Unidos nunca ha sido una fuerza a favor de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos en Oriente Medio. Su papel destructivo en la región, desde por lo menos 1967, se compara justificadamente con el papel de la tiranía estatal y posiblemente del nihilismo islámico tras la ocupación estadounidense de Irak. Sin embargo, Estados Unidos no ha sido el protagonista central de la catástrofe siria, como lo admite una declaración que el propio Chomsky firmó en marzo de 2021. Lo más que ha hecho Estados Unidos es esforzarse por no perjudicar al régimen de Assad, incluso después de que éste violara el derecho internacional que prohíbe el uso de armas químicas y cruzara la «línea roja» del entonces presidente Barack Obama en 2013, tal y como lo hizo muchas veces antes y después de ello.

La perspectiva americanocentrista de Chomsky tiende sistemáticamente a minimizar los crímenes de los Estados que se oponen a Estados Unidos. En una entrevista reciente publicada por el periódico DAWN, en enero de 2022, él dijo: «Difícilmente se puede acusar a Irán de comportamiento ilegal o criminal por apoyar al gobierno reconocido [por las Naciones Unidas]» en Siria. Apoyar a un régimen que el propio Chomsky describe como «monstruoso» no es criminal ni ilegal, insiste. No encuentra nada ilegal en apoyar a un régimen que niega cualquier derecho a sus súbditos, y cree que sería ilegal castigar a ese mismo régimen por matar a más de 1.400 de sus ciudadanos con armas químicas en una clara violación del derecho internacional. Así lo expresó a Independent Global News en septiembre de 2013.

Lo que Chomsky llama el «gobierno reconocido» de Siria es el régimen dinástico que lleva 52 años en el poder, precisamente la mitad de los 104 años que comprenden toda la historia del Estado sirio moderno. Durante estas cinco décadas, Siria ha sufrido dos veces conflictos internos. Hubo decenas de miles de víctimas en la primera oleada (1979-82) y cientos de miles en la segunda (2011 a la actualidad). Ambas están estructuralmente relacionadas con la configuración camaríllesca y discriminatoria del régimen.Comentaristas como Chomsky hacen notar su calificación del régimen como «brutal» y «monstruoso», pero apenas como el prefacio de lo que consideran que es el verdadero problema: el papel de Estados Unidos y sus aliados en la región. Se equivocan.

El carácter monstruoso del régimen es el hecho central de este conflicto y, aún más, de la historia de Siria desde 1970. Es la clave para entender la persistente catástrofe del país y la raíz de todo lo demás. Pero el enfoque de Chomsky tiene el efecto de relativizar los crímenes del régimen, que representan el 90% de las víctimas y la destrucción. Pareciera que si no se puede culpar a Estados Unidos de estos crímenes entonces no tienen una gran importancia.

También resulta bastante curioso que Chomsky mencione de forma más bien insulsa y despreocupada que cuando Irán extiende su influencia en la región, lo hace principalmente en las «zonas chiítas o zonas cercanas a las chiítas», como si esto fuera de alguna manera un hecho neutral sin implicaciones sociales y políticas destructivas. Los izquierdistas y nacionalistas de la región llamamos a esto sectarismo, fuente singularmente importante de conflictos civiles y masacres genocidas en muchos países. Chomsky parece no haberse familiarizado en absoluto con el trabajo de muchos intelectuales árabes, en su mayoría izquierdistas, sobre el sectarismo y sus efectos destructivos desde la década de 1970. Así que quizá habría que plantearle una pregunta spivakiana: ¿Pueden hablar los intelectuales subalternos? Basándome en mi reciente experiencia personal, la respuesta es que no. Mi carta a la Internacional Progresista sobre Siria no fue publicada, y sus integrantes dejaron de contactarme después de que les enviara la carta, aunque había sido suya la iniciativa hablar conmigo en abril de 2020 e invitarme a organizar todo un dossier sobre Siria para ellos. Aparentemente, no hay lugar para nosotros, los izquierdistas y demócratas sirios que nos oponemos al régimen de Assad, en una coalición progresista internacional.

Desde los días en que se planteó la «Cuestión Oriental», hace más de un siglo y medio, el sectarismo se ha desarrollado a través del nexo entre las intervenciones coloniales externas y las «extervenciones» internas, por así decirlo, cuando los grupos socioculturales nacionales se ven empujados a exigir la protección de las potencias externas. El imperialismo francés ofreció un ejemplo primordial de este paradigma hasta la independencia de Siria y El Líbano tras la Segunda Guerra Mundial, y esa historia sigue siendo relevante.

Al supervisar a las milicias chiítas importadas de Afganistán, Irak y Líbano, y al coordinarse con formaciones militares altamente sectarias como la Cuarta División del ejército sirio (dirigida por Maher al-Assad, hermano de Bashar) y otras agencias de seguridad igualmente sectarias, Irán no es meramente una «supuesta amenaza», como aseguró Chomsky en la misma entrevista; más bien es otra potencia colonial despiadada, que manipula de forma criminal las divisiones sociales que el régimen de Assad ha estado exacerbando durante medio siglo. Irán es culpable de crímenes de guerra contra personas sirias que se oponen al régimen.

Dentro de la teología de Chomsky, nada de esto es visible. La transformación de la república árabe más antigua en un estado privatizado con un creciente potencial genocida se derivó de perseguir la quimera de una seguridad permanente y absoluta, móvil que siempre ha conducido a atrocidades masivas en Siria y en todas partes, como sostiene Dirk Moses en «Los problemas del Genocidio: La seguridad permanente y el lenguaje de la transgresión». Esta transformación reaccionaria, la mayor en la historia de Siria después de la independencia, nunca ha merecido atención dentro de la perspectiva de Chomsky.

No es sorprendente que los sirios no estén representados en sus comentarios sobre Siria. Chomsky nunca se refiere a un sirio, ni cita a uno, ni siquiera menciona a un occidental que apoye la causa siria. Sus fuentes son personas como Patrick Cockburn, que considera al régimen un mal menor, y posiblemente el difunto Robert Fisk, el periodista británico que dio voz a asesinos sectarios como Jamil Hassan, el jefe de la notoria inteligencia de la fuerza aérea, y Suheil Hassan, el líder de las igualmente notorias Fuerzas Tigre, pero nunca a personas críticas hacia el régimen químico. Los tres comparten una perspectiva desde la «alta política» centrada en los «gobiernos reconocidos» -Rusia, Irán, Israel y Arabia Saudí- así como en los yihadistas y el imperialismo estadounidense.

De Cockburn, Chomsky toma prestada la noción de «wahabización del islam suní», que es una generalización precipitada e irresponsable, y por lo mismo resulta tan útil para quienes no saben y quieren que otros crean que saben. Esta generalización no difiere en absoluto del libro notoriamente racista de Raphael Patai, «La mente árabe», que proporcionó la base teórica para la tortura en Guantánamo y Abu Ghraib, según Judith Butler en «Marcos de guerra». Cockburn no le dijo nada a Chomsky sobre la iranización del islam chií, también una gran generalización, aunque un poco más plausible si se tiene en cuenta que los chiíes son un grupo minoritario en la mayoría de los países musulmanes y porque hay un centro imperial activo en Teherán.

Es bastante revelador, por cierto, que DAWN haya omitido las exoneraciones de Chomsky a Irán y su «actuación principalmente en las zonas chiítas o cercanas a las chiítas», en la versión árabe de su entrevista con él. Ellos tienen una mejor comprensión del tema, y parece que se sintieron avergonzados por lo que dijo.

Si la «wahabización de los árabes suníes» es el diagnóstico correcto de una enfermedad fundamentalista puesta de manifiesto por el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, entonces quizás el remedio correcto sería el tipo de deswahabización que hemos visto en la bestial prisión militar siria de Sednaya, Guantánamo o Abu Ghraib, donde se pueden probar y desarrollar «técnicas mejoradas de interrogatorio». Personajes como Cockburn y Chomsky han contribuido a insensibilizar a la opinión pública occidental ante lo que pueda ocurrir con el «rebaño wahabizado», algo que aumenta la precariedad de sus vidas y legitima las mismas guerras a las que Chomsky se opone.

Pero, ¿por qué Cockburn, que ni siquiera habla árabe, es «el comentarista más serio» sobre Siria y la región, según el coautor de «Fabricando el consenso»? ¿No hay gente en la región que sea capaz de comentar seriamente sus propios asuntos y representarse a sí misma? ¿Es concebible hoy en día que incluso los autores mainstream de Estados Unidos llamen a un periodista extranjero «el comentarista más serio» sobre otro país o región extranjera? En esta práctica inesperadamente colonial, Chomsky podría beneficiarse de una buena dosis de Edward Said.

Por cierto, hay unos cuantos libros en árabe sobre el islamismo contemporáneo, Siria y grupos como el Estado Islámico, más informativos y matizados que «El ascenso de Estado Islámico: ISIS y la nueva revolución sunita» de Cockburn, cuyo «análisis» sectarizante y conocimiento estereotípicamente colonial es regurgitado acríticamente por «el intelectual público vivo más citado del mundo». Fisk fue aún más mecánico al desplegar este método colonial de análisis. Estos tres hombres repiten cosas coloniales rancias, rehabilitadas por regímenes coloniales internos como el de Assad y por crueles potencias expansionistas como Irán y Rusia para su propio beneficio.

Lo que tanto Chomsky como su «comentarista más serio» ignoran es que el islamismo en todas sus variantes es un fenómeno minoritario y elitista, y esa es una de las razones por las que es tan violento. Las encuestas del Barómetro Árabe en 2018-19 mostraron que «menos del 20% de la gente en Túnez y Egipto (así como en Argelia, Jordania, Irak y Libia) confiaba en los partidos islamistas. Más del 76% estaría a favor de la democracia y el estado civil». Estas cifras se citan en el libro de Asef Bayat «Vida revolucionaria: El día a día de la primavera árabe». En este libro, publicado en 2021, encontramos un enfoque genuinamente democrático, una perspectiva subalterna, análisis matizados, respeto a los hechos, un antirracismo de principios, a diferencia de la teología de Chomsky y de su fuente. Siria no es en absoluto diferente de las sociedades que aparecen en la encuesta.

En los siguientes párrafos intentaré mostrar a los lectores cuán superficial es la tesis de la wahabización, aunque sin entrar en muchos detalles.

El islamismo contemporáneo es el intento de generar política en sociedades que no tienen una verdadera política interna, en Estados que tampoco tienen una verdadera soberanía a nivel internacional. Muestra los límites de la pobreza política en sociedades que han sufrido el politicidio, como Siria, Egipto, Libia, Túnez, Irak y Arabia Saudí. Porque la única «asamblea» que ni siquiera los regímenes exterminadores pueden disolver es la de los creyentes en los lugares de culto, y la única «opinión» que no pueden silenciar es la de las sagradas escrituras. Esta circunstancia es la razón por la cual los islamistas llegaron a desempeñar un papel relativamente importante en las últimas cuatro décadas. El Islam permitió a mucha gente reunirse y hablar, e incluso protestar sobre asuntos públicos.

Sin embargo, la estructura jerárquica y elitista del islamismo también enajena sistemáticamente a la gente de la política desde que el islamismo pasa de la protesta al poder. Incluso en el caso del yihadismo, que constituye una minoría aún más pequeña dentro de la minoría islamista, sería una simplificación excesiva reducirlo a un proceso de wahabización desencadenado por la monarquía saudí. Por el contrario, el yihadismo es una guerra que se libra cuando los Estados árabes y musulmanes modernos no pueden luchar contra los invasores extranjeros (estadounidenses, israelíes, etc.) y sólo pueden hacer la guerra contra sus súbditos. El Islam que fue formado por el imperio (en lugar de formarlo), se encarga de responder a esta condición a largo plazo de la deficiente soberanía de los Estados. Definitivamente hay un componente anticolonial y antiimperialista en la yihad, pero no lo capta la imaginación y la memoria imperialista mitificada del islamismo contemporáneo.

En Siria, en particular, la reducción de una mayoría sociocultural a una minoría política -con la discriminación, el politicidio, la tortura y las masacres como métodos para efectuar la minorización- tiene un considerable poder explicativo para comprender mejor el islamismo suní. Las personas no representadas, a las que se les niegan los derechos y la capacidad de organizarse, tienden a encontrar representación en sus identidades religiosas. La coincidencia con la tiranía estatal agresiva -que mira a los gobernados con el ojo gorgónico de la soberanía (unidad, matanza, excepción) y a las potencias regionales e internacionales con el ojo benigno de la política (pluralidad, negociación, reglas)- hace que el ascenso del islamismo violento sea una certeza histórica.

En nuestros Estados al revés, donde la guerra es hacia dentro y la política hacia fuera (a diferencia del Islam clásico y del tipo ideal de los Estados-nación modernos), el yihadismo contemporáneo representa la soberanía sin política, las guerras hacia fuera y hacia dentro. Me extiendo un poco en esta cuestión del fundamentalismo porque parece ser un punto importante en la teología de Chomsky y por el patético nivel de conocimiento sobre el islamismo en Occidente. En el análisis contemporáneo, los islamistas, y especialmente los yihadistas, parecen irracionales, irresponsables y sin sentido. Con esto como teoría, la solución no puede ser otra que remitirlos a Guantánamo, a Abu Ghraib, al Guantánamo de Europa (el campo de detención de al-Hol, en el noreste de Siria, donde miles de mujeres y niños, cientos de ellos de origen europeo, están detenidos indefinidamente por estar relacionados con algunos «combatientes ilegales» del Estado Islámico) o a Sednaya (y Tadmur en los años de mi juventud) sin derecho alguno, y dejarlos allí indefinidamente. Han sido convertidos en inhumanos, y por lo tanto sus vidas no importan.

¿El estudio serio del islamismo en su amplio espectro, desde los individuos practicantes hasta las organizaciones nihilistas como el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, justifica y legitima a estos últimos? En absoluto. Pero ciertamente puede ayudarnos a entender un fenómeno global importante y a evitar las batallas reaccionarias en las que estos islamistas, junto con sus poderosos homólogos de Occidente, Rusia, India y China, quieren que nos hundamos durante generaciones.

Las «ideas» de Chomsky al respecto no son más que otra expresión del fracaso de las humanidades occidentales para humanizar: Da por sentada la parte de la deshumanización, reproduce una versión pobre de la misma y la consolida. Existe una cuestión islámica global (islamismo más islamofobia, que es en realidad una mezcla de sunnifobia y arabofobia), y la forma en que el islam y el islamismo se representan en todas partes sólo parece trazar un camino hacia una carnicería cada vez mayor. En esto, el gurú criticado aquí es tan conservador como se puede llegar a ser.

La situación en Siria, con cinco potencias ocupantes, es instructiva para cualquiera que esté realmente interesado en mejorar su comprensión de la actual situación mundial. Tenemos a las fuerzas estadounidenses en una parte del país, a los rusos e iraníes protegiendo al «gobierno reconocido», a los turcos en otra parte, los cuatro con sus apoderados locales o importados; y antes de todo eso, tenemos a los israelíes, que han ocupado los Altos del Golán desde 1967 y han monopolizado los cielos de Siria en coordinación con los rusos.

Siria es una rara situación de «imperialismo líquido», parafraseando al difunto Zygmunt Baumann; sin embargo, el hecho de que haya cinco estados poderosos en un pequeño país, o lo que puede llamarse «imperialismo en un país», no parece interesar a Chomsky. No olvidemos tampoco que «los imperialistas conquistados», o los imperialistas sin imperio -me refiero a los yihadistas suníes procedentes de todo el mundo- siguen ahí. Esta compleja situación no puede explicarse relativizando los crímenes de los adversarios de Estados Unidos y absolutizando los de los estadounidenses.

Chomsky dice que la intervención de Rusia en Siria está «mal» pero «no es imperialista», porque «apoyar a un gobierno no es imperialismo». Rusia tiene muchas bases militares en Siria, ha alquilado el puerto de Tartous durante 49 años y ha matado a 23.000 civiles sirios en seis años. Putin y sus ayudantes se han jactado varias veces de haber probado con éxito más de 320 sistemas de armas en Siria y de que el 85% de los comandantes del ejército ruso adquirieron experiencia de combate en Siria. En 2018 y 2019, Rusia recibió pedidos de armas por valor de 51,100 y 55,000 millones de dólares. Estas acciones no figuran en absoluto en el análisis de Chomsky; en respuesta a la pregunta del médico sirio Taha Bali sobre el imperialismo ruso, Chomsky negó que tuviera lugar una práctica imperialista antes de pasar apresuradamente a su eterno monólogo: «¿Qué hace Estados Unidos? Apoya a los países que están desarrollando a los movimientos yihadistas», refiriéndose a la monarquía saudí.

Esta visión es bastante superficial, como espero que haya quedado claro a estas alturas. En todo caso, la falta de soberanía del Estado saudí y su necesidad de protectores extranjeros, más que su apoyo activo, es lo que explica el yihadismo. Osama bin Laden fue bastante claro en este punto en 1990 cuando pidió que los saudíes no permitieran que las tropas estadounidenses y de otros países tuvieran bases en el reino y dijo que sólo los musulmanes debían defender las tierras musulmanas. Sin embargo, el apoyo de Estados Unidos a los saudíes tampoco tendría que considerarse imperialismo, dado que el gobierno saudí también está reconocido por la ONU.

Una idea del vergonzoso nivel de conocimiento de Chomsky sobre Siria puede verse en la misma entrevista en vídeo en la que afirma que no hubo ningún levantamiento en Siria en 2012 (según nuestro conocimiento subalterno, el levantamiento comenzó en marzo de 2011) y luego da a entender que, si hubo manifestantes, estaban allí junto al Estado Islámico y otros grupos yihadistas.

Se entrevé de forma igualmente interesante el modo de pensar de Chomsky cuando, sobre la cuestión de la intervención humanitaria tras la masacre química de 2013, pregunta al mismo médico y activista sirio: ¿A quién deberían bombardear los estadounidenses en Siria? ¿Al régimen? Porque eso, por supuesto, socavaría el «frente de resistencia» a los yihadistas. La reducción de la lucha siria a este marco dominante por parte de Chomsky es compartida por Eric Zammour, el candidato presidencial de la derecha francesa, quien recientemente recomendó rehabilitar las relaciones con el régimen sirio porque las opciones son el statu quo o el Estado Islámico y el califato. Otro adepto es Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, que declaró en 2012 que Rusia no aceptaría el dominio suní en Siria. Chomsky tiene muchas ideas fijas, y parece más fácil mover montañas que esperar que las revise o admita errores.

En medio de todo esto, la crítica de Chomsky al papel de Estados Unidos en Siria parece totalmente superflua. Dado que Estados Unidos hizo exactamente lo que a Chomsky le gusta: Nunca bombardeó al régimen, combatió sólo a los yihadistas, pensó, como él, que o es Assad o es el yihadismo, y apoyó a los kurdos, a los que deseaba que el malvado Dios estadounidense protegiera (véase su participación en «Disidentes de la izquierda internacional», editado por Andy Heintz, 2019, página 26). ¿Por qué protegerlos a ellos, pero no a todos los demás? Los sirios han pedido protección internacional desde el otoño de 2011, unos seis meses después de su levantamiento totalmente pacífico, en vano. Sólo después de movilizar su propio poder colectivo pacífico y luego exigir la protección del mundo del que se creían parte, mucha gente empezó a recurrir a Alá, lo que fue bueno para los grupos alá-cráticos.

Curiosamente, Chomsky habla en el libro de Heintz como un general militar, diciéndole al hegemón imperialista estadounidense que «debería hacer todo lo posible para proteger a los kurdos en lugar de mantener las políticas pasadas de traición habitual». Por una vez, la intervención humanitaria es posible.

En realidad, los sirios han sido palestinizados mientras que el régimen se israeliza con Rusia ocupando el papel de Estados Unidos: vetando 16 veces una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para proteger al régimen de los señalamientos. Pero el pensamiento de Chomsky parece residir en la teología más que en la historia, libre de contexto o posición y eternamente válido, por lo tanto, inmutable. Este privilegio del sistema sobre el contexto y la posición explica que Chomsky haga referencia a la masacre química de Saddam Hussein en Halabja en 1988 en su entrevista con DAWN mientras que no menciona nada sobre las numerosas masacres químicas perpetradas por el régimen en Siria, aunque son mucho más recientes. A estas alturas debería estar desalentadoramente claro por qué: Estados Unidos estuvo implicado en la primera, por lo que sus víctimas son dignas de compasión. El papel de Estados Unidos en la masacre química siria fue más ambiguo: condenó el ataque pero se apartó de su propia línea roja y pasó a negociar un sórdido acuerdo con Rusia. El acontecimiento no se prestaba a la visión determinista de Chomsky, así que resolvió su disonancia cognitiva recurriendo a la negación.

«No resulta tan obvio por qué el régimen de Assad habría llevado a cabo un ataque de guerra química en un momento en que está prácticamente ganando la guerra», dijo. Bueno, no resulta tan obvio por qué los nazis habrían llevado a cabo ejecuciones en cámaras de gas en un momento en el que estaban prácticamente ganando la guerra en el Este. Durante al menos seis meses, Hannah Arendt dudó de la existencia misma de las cámaras de gas porque no eran militarmente necesarias. Tampoco resultaba obvio por qué el ejército estadounidense humillaba, aterrorizaba y torturaba a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib después de haber derrocado con éxito al régimen de Saddam. Incluso no es obvio por qué el propio régimen de Assad seguiría torturando a personas en su calabozo durante años, sólo para ejecutarlas al final.

Sustituyendo los hechos por una lógica primitiva, el comentario de Chomsky sobre las masacres de agosto de 2013 no es una expresión de conocimiento, sino de negación basada en un razonamiento interesado. No era imposible para él leer los informes de Ghouta Oriental, basados en la investigación de campo y el activismo, de gente como el gran Razan Zeitouneh, traducidos al inglés, y publicados justo después de la enorme masacre de agosto de 2013 (ver aquí y aquí). Pero Chomsky nunca ha permitido que los hechos compliquen sus ordenados esquemas. En su análisis, los activistas y escritores sirios son invisibles, inexistentes de hecho.

Chomsky apoyó a Ted Postol, el teórico de la conspiración que niega la masacre química de Khan Sheikhoun, donde murieron 92 personas el 4 de abril de 2017. Este «profesor del MIT» fue descrito por el camarada Noam como «un analista muy serio y creíble», comparable sin duda al «comentarista más serio.» ¿Hay personas en Khan Sheikhoun con las que se pueda entablar contacto y preguntar sobre lo que ha sucedido a su comunidad y quién creen que fue el responsable de matar a sus seres queridos? No en el mundo de los «profesores del MIT». En nuestro mundo, el subalterno puede tener voz, pero no tiene audiencia dentro de las universidades estadounidenses de élite.

Uno llega a la conclusión de que un crimen es un crimen cuando lo comete el imperialismo estadounidense o se comete contra quienes no son sus aliados. Por el contrario, un crimen no es gran cosa cuando los autores no son los estadounidenses o las víctimas son sólo de las comunidades «wahabizadas». No hay nada «criminal» o «ilegal» en matar a los de esta última categoría. Incluso el apoyo a un régimen monstruoso no puede ser criminal, porque ese mismo monstruo es un gobierno.

El «gobierno» de Siria dirige una máquina de tortura; es extremadamente corrupto, extremadamente sectario y extremadamente destructor de la verdad. En un mundo cuerdo esto significa que es ilegítimo. Es una junta bajo cuyo largo gobierno Siria ha pasado de ser un país subdesarrollado a un matadero sin remedio. En los 52 años de gobierno de la familia Assad, se ha legitimado utilizando el tropo colonial de «proteger a las minorías». Otra idea legitimadora utilizada por el régimen después de la revolución es la guerra imperialista contra el terror, el único «gran relato» que queda en nuestro planeta, y la base de las alianzas criminales contra los movimientos populares y a favor de las juntas criminales en todas partes. Por lo tanto, es extraordinario que Chomsky, un autoproclamado anarquista, justifique la intervención rusa en Siria porque fue invitada por su «gobierno reconocido».

La osificación del sistema de pensamiento de Chomsky explica la paradoja de calificar al régimen de brutal y monstruoso sin poder decir una sola frase positiva sobre ninguno de los que han luchado contra él. Entre otras cosas, su sistema estrangula su mejor juicio. No puede ser ciego al hecho de que el régimen dinástico de los Assad es uno de los peores del planeta. En cambio, Chomsky se guía por un sistema muerto, indiferente al legítimo deseo de la gente de no vivir bajo una tiranía violenta, así como a la magnitud del sufrimiento y el dolor humanos que se les inflige cuando actúan de acuerdo con ese deseo. Se aferra a un sistema reificado porque funciona como lenguaje común que comparte con sus fans y seguidores. Por eso le cuesta más disentir de este sistema que del sistema imperialista estadounidense. En el Islam, llaman a la primera disidencia la yihad mayor. Siempre es más fácil luchar contra los enemigos declarados que contra el propio discurso y yo imperial.

Siendo yo mismo un izquierdista de toda la vida, lo que me ha impactado en el discurso izquierdista occidental sobre Siria no ha sido la posición poco fraternal, antidemocrática y antipática de muchos de los implicados, sino la trivialidad del debate, una combinación embrutecedora de ignorancia y arrogancia. Siria nunca ha sido el foco del debate; más bien ha sido sólo una herramienta para reiterar viejos dogmas sobre el imperialismo estadounidense y sus intrigas. Es la misma cáscara solipsista dentro de la cual prosperan Cockburn y Fisk. Chomsky no puede reconocer a los sirios porque desestabilizamos este sistema, complicamos el lenguaje e insistimos en nuestro derecho a representarnos.

Algunos lectores pueden encontrar esta crítica dura y emocional en su refutación de un supuesto aliado. Lo es. Y lo es precisamente porque se suponía que era un aliado. Chomsky es bastante influyente, y es responsable de la difusión de juicios erróneos y apatía sobre la mayor lucha de este siglo. Ya no es una conducta correcta absolverle de las críticas, como hemos hecho hasta ahora los escritores y activistas sirios. El problema con Chomsky no es que sepa poco sobre Siria (que de hecho es el caso); el problema es que nunca puede decir «no sé». Desde su perspectiva, es tan omnisciente como omnipotente es el imperialismo estadounidense. Lamento decir que su sensibilidad es aún menor a lo poco que sabe, como lo demuestra su imperdonable comentario sobre la masacre química de 2013. Puede conducirse como polemista de una manera bastante deshonrosa, como demuestra un largo intercambio de correos electrónicos entre él y Sam Hamad en 2017. Lo que parecía estar en juego para él es su propia corrección, no el destino de millones de personas. Semejante insularidad es un insulto a cualquier política verdaderamente de izquierda y liberadora, y merece ser dejada atrás.

Si algo ha hecho Chomsky es contribuir a invisibilizar a los activistas y escritores sirios que luchan por la democracia y la justicia social, en lugar de ayudar a hacernos más visibles a nosotros y a nuestra causa. Difícilmente el comportamiento de un aliado.

Es fácil detectar un fuerte componente imperialista en el antiimperialismo verticalista de Chomsky, que simplemente no ve a la gente corriente en su lucha por la vida y la dignidad; sin embargo, no se abstiene de informarnos acerca de lo que es una lucha genuina, qué amenazas son reales y cuáles son supuestas, y a quién se le permite darles sentido. Anexar todas las luchas a aquella que Chomsky y los suyos decidan no es diferente de anexionar otras tierras a un centro imperialista. Lo primero reclama la istiklaliyya (independencia como mentalidad) y lo otro el istiklal (autogobierno). El antiimperialista imperialista siempre sabe lo que conviene sin molestarse en estudiar. Los hechos prosaicos no son importantes.

La influencia de Chomsky en el extranjero supera incluso a los presidentes estadounidenses en cuanto a su poder simbólico; sin embargo, a diferencia de ellos, no está sujeto ni siquiera a los «controles y equilibrios» teóricos. Es intimidante criticar a una autoridad así. Puede ser peligrosamente intimidante criticar a las autoridades políticas, como sigue ocurriendo en mi país, en Rusia, en Irán y en muchas partes del mundo. Pero es nuestro deber como agentes éticos en las luchas contemporáneas por la libertad y la justicia cuestionar a estas autoridades y mostrar sus limitaciones. He intentado mostrar que, en relación con la causa siria, esta autoridad concreta carece de información básica, de análisis matizados, de curiosidad intelectual y de empatía humana. Es justo decir que se trata de una autoridad inconstitucional, incluso absoluta y arbitraria.

Veinticinco años después de haber traducido «Poderes y perspectivas», encuentro que su autor cierra decisivamente cualquier perspectiva de un futuro diferente. La perspectiva de Chomsky contradice a la democracia en muchos aspectos fundamentales: alta política, americanocentrismo, jabriyyah, omnisciencia, desatención a lo contingente y a lo sorprendente (que es la historia), antiimperialismo imperialista verticalista, y una negación total de la agencia de los pueblos que luchan por la libertad y la justicia. El sistema de pensamiento de esta autoridad es autoritario. Es un establecimiento del que hay que disentir tanto como del comunismo soviético y sus derivados.


*Yassin al-Haj Saleh es un escritor sirio y ex preso político. Artículo publicado originalmente en inglés por New Lines Magazine.

https://mst-rd.org/2022/03/23/chomsky-y-siria/

Lo leeré, ahora no puedo.
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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por Pike 06.05.22 11:00

Ahora me diréis que este vídeo es lo más normal del mundo. Laughing Laughing Laughing Laughing

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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por atila 06.05.22 11:01

káiser escribió:
pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Chomsky. En otro momento tal vez hable de los otros. Algún apunte sobre Chomsky, es posible que el mayor intelectual de izquierdas salido de USA en los últimos 50 años. Un referente al que leí ávidamente allá por los 90 y sentía una gran afinidad y admiración.

Y al que leo, veo o escucho desde hará 10 años, seguramente más, y siento, no sé, ¿pena? Sus exhibiciones de creencias fosilizadas, pereza intelectual, ignorancia de referentes modernos fuera de USA, ombliguismo y vanidad, son muy tristes. Por decirlo en términos vulgares, chochea.

Hace poco leí esto de Yassin al-Haj Saleh, escritor e intelectual sirio, un tipo que pasó 16 años en la cárcel, acerca de Chomsky:

Arrow https://newlinesmag.com/review/chomsky-is-no-friend-of-the-syrian-revolution/

Está en inglés, pero he encontrado una traducción al español. Para el que le interese ahí va tochaco:  Vaya tocho macho

Yassin al-Haj Saleh

Apenas tres semanas después de ser liberado, tras 16 años de prisión en Siria, comencé a traducir un libro al árabe. El libro era «Perspectivas sobre el poder: reflexiones sobre la naturaleza humana y el orden social», de Noam Chomsky. Me había tomado un tiempo darme cuenta de que el importante lingüista y el duro crítico del imperialismo estadounidense eran la misma persona. Me pareció un ejemplo notable y muy necesario de la responsabilidad social y política de los científicos e intelectuales. Su participación activa en el movimiento por los derechos civiles y la movilización contra la guerra de Vietnam fueron impresionantes, junto con sus prolíficos escritos tanto sobre lingüística como sobre política. En el libro que traduje, había dos ensayos sobre lingüística, uno sobre la responsabilidad del intelectual y cinco sobre política.

Para los antiguos presos políticos comunistas que habían pasado largos años detenidos y habían vivido la caída del comunismo mientras estaban en la cárcel, este referente estadounidense era importante. Nos dijo que la lucha por la justicia y la libertad aún era posible, que teníamos compañeros en el mundo y que no estábamos solos, y que la caída del bloque soviético podía ser emancipadora, no una pérdida desgarradora.

El segundo libro en cuya traducción trabajé junto a otro ex preso político fue «Una vida de disensión» de Robert Barsky. Era sobre la vida y la política de Chomsky. Incluso en aquella etapa temprana, teníamos algunas críticas al rígido sistema de pensamiento de Chomsky, limitado por su EE.UU.-centrismo, que sólo resulta parcialmente útil para analizar muchas luchas, la nuestra incluida. Nosotros mismos éramos disidentes en nuestro país y en dos niveles: oponiéndonos a un régimen que mostraba flagrantes tendencias discriminatorias y opresivas, y expresando opiniones críticas sobre la Unión Soviética y su comunismo. Un principio fundamental del partido en el cual yo era un joven militante era la istiklaliyya (independencia o autonomía), que significaba que éramos nosotros, y sólo nosotros, los que decidíamos las políticas adecuadas para nuestro país y nuestro pueblo, no ningún centro en el extranjero. De tal forma que no éramos huérfanos en busca de un nuevo padre, ni nos movía el deseo de sustituir el marxismo-leninismo por una especie de catecismo chomskiano. Sin embargo, siempre pensamos que nuestra causa era la misma: luchar contra la desigualdad y la opresión en todas partes, y sobre una base de igualdad y fraternidad.

Pero el tiempo reveló que se trataba de una ilusión, de la cual somos sus únicos responsables. En los 11 años transcurridos desde el inicio de la revolución siria en marzo de 2011, Chomsky no ha escrito ni una sola vez sobre Siria para informar a sus numerosos lectores sobre el drama del país. Sus comentarios dispersos revelan que ve la lucha siria -como ocurre con todas las demás luchas- únicamente a través del marco del imperialismo estadounidense. Por lo tanto, es ciego a las especificidades de la política, la sociedad, la economía y la historia de Siria.

Es más, su percepción del papel de Estados Unidos ha pasado de un americanocentrismo provinciano a una especie de teología, en la que Estados Unidos ocupa el lugar de Dios: aunque sea un Dios maligno es el único motorizador. Como resulta comprensible, esta perspectiva cuestiona la autonomía de otros actores, lo que nos trae ecos de los debates sobre el libre albedrío de los teólogos islámicos de hace unos 1.200 años. Chomsky parece estar más cerca de los jabriyyeen, que niegan totalmente la libertad humana y constatan la omnipotencia de Dios, que de los qadariyyeen, que pensaban que la justicia de Dios y la libertad humana iban juntas.

Los yihadistas actuales se adhieren principalmente a la tradición del jabriyyah. Chomsky ha sido persistente en su propia yihad durante décadas, de una forma que recuerda a Ibn Hanbal o Ibn Timiyyah, aunque sin arriesgar la libertad o la vida como hicieron los dos padres del salafismo moderno (salvo dutante su breve detención tras una protesta en el Pentágono durante la guerra de Vietnam).

Estados Unidos nunca ha sido una fuerza a favor de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos en Oriente Medio. Su papel destructivo en la región, desde por lo menos 1967, se compara justificadamente con el papel de la tiranía estatal y posiblemente del nihilismo islámico tras la ocupación estadounidense de Irak. Sin embargo, Estados Unidos no ha sido el protagonista central de la catástrofe siria, como lo admite una declaración que el propio Chomsky firmó en marzo de 2021. Lo más que ha hecho Estados Unidos es esforzarse por no perjudicar al régimen de Assad, incluso después de que éste violara el derecho internacional que prohíbe el uso de armas químicas y cruzara la «línea roja» del entonces presidente Barack Obama en 2013, tal y como lo hizo muchas veces antes y después de ello.

La perspectiva americanocentrista de Chomsky tiende sistemáticamente a minimizar los crímenes de los Estados que se oponen a Estados Unidos. En una entrevista reciente publicada por el periódico DAWN, en enero de 2022, él dijo: «Difícilmente se puede acusar a Irán de comportamiento ilegal o criminal por apoyar al gobierno reconocido [por las Naciones Unidas]» en Siria. Apoyar a un régimen que el propio Chomsky describe como «monstruoso» no es criminal ni ilegal, insiste. No encuentra nada ilegal en apoyar a un régimen que niega cualquier derecho a sus súbditos, y cree que sería ilegal castigar a ese mismo régimen por matar a más de 1.400 de sus ciudadanos con armas químicas en una clara violación del derecho internacional. Así lo expresó a Independent Global News en septiembre de 2013.

Lo que Chomsky llama el «gobierno reconocido» de Siria es el régimen dinástico que lleva 52 años en el poder, precisamente la mitad de los 104 años que comprenden toda la historia del Estado sirio moderno. Durante estas cinco décadas, Siria ha sufrido dos veces conflictos internos. Hubo decenas de miles de víctimas en la primera oleada (1979-82) y cientos de miles en la segunda (2011 a la actualidad). Ambas están estructuralmente relacionadas con la configuración camaríllesca y discriminatoria del régimen.Comentaristas como Chomsky hacen notar su calificación del régimen como «brutal» y «monstruoso», pero apenas como el prefacio de lo que consideran que es el verdadero problema: el papel de Estados Unidos y sus aliados en la región. Se equivocan.

El carácter monstruoso del régimen es el hecho central de este conflicto y, aún más, de la historia de Siria desde 1970. Es la clave para entender la persistente catástrofe del país y la raíz de todo lo demás. Pero el enfoque de Chomsky tiene el efecto de relativizar los crímenes del régimen, que representan el 90% de las víctimas y la destrucción. Pareciera que si no se puede culpar a Estados Unidos de estos crímenes entonces no tienen una gran importancia.

También resulta bastante curioso que Chomsky mencione de forma más bien insulsa y despreocupada que cuando Irán extiende su influencia en la región, lo hace principalmente en las «zonas chiítas o zonas cercanas a las chiítas», como si esto fuera de alguna manera un hecho neutral sin implicaciones sociales y políticas destructivas. Los izquierdistas y nacionalistas de la región llamamos a esto sectarismo, fuente singularmente importante de conflictos civiles y masacres genocidas en muchos países. Chomsky parece no haberse familiarizado en absoluto con el trabajo de muchos intelectuales árabes, en su mayoría izquierdistas, sobre el sectarismo y sus efectos destructivos desde la década de 1970. Así que quizá habría que plantearle una pregunta spivakiana: ¿Pueden hablar los intelectuales subalternos? Basándome en mi reciente experiencia personal, la respuesta es que no. Mi carta a la Internacional Progresista sobre Siria no fue publicada, y sus integrantes dejaron de contactarme después de que les enviara la carta, aunque había sido suya la iniciativa hablar conmigo en abril de 2020 e invitarme a organizar todo un dossier sobre Siria para ellos. Aparentemente, no hay lugar para nosotros, los izquierdistas y demócratas sirios que nos oponemos al régimen de Assad, en una coalición progresista internacional.

Desde los días en que se planteó la «Cuestión Oriental», hace más de un siglo y medio, el sectarismo se ha desarrollado a través del nexo entre las intervenciones coloniales externas y las «extervenciones» internas, por así decirlo, cuando los grupos socioculturales nacionales se ven empujados a exigir la protección de las potencias externas. El imperialismo francés ofreció un ejemplo primordial de este paradigma hasta la independencia de Siria y El Líbano tras la Segunda Guerra Mundial, y esa historia sigue siendo relevante.

Al supervisar a las milicias chiítas importadas de Afganistán, Irak y Líbano, y al coordinarse con formaciones militares altamente sectarias como la Cuarta División del ejército sirio (dirigida por Maher al-Assad, hermano de Bashar) y otras agencias de seguridad igualmente sectarias, Irán no es meramente una «supuesta amenaza», como aseguró Chomsky en la misma entrevista; más bien es otra potencia colonial despiadada, que manipula de forma criminal las divisiones sociales que el régimen de Assad ha estado exacerbando durante medio siglo. Irán es culpable de crímenes de guerra contra personas sirias que se oponen al régimen.

Dentro de la teología de Chomsky, nada de esto es visible. La transformación de la república árabe más antigua en un estado privatizado con un creciente potencial genocida se derivó de perseguir la quimera de una seguridad permanente y absoluta, móvil que siempre ha conducido a atrocidades masivas en Siria y en todas partes, como sostiene Dirk Moses en «Los problemas del Genocidio: La seguridad permanente y el lenguaje de la transgresión». Esta transformación reaccionaria, la mayor en la historia de Siria después de la independencia, nunca ha merecido atención dentro de la perspectiva de Chomsky.

No es sorprendente que los sirios no estén representados en sus comentarios sobre Siria. Chomsky nunca se refiere a un sirio, ni cita a uno, ni siquiera menciona a un occidental que apoye la causa siria. Sus fuentes son personas como Patrick Cockburn, que considera al régimen un mal menor, y posiblemente el difunto Robert Fisk, el periodista británico que dio voz a asesinos sectarios como Jamil Hassan, el jefe de la notoria inteligencia de la fuerza aérea, y Suheil Hassan, el líder de las igualmente notorias Fuerzas Tigre, pero nunca a personas críticas hacia el régimen químico. Los tres comparten una perspectiva desde la «alta política» centrada en los «gobiernos reconocidos» -Rusia, Irán, Israel y Arabia Saudí- así como en los yihadistas y el imperialismo estadounidense.

De Cockburn, Chomsky toma prestada la noción de «wahabización del islam suní», que es una generalización precipitada e irresponsable, y por lo mismo resulta tan útil para quienes no saben y quieren que otros crean que saben. Esta generalización no difiere en absoluto del libro notoriamente racista de Raphael Patai, «La mente árabe», que proporcionó la base teórica para la tortura en Guantánamo y Abu Ghraib, según Judith Butler en «Marcos de guerra». Cockburn no le dijo nada a Chomsky sobre la iranización del islam chií, también una gran generalización, aunque un poco más plausible si se tiene en cuenta que los chiíes son un grupo minoritario en la mayoría de los países musulmanes y porque hay un centro imperial activo en Teherán.

Es bastante revelador, por cierto, que DAWN haya omitido las exoneraciones de Chomsky a Irán y su «actuación principalmente en las zonas chiítas o cercanas a las chiítas», en la versión árabe de su entrevista con él. Ellos tienen una mejor comprensión del tema, y parece que se sintieron avergonzados por lo que dijo.

Si la «wahabización de los árabes suníes» es el diagnóstico correcto de una enfermedad fundamentalista puesta de manifiesto por el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, entonces quizás el remedio correcto sería el tipo de deswahabización que hemos visto en la bestial prisión militar siria de Sednaya, Guantánamo o Abu Ghraib, donde se pueden probar y desarrollar «técnicas mejoradas de interrogatorio». Personajes como Cockburn y Chomsky han contribuido a insensibilizar a la opinión pública occidental ante lo que pueda ocurrir con el «rebaño wahabizado», algo que aumenta la precariedad de sus vidas y legitima las mismas guerras a las que Chomsky se opone.

Pero, ¿por qué Cockburn, que ni siquiera habla árabe, es «el comentarista más serio» sobre Siria y la región, según el coautor de «Fabricando el consenso»? ¿No hay gente en la región que sea capaz de comentar seriamente sus propios asuntos y representarse a sí misma? ¿Es concebible hoy en día que incluso los autores mainstream de Estados Unidos llamen a un periodista extranjero «el comentarista más serio» sobre otro país o región extranjera? En esta práctica inesperadamente colonial, Chomsky podría beneficiarse de una buena dosis de Edward Said.

Por cierto, hay unos cuantos libros en árabe sobre el islamismo contemporáneo, Siria y grupos como el Estado Islámico, más informativos y matizados que «El ascenso de Estado Islámico: ISIS y la nueva revolución sunita» de Cockburn, cuyo «análisis» sectarizante y conocimiento estereotípicamente colonial es regurgitado acríticamente por «el intelectual público vivo más citado del mundo». Fisk fue aún más mecánico al desplegar este método colonial de análisis. Estos tres hombres repiten cosas coloniales rancias, rehabilitadas por regímenes coloniales internos como el de Assad y por crueles potencias expansionistas como Irán y Rusia para su propio beneficio.

Lo que tanto Chomsky como su «comentarista más serio» ignoran es que el islamismo en todas sus variantes es un fenómeno minoritario y elitista, y esa es una de las razones por las que es tan violento. Las encuestas del Barómetro Árabe en 2018-19 mostraron que «menos del 20% de la gente en Túnez y Egipto (así como en Argelia, Jordania, Irak y Libia) confiaba en los partidos islamistas. Más del 76% estaría a favor de la democracia y el estado civil». Estas cifras se citan en el libro de Asef Bayat «Vida revolucionaria: El día a día de la primavera árabe». En este libro, publicado en 2021, encontramos un enfoque genuinamente democrático, una perspectiva subalterna, análisis matizados, respeto a los hechos, un antirracismo de principios, a diferencia de la teología de Chomsky y de su fuente. Siria no es en absoluto diferente de las sociedades que aparecen en la encuesta.

En los siguientes párrafos intentaré mostrar a los lectores cuán superficial es la tesis de la wahabización, aunque sin entrar en muchos detalles.

El islamismo contemporáneo es el intento de generar política en sociedades que no tienen una verdadera política interna, en Estados que tampoco tienen una verdadera soberanía a nivel internacional. Muestra los límites de la pobreza política en sociedades que han sufrido el politicidio, como Siria, Egipto, Libia, Túnez, Irak y Arabia Saudí. Porque la única «asamblea» que ni siquiera los regímenes exterminadores pueden disolver es la de los creyentes en los lugares de culto, y la única «opinión» que no pueden silenciar es la de las sagradas escrituras. Esta circunstancia es la razón por la cual los islamistas llegaron a desempeñar un papel relativamente importante en las últimas cuatro décadas. El Islam permitió a mucha gente reunirse y hablar, e incluso protestar sobre asuntos públicos.

Sin embargo, la estructura jerárquica y elitista del islamismo también enajena sistemáticamente a la gente de la política desde que el islamismo pasa de la protesta al poder. Incluso en el caso del yihadismo, que constituye una minoría aún más pequeña dentro de la minoría islamista, sería una simplificación excesiva reducirlo a un proceso de wahabización desencadenado por la monarquía saudí. Por el contrario, el yihadismo es una guerra que se libra cuando los Estados árabes y musulmanes modernos no pueden luchar contra los invasores extranjeros (estadounidenses, israelíes, etc.) y sólo pueden hacer la guerra contra sus súbditos. El Islam que fue formado por el imperio (en lugar de formarlo), se encarga de responder a esta condición a largo plazo de la deficiente soberanía de los Estados. Definitivamente hay un componente anticolonial y antiimperialista en la yihad, pero no lo capta la imaginación y la memoria imperialista mitificada del islamismo contemporáneo.

En Siria, en particular, la reducción de una mayoría sociocultural a una minoría política -con la discriminación, el politicidio, la tortura y las masacres como métodos para efectuar la minorización- tiene un considerable poder explicativo para comprender mejor el islamismo suní. Las personas no representadas, a las que se les niegan los derechos y la capacidad de organizarse, tienden a encontrar representación en sus identidades religiosas. La coincidencia con la tiranía estatal agresiva -que mira a los gobernados con el ojo gorgónico de la soberanía (unidad, matanza, excepción) y a las potencias regionales e internacionales con el ojo benigno de la política (pluralidad, negociación, reglas)- hace que el ascenso del islamismo violento sea una certeza histórica.

En nuestros Estados al revés, donde la guerra es hacia dentro y la política hacia fuera (a diferencia del Islam clásico y del tipo ideal de los Estados-nación modernos), el yihadismo contemporáneo representa la soberanía sin política, las guerras hacia fuera y hacia dentro. Me extiendo un poco en esta cuestión del fundamentalismo porque parece ser un punto importante en la teología de Chomsky y por el patético nivel de conocimiento sobre el islamismo en Occidente. En el análisis contemporáneo, los islamistas, y especialmente los yihadistas, parecen irracionales, irresponsables y sin sentido. Con esto como teoría, la solución no puede ser otra que remitirlos a Guantánamo, a Abu Ghraib, al Guantánamo de Europa (el campo de detención de al-Hol, en el noreste de Siria, donde miles de mujeres y niños, cientos de ellos de origen europeo, están detenidos indefinidamente por estar relacionados con algunos «combatientes ilegales» del Estado Islámico) o a Sednaya (y Tadmur en los años de mi juventud) sin derecho alguno, y dejarlos allí indefinidamente. Han sido convertidos en inhumanos, y por lo tanto sus vidas no importan.

¿El estudio serio del islamismo en su amplio espectro, desde los individuos practicantes hasta las organizaciones nihilistas como el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, justifica y legitima a estos últimos? En absoluto. Pero ciertamente puede ayudarnos a entender un fenómeno global importante y a evitar las batallas reaccionarias en las que estos islamistas, junto con sus poderosos homólogos de Occidente, Rusia, India y China, quieren que nos hundamos durante generaciones.

Las «ideas» de Chomsky al respecto no son más que otra expresión del fracaso de las humanidades occidentales para humanizar: Da por sentada la parte de la deshumanización, reproduce una versión pobre de la misma y la consolida. Existe una cuestión islámica global (islamismo más islamofobia, que es en realidad una mezcla de sunnifobia y arabofobia), y la forma en que el islam y el islamismo se representan en todas partes sólo parece trazar un camino hacia una carnicería cada vez mayor. En esto, el gurú criticado aquí es tan conservador como se puede llegar a ser.

La situación en Siria, con cinco potencias ocupantes, es instructiva para cualquiera que esté realmente interesado en mejorar su comprensión de la actual situación mundial. Tenemos a las fuerzas estadounidenses en una parte del país, a los rusos e iraníes protegiendo al «gobierno reconocido», a los turcos en otra parte, los cuatro con sus apoderados locales o importados; y antes de todo eso, tenemos a los israelíes, que han ocupado los Altos del Golán desde 1967 y han monopolizado los cielos de Siria en coordinación con los rusos.

Siria es una rara situación de «imperialismo líquido», parafraseando al difunto Zygmunt Baumann; sin embargo, el hecho de que haya cinco estados poderosos en un pequeño país, o lo que puede llamarse «imperialismo en un país», no parece interesar a Chomsky. No olvidemos tampoco que «los imperialistas conquistados», o los imperialistas sin imperio -me refiero a los yihadistas suníes procedentes de todo el mundo- siguen ahí. Esta compleja situación no puede explicarse relativizando los crímenes de los adversarios de Estados Unidos y absolutizando los de los estadounidenses.

Chomsky dice que la intervención de Rusia en Siria está «mal» pero «no es imperialista», porque «apoyar a un gobierno no es imperialismo». Rusia tiene muchas bases militares en Siria, ha alquilado el puerto de Tartous durante 49 años y ha matado a 23.000 civiles sirios en seis años. Putin y sus ayudantes se han jactado varias veces de haber probado con éxito más de 320 sistemas de armas en Siria y de que el 85% de los comandantes del ejército ruso adquirieron experiencia de combate en Siria. En 2018 y 2019, Rusia recibió pedidos de armas por valor de 51,100 y 55,000 millones de dólares. Estas acciones no figuran en absoluto en el análisis de Chomsky; en respuesta a la pregunta del médico sirio Taha Bali sobre el imperialismo ruso, Chomsky negó que tuviera lugar una práctica imperialista antes de pasar apresuradamente a su eterno monólogo: «¿Qué hace Estados Unidos? Apoya a los países que están desarrollando a los movimientos yihadistas», refiriéndose a la monarquía saudí.

Esta visión es bastante superficial, como espero que haya quedado claro a estas alturas. En todo caso, la falta de soberanía del Estado saudí y su necesidad de protectores extranjeros, más que su apoyo activo, es lo que explica el yihadismo. Osama bin Laden fue bastante claro en este punto en 1990 cuando pidió que los saudíes no permitieran que las tropas estadounidenses y de otros países tuvieran bases en el reino y dijo que sólo los musulmanes debían defender las tierras musulmanas. Sin embargo, el apoyo de Estados Unidos a los saudíes tampoco tendría que considerarse imperialismo, dado que el gobierno saudí también está reconocido por la ONU.

Una idea del vergonzoso nivel de conocimiento de Chomsky sobre Siria puede verse en la misma entrevista en vídeo en la que afirma que no hubo ningún levantamiento en Siria en 2012 (según nuestro conocimiento subalterno, el levantamiento comenzó en marzo de 2011) y luego da a entender que, si hubo manifestantes, estaban allí junto al Estado Islámico y otros grupos yihadistas.

Se entrevé de forma igualmente interesante el modo de pensar de Chomsky cuando, sobre la cuestión de la intervención humanitaria tras la masacre química de 2013, pregunta al mismo médico y activista sirio: ¿A quién deberían bombardear los estadounidenses en Siria? ¿Al régimen? Porque eso, por supuesto, socavaría el «frente de resistencia» a los yihadistas. La reducción de la lucha siria a este marco dominante por parte de Chomsky es compartida por Eric Zammour, el candidato presidencial de la derecha francesa, quien recientemente recomendó rehabilitar las relaciones con el régimen sirio porque las opciones son el statu quo o el Estado Islámico y el califato. Otro adepto es Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, que declaró en 2012 que Rusia no aceptaría el dominio suní en Siria. Chomsky tiene muchas ideas fijas, y parece más fácil mover montañas que esperar que las revise o admita errores.

En medio de todo esto, la crítica de Chomsky al papel de Estados Unidos en Siria parece totalmente superflua. Dado que Estados Unidos hizo exactamente lo que a Chomsky le gusta: Nunca bombardeó al régimen, combatió sólo a los yihadistas, pensó, como él, que o es Assad o es el yihadismo, y apoyó a los kurdos, a los que deseaba que el malvado Dios estadounidense protegiera (véase su participación en «Disidentes de la izquierda internacional», editado por Andy Heintz, 2019, página 26). ¿Por qué protegerlos a ellos, pero no a todos los demás? Los sirios han pedido protección internacional desde el otoño de 2011, unos seis meses después de su levantamiento totalmente pacífico, en vano. Sólo después de movilizar su propio poder colectivo pacífico y luego exigir la protección del mundo del que se creían parte, mucha gente empezó a recurrir a Alá, lo que fue bueno para los grupos alá-cráticos.

Curiosamente, Chomsky habla en el libro de Heintz como un general militar, diciéndole al hegemón imperialista estadounidense que «debería hacer todo lo posible para proteger a los kurdos en lugar de mantener las políticas pasadas de traición habitual». Por una vez, la intervención humanitaria es posible.

En realidad, los sirios han sido palestinizados mientras que el régimen se israeliza con Rusia ocupando el papel de Estados Unidos: vetando 16 veces una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para proteger al régimen de los señalamientos. Pero el pensamiento de Chomsky parece residir en la teología más que en la historia, libre de contexto o posición y eternamente válido, por lo tanto, inmutable. Este privilegio del sistema sobre el contexto y la posición explica que Chomsky haga referencia a la masacre química de Saddam Hussein en Halabja en 1988 en su entrevista con DAWN mientras que no menciona nada sobre las numerosas masacres químicas perpetradas por el régimen en Siria, aunque son mucho más recientes. A estas alturas debería estar desalentadoramente claro por qué: Estados Unidos estuvo implicado en la primera, por lo que sus víctimas son dignas de compasión. El papel de Estados Unidos en la masacre química siria fue más ambiguo: condenó el ataque pero se apartó de su propia línea roja y pasó a negociar un sórdido acuerdo con Rusia. El acontecimiento no se prestaba a la visión determinista de Chomsky, así que resolvió su disonancia cognitiva recurriendo a la negación.

«No resulta tan obvio por qué el régimen de Assad habría llevado a cabo un ataque de guerra química en un momento en que está prácticamente ganando la guerra», dijo. Bueno, no resulta tan obvio por qué los nazis habrían llevado a cabo ejecuciones en cámaras de gas en un momento en el que estaban prácticamente ganando la guerra en el Este. Durante al menos seis meses, Hannah Arendt dudó de la existencia misma de las cámaras de gas porque no eran militarmente necesarias. Tampoco resultaba obvio por qué el ejército estadounidense humillaba, aterrorizaba y torturaba a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib después de haber derrocado con éxito al régimen de Saddam. Incluso no es obvio por qué el propio régimen de Assad seguiría torturando a personas en su calabozo durante años, sólo para ejecutarlas al final.

Sustituyendo los hechos por una lógica primitiva, el comentario de Chomsky sobre las masacres de agosto de 2013 no es una expresión de conocimiento, sino de negación basada en un razonamiento interesado. No era imposible para él leer los informes de Ghouta Oriental, basados en la investigación de campo y el activismo, de gente como el gran Razan Zeitouneh, traducidos al inglés, y publicados justo después de la enorme masacre de agosto de 2013 (ver aquí y aquí). Pero Chomsky nunca ha permitido que los hechos compliquen sus ordenados esquemas. En su análisis, los activistas y escritores sirios son invisibles, inexistentes de hecho.

Chomsky apoyó a Ted Postol, el teórico de la conspiración que niega la masacre química de Khan Sheikhoun, donde murieron 92 personas el 4 de abril de 2017. Este «profesor del MIT» fue descrito por el camarada Noam como «un analista muy serio y creíble», comparable sin duda al «comentarista más serio.» ¿Hay personas en Khan Sheikhoun con las que se pueda entablar contacto y preguntar sobre lo que ha sucedido a su comunidad y quién creen que fue el responsable de matar a sus seres queridos? No en el mundo de los «profesores del MIT». En nuestro mundo, el subalterno puede tener voz, pero no tiene audiencia dentro de las universidades estadounidenses de élite.

Uno llega a la conclusión de que un crimen es un crimen cuando lo comete el imperialismo estadounidense o se comete contra quienes no son sus aliados. Por el contrario, un crimen no es gran cosa cuando los autores no son los estadounidenses o las víctimas son sólo de las comunidades «wahabizadas». No hay nada «criminal» o «ilegal» en matar a los de esta última categoría. Incluso el apoyo a un régimen monstruoso no puede ser criminal, porque ese mismo monstruo es un gobierno.

El «gobierno» de Siria dirige una máquina de tortura; es extremadamente corrupto, extremadamente sectario y extremadamente destructor de la verdad. En un mundo cuerdo esto significa que es ilegítimo. Es una junta bajo cuyo largo gobierno Siria ha pasado de ser un país subdesarrollado a un matadero sin remedio. En los 52 años de gobierno de la familia Assad, se ha legitimado utilizando el tropo colonial de «proteger a las minorías». Otra idea legitimadora utilizada por el régimen después de la revolución es la guerra imperialista contra el terror, el único «gran relato» que queda en nuestro planeta, y la base de las alianzas criminales contra los movimientos populares y a favor de las juntas criminales en todas partes. Por lo tanto, es extraordinario que Chomsky, un autoproclamado anarquista, justifique la intervención rusa en Siria porque fue invitada por su «gobierno reconocido».

La osificación del sistema de pensamiento de Chomsky explica la paradoja de calificar al régimen de brutal y monstruoso sin poder decir una sola frase positiva sobre ninguno de los que han luchado contra él. Entre otras cosas, su sistema estrangula su mejor juicio. No puede ser ciego al hecho de que el régimen dinástico de los Assad es uno de los peores del planeta. En cambio, Chomsky se guía por un sistema muerto, indiferente al legítimo deseo de la gente de no vivir bajo una tiranía violenta, así como a la magnitud del sufrimiento y el dolor humanos que se les inflige cuando actúan de acuerdo con ese deseo. Se aferra a un sistema reificado porque funciona como lenguaje común que comparte con sus fans y seguidores. Por eso le cuesta más disentir de este sistema que del sistema imperialista estadounidense. En el Islam, llaman a la primera disidencia la yihad mayor. Siempre es más fácil luchar contra los enemigos declarados que contra el propio discurso y yo imperial.

Siendo yo mismo un izquierdista de toda la vida, lo que me ha impactado en el discurso izquierdista occidental sobre Siria no ha sido la posición poco fraternal, antidemocrática y antipática de muchos de los implicados, sino la trivialidad del debate, una combinación embrutecedora de ignorancia y arrogancia. Siria nunca ha sido el foco del debate; más bien ha sido sólo una herramienta para reiterar viejos dogmas sobre el imperialismo estadounidense y sus intrigas. Es la misma cáscara solipsista dentro de la cual prosperan Cockburn y Fisk. Chomsky no puede reconocer a los sirios porque desestabilizamos este sistema, complicamos el lenguaje e insistimos en nuestro derecho a representarnos.

Algunos lectores pueden encontrar esta crítica dura y emocional en su refutación de un supuesto aliado. Lo es. Y lo es precisamente porque se suponía que era un aliado. Chomsky es bastante influyente, y es responsable de la difusión de juicios erróneos y apatía sobre la mayor lucha de este siglo. Ya no es una conducta correcta absolverle de las críticas, como hemos hecho hasta ahora los escritores y activistas sirios. El problema con Chomsky no es que sepa poco sobre Siria (que de hecho es el caso); el problema es que nunca puede decir «no sé». Desde su perspectiva, es tan omnisciente como omnipotente es el imperialismo estadounidense. Lamento decir que su sensibilidad es aún menor a lo poco que sabe, como lo demuestra su imperdonable comentario sobre la masacre química de 2013. Puede conducirse como polemista de una manera bastante deshonrosa, como demuestra un largo intercambio de correos electrónicos entre él y Sam Hamad en 2017. Lo que parecía estar en juego para él es su propia corrección, no el destino de millones de personas. Semejante insularidad es un insulto a cualquier política verdaderamente de izquierda y liberadora, y merece ser dejada atrás.

Si algo ha hecho Chomsky es contribuir a invisibilizar a los activistas y escritores sirios que luchan por la democracia y la justicia social, en lugar de ayudar a hacernos más visibles a nosotros y a nuestra causa. Difícilmente el comportamiento de un aliado.

Es fácil detectar un fuerte componente imperialista en el antiimperialismo verticalista de Chomsky, que simplemente no ve a la gente corriente en su lucha por la vida y la dignidad; sin embargo, no se abstiene de informarnos acerca de lo que es una lucha genuina, qué amenazas son reales y cuáles son supuestas, y a quién se le permite darles sentido. Anexar todas las luchas a aquella que Chomsky y los suyos decidan no es diferente de anexionar otras tierras a un centro imperialista. Lo primero reclama la istiklaliyya (independencia como mentalidad) y lo otro el istiklal (autogobierno). El antiimperialista imperialista siempre sabe lo que conviene sin molestarse en estudiar. Los hechos prosaicos no son importantes.

La influencia de Chomsky en el extranjero supera incluso a los presidentes estadounidenses en cuanto a su poder simbólico; sin embargo, a diferencia de ellos, no está sujeto ni siquiera a los «controles y equilibrios» teóricos. Es intimidante criticar a una autoridad así. Puede ser peligrosamente intimidante criticar a las autoridades políticas, como sigue ocurriendo en mi país, en Rusia, en Irán y en muchas partes del mundo. Pero es nuestro deber como agentes éticos en las luchas contemporáneas por la libertad y la justicia cuestionar a estas autoridades y mostrar sus limitaciones. He intentado mostrar que, en relación con la causa siria, esta autoridad concreta carece de información básica, de análisis matizados, de curiosidad intelectual y de empatía humana. Es justo decir que se trata de una autoridad inconstitucional, incluso absoluta y arbitraria.

Veinticinco años después de haber traducido «Poderes y perspectivas», encuentro que su autor cierra decisivamente cualquier perspectiva de un futuro diferente. La perspectiva de Chomsky contradice a la democracia en muchos aspectos fundamentales: alta política, americanocentrismo, jabriyyah, omnisciencia, desatención a lo contingente y a lo sorprendente (que es la historia), antiimperialismo imperialista verticalista, y una negación total de la agencia de los pueblos que luchan por la libertad y la justicia. El sistema de pensamiento de esta autoridad es autoritario. Es un establecimiento del que hay que disentir tanto como del comunismo soviético y sus derivados.


*Yassin al-Haj Saleh es un escritor sirio y ex preso político. Artículo publicado originalmente en inglés por New Lines Magazine.

https://mst-rd.org/2022/03/23/chomsky-y-siria/

Yo ante semejantes tochacos sólo puedo pedir una cosa. Destacar unos párrafos fundamentales que lo resuman.
Luego ya decidiré si lo leo o no, pero de verdad, hay demasiado para leer e insuficiente tiempo como para no requerirlo.
atila
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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por pantxo 06.05.22 11:05

Pike escribió:Ahora me diréis que este vídeo es lo más normal del mundo.  Laughing  Laughing  Laughing  Laughing


La version rusa de Abascal a caballo hacia la reconquista.
La señora esta podria participar en unos cuantos topics, el de mosen Atabal, madurez sexi...
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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por Zoetrope 06.05.22 11:09

káiser escribió:
pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Chomsky. En otro momento tal vez hable de los otros. Algún apunte sobre Chomsky, es posible que el mayor intelectual de izquierdas salido de USA en los últimos 50 años. Un referente al que leí ávidamente allá por los 90 y sentía una gran afinidad y admiración.

Y al que leo, veo o escucho desde hará 10 años, seguramente más, y siento, no sé, ¿pena? Sus exhibiciones de creencias fosilizadas, pereza intelectual, ignorancia de referentes modernos fuera de USA, ombliguismo y vanidad, son muy tristes. Por decirlo en términos vulgares, chochea.

Hace poco leí esto de Yassin al-Haj Saleh, escritor e intelectual sirio, un tipo que pasó 16 años en la cárcel, acerca de Chomsky:

Arrow https://newlinesmag.com/review/chomsky-is-no-friend-of-the-syrian-revolution/

Está en inglés, pero he encontrado una traducción al español. Para el que le interese ahí va tochaco:  Vaya tocho macho

Yassin al-Haj Saleh

Apenas tres semanas después de ser liberado, tras 16 años de prisión en Siria, comencé a traducir un libro al árabe. El libro era «Perspectivas sobre el poder: reflexiones sobre la naturaleza humana y el orden social», de Noam Chomsky. Me había tomado un tiempo darme cuenta de que el importante lingüista y el duro crítico del imperialismo estadounidense eran la misma persona. Me pareció un ejemplo notable y muy necesario de la responsabilidad social y política de los científicos e intelectuales. Su participación activa en el movimiento por los derechos civiles y la movilización contra la guerra de Vietnam fueron impresionantes, junto con sus prolíficos escritos tanto sobre lingüística como sobre política. En el libro que traduje, había dos ensayos sobre lingüística, uno sobre la responsabilidad del intelectual y cinco sobre política.

Para los antiguos presos políticos comunistas que habían pasado largos años detenidos y habían vivido la caída del comunismo mientras estaban en la cárcel, este referente estadounidense era importante. Nos dijo que la lucha por la justicia y la libertad aún era posible, que teníamos compañeros en el mundo y que no estábamos solos, y que la caída del bloque soviético podía ser emancipadora, no una pérdida desgarradora.

El segundo libro en cuya traducción trabajé junto a otro ex preso político fue «Una vida de disensión» de Robert Barsky. Era sobre la vida y la política de Chomsky. Incluso en aquella etapa temprana, teníamos algunas críticas al rígido sistema de pensamiento de Chomsky, limitado por su EE.UU.-centrismo, que sólo resulta parcialmente útil para analizar muchas luchas, la nuestra incluida. Nosotros mismos éramos disidentes en nuestro país y en dos niveles: oponiéndonos a un régimen que mostraba flagrantes tendencias discriminatorias y opresivas, y expresando opiniones críticas sobre la Unión Soviética y su comunismo. Un principio fundamental del partido en el cual yo era un joven militante era la istiklaliyya (independencia o autonomía), que significaba que éramos nosotros, y sólo nosotros, los que decidíamos las políticas adecuadas para nuestro país y nuestro pueblo, no ningún centro en el extranjero. De tal forma que no éramos huérfanos en busca de un nuevo padre, ni nos movía el deseo de sustituir el marxismo-leninismo por una especie de catecismo chomskiano. Sin embargo, siempre pensamos que nuestra causa era la misma: luchar contra la desigualdad y la opresión en todas partes, y sobre una base de igualdad y fraternidad.

Pero el tiempo reveló que se trataba de una ilusión, de la cual somos sus únicos responsables. En los 11 años transcurridos desde el inicio de la revolución siria en marzo de 2011, Chomsky no ha escrito ni una sola vez sobre Siria para informar a sus numerosos lectores sobre el drama del país. Sus comentarios dispersos revelan que ve la lucha siria -como ocurre con todas las demás luchas- únicamente a través del marco del imperialismo estadounidense. Por lo tanto, es ciego a las especificidades de la política, la sociedad, la economía y la historia de Siria.

Es más, su percepción del papel de Estados Unidos ha pasado de un americanocentrismo provinciano a una especie de teología, en la que Estados Unidos ocupa el lugar de Dios: aunque sea un Dios maligno es el único motorizador. Como resulta comprensible, esta perspectiva cuestiona la autonomía de otros actores, lo que nos trae ecos de los debates sobre el libre albedrío de los teólogos islámicos de hace unos 1.200 años. Chomsky parece estar más cerca de los jabriyyeen, que niegan totalmente la libertad humana y constatan la omnipotencia de Dios, que de los qadariyyeen, que pensaban que la justicia de Dios y la libertad humana iban juntas.

Los yihadistas actuales se adhieren principalmente a la tradición del jabriyyah. Chomsky ha sido persistente en su propia yihad durante décadas, de una forma que recuerda a Ibn Hanbal o Ibn Timiyyah, aunque sin arriesgar la libertad o la vida como hicieron los dos padres del salafismo moderno (salvo dutante su breve detención tras una protesta en el Pentágono durante la guerra de Vietnam).

Estados Unidos nunca ha sido una fuerza a favor de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos en Oriente Medio. Su papel destructivo en la región, desde por lo menos 1967, se compara justificadamente con el papel de la tiranía estatal y posiblemente del nihilismo islámico tras la ocupación estadounidense de Irak. Sin embargo, Estados Unidos no ha sido el protagonista central de la catástrofe siria, como lo admite una declaración que el propio Chomsky firmó en marzo de 2021. Lo más que ha hecho Estados Unidos es esforzarse por no perjudicar al régimen de Assad, incluso después de que éste violara el derecho internacional que prohíbe el uso de armas químicas y cruzara la «línea roja» del entonces presidente Barack Obama en 2013, tal y como lo hizo muchas veces antes y después de ello.

La perspectiva americanocentrista de Chomsky tiende sistemáticamente a minimizar los crímenes de los Estados que se oponen a Estados Unidos. En una entrevista reciente publicada por el periódico DAWN, en enero de 2022, él dijo: «Difícilmente se puede acusar a Irán de comportamiento ilegal o criminal por apoyar al gobierno reconocido [por las Naciones Unidas]» en Siria. Apoyar a un régimen que el propio Chomsky describe como «monstruoso» no es criminal ni ilegal, insiste. No encuentra nada ilegal en apoyar a un régimen que niega cualquier derecho a sus súbditos, y cree que sería ilegal castigar a ese mismo régimen por matar a más de 1.400 de sus ciudadanos con armas químicas en una clara violación del derecho internacional. Así lo expresó a Independent Global News en septiembre de 2013.

Lo que Chomsky llama el «gobierno reconocido» de Siria es el régimen dinástico que lleva 52 años en el poder, precisamente la mitad de los 104 años que comprenden toda la historia del Estado sirio moderno. Durante estas cinco décadas, Siria ha sufrido dos veces conflictos internos. Hubo decenas de miles de víctimas en la primera oleada (1979-82) y cientos de miles en la segunda (2011 a la actualidad). Ambas están estructuralmente relacionadas con la configuración camaríllesca y discriminatoria del régimen.Comentaristas como Chomsky hacen notar su calificación del régimen como «brutal» y «monstruoso», pero apenas como el prefacio de lo que consideran que es el verdadero problema: el papel de Estados Unidos y sus aliados en la región. Se equivocan.

El carácter monstruoso del régimen es el hecho central de este conflicto y, aún más, de la historia de Siria desde 1970. Es la clave para entender la persistente catástrofe del país y la raíz de todo lo demás. Pero el enfoque de Chomsky tiene el efecto de relativizar los crímenes del régimen, que representan el 90% de las víctimas y la destrucción. Pareciera que si no se puede culpar a Estados Unidos de estos crímenes entonces no tienen una gran importancia.

También resulta bastante curioso que Chomsky mencione de forma más bien insulsa y despreocupada que cuando Irán extiende su influencia en la región, lo hace principalmente en las «zonas chiítas o zonas cercanas a las chiítas», como si esto fuera de alguna manera un hecho neutral sin implicaciones sociales y políticas destructivas. Los izquierdistas y nacionalistas de la región llamamos a esto sectarismo, fuente singularmente importante de conflictos civiles y masacres genocidas en muchos países. Chomsky parece no haberse familiarizado en absoluto con el trabajo de muchos intelectuales árabes, en su mayoría izquierdistas, sobre el sectarismo y sus efectos destructivos desde la década de 1970. Así que quizá habría que plantearle una pregunta spivakiana: ¿Pueden hablar los intelectuales subalternos? Basándome en mi reciente experiencia personal, la respuesta es que no. Mi carta a la Internacional Progresista sobre Siria no fue publicada, y sus integrantes dejaron de contactarme después de que les enviara la carta, aunque había sido suya la iniciativa hablar conmigo en abril de 2020 e invitarme a organizar todo un dossier sobre Siria para ellos. Aparentemente, no hay lugar para nosotros, los izquierdistas y demócratas sirios que nos oponemos al régimen de Assad, en una coalición progresista internacional.

Desde los días en que se planteó la «Cuestión Oriental», hace más de un siglo y medio, el sectarismo se ha desarrollado a través del nexo entre las intervenciones coloniales externas y las «extervenciones» internas, por así decirlo, cuando los grupos socioculturales nacionales se ven empujados a exigir la protección de las potencias externas. El imperialismo francés ofreció un ejemplo primordial de este paradigma hasta la independencia de Siria y El Líbano tras la Segunda Guerra Mundial, y esa historia sigue siendo relevante.

Al supervisar a las milicias chiítas importadas de Afganistán, Irak y Líbano, y al coordinarse con formaciones militares altamente sectarias como la Cuarta División del ejército sirio (dirigida por Maher al-Assad, hermano de Bashar) y otras agencias de seguridad igualmente sectarias, Irán no es meramente una «supuesta amenaza», como aseguró Chomsky en la misma entrevista; más bien es otra potencia colonial despiadada, que manipula de forma criminal las divisiones sociales que el régimen de Assad ha estado exacerbando durante medio siglo. Irán es culpable de crímenes de guerra contra personas sirias que se oponen al régimen.

Dentro de la teología de Chomsky, nada de esto es visible. La transformación de la república árabe más antigua en un estado privatizado con un creciente potencial genocida se derivó de perseguir la quimera de una seguridad permanente y absoluta, móvil que siempre ha conducido a atrocidades masivas en Siria y en todas partes, como sostiene Dirk Moses en «Los problemas del Genocidio: La seguridad permanente y el lenguaje de la transgresión». Esta transformación reaccionaria, la mayor en la historia de Siria después de la independencia, nunca ha merecido atención dentro de la perspectiva de Chomsky.

No es sorprendente que los sirios no estén representados en sus comentarios sobre Siria. Chomsky nunca se refiere a un sirio, ni cita a uno, ni siquiera menciona a un occidental que apoye la causa siria. Sus fuentes son personas como Patrick Cockburn, que considera al régimen un mal menor, y posiblemente el difunto Robert Fisk, el periodista británico que dio voz a asesinos sectarios como Jamil Hassan, el jefe de la notoria inteligencia de la fuerza aérea, y Suheil Hassan, el líder de las igualmente notorias Fuerzas Tigre, pero nunca a personas críticas hacia el régimen químico. Los tres comparten una perspectiva desde la «alta política» centrada en los «gobiernos reconocidos» -Rusia, Irán, Israel y Arabia Saudí- así como en los yihadistas y el imperialismo estadounidense.

De Cockburn, Chomsky toma prestada la noción de «wahabización del islam suní», que es una generalización precipitada e irresponsable, y por lo mismo resulta tan útil para quienes no saben y quieren que otros crean que saben. Esta generalización no difiere en absoluto del libro notoriamente racista de Raphael Patai, «La mente árabe», que proporcionó la base teórica para la tortura en Guantánamo y Abu Ghraib, según Judith Butler en «Marcos de guerra». Cockburn no le dijo nada a Chomsky sobre la iranización del islam chií, también una gran generalización, aunque un poco más plausible si se tiene en cuenta que los chiíes son un grupo minoritario en la mayoría de los países musulmanes y porque hay un centro imperial activo en Teherán.

Es bastante revelador, por cierto, que DAWN haya omitido las exoneraciones de Chomsky a Irán y su «actuación principalmente en las zonas chiítas o cercanas a las chiítas», en la versión árabe de su entrevista con él. Ellos tienen una mejor comprensión del tema, y parece que se sintieron avergonzados por lo que dijo.

Si la «wahabización de los árabes suníes» es el diagnóstico correcto de una enfermedad fundamentalista puesta de manifiesto por el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, entonces quizás el remedio correcto sería el tipo de deswahabización que hemos visto en la bestial prisión militar siria de Sednaya, Guantánamo o Abu Ghraib, donde se pueden probar y desarrollar «técnicas mejoradas de interrogatorio». Personajes como Cockburn y Chomsky han contribuido a insensibilizar a la opinión pública occidental ante lo que pueda ocurrir con el «rebaño wahabizado», algo que aumenta la precariedad de sus vidas y legitima las mismas guerras a las que Chomsky se opone.

Pero, ¿por qué Cockburn, que ni siquiera habla árabe, es «el comentarista más serio» sobre Siria y la región, según el coautor de «Fabricando el consenso»? ¿No hay gente en la región que sea capaz de comentar seriamente sus propios asuntos y representarse a sí misma? ¿Es concebible hoy en día que incluso los autores mainstream de Estados Unidos llamen a un periodista extranjero «el comentarista más serio» sobre otro país o región extranjera? En esta práctica inesperadamente colonial, Chomsky podría beneficiarse de una buena dosis de Edward Said.

Por cierto, hay unos cuantos libros en árabe sobre el islamismo contemporáneo, Siria y grupos como el Estado Islámico, más informativos y matizados que «El ascenso de Estado Islámico: ISIS y la nueva revolución sunita» de Cockburn, cuyo «análisis» sectarizante y conocimiento estereotípicamente colonial es regurgitado acríticamente por «el intelectual público vivo más citado del mundo». Fisk fue aún más mecánico al desplegar este método colonial de análisis. Estos tres hombres repiten cosas coloniales rancias, rehabilitadas por regímenes coloniales internos como el de Assad y por crueles potencias expansionistas como Irán y Rusia para su propio beneficio.

Lo que tanto Chomsky como su «comentarista más serio» ignoran es que el islamismo en todas sus variantes es un fenómeno minoritario y elitista, y esa es una de las razones por las que es tan violento. Las encuestas del Barómetro Árabe en 2018-19 mostraron que «menos del 20% de la gente en Túnez y Egipto (así como en Argelia, Jordania, Irak y Libia) confiaba en los partidos islamistas. Más del 76% estaría a favor de la democracia y el estado civil». Estas cifras se citan en el libro de Asef Bayat «Vida revolucionaria: El día a día de la primavera árabe». En este libro, publicado en 2021, encontramos un enfoque genuinamente democrático, una perspectiva subalterna, análisis matizados, respeto a los hechos, un antirracismo de principios, a diferencia de la teología de Chomsky y de su fuente. Siria no es en absoluto diferente de las sociedades que aparecen en la encuesta.

En los siguientes párrafos intentaré mostrar a los lectores cuán superficial es la tesis de la wahabización, aunque sin entrar en muchos detalles.

El islamismo contemporáneo es el intento de generar política en sociedades que no tienen una verdadera política interna, en Estados que tampoco tienen una verdadera soberanía a nivel internacional. Muestra los límites de la pobreza política en sociedades que han sufrido el politicidio, como Siria, Egipto, Libia, Túnez, Irak y Arabia Saudí. Porque la única «asamblea» que ni siquiera los regímenes exterminadores pueden disolver es la de los creyentes en los lugares de culto, y la única «opinión» que no pueden silenciar es la de las sagradas escrituras. Esta circunstancia es la razón por la cual los islamistas llegaron a desempeñar un papel relativamente importante en las últimas cuatro décadas. El Islam permitió a mucha gente reunirse y hablar, e incluso protestar sobre asuntos públicos.

Sin embargo, la estructura jerárquica y elitista del islamismo también enajena sistemáticamente a la gente de la política desde que el islamismo pasa de la protesta al poder. Incluso en el caso del yihadismo, que constituye una minoría aún más pequeña dentro de la minoría islamista, sería una simplificación excesiva reducirlo a un proceso de wahabización desencadenado por la monarquía saudí. Por el contrario, el yihadismo es una guerra que se libra cuando los Estados árabes y musulmanes modernos no pueden luchar contra los invasores extranjeros (estadounidenses, israelíes, etc.) y sólo pueden hacer la guerra contra sus súbditos. El Islam que fue formado por el imperio (en lugar de formarlo), se encarga de responder a esta condición a largo plazo de la deficiente soberanía de los Estados. Definitivamente hay un componente anticolonial y antiimperialista en la yihad, pero no lo capta la imaginación y la memoria imperialista mitificada del islamismo contemporáneo.

En Siria, en particular, la reducción de una mayoría sociocultural a una minoría política -con la discriminación, el politicidio, la tortura y las masacres como métodos para efectuar la minorización- tiene un considerable poder explicativo para comprender mejor el islamismo suní. Las personas no representadas, a las que se les niegan los derechos y la capacidad de organizarse, tienden a encontrar representación en sus identidades religiosas. La coincidencia con la tiranía estatal agresiva -que mira a los gobernados con el ojo gorgónico de la soberanía (unidad, matanza, excepción) y a las potencias regionales e internacionales con el ojo benigno de la política (pluralidad, negociación, reglas)- hace que el ascenso del islamismo violento sea una certeza histórica.

En nuestros Estados al revés, donde la guerra es hacia dentro y la política hacia fuera (a diferencia del Islam clásico y del tipo ideal de los Estados-nación modernos), el yihadismo contemporáneo representa la soberanía sin política, las guerras hacia fuera y hacia dentro. Me extiendo un poco en esta cuestión del fundamentalismo porque parece ser un punto importante en la teología de Chomsky y por el patético nivel de conocimiento sobre el islamismo en Occidente. En el análisis contemporáneo, los islamistas, y especialmente los yihadistas, parecen irracionales, irresponsables y sin sentido. Con esto como teoría, la solución no puede ser otra que remitirlos a Guantánamo, a Abu Ghraib, al Guantánamo de Europa (el campo de detención de al-Hol, en el noreste de Siria, donde miles de mujeres y niños, cientos de ellos de origen europeo, están detenidos indefinidamente por estar relacionados con algunos «combatientes ilegales» del Estado Islámico) o a Sednaya (y Tadmur en los años de mi juventud) sin derecho alguno, y dejarlos allí indefinidamente. Han sido convertidos en inhumanos, y por lo tanto sus vidas no importan.

¿El estudio serio del islamismo en su amplio espectro, desde los individuos practicantes hasta las organizaciones nihilistas como el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, justifica y legitima a estos últimos? En absoluto. Pero ciertamente puede ayudarnos a entender un fenómeno global importante y a evitar las batallas reaccionarias en las que estos islamistas, junto con sus poderosos homólogos de Occidente, Rusia, India y China, quieren que nos hundamos durante generaciones.

Las «ideas» de Chomsky al respecto no son más que otra expresión del fracaso de las humanidades occidentales para humanizar: Da por sentada la parte de la deshumanización, reproduce una versión pobre de la misma y la consolida. Existe una cuestión islámica global (islamismo más islamofobia, que es en realidad una mezcla de sunnifobia y arabofobia), y la forma en que el islam y el islamismo se representan en todas partes sólo parece trazar un camino hacia una carnicería cada vez mayor. En esto, el gurú criticado aquí es tan conservador como se puede llegar a ser.

La situación en Siria, con cinco potencias ocupantes, es instructiva para cualquiera que esté realmente interesado en mejorar su comprensión de la actual situación mundial. Tenemos a las fuerzas estadounidenses en una parte del país, a los rusos e iraníes protegiendo al «gobierno reconocido», a los turcos en otra parte, los cuatro con sus apoderados locales o importados; y antes de todo eso, tenemos a los israelíes, que han ocupado los Altos del Golán desde 1967 y han monopolizado los cielos de Siria en coordinación con los rusos.

Siria es una rara situación de «imperialismo líquido», parafraseando al difunto Zygmunt Baumann; sin embargo, el hecho de que haya cinco estados poderosos en un pequeño país, o lo que puede llamarse «imperialismo en un país», no parece interesar a Chomsky. No olvidemos tampoco que «los imperialistas conquistados», o los imperialistas sin imperio -me refiero a los yihadistas suníes procedentes de todo el mundo- siguen ahí. Esta compleja situación no puede explicarse relativizando los crímenes de los adversarios de Estados Unidos y absolutizando los de los estadounidenses.

Chomsky dice que la intervención de Rusia en Siria está «mal» pero «no es imperialista», porque «apoyar a un gobierno no es imperialismo». Rusia tiene muchas bases militares en Siria, ha alquilado el puerto de Tartous durante 49 años y ha matado a 23.000 civiles sirios en seis años. Putin y sus ayudantes se han jactado varias veces de haber probado con éxito más de 320 sistemas de armas en Siria y de que el 85% de los comandantes del ejército ruso adquirieron experiencia de combate en Siria. En 2018 y 2019, Rusia recibió pedidos de armas por valor de 51,100 y 55,000 millones de dólares. Estas acciones no figuran en absoluto en el análisis de Chomsky; en respuesta a la pregunta del médico sirio Taha Bali sobre el imperialismo ruso, Chomsky negó que tuviera lugar una práctica imperialista antes de pasar apresuradamente a su eterno monólogo: «¿Qué hace Estados Unidos? Apoya a los países que están desarrollando a los movimientos yihadistas», refiriéndose a la monarquía saudí.

Esta visión es bastante superficial, como espero que haya quedado claro a estas alturas. En todo caso, la falta de soberanía del Estado saudí y su necesidad de protectores extranjeros, más que su apoyo activo, es lo que explica el yihadismo. Osama bin Laden fue bastante claro en este punto en 1990 cuando pidió que los saudíes no permitieran que las tropas estadounidenses y de otros países tuvieran bases en el reino y dijo que sólo los musulmanes debían defender las tierras musulmanas. Sin embargo, el apoyo de Estados Unidos a los saudíes tampoco tendría que considerarse imperialismo, dado que el gobierno saudí también está reconocido por la ONU.

Una idea del vergonzoso nivel de conocimiento de Chomsky sobre Siria puede verse en la misma entrevista en vídeo en la que afirma que no hubo ningún levantamiento en Siria en 2012 (según nuestro conocimiento subalterno, el levantamiento comenzó en marzo de 2011) y luego da a entender que, si hubo manifestantes, estaban allí junto al Estado Islámico y otros grupos yihadistas.

Se entrevé de forma igualmente interesante el modo de pensar de Chomsky cuando, sobre la cuestión de la intervención humanitaria tras la masacre química de 2013, pregunta al mismo médico y activista sirio: ¿A quién deberían bombardear los estadounidenses en Siria? ¿Al régimen? Porque eso, por supuesto, socavaría el «frente de resistencia» a los yihadistas. La reducción de la lucha siria a este marco dominante por parte de Chomsky es compartida por Eric Zammour, el candidato presidencial de la derecha francesa, quien recientemente recomendó rehabilitar las relaciones con el régimen sirio porque las opciones son el statu quo o el Estado Islámico y el califato. Otro adepto es Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, que declaró en 2012 que Rusia no aceptaría el dominio suní en Siria. Chomsky tiene muchas ideas fijas, y parece más fácil mover montañas que esperar que las revise o admita errores.

En medio de todo esto, la crítica de Chomsky al papel de Estados Unidos en Siria parece totalmente superflua. Dado que Estados Unidos hizo exactamente lo que a Chomsky le gusta: Nunca bombardeó al régimen, combatió sólo a los yihadistas, pensó, como él, que o es Assad o es el yihadismo, y apoyó a los kurdos, a los que deseaba que el malvado Dios estadounidense protegiera (véase su participación en «Disidentes de la izquierda internacional», editado por Andy Heintz, 2019, página 26). ¿Por qué protegerlos a ellos, pero no a todos los demás? Los sirios han pedido protección internacional desde el otoño de 2011, unos seis meses después de su levantamiento totalmente pacífico, en vano. Sólo después de movilizar su propio poder colectivo pacífico y luego exigir la protección del mundo del que se creían parte, mucha gente empezó a recurrir a Alá, lo que fue bueno para los grupos alá-cráticos.

Curiosamente, Chomsky habla en el libro de Heintz como un general militar, diciéndole al hegemón imperialista estadounidense que «debería hacer todo lo posible para proteger a los kurdos en lugar de mantener las políticas pasadas de traición habitual». Por una vez, la intervención humanitaria es posible.

En realidad, los sirios han sido palestinizados mientras que el régimen se israeliza con Rusia ocupando el papel de Estados Unidos: vetando 16 veces una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para proteger al régimen de los señalamientos. Pero el pensamiento de Chomsky parece residir en la teología más que en la historia, libre de contexto o posición y eternamente válido, por lo tanto, inmutable. Este privilegio del sistema sobre el contexto y la posición explica que Chomsky haga referencia a la masacre química de Saddam Hussein en Halabja en 1988 en su entrevista con DAWN mientras que no menciona nada sobre las numerosas masacres químicas perpetradas por el régimen en Siria, aunque son mucho más recientes. A estas alturas debería estar desalentadoramente claro por qué: Estados Unidos estuvo implicado en la primera, por lo que sus víctimas son dignas de compasión. El papel de Estados Unidos en la masacre química siria fue más ambiguo: condenó el ataque pero se apartó de su propia línea roja y pasó a negociar un sórdido acuerdo con Rusia. El acontecimiento no se prestaba a la visión determinista de Chomsky, así que resolvió su disonancia cognitiva recurriendo a la negación.

«No resulta tan obvio por qué el régimen de Assad habría llevado a cabo un ataque de guerra química en un momento en que está prácticamente ganando la guerra», dijo. Bueno, no resulta tan obvio por qué los nazis habrían llevado a cabo ejecuciones en cámaras de gas en un momento en el que estaban prácticamente ganando la guerra en el Este. Durante al menos seis meses, Hannah Arendt dudó de la existencia misma de las cámaras de gas porque no eran militarmente necesarias. Tampoco resultaba obvio por qué el ejército estadounidense humillaba, aterrorizaba y torturaba a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib después de haber derrocado con éxito al régimen de Saddam. Incluso no es obvio por qué el propio régimen de Assad seguiría torturando a personas en su calabozo durante años, sólo para ejecutarlas al final.

Sustituyendo los hechos por una lógica primitiva, el comentario de Chomsky sobre las masacres de agosto de 2013 no es una expresión de conocimiento, sino de negación basada en un razonamiento interesado. No era imposible para él leer los informes de Ghouta Oriental, basados en la investigación de campo y el activismo, de gente como el gran Razan Zeitouneh, traducidos al inglés, y publicados justo después de la enorme masacre de agosto de 2013 (ver aquí y aquí). Pero Chomsky nunca ha permitido que los hechos compliquen sus ordenados esquemas. En su análisis, los activistas y escritores sirios son invisibles, inexistentes de hecho.

Chomsky apoyó a Ted Postol, el teórico de la conspiración que niega la masacre química de Khan Sheikhoun, donde murieron 92 personas el 4 de abril de 2017. Este «profesor del MIT» fue descrito por el camarada Noam como «un analista muy serio y creíble», comparable sin duda al «comentarista más serio.» ¿Hay personas en Khan Sheikhoun con las que se pueda entablar contacto y preguntar sobre lo que ha sucedido a su comunidad y quién creen que fue el responsable de matar a sus seres queridos? No en el mundo de los «profesores del MIT». En nuestro mundo, el subalterno puede tener voz, pero no tiene audiencia dentro de las universidades estadounidenses de élite.

Uno llega a la conclusión de que un crimen es un crimen cuando lo comete el imperialismo estadounidense o se comete contra quienes no son sus aliados. Por el contrario, un crimen no es gran cosa cuando los autores no son los estadounidenses o las víctimas son sólo de las comunidades «wahabizadas». No hay nada «criminal» o «ilegal» en matar a los de esta última categoría. Incluso el apoyo a un régimen monstruoso no puede ser criminal, porque ese mismo monstruo es un gobierno.

El «gobierno» de Siria dirige una máquina de tortura; es extremadamente corrupto, extremadamente sectario y extremadamente destructor de la verdad. En un mundo cuerdo esto significa que es ilegítimo. Es una junta bajo cuyo largo gobierno Siria ha pasado de ser un país subdesarrollado a un matadero sin remedio. En los 52 años de gobierno de la familia Assad, se ha legitimado utilizando el tropo colonial de «proteger a las minorías». Otra idea legitimadora utilizada por el régimen después de la revolución es la guerra imperialista contra el terror, el único «gran relato» que queda en nuestro planeta, y la base de las alianzas criminales contra los movimientos populares y a favor de las juntas criminales en todas partes. Por lo tanto, es extraordinario que Chomsky, un autoproclamado anarquista, justifique la intervención rusa en Siria porque fue invitada por su «gobierno reconocido».

La osificación del sistema de pensamiento de Chomsky explica la paradoja de calificar al régimen de brutal y monstruoso sin poder decir una sola frase positiva sobre ninguno de los que han luchado contra él. Entre otras cosas, su sistema estrangula su mejor juicio. No puede ser ciego al hecho de que el régimen dinástico de los Assad es uno de los peores del planeta. En cambio, Chomsky se guía por un sistema muerto, indiferente al legítimo deseo de la gente de no vivir bajo una tiranía violenta, así como a la magnitud del sufrimiento y el dolor humanos que se les inflige cuando actúan de acuerdo con ese deseo. Se aferra a un sistema reificado porque funciona como lenguaje común que comparte con sus fans y seguidores. Por eso le cuesta más disentir de este sistema que del sistema imperialista estadounidense. En el Islam, llaman a la primera disidencia la yihad mayor. Siempre es más fácil luchar contra los enemigos declarados que contra el propio discurso y yo imperial.

Siendo yo mismo un izquierdista de toda la vida, lo que me ha impactado en el discurso izquierdista occidental sobre Siria no ha sido la posición poco fraternal, antidemocrática y antipática de muchos de los implicados, sino la trivialidad del debate, una combinación embrutecedora de ignorancia y arrogancia. Siria nunca ha sido el foco del debate; más bien ha sido sólo una herramienta para reiterar viejos dogmas sobre el imperialismo estadounidense y sus intrigas. Es la misma cáscara solipsista dentro de la cual prosperan Cockburn y Fisk. Chomsky no puede reconocer a los sirios porque desestabilizamos este sistema, complicamos el lenguaje e insistimos en nuestro derecho a representarnos.

Algunos lectores pueden encontrar esta crítica dura y emocional en su refutación de un supuesto aliado. Lo es. Y lo es precisamente porque se suponía que era un aliado. Chomsky es bastante influyente, y es responsable de la difusión de juicios erróneos y apatía sobre la mayor lucha de este siglo. Ya no es una conducta correcta absolverle de las críticas, como hemos hecho hasta ahora los escritores y activistas sirios. El problema con Chomsky no es que sepa poco sobre Siria (que de hecho es el caso); el problema es que nunca puede decir «no sé». Desde su perspectiva, es tan omnisciente como omnipotente es el imperialismo estadounidense. Lamento decir que su sensibilidad es aún menor a lo poco que sabe, como lo demuestra su imperdonable comentario sobre la masacre química de 2013. Puede conducirse como polemista de una manera bastante deshonrosa, como demuestra un largo intercambio de correos electrónicos entre él y Sam Hamad en 2017. Lo que parecía estar en juego para él es su propia corrección, no el destino de millones de personas. Semejante insularidad es un insulto a cualquier política verdaderamente de izquierda y liberadora, y merece ser dejada atrás.

Si algo ha hecho Chomsky es contribuir a invisibilizar a los activistas y escritores sirios que luchan por la democracia y la justicia social, en lugar de ayudar a hacernos más visibles a nosotros y a nuestra causa. Difícilmente el comportamiento de un aliado.

Es fácil detectar un fuerte componente imperialista en el antiimperialismo verticalista de Chomsky, que simplemente no ve a la gente corriente en su lucha por la vida y la dignidad; sin embargo, no se abstiene de informarnos acerca de lo que es una lucha genuina, qué amenazas son reales y cuáles son supuestas, y a quién se le permite darles sentido. Anexar todas las luchas a aquella que Chomsky y los suyos decidan no es diferente de anexionar otras tierras a un centro imperialista. Lo primero reclama la istiklaliyya (independencia como mentalidad) y lo otro el istiklal (autogobierno). El antiimperialista imperialista siempre sabe lo que conviene sin molestarse en estudiar. Los hechos prosaicos no son importantes.

La influencia de Chomsky en el extranjero supera incluso a los presidentes estadounidenses en cuanto a su poder simbólico; sin embargo, a diferencia de ellos, no está sujeto ni siquiera a los «controles y equilibrios» teóricos. Es intimidante criticar a una autoridad así. Puede ser peligrosamente intimidante criticar a las autoridades políticas, como sigue ocurriendo en mi país, en Rusia, en Irán y en muchas partes del mundo. Pero es nuestro deber como agentes éticos en las luchas contemporáneas por la libertad y la justicia cuestionar a estas autoridades y mostrar sus limitaciones. He intentado mostrar que, en relación con la causa siria, esta autoridad concreta carece de información básica, de análisis matizados, de curiosidad intelectual y de empatía humana. Es justo decir que se trata de una autoridad inconstitucional, incluso absoluta y arbitraria.

Veinticinco años después de haber traducido «Poderes y perspectivas», encuentro que su autor cierra decisivamente cualquier perspectiva de un futuro diferente. La perspectiva de Chomsky contradice a la democracia en muchos aspectos fundamentales: alta política, americanocentrismo, jabriyyah, omnisciencia, desatención a lo contingente y a lo sorprendente (que es la historia), antiimperialismo imperialista verticalista, y una negación total de la agencia de los pueblos que luchan por la libertad y la justicia. El sistema de pensamiento de esta autoridad es autoritario. Es un establecimiento del que hay que disentir tanto como del comunismo soviético y sus derivados.


*Yassin al-Haj Saleh es un escritor sirio y ex preso político. Artículo publicado originalmente en inglés por New Lines Magazine.

https://mst-rd.org/2022/03/23/chomsky-y-siria/

Muy interesante.
Coherente con las posturas de quienes usan a Chomsky como heraldo.
La cuestión se simplifica en OTAN contra Rusia, para exonerar o relativizar el papel de Rusia, al fin y al cabo todo lo que hace es enfrentarse al diablo. Ombliguismo puro y duro, lo único que explica el mundo son nuestras cuitas. Aquí tenemos quienes buscan desesperadamente a Otanistas para legitimar este relato. 
A mi me parece que muchos no estamos entrando en el fondo del conflicto, ignoramos casi todo de él, solo llegamos a hacer interpretaciones de brocha gorda de geopolítica para dummies. Para pasar el rato. Aunque nuestra posicionamiento fundamentamente es ético, no entra al fondo del asunto, sino que las formas nos parecen en todo caso intolerables.
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La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13 - Página 6 Empty Re: La invasión rusa de Ucrania de 2022. Vol. 13

Mensaje por Riff 06.05.22 11:15

Hay un runrún toda la mañana sobre un posible nuevo “submarino” ruso
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Mensaje por pantxo 06.05.22 11:16

Zoetrope escribió:
káiser escribió:
pantxo escribió:Aqui varios foreros decimos algo parecido a lo que dicen Lula, Chomsky, Iglesias, Corbyn, Melenchon, Otegi... se nos llama prorusos o en su defecto ingenuos.

Chomsky. En otro momento tal vez hable de los otros. Algún apunte sobre Chomsky, es posible que el mayor intelectual de izquierdas salido de USA en los últimos 50 años. Un referente al que leí ávidamente allá por los 90 y sentía una gran afinidad y admiración.

Y al que leo, veo o escucho desde hará 10 años, seguramente más, y siento, no sé, ¿pena? Sus exhibiciones de creencias fosilizadas, pereza intelectual, ignorancia de referentes modernos fuera de USA, ombliguismo y vanidad, son muy tristes. Por decirlo en términos vulgares, chochea.

Hace poco leí esto de Yassin al-Haj Saleh, escritor e intelectual sirio, un tipo que pasó 16 años en la cárcel, acerca de Chomsky:

Arrow https://newlinesmag.com/review/chomsky-is-no-friend-of-the-syrian-revolution/

Está en inglés, pero he encontrado una traducción al español. Para el que le interese ahí va tochaco:  Vaya tocho macho

Yassin al-Haj Saleh

Apenas tres semanas después de ser liberado, tras 16 años de prisión en Siria, comencé a traducir un libro al árabe. El libro era «Perspectivas sobre el poder: reflexiones sobre la naturaleza humana y el orden social», de Noam Chomsky. Me había tomado un tiempo darme cuenta de que el importante lingüista y el duro crítico del imperialismo estadounidense eran la misma persona. Me pareció un ejemplo notable y muy necesario de la responsabilidad social y política de los científicos e intelectuales. Su participación activa en el movimiento por los derechos civiles y la movilización contra la guerra de Vietnam fueron impresionantes, junto con sus prolíficos escritos tanto sobre lingüística como sobre política. En el libro que traduje, había dos ensayos sobre lingüística, uno sobre la responsabilidad del intelectual y cinco sobre política.

Para los antiguos presos políticos comunistas que habían pasado largos años detenidos y habían vivido la caída del comunismo mientras estaban en la cárcel, este referente estadounidense era importante. Nos dijo que la lucha por la justicia y la libertad aún era posible, que teníamos compañeros en el mundo y que no estábamos solos, y que la caída del bloque soviético podía ser emancipadora, no una pérdida desgarradora.

El segundo libro en cuya traducción trabajé junto a otro ex preso político fue «Una vida de disensión» de Robert Barsky. Era sobre la vida y la política de Chomsky. Incluso en aquella etapa temprana, teníamos algunas críticas al rígido sistema de pensamiento de Chomsky, limitado por su EE.UU.-centrismo, que sólo resulta parcialmente útil para analizar muchas luchas, la nuestra incluida. Nosotros mismos éramos disidentes en nuestro país y en dos niveles: oponiéndonos a un régimen que mostraba flagrantes tendencias discriminatorias y opresivas, y expresando opiniones críticas sobre la Unión Soviética y su comunismo. Un principio fundamental del partido en el cual yo era un joven militante era la istiklaliyya (independencia o autonomía), que significaba que éramos nosotros, y sólo nosotros, los que decidíamos las políticas adecuadas para nuestro país y nuestro pueblo, no ningún centro en el extranjero. De tal forma que no éramos huérfanos en busca de un nuevo padre, ni nos movía el deseo de sustituir el marxismo-leninismo por una especie de catecismo chomskiano. Sin embargo, siempre pensamos que nuestra causa era la misma: luchar contra la desigualdad y la opresión en todas partes, y sobre una base de igualdad y fraternidad.

Pero el tiempo reveló que se trataba de una ilusión, de la cual somos sus únicos responsables. En los 11 años transcurridos desde el inicio de la revolución siria en marzo de 2011, Chomsky no ha escrito ni una sola vez sobre Siria para informar a sus numerosos lectores sobre el drama del país. Sus comentarios dispersos revelan que ve la lucha siria -como ocurre con todas las demás luchas- únicamente a través del marco del imperialismo estadounidense. Por lo tanto, es ciego a las especificidades de la política, la sociedad, la economía y la historia de Siria.

Es más, su percepción del papel de Estados Unidos ha pasado de un americanocentrismo provinciano a una especie de teología, en la que Estados Unidos ocupa el lugar de Dios: aunque sea un Dios maligno es el único motorizador. Como resulta comprensible, esta perspectiva cuestiona la autonomía de otros actores, lo que nos trae ecos de los debates sobre el libre albedrío de los teólogos islámicos de hace unos 1.200 años. Chomsky parece estar más cerca de los jabriyyeen, que niegan totalmente la libertad humana y constatan la omnipotencia de Dios, que de los qadariyyeen, que pensaban que la justicia de Dios y la libertad humana iban juntas.

Los yihadistas actuales se adhieren principalmente a la tradición del jabriyyah. Chomsky ha sido persistente en su propia yihad durante décadas, de una forma que recuerda a Ibn Hanbal o Ibn Timiyyah, aunque sin arriesgar la libertad o la vida como hicieron los dos padres del salafismo moderno (salvo dutante su breve detención tras una protesta en el Pentágono durante la guerra de Vietnam).

Estados Unidos nunca ha sido una fuerza a favor de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos en Oriente Medio. Su papel destructivo en la región, desde por lo menos 1967, se compara justificadamente con el papel de la tiranía estatal y posiblemente del nihilismo islámico tras la ocupación estadounidense de Irak. Sin embargo, Estados Unidos no ha sido el protagonista central de la catástrofe siria, como lo admite una declaración que el propio Chomsky firmó en marzo de 2021. Lo más que ha hecho Estados Unidos es esforzarse por no perjudicar al régimen de Assad, incluso después de que éste violara el derecho internacional que prohíbe el uso de armas químicas y cruzara la «línea roja» del entonces presidente Barack Obama en 2013, tal y como lo hizo muchas veces antes y después de ello.

La perspectiva americanocentrista de Chomsky tiende sistemáticamente a minimizar los crímenes de los Estados que se oponen a Estados Unidos. En una entrevista reciente publicada por el periódico DAWN, en enero de 2022, él dijo: «Difícilmente se puede acusar a Irán de comportamiento ilegal o criminal por apoyar al gobierno reconocido [por las Naciones Unidas]» en Siria. Apoyar a un régimen que el propio Chomsky describe como «monstruoso» no es criminal ni ilegal, insiste. No encuentra nada ilegal en apoyar a un régimen que niega cualquier derecho a sus súbditos, y cree que sería ilegal castigar a ese mismo régimen por matar a más de 1.400 de sus ciudadanos con armas químicas en una clara violación del derecho internacional. Así lo expresó a Independent Global News en septiembre de 2013.

Lo que Chomsky llama el «gobierno reconocido» de Siria es el régimen dinástico que lleva 52 años en el poder, precisamente la mitad de los 104 años que comprenden toda la historia del Estado sirio moderno. Durante estas cinco décadas, Siria ha sufrido dos veces conflictos internos. Hubo decenas de miles de víctimas en la primera oleada (1979-82) y cientos de miles en la segunda (2011 a la actualidad). Ambas están estructuralmente relacionadas con la configuración camaríllesca y discriminatoria del régimen.Comentaristas como Chomsky hacen notar su calificación del régimen como «brutal» y «monstruoso», pero apenas como el prefacio de lo que consideran que es el verdadero problema: el papel de Estados Unidos y sus aliados en la región. Se equivocan.

El carácter monstruoso del régimen es el hecho central de este conflicto y, aún más, de la historia de Siria desde 1970. Es la clave para entender la persistente catástrofe del país y la raíz de todo lo demás. Pero el enfoque de Chomsky tiene el efecto de relativizar los crímenes del régimen, que representan el 90% de las víctimas y la destrucción. Pareciera que si no se puede culpar a Estados Unidos de estos crímenes entonces no tienen una gran importancia.

También resulta bastante curioso que Chomsky mencione de forma más bien insulsa y despreocupada que cuando Irán extiende su influencia en la región, lo hace principalmente en las «zonas chiítas o zonas cercanas a las chiítas», como si esto fuera de alguna manera un hecho neutral sin implicaciones sociales y políticas destructivas. Los izquierdistas y nacionalistas de la región llamamos a esto sectarismo, fuente singularmente importante de conflictos civiles y masacres genocidas en muchos países. Chomsky parece no haberse familiarizado en absoluto con el trabajo de muchos intelectuales árabes, en su mayoría izquierdistas, sobre el sectarismo y sus efectos destructivos desde la década de 1970. Así que quizá habría que plantearle una pregunta spivakiana: ¿Pueden hablar los intelectuales subalternos? Basándome en mi reciente experiencia personal, la respuesta es que no. Mi carta a la Internacional Progresista sobre Siria no fue publicada, y sus integrantes dejaron de contactarme después de que les enviara la carta, aunque había sido suya la iniciativa hablar conmigo en abril de 2020 e invitarme a organizar todo un dossier sobre Siria para ellos. Aparentemente, no hay lugar para nosotros, los izquierdistas y demócratas sirios que nos oponemos al régimen de Assad, en una coalición progresista internacional.

Desde los días en que se planteó la «Cuestión Oriental», hace más de un siglo y medio, el sectarismo se ha desarrollado a través del nexo entre las intervenciones coloniales externas y las «extervenciones» internas, por así decirlo, cuando los grupos socioculturales nacionales se ven empujados a exigir la protección de las potencias externas. El imperialismo francés ofreció un ejemplo primordial de este paradigma hasta la independencia de Siria y El Líbano tras la Segunda Guerra Mundial, y esa historia sigue siendo relevante.

Al supervisar a las milicias chiítas importadas de Afganistán, Irak y Líbano, y al coordinarse con formaciones militares altamente sectarias como la Cuarta División del ejército sirio (dirigida por Maher al-Assad, hermano de Bashar) y otras agencias de seguridad igualmente sectarias, Irán no es meramente una «supuesta amenaza», como aseguró Chomsky en la misma entrevista; más bien es otra potencia colonial despiadada, que manipula de forma criminal las divisiones sociales que el régimen de Assad ha estado exacerbando durante medio siglo. Irán es culpable de crímenes de guerra contra personas sirias que se oponen al régimen.

Dentro de la teología de Chomsky, nada de esto es visible. La transformación de la república árabe más antigua en un estado privatizado con un creciente potencial genocida se derivó de perseguir la quimera de una seguridad permanente y absoluta, móvil que siempre ha conducido a atrocidades masivas en Siria y en todas partes, como sostiene Dirk Moses en «Los problemas del Genocidio: La seguridad permanente y el lenguaje de la transgresión». Esta transformación reaccionaria, la mayor en la historia de Siria después de la independencia, nunca ha merecido atención dentro de la perspectiva de Chomsky.

No es sorprendente que los sirios no estén representados en sus comentarios sobre Siria. Chomsky nunca se refiere a un sirio, ni cita a uno, ni siquiera menciona a un occidental que apoye la causa siria. Sus fuentes son personas como Patrick Cockburn, que considera al régimen un mal menor, y posiblemente el difunto Robert Fisk, el periodista británico que dio voz a asesinos sectarios como Jamil Hassan, el jefe de la notoria inteligencia de la fuerza aérea, y Suheil Hassan, el líder de las igualmente notorias Fuerzas Tigre, pero nunca a personas críticas hacia el régimen químico. Los tres comparten una perspectiva desde la «alta política» centrada en los «gobiernos reconocidos» -Rusia, Irán, Israel y Arabia Saudí- así como en los yihadistas y el imperialismo estadounidense.

De Cockburn, Chomsky toma prestada la noción de «wahabización del islam suní», que es una generalización precipitada e irresponsable, y por lo mismo resulta tan útil para quienes no saben y quieren que otros crean que saben. Esta generalización no difiere en absoluto del libro notoriamente racista de Raphael Patai, «La mente árabe», que proporcionó la base teórica para la tortura en Guantánamo y Abu Ghraib, según Judith Butler en «Marcos de guerra». Cockburn no le dijo nada a Chomsky sobre la iranización del islam chií, también una gran generalización, aunque un poco más plausible si se tiene en cuenta que los chiíes son un grupo minoritario en la mayoría de los países musulmanes y porque hay un centro imperial activo en Teherán.

Es bastante revelador, por cierto, que DAWN haya omitido las exoneraciones de Chomsky a Irán y su «actuación principalmente en las zonas chiítas o cercanas a las chiítas», en la versión árabe de su entrevista con él. Ellos tienen una mejor comprensión del tema, y parece que se sintieron avergonzados por lo que dijo.

Si la «wahabización de los árabes suníes» es el diagnóstico correcto de una enfermedad fundamentalista puesta de manifiesto por el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, entonces quizás el remedio correcto sería el tipo de deswahabización que hemos visto en la bestial prisión militar siria de Sednaya, Guantánamo o Abu Ghraib, donde se pueden probar y desarrollar «técnicas mejoradas de interrogatorio». Personajes como Cockburn y Chomsky han contribuido a insensibilizar a la opinión pública occidental ante lo que pueda ocurrir con el «rebaño wahabizado», algo que aumenta la precariedad de sus vidas y legitima las mismas guerras a las que Chomsky se opone.

Pero, ¿por qué Cockburn, que ni siquiera habla árabe, es «el comentarista más serio» sobre Siria y la región, según el coautor de «Fabricando el consenso»? ¿No hay gente en la región que sea capaz de comentar seriamente sus propios asuntos y representarse a sí misma? ¿Es concebible hoy en día que incluso los autores mainstream de Estados Unidos llamen a un periodista extranjero «el comentarista más serio» sobre otro país o región extranjera? En esta práctica inesperadamente colonial, Chomsky podría beneficiarse de una buena dosis de Edward Said.

Por cierto, hay unos cuantos libros en árabe sobre el islamismo contemporáneo, Siria y grupos como el Estado Islámico, más informativos y matizados que «El ascenso de Estado Islámico: ISIS y la nueva revolución sunita» de Cockburn, cuyo «análisis» sectarizante y conocimiento estereotípicamente colonial es regurgitado acríticamente por «el intelectual público vivo más citado del mundo». Fisk fue aún más mecánico al desplegar este método colonial de análisis. Estos tres hombres repiten cosas coloniales rancias, rehabilitadas por regímenes coloniales internos como el de Assad y por crueles potencias expansionistas como Irán y Rusia para su propio beneficio.

Lo que tanto Chomsky como su «comentarista más serio» ignoran es que el islamismo en todas sus variantes es un fenómeno minoritario y elitista, y esa es una de las razones por las que es tan violento. Las encuestas del Barómetro Árabe en 2018-19 mostraron que «menos del 20% de la gente en Túnez y Egipto (así como en Argelia, Jordania, Irak y Libia) confiaba en los partidos islamistas. Más del 76% estaría a favor de la democracia y el estado civil». Estas cifras se citan en el libro de Asef Bayat «Vida revolucionaria: El día a día de la primavera árabe». En este libro, publicado en 2021, encontramos un enfoque genuinamente democrático, una perspectiva subalterna, análisis matizados, respeto a los hechos, un antirracismo de principios, a diferencia de la teología de Chomsky y de su fuente. Siria no es en absoluto diferente de las sociedades que aparecen en la encuesta.

En los siguientes párrafos intentaré mostrar a los lectores cuán superficial es la tesis de la wahabización, aunque sin entrar en muchos detalles.

El islamismo contemporáneo es el intento de generar política en sociedades que no tienen una verdadera política interna, en Estados que tampoco tienen una verdadera soberanía a nivel internacional. Muestra los límites de la pobreza política en sociedades que han sufrido el politicidio, como Siria, Egipto, Libia, Túnez, Irak y Arabia Saudí. Porque la única «asamblea» que ni siquiera los regímenes exterminadores pueden disolver es la de los creyentes en los lugares de culto, y la única «opinión» que no pueden silenciar es la de las sagradas escrituras. Esta circunstancia es la razón por la cual los islamistas llegaron a desempeñar un papel relativamente importante en las últimas cuatro décadas. El Islam permitió a mucha gente reunirse y hablar, e incluso protestar sobre asuntos públicos.

Sin embargo, la estructura jerárquica y elitista del islamismo también enajena sistemáticamente a la gente de la política desde que el islamismo pasa de la protesta al poder. Incluso en el caso del yihadismo, que constituye una minoría aún más pequeña dentro de la minoría islamista, sería una simplificación excesiva reducirlo a un proceso de wahabización desencadenado por la monarquía saudí. Por el contrario, el yihadismo es una guerra que se libra cuando los Estados árabes y musulmanes modernos no pueden luchar contra los invasores extranjeros (estadounidenses, israelíes, etc.) y sólo pueden hacer la guerra contra sus súbditos. El Islam que fue formado por el imperio (en lugar de formarlo), se encarga de responder a esta condición a largo plazo de la deficiente soberanía de los Estados. Definitivamente hay un componente anticolonial y antiimperialista en la yihad, pero no lo capta la imaginación y la memoria imperialista mitificada del islamismo contemporáneo.

En Siria, en particular, la reducción de una mayoría sociocultural a una minoría política -con la discriminación, el politicidio, la tortura y las masacres como métodos para efectuar la minorización- tiene un considerable poder explicativo para comprender mejor el islamismo suní. Las personas no representadas, a las que se les niegan los derechos y la capacidad de organizarse, tienden a encontrar representación en sus identidades religiosas. La coincidencia con la tiranía estatal agresiva -que mira a los gobernados con el ojo gorgónico de la soberanía (unidad, matanza, excepción) y a las potencias regionales e internacionales con el ojo benigno de la política (pluralidad, negociación, reglas)- hace que el ascenso del islamismo violento sea una certeza histórica.

En nuestros Estados al revés, donde la guerra es hacia dentro y la política hacia fuera (a diferencia del Islam clásico y del tipo ideal de los Estados-nación modernos), el yihadismo contemporáneo representa la soberanía sin política, las guerras hacia fuera y hacia dentro. Me extiendo un poco en esta cuestión del fundamentalismo porque parece ser un punto importante en la teología de Chomsky y por el patético nivel de conocimiento sobre el islamismo en Occidente. En el análisis contemporáneo, los islamistas, y especialmente los yihadistas, parecen irracionales, irresponsables y sin sentido. Con esto como teoría, la solución no puede ser otra que remitirlos a Guantánamo, a Abu Ghraib, al Guantánamo de Europa (el campo de detención de al-Hol, en el noreste de Siria, donde miles de mujeres y niños, cientos de ellos de origen europeo, están detenidos indefinidamente por estar relacionados con algunos «combatientes ilegales» del Estado Islámico) o a Sednaya (y Tadmur en los años de mi juventud) sin derecho alguno, y dejarlos allí indefinidamente. Han sido convertidos en inhumanos, y por lo tanto sus vidas no importan.

¿El estudio serio del islamismo en su amplio espectro, desde los individuos practicantes hasta las organizaciones nihilistas como el grupo Estado Islámico y Al Qaeda, justifica y legitima a estos últimos? En absoluto. Pero ciertamente puede ayudarnos a entender un fenómeno global importante y a evitar las batallas reaccionarias en las que estos islamistas, junto con sus poderosos homólogos de Occidente, Rusia, India y China, quieren que nos hundamos durante generaciones.

Las «ideas» de Chomsky al respecto no son más que otra expresión del fracaso de las humanidades occidentales para humanizar: Da por sentada la parte de la deshumanización, reproduce una versión pobre de la misma y la consolida. Existe una cuestión islámica global (islamismo más islamofobia, que es en realidad una mezcla de sunnifobia y arabofobia), y la forma en que el islam y el islamismo se representan en todas partes sólo parece trazar un camino hacia una carnicería cada vez mayor. En esto, el gurú criticado aquí es tan conservador como se puede llegar a ser.

La situación en Siria, con cinco potencias ocupantes, es instructiva para cualquiera que esté realmente interesado en mejorar su comprensión de la actual situación mundial. Tenemos a las fuerzas estadounidenses en una parte del país, a los rusos e iraníes protegiendo al «gobierno reconocido», a los turcos en otra parte, los cuatro con sus apoderados locales o importados; y antes de todo eso, tenemos a los israelíes, que han ocupado los Altos del Golán desde 1967 y han monopolizado los cielos de Siria en coordinación con los rusos.

Siria es una rara situación de «imperialismo líquido», parafraseando al difunto Zygmunt Baumann; sin embargo, el hecho de que haya cinco estados poderosos en un pequeño país, o lo que puede llamarse «imperialismo en un país», no parece interesar a Chomsky. No olvidemos tampoco que «los imperialistas conquistados», o los imperialistas sin imperio -me refiero a los yihadistas suníes procedentes de todo el mundo- siguen ahí. Esta compleja situación no puede explicarse relativizando los crímenes de los adversarios de Estados Unidos y absolutizando los de los estadounidenses.

Chomsky dice que la intervención de Rusia en Siria está «mal» pero «no es imperialista», porque «apoyar a un gobierno no es imperialismo». Rusia tiene muchas bases militares en Siria, ha alquilado el puerto de Tartous durante 49 años y ha matado a 23.000 civiles sirios en seis años. Putin y sus ayudantes se han jactado varias veces de haber probado con éxito más de 320 sistemas de armas en Siria y de que el 85% de los comandantes del ejército ruso adquirieron experiencia de combate en Siria. En 2018 y 2019, Rusia recibió pedidos de armas por valor de 51,100 y 55,000 millones de dólares. Estas acciones no figuran en absoluto en el análisis de Chomsky; en respuesta a la pregunta del médico sirio Taha Bali sobre el imperialismo ruso, Chomsky negó que tuviera lugar una práctica imperialista antes de pasar apresuradamente a su eterno monólogo: «¿Qué hace Estados Unidos? Apoya a los países que están desarrollando a los movimientos yihadistas», refiriéndose a la monarquía saudí.

Esta visión es bastante superficial, como espero que haya quedado claro a estas alturas. En todo caso, la falta de soberanía del Estado saudí y su necesidad de protectores extranjeros, más que su apoyo activo, es lo que explica el yihadismo. Osama bin Laden fue bastante claro en este punto en 1990 cuando pidió que los saudíes no permitieran que las tropas estadounidenses y de otros países tuvieran bases en el reino y dijo que sólo los musulmanes debían defender las tierras musulmanas. Sin embargo, el apoyo de Estados Unidos a los saudíes tampoco tendría que considerarse imperialismo, dado que el gobierno saudí también está reconocido por la ONU.

Una idea del vergonzoso nivel de conocimiento de Chomsky sobre Siria puede verse en la misma entrevista en vídeo en la que afirma que no hubo ningún levantamiento en Siria en 2012 (según nuestro conocimiento subalterno, el levantamiento comenzó en marzo de 2011) y luego da a entender que, si hubo manifestantes, estaban allí junto al Estado Islámico y otros grupos yihadistas.

Se entrevé de forma igualmente interesante el modo de pensar de Chomsky cuando, sobre la cuestión de la intervención humanitaria tras la masacre química de 2013, pregunta al mismo médico y activista sirio: ¿A quién deberían bombardear los estadounidenses en Siria? ¿Al régimen? Porque eso, por supuesto, socavaría el «frente de resistencia» a los yihadistas. La reducción de la lucha siria a este marco dominante por parte de Chomsky es compartida por Eric Zammour, el candidato presidencial de la derecha francesa, quien recientemente recomendó rehabilitar las relaciones con el régimen sirio porque las opciones son el statu quo o el Estado Islámico y el califato. Otro adepto es Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, que declaró en 2012 que Rusia no aceptaría el dominio suní en Siria. Chomsky tiene muchas ideas fijas, y parece más fácil mover montañas que esperar que las revise o admita errores.

En medio de todo esto, la crítica de Chomsky al papel de Estados Unidos en Siria parece totalmente superflua. Dado que Estados Unidos hizo exactamente lo que a Chomsky le gusta: Nunca bombardeó al régimen, combatió sólo a los yihadistas, pensó, como él, que o es Assad o es el yihadismo, y apoyó a los kurdos, a los que deseaba que el malvado Dios estadounidense protegiera (véase su participación en «Disidentes de la izquierda internacional», editado por Andy Heintz, 2019, página 26). ¿Por qué protegerlos a ellos, pero no a todos los demás? Los sirios han pedido protección internacional desde el otoño de 2011, unos seis meses después de su levantamiento totalmente pacífico, en vano. Sólo después de movilizar su propio poder colectivo pacífico y luego exigir la protección del mundo del que se creían parte, mucha gente empezó a recurrir a Alá, lo que fue bueno para los grupos alá-cráticos.

Curiosamente, Chomsky habla en el libro de Heintz como un general militar, diciéndole al hegemón imperialista estadounidense que «debería hacer todo lo posible para proteger a los kurdos en lugar de mantener las políticas pasadas de traición habitual». Por una vez, la intervención humanitaria es posible.

En realidad, los sirios han sido palestinizados mientras que el régimen se israeliza con Rusia ocupando el papel de Estados Unidos: vetando 16 veces una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para proteger al régimen de los señalamientos. Pero el pensamiento de Chomsky parece residir en la teología más que en la historia, libre de contexto o posición y eternamente válido, por lo tanto, inmutable. Este privilegio del sistema sobre el contexto y la posición explica que Chomsky haga referencia a la masacre química de Saddam Hussein en Halabja en 1988 en su entrevista con DAWN mientras que no menciona nada sobre las numerosas masacres químicas perpetradas por el régimen en Siria, aunque son mucho más recientes. A estas alturas debería estar desalentadoramente claro por qué: Estados Unidos estuvo implicado en la primera, por lo que sus víctimas son dignas de compasión. El papel de Estados Unidos en la masacre química siria fue más ambiguo: condenó el ataque pero se apartó de su propia línea roja y pasó a negociar un sórdido acuerdo con Rusia. El acontecimiento no se prestaba a la visión determinista de Chomsky, así que resolvió su disonancia cognitiva recurriendo a la negación.

«No resulta tan obvio por qué el régimen de Assad habría llevado a cabo un ataque de guerra química en un momento en que está prácticamente ganando la guerra», dijo. Bueno, no resulta tan obvio por qué los nazis habrían llevado a cabo ejecuciones en cámaras de gas en un momento en el que estaban prácticamente ganando la guerra en el Este. Durante al menos seis meses, Hannah Arendt dudó de la existencia misma de las cámaras de gas porque no eran militarmente necesarias. Tampoco resultaba obvio por qué el ejército estadounidense humillaba, aterrorizaba y torturaba a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib después de haber derrocado con éxito al régimen de Saddam. Incluso no es obvio por qué el propio régimen de Assad seguiría torturando a personas en su calabozo durante años, sólo para ejecutarlas al final.

Sustituyendo los hechos por una lógica primitiva, el comentario de Chomsky sobre las masacres de agosto de 2013 no es una expresión de conocimiento, sino de negación basada en un razonamiento interesado. No era imposible para él leer los informes de Ghouta Oriental, basados en la investigación de campo y el activismo, de gente como el gran Razan Zeitouneh, traducidos al inglés, y publicados justo después de la enorme masacre de agosto de 2013 (ver aquí y aquí). Pero Chomsky nunca ha permitido que los hechos compliquen sus ordenados esquemas. En su análisis, los activistas y escritores sirios son invisibles, inexistentes de hecho.

Chomsky apoyó a Ted Postol, el teórico de la conspiración que niega la masacre química de Khan Sheikhoun, donde murieron 92 personas el 4 de abril de 2017. Este «profesor del MIT» fue descrito por el camarada Noam como «un analista muy serio y creíble», comparable sin duda al «comentarista más serio.» ¿Hay personas en Khan Sheikhoun con las que se pueda entablar contacto y preguntar sobre lo que ha sucedido a su comunidad y quién creen que fue el responsable de matar a sus seres queridos? No en el mundo de los «profesores del MIT». En nuestro mundo, el subalterno puede tener voz, pero no tiene audiencia dentro de las universidades estadounidenses de élite.

Uno llega a la conclusión de que un crimen es un crimen cuando lo comete el imperialismo estadounidense o se comete contra quienes no son sus aliados. Por el contrario, un crimen no es gran cosa cuando los autores no son los estadounidenses o las víctimas son sólo de las comunidades «wahabizadas». No hay nada «criminal» o «ilegal» en matar a los de esta última categoría. Incluso el apoyo a un régimen monstruoso no puede ser criminal, porque ese mismo monstruo es un gobierno.

El «gobierno» de Siria dirige una máquina de tortura; es extremadamente corrupto, extremadamente sectario y extremadamente destructor de la verdad. En un mundo cuerdo esto significa que es ilegítimo. Es una junta bajo cuyo largo gobierno Siria ha pasado de ser un país subdesarrollado a un matadero sin remedio. En los 52 años de gobierno de la familia Assad, se ha legitimado utilizando el tropo colonial de «proteger a las minorías». Otra idea legitimadora utilizada por el régimen después de la revolución es la guerra imperialista contra el terror, el único «gran relato» que queda en nuestro planeta, y la base de las alianzas criminales contra los movimientos populares y a favor de las juntas criminales en todas partes. Por lo tanto, es extraordinario que Chomsky, un autoproclamado anarquista, justifique la intervención rusa en Siria porque fue invitada por su «gobierno reconocido».

La osificación del sistema de pensamiento de Chomsky explica la paradoja de calificar al régimen de brutal y monstruoso sin poder decir una sola frase positiva sobre ninguno de los que han luchado contra él. Entre otras cosas, su sistema estrangula su mejor juicio. No puede ser ciego al hecho de que el régimen dinástico de los Assad es uno de los peores del planeta. En cambio, Chomsky se guía por un sistema muerto, indiferente al legítimo deseo de la gente de no vivir bajo una tiranía violenta, así como a la magnitud del sufrimiento y el dolor humanos que se les inflige cuando actúan de acuerdo con ese deseo. Se aferra a un sistema reificado porque funciona como lenguaje común que comparte con sus fans y seguidores. Por eso le cuesta más disentir de este sistema que del sistema imperialista estadounidense. En el Islam, llaman a la primera disidencia la yihad mayor. Siempre es más fácil luchar contra los enemigos declarados que contra el propio discurso y yo imperial.

Siendo yo mismo un izquierdista de toda la vida, lo que me ha impactado en el discurso izquierdista occidental sobre Siria no ha sido la posición poco fraternal, antidemocrática y antipática de muchos de los implicados, sino la trivialidad del debate, una combinación embrutecedora de ignorancia y arrogancia. Siria nunca ha sido el foco del debate; más bien ha sido sólo una herramienta para reiterar viejos dogmas sobre el imperialismo estadounidense y sus intrigas. Es la misma cáscara solipsista dentro de la cual prosperan Cockburn y Fisk. Chomsky no puede reconocer a los sirios porque desestabilizamos este sistema, complicamos el lenguaje e insistimos en nuestro derecho a representarnos.

Algunos lectores pueden encontrar esta crítica dura y emocional en su refutación de un supuesto aliado. Lo es. Y lo es precisamente porque se suponía que era un aliado. Chomsky es bastante influyente, y es responsable de la difusión de juicios erróneos y apatía sobre la mayor lucha de este siglo. Ya no es una conducta correcta absolverle de las críticas, como hemos hecho hasta ahora los escritores y activistas sirios. El problema con Chomsky no es que sepa poco sobre Siria (que de hecho es el caso); el problema es que nunca puede decir «no sé». Desde su perspectiva, es tan omnisciente como omnipotente es el imperialismo estadounidense. Lamento decir que su sensibilidad es aún menor a lo poco que sabe, como lo demuestra su imperdonable comentario sobre la masacre química de 2013. Puede conducirse como polemista de una manera bastante deshonrosa, como demuestra un largo intercambio de correos electrónicos entre él y Sam Hamad en 2017. Lo que parecía estar en juego para él es su propia corrección, no el destino de millones de personas. Semejante insularidad es un insulto a cualquier política verdaderamente de izquierda y liberadora, y merece ser dejada atrás.

Si algo ha hecho Chomsky es contribuir a invisibilizar a los activistas y escritores sirios que luchan por la democracia y la justicia social, en lugar de ayudar a hacernos más visibles a nosotros y a nuestra causa. Difícilmente el comportamiento de un aliado.

Es fácil detectar un fuerte componente imperialista en el antiimperialismo verticalista de Chomsky, que simplemente no ve a la gente corriente en su lucha por la vida y la dignidad; sin embargo, no se abstiene de informarnos acerca de lo que es una lucha genuina, qué amenazas son reales y cuáles son supuestas, y a quién se le permite darles sentido. Anexar todas las luchas a aquella que Chomsky y los suyos decidan no es diferente de anexionar otras tierras a un centro imperialista. Lo primero reclama la istiklaliyya (independencia como mentalidad) y lo otro el istiklal (autogobierno). El antiimperialista imperialista siempre sabe lo que conviene sin molestarse en estudiar. Los hechos prosaicos no son importantes.

La influencia de Chomsky en el extranjero supera incluso a los presidentes estadounidenses en cuanto a su poder simbólico; sin embargo, a diferencia de ellos, no está sujeto ni siquiera a los «controles y equilibrios» teóricos. Es intimidante criticar a una autoridad así. Puede ser peligrosamente intimidante criticar a las autoridades políticas, como sigue ocurriendo en mi país, en Rusia, en Irán y en muchas partes del mundo. Pero es nuestro deber como agentes éticos en las luchas contemporáneas por la libertad y la justicia cuestionar a estas autoridades y mostrar sus limitaciones. He intentado mostrar que, en relación con la causa siria, esta autoridad concreta carece de información básica, de análisis matizados, de curiosidad intelectual y de empatía humana. Es justo decir que se trata de una autoridad inconstitucional, incluso absoluta y arbitraria.

Veinticinco años después de haber traducido «Poderes y perspectivas», encuentro que su autor cierra decisivamente cualquier perspectiva de un futuro diferente. La perspectiva de Chomsky contradice a la democracia en muchos aspectos fundamentales: alta política, americanocentrismo, jabriyyah, omnisciencia, desatención a lo contingente y a lo sorprendente (que es la historia), antiimperialismo imperialista verticalista, y una negación total de la agencia de los pueblos que luchan por la libertad y la justicia. El sistema de pensamiento de esta autoridad es autoritario. Es un establecimiento del que hay que disentir tanto como del comunismo soviético y sus derivados.


*Yassin al-Haj Saleh es un escritor sirio y ex preso político. Artículo publicado originalmente en inglés por New Lines Magazine.

https://mst-rd.org/2022/03/23/chomsky-y-siria/

Muy interesante.
Coherente con las posturas de quienes usan a Chomsky como heraldo.
La cuestión se simplifica en OTAN contra Rusia, para exonerar o relativizar el papel de Rusia, al fin y al cabo todo lo que hace es enfrentarse al diablo. Ombliguismo puro y duro, lo único que explica el mundo son nuestras cuitas. Aquí tenemos quienes buscan desesperadamente a Otanistas para legitimar este relato. 
A mi me parece que muchos no estamos entrando en el fondo del conflicto, ignoramos casi todo de él, solo llegamos a hacer interpretaciones de brocha gorda de geopolítica para dummies. Para pasar el rato. Aunque nuestra posicionamiento fundamentamente es ético, no entra al fondo del asunto, sino que las formas nos parecen en todo caso intolerables.

Algo de razon no te falta.
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Mensaje por Pike 06.05.22 11:17

pantxo escribió:
Pike escribió:Ahora me diréis que este vídeo es lo más normal del mundo.  Laughing  Laughing  Laughing  Laughing


La version rusa de Abascal a caballo hacia la reconquista.
La señora esta podria participar en unos cuantos topics, el de mosen Atabal, madurez sexi...

De acuerdo en todo Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing
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Mensaje por Zoetrope 06.05.22 11:19

pantxo escribió:
Heaven escribió:¿Lula no queria volver a ser presidente de Brasil? pues no haremos más preguntas pero ya sabemos por que es tan tibio condenando a Puttin y sus secuaces...

Lo que no acabo de entender de tanto anti_Otan y anti_yanqui por que les cuesta tanto condenar la guerra y sus crímenes, una guerra que ha empezado Rusia. Luego somos los que les condenamos a Rusia somos los pro_Otan pero es que otros parecen echar de menos el Pacto de Varsovia, Stalin, el muro de Berlin, a Mao, a Pol Pot ... Que cada uno se mire sus fobias y sus filias pero ahora mismo en Ucrania estan muriendo miles de personas cuyo único delito ha sido no recibir a las tropas de Puttin con flores y pasteles.

Quien no condena la invasion o las salvajadas de Putin? Que adjetivos que no haya usado quieres que use?
Yo te podría decir lo mismo sobre el bando ucraniano. Pero claro, aqui tifamos los demas, el bufandeo y tal... Me sorprende bastante la actitud belicista de alguno/as, de otro/as ni hostias, pero bueno, mientras haya respetuo mutuo por aqui seguiré.

Buscando desesperadamente a gente del otro bando para justificar el mio.
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Mensaje por borogis 06.05.22 11:20

Pike escribió:Ahora me diréis que este vídeo es lo más normal del mundo.  Laughing  Laughing  Laughing  Laughing


pero qué cojones es esto....??

Laughing Laughing Laughing Laughing
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https://www.youtube.com/channel/UCdI_f578CHwZBFQC6kHvb9g

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Mensaje por Intruder 06.05.22 11:21

Mil flechas mil para todas las intervenciones de pantxo
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Mensaje por millino 06.05.22 11:22

Por favor, dejad de citar a la madre de todos los tochos, que es imposible leer Laughing
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Mensaje por terremoto73 06.05.22 15:22

Wonton Sopabuena escribió:lasrepublicas.com tiene un extenso artículo de hace un par de días sobre lo que pasó en Odessa, por si alguno no está al tanto.

ya les vale

con que respeto trata la prensa española al batallón txupito,asi si

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