Patria (Serie HBO)

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Mensaje por Hanset Vie 27 Nov 2020 - 10:11

Veo que de nuevo ha vuelto a dar en el clavo...
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Mensaje por alflames Dom 6 Dic 2020 - 1:11

me la vi ayer del tirón así que no tengo ni idea de capitulos que parece lo más relevante para analizar la historia segun vosotros

viendolos todos seguidos, las escenas "repetidas" me han cargado un poco a lo mejor 2 veces o una y media cada una vale, pero tantas...

me ha gustado, las actuaciones de las 2 protagonistas me han parecido perfectas

lo que mas me ha gustado ademas de ellas dos ha sido la relacion entre las 2 familias, de hecho a lo mejor la serie ganaria si no tuviese ningun personaje más, porque creo que salvo cositillas, no consigue apoyarse bien en el resto (el de huelva que tiene al hijo en mexico es totalmente wtf cada vez que aparece menos media, no recuerdo pero si aparece 2 veces me sobra en 5 y media), el cura aunque le pillo por donde va.. tambien me flojea la mitad de las veces, la escena del manosea a nerea estaría bien si se hubiese complementado con otra similar pero mas comun, dejando solo una escena del estilo siendo esa parece casi un chiste por las dos partes,

pero lo que menos me ha gustado es que elige exagerar rasgos complementarios en las dos protas, entiendo para que sirve exagerar y por que puede ser necesario, pero de la forma que esta hecho me parece que convierte los dos personajes en más planos de lo que podrían ser, y lo digo porque creo que si a las 2 les hubiesen dado los papeles mas complicados de la historia los hubiesen bordado

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Mensaje por Ashra Lun 7 Dic 2020 - 12:50

Patria (2016) entronca con las novelas y películas dedicadas al terrorismo tras el alto el fuego de ETA y en este artículo desentrañamos, entre otras cosas, su particular utilización de la “narrativa del conflicto” del nacionalismo vasco. Al adoptarla cae en las mismas contradicciones, simplificaciones y maniqueísmos que Sabino Arana Goiri (1865-1902). La sociedad vasca pierde elasticidad al convertirse en una especie de superposición de grupos estancos que carecen de vasos comunicantes y parecen impermeables a las variaciones de la realidad. La novela pierde así eficacia como instrumento para adentrarse en aspectos más profundos de la psique vasca y redunda en estereotipos y clichés ya conocidos sobre el llamado “conflicto vasco”

Un artículo procedente del ámbito científico en el que se analiza la novela Patria

https://revista.sanchoelsabio.eus/index.php/revista/article/view/296
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Mensaje por georgino Mar 8 Dic 2020 - 11:18

La actriz estadounidense Gwyneth Paltrow, que vivió en España durante su juventud, ha desvelado que le encanta la serie 'Patria'.
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Mensaje por Txomin Vie 19 Mar 2021 - 22:33

Dónde está rodada? Qué pueblo es? Me ha parecido rente, pero no estoy seguro....
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Mensaje por Amakriskris Vie 19 Mar 2021 - 22:51

@Txomin escribió:Dónde está rodada? Qué pueblo es? Me ha parecido rente, pero no estoy seguro....

Elgoibar y Soraluze, aunque a mí tb me dio la impresión de que alguna escena estaba rodada en rente!
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Mensaje por Txomin Sáb 20 Mar 2021 - 0:29

@Amakriskris escribió:
@Txomin escribió:Dónde está rodada? Qué pueblo es? Me ha parecido rente, pero no estoy seguro....

Elgoibar y Soraluze, aunque a mí tb me dio la impresión de que alguna escena estaba rodada en rente!
Thanx
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Mensaje por Axlferrari Sáb 28 Ago 2021 - 11:01

Patria (Serie HBO) - Página 15 16301341885098

Fernando Aramburu : "Nací en una familia obrera con poca cultura, y si no hubiera sido por los libros podría haber repetido el destino laboral de mi padre"


https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2021/08/28/6127c5c6e4d4d84f328b45ba.html

Artículo Premium:

Spoiler:
Cinco años después de Patria, con su millón y medio de ejemplares vendidos, regresa el Aramburu novelista con Los vencejos (Tusquets). La soledad, el desencanto y la inestabilidad emocional rondan la vida de este hombre complejo y cincuentón que sólo tiene un amigo y al que confiesa que quiere suicidarse en un año exacto. En un diario cuenta sus incertidumbres y revive su pasado. El libro, de 700 páginas y con una tirada inicial de 150.000 ejemplares, aborda "qué función le queda, si es que le queda alguna, al varón maduro en una época de post patriarcado". El escritor donostiarra anuncia que sopesa volver a escribir sobre el terrorismo pero desde un punto de vista humorístico. Este pasado jueves, en la plaza de La Guindalera, el barrio madrileño donde transcurre buena parte de la novela, se realizó la entrevista.

¿Por qué los vencejos y no las golondrinas o los estorninos?

F. Aramburu: Porque hay muchos en la ciudad [Madrid] cuando la he visitado, por la mañana y al atardecer sobre todo. Los vencejos figuran en la novela pero no como elemento decorativo, cumplen una función simbólica. El protagonista narrador les incorpora a su mundo de sueños y de reflexiones.

¿Cómo se le ocurrió la novela, hubo un fogonazo?

F.A.: No recuerdo un hecho inicial, al contrario de otras narraciones. Llegué a raíz de unas preguntas que me hacía sobre dos cuestiones: la función que le queda, si es que le queda alguna, al varón maduro en una época de post patriarcado, pues el feminismo va cumpliendo en la democracia sus legítimas reclamaciones pero qué pasa con el alimentador, el señor que mandaba en la familia y tenía la última palabra. Y el otro estímulo, simultáneo, no tiene tanto que ver con el suicidio sino con la circunstancia de que uno sepa el día y la hora exacta de su muerte, cómo se vive eso; sobre todo cuando no son inmediatas, cuando no se llega por un impulso ciego sino dentro de un plazo que permite adoptar una visión de la vida cotidiana que acaso sea muy distinta. Como, por ejemplo, el valor de unas cosas que nos parecen muy importantes y que dentro de poco las vamos a perder o si merece la pena aceptar las leyes. Cuando vi que había una posibilidad de novela la diseñé tras tomar unas decisiones de tipo formal, técnico entre las que incluyo el final, que por cierto no era el que tiene la novela. Ideé una novela al estilo mosaico, con secuencias breves, el tipo de modulación del idioma adaptado a un hombre maduro de 55 años con un nivel cultural elevado... Y me lancé.

El protagonista se quiere suicidar sin un motivo claro, podría parecer una novela existencialista.
F.A.: Eso depende de quien lo lea; según el lector, la novela irá en una dirección u otra. El protagonista no sabe por qué se va a suicidar, el autor tampoco. Él se concede un año para saber por qué no quiere vivir más. Quizá porque lo vivido ya es suficiente. Si esto se anuncia ya en la primera página, de alguna manera es como una cuenta atrás. Si sigue leyendo, el lector va a ejecutar al personaje, aunque podría liberarlo de este destino dejando de leer.

En ese año, que se inicia el 1 de agosto de 2018, el protagonista va desprendiéndose de sus libros, excepto de El extranjero de Camus. El autor francés aparece a menudo en el libro, incluso se cita su conocida frase "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio".

F.A.: Tanto para Toni, el protagonista, como para Fernando Aramburu, Camus es muy importante porque los dos hemos creado una moral con la que nos manejamos para convivir con los demás que está muy bien teorizada por Camus en El hombre rebelde. La frase que citabas, de El mito de Sísifo, me parece una chorrada, una afirmación gratuita. Pero Camus es mucho. Y Bertrand Russell, que consideraba que una vida buena, positiva está fundada en tres principios en los que Toni fracasa: la experiencia del amor, que no le sale bien; el afán de conocimiento, ya desde el principio empieza quejándose porque hay cosas de la vida cotidiana que no entiende, y la empatía con los dolores del mundo, en la que también fracasa porque no termina de conectarse con los demás, los problemas colectivos le dan igual: va a votar y vota a ciegas. Camus y Russell cuestionan la crueldad, la falta de comprensión.

¿Los libros consuelan, sirven para algo?
F.A.: Yo discrepo de mi personaje porque la cultura, el cultivo de la persona sí es liberador y yo lo he percibido en mis propias carnes porque nací en una familia obrera, con muy poca cultura, y si no hubiera sido por los libros podría haber repetido el destino laboral de mi padre, no habría conocido otros países. El libro es un símbolo cultural. El libro supone el conocimiento del idioma y por tanto la posibilidad de nombrar el mundo y entenderle. En principio Toni también creía algo parecido, lo que pasa es que ha llegado a un desengaño, que para mí es ajeno, y vuelve la mirada atrás, busca culpables y entre ellos encuentra los libros. Está en un laberinto de culpas, de arrepentimiento, de mala conciencia. Confío en que los lectores vean cierta complejidad en el personaje.

Toni sólo tiene un amigo, que es un descreído, con el hijo no se entiende... en realidad sólo se lleva bien con su perro.

F.A.: Es curiosa su soledad, es una soledad acompañada. Con los otros personajes de la novela [su hermano, su ex novia Águeda, por supuesto su ex mujer Amalia...] tiene una relación no plena, no satisfactoria, salvo con su perra y con su muñeca hinchable. Son los dos únicos entes con los que se comunica con cierta plenitud, sin trampas.

¿Por qué situó la trama en Madrid?
Es una ciudad muy visitada por mí, donde viven amigos y parientes. Y como tenía la ambición de introducir un dibujo de la España de nuestros días no tuve duda de que Madrid es un escenario pintiparado, ocurren muchas cosas. Elegí La Guindalera porque lo conozco, porque vive una sobrina mía que me ha ayudado mucho y porque me parece un barrio muy auténtico, no está invadido por turistas.

Hay bastante sexo en el libro.
Tiene una razón. La novela activa una paradoja que me parece que hay que tener en cuenta: el protagonista es un hombre racional, muy propenso al discurso analítico y sin embargo no ha superado nunca las pulsiones físicas. Crea en él como dos espacios, de pronto actúa de una forma irracional, dejándose llevar por el instinto. El sexo remarca mucho la soledad de este hombre. El sexo no está recogido en el libro como unas páginas calentitas que puedan excitar el morbo del lector. De hecho no hay ninguna escena erótica de tipo divertido, nunca se hace comedia. Tanto el protagonista como su amigo, Patachula, viven mediante el sexo de pago uno de los últimos restos del patriarcado, pagando logran durante unos minutos la mujer sumisa, que no les exige nada. Viven durante un rato esa ilusión de poseer un cuerpo a cambio de unos honorarios

Y por ahí anda Tina, una muñeca hinchable.
Tina es tratada con mimo, es la Dulcinea del Toboso de Toni. Proyecta en esa muñeca toda una serie de fantasías varoniles, se desfoga con ella, pero en cierto modo la humaniza poniéndole un nombre, tratándola con cierto afecto. Estos episodios son un poco tristes pues muestran la radical soledad de ese hombre. Hay un episodio en que su hijo descubre la muñeca y esa escena podía dar pie a un pasaje chusco pero no quise.

Menudo protagonista, taciturno, soso, medio fracasado, solitario...
F.A.:Pero es lúcido. Tiene un saco de defectos pero tiene lucidez.

¿Eso es lo que le lleva a la amargura?
F.A.:A ratos sí. Yo lo veo como un hombre al que le gustaría, una vez en la vida, vivir algo grande, protagonizar una tragedia y no sabe cómo. Le gustaría ser Hamlet, el joven Werther. Que la vida se lo permita o no, eso se sabrá si se lee la novela. Pero mala leche también tiene. E ironía, cuando quiere.

La novela parece un poco sombría.
F.A.: A mí me vienen episodios gamberros, divertidos. Aquí hay una pequeña trampa: todo lo que sabemos de los personajes nos lo dice el narrador, habría que cogerlos con guantes porque igual el tipo este nos está dando una descripción desfavorable que igual no se corresponde con la realidad. Pero en principio no hay miseria, no hay violencia, salvo la doméstica de los padres... Es más bien gente que se disputa espacios que no terminan de congeniar, que están liberados de relaciones fijas o estables. De manera que se acercan y se repelen. La mujer triunfa, el hijo consigue poner pie en la vida, Águeda, mi personaje favorito, sí cree en lo que hace y nunca dejó la relación que mantuvo con el protagonista. Hasta guarda el libro de Saramago que le regaló.

Los suicidios en España se están incrementando. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2019 hubo 3.671 fallecidos por esta causa, 2.771 eran hombres y 900 eran mujeres, un 3,7% más que el año anterior. ¿Usted ha conocido casos próximos?
F.A.: Sí. Lo importante en la novela es el hecho de que uno se va a suicidar, porque eso cambia radicalmente la manera de ver la realidad y relacionarse con los demás. En esta época de pandemia se habla mucho de virus y demás pero el índice de suicidios en los países afectados ha subido mucho. Es un tema que no agrada todavía, aún es un tema tabú, no sé por qué, quizá por razones religiosas, por la vergüenza de haber perdido un pariente al que se pudo ayudar, por sentimiento de culpa. Las cifras oficiales están por debajo de las cifras reales. Entre adolescentes también se da. Bueno, en Hannover [donde vive Aramburu] tuvimos hace poco un caso que conmocionó a toda la ciudad, tres adolescentes se tiraron al tren. El hecho de que haya un tema que no gusta hablar es un tema muy estimulante para un novelista. Ahora mismo en Hannover es muy difícil conseguir una cita para el psicólogo, están los consultorios abarrotados.

¿Va a abordar esto en algún libro?
F.A.:Es posible, nunca se sabe. Lo que yo no hago es ir detrás de los temas. Está en el baúl, donde todos los trastos que ha dejado la memoria.

¿Y el terrorismo en el País Vasco, lo tiene olvidado?
F.A.: No, no. Volveré porque creo que todavía tengo historias en el cajón. Lo que no quiero es escribir siempre sobre los mismos asuntos, exprimiendo la misma naranja toda la vida.

¿Sería un tratamiento diferente?
F.A.: Tengo varias ideas. Tengo una cuenta pendiente con el humor, por ejemplo, pero tengo que saber resolverlo. Que no incurriese en el aumento dolor de las víctimas, pero sí en la parodia del criminal, del agresor.

No es fácil.
F.A.: Por eso no lo tengo resuelto. El asunto del terrorismo fue, y sigue siendo, doloroso para mí. Será muy difícil que no lo aborde nuevamente.

¿Le tocó muy cerca?
F.A. : Totalmente cerca, ETA se fundó el año que yo nací. Chavales del cole que ingresaron en ETA, ETA estaba allí, en el barrio. Una vez nos hicieron un atentado, nos reventaron un transformador y nos dejaron sin luz en un barrio obrero. Se cayó en casa un cuadro que yo había pintado y se hizo un agujero con algo. Lo conservo. He visto autobuses ardiendo, gente en el suelo, la policía, los disparos... Me eduqué ahí, pero por suerte no caí en el abismo en que cayeron otros.

¿Qué le salvó?
F.A.: Vivir en una ciudad, en un pueblo no hay escapatoria; cierta base cristiana de niño al que le enseñan pronto qué estaba bien y mal y que ya nace sabiendo que no puedes construir nada positivo matando a otros. Y, probablemente, la cultura, que te abre la mente, que el mundo va más allá que el final de tu calle, que hay arte, que existe la tolerancia.

El abrazo final de Patria, ¿no era más un deseo que una realidad?
F.A. : Probablemente era un deseo mío. Un abrazo que no fuera meloso, exagerado, sino una mínima muestra de reconocimiento del otro. Hasta el punto que ese final lo tenía en la mente antes de empezar la novela. Ese abrazo ha recibido multitud de interpretaciones, muchas de ellas contradictorias, pero a mí eso me da igual. Yo no podía despedir al lector después de 600 y pico páginas con una bofetada en la cara, ¿no?, sino que yo quería poner a esas dos mujeres una enfrente de la otra, y que no se dijeran nada. Que en el fondo, si uno lee con atención o ve la serie, en realidad no van al encuentro una de la otra, sino que se topan. Se podrían apartar y no. Se detienen un momento y se dan un mínimo abrazo que, para mí al menos, tiene un valor simbólico. Me gustaría que la sociedad en que nací llegara a un mínimo grado de convivencia pacífica, de aceptar que el otro es distinto.

¿Y cómo lo ve ahora?
F.A. : Ahora hay una coexistencia que la población en general ha aceptado. Hay un nivel de bienestar muy alto, un grado de competencias muy alto y el agresor parece que se conforma con la situación actual y renuncia en principio a la crueldad para conseguir sus objetivos. Hay un remanso no sé si de paz pero sí de cierta armonía social. Y esto se está valorando para beneficio del nacionalismo.

¿Cómo se sobrevive al éxito de Patria?
F.A.: Bueno, hay un antídoto eficaz que es la serenidad. Yo ya no tengo 18 años.Patria era mi novena novela, con libros anteriores que habían pasado inadvertidos. Me alegró mucho, fueron años de muchos viajes. Yo estoy agradecido al libro porque me ha proporcionado lo que antes no tenía, muchos muchos lectores. Ahora bien, no tengo que perder contacto con el suelo. Tampoco he estado solo en la gestión del éxito, estaba mi mujer, los amigos que aconsejan, porque las posibilidades de creerse bobo, de creerse que uno vale mucho son muy grandes y eso además no concuerda con mis orígenes. Y después he publicado tres libros, este es el cuarto. Libros que iban claramente por senderos no comerciales. La carta de la literatura no me gustaría dejar de jugarla, yo soy muy ambicioso. Para mí la literatura no es un puente para llegar a otro sitio, sino que mi ambición empieza en la primera palabra y termina en el punto final. Ahí sí que quiero lograr la literatura, hacer arte, lograr la profundidad del pensamiento con la ayuda de las palabras. Si la obra no es valiosa, sólida literariamente, a eso sí que le llamaría fracaso. Si gusta o no... Llegó un momento en que dejé de leer críticas, ni positivas ni negativas.

Ahora igual le están esperando, en España somos muy envidiosos.
F.A.: Me da igual, yo no vivo en España.

En Los vencejos no toca el terrorismo, excepto con Patachula, que tiene una prótesis porque fue víctima del 11-M, pero sí que hay, al menos, una frase sobre el nacionalismo: "A uno le paren en una parcela acotada del planeta y, por capricho del azar, es español, irlandés, argentino o lo que le toque, y se supone que debe sentir alguna suerte de entusiasmo patriótico...".
F.A.: No es que me impuse no meter el tema vasco, sí el catalán porque el año en que trascurre la novela el conflicto estaba muy virulento todavía. Todo lo que tiene que ver con la realidad social española está incorporado a la narración. La narración no se detiene para que alguien eche un discurso.

Entre esos temas aborda la educación y usted conoce ese mundo porque dio clases durante 24 años en dos colegios públicos. En el libro se dice: "¿Para qué vamos a memorizar si en Google está todo'".
F.A.: En Alemania, en educación, hay un mínimo común para todos y el país está, ahora, mejor cohesionado. Pero si ya a uno le intentan hacer votante, entonces la educación fracasa. El tema de la memoria me parece fundamental. Las listas de los reyes godos no equivalen al conocimiento pero el esfuerzo por memorizar los nombres o poemas es muy importante.

¿Qué libros o autores son los suyos, a quiénes revisita?
F.A.: Sí, soy relector. Me pillas ahora releyendo el Quijote, me lo he traído. Por sexta vez, una por década. Yo soy muy dado a los ritos. Actualmente leo dos libros de Austral al mes, de la colección antigua, me da igual el contenido. Para resarcirme de los inconvenientes de la pandemia estuve comprando por internet primeras ediciones de Heinrich Böll, me leo uno al mes. Soy asiduo de Aleixandre, César Vallejo, Lorca, Machado, Quevedo, Góngora, soy muy dado a las crónicas de Indias, tan olvidadas, cuentistas iberoamericanos, Pedro Páramo cada tres o cuatro años sabiendo que uno va al gozo seguro, un Dostoievski para acabar el año, Eça de Queiroz, que lo tengo en lo más alto... Y mucha literatura alemana. Creo que no soy explicable sólo desde la literatura española. Por ejemplo, esta tendencia que tengo desde Patria, de contar una historia en fragmentos, me viene un poco de la literatura alemana, de Uwe Johnson, que escribió cuatro tomos en Los días del año, plúmbeo y demás. Pero me convenció la estructura de fragmentos cotidianos de escritura en los cuales lo mismo puedes contar un recuerdo, un episodio del día que un sueño. La idea del diario no me convence para explicar Los vencejos, aunque la escritura sea diaria. Yo soy un lector constante. No veo la tele y no porque no me guste sino porque tengo que elegir, al teatro apenas voy. A las siete y media u ocho me siento a leer hasta las once y media. Y además he descubierto que un libro no consiste exactamente en lo que contiene, también lo que a uno se le ocurre mientras está leyendo. Particularmente los libros tediosos son muy inspiradores para mí, me despisto, los ojos siguen mirando los renglones y yo sigo trabajando en otras historias útiles para mí.

¿Lleva una agenda encima?
F.A.: Sí. Y si leo a Cervantes o Galdós y veo una expresión que tiene saborcillo, me da igual que sea arcaica, cuando puedo la uso.

¿Escribe por la mañana?
F.A.: Y por la tarde. Yo dedico el día entero a escribir. Desde las ocho de la mañana. A las once y cuarto saco la perra, como, hago un sudoku, hago una siesta con música, veo el telediario y hasta las seis otra vez. Y a las seis el cerebro se me apaga. Y eso todos los días.

¿Cuánto tiempo le ha llevado la novela?
F.A.: Como tres años. Al principio la interrumpía. Cada novela son miles de datos y como uno se despiste puede contradecirse, pero luego vino la pandemia y se acabaron los viajes y estuve en unas condiciones inmejorables. Dejé de escribir las colaboraciones de prensa para escribir este libro que sabía que iba a ser muy tocho, sabía que iba a constar de 365 secuencias, y eso que me prohibí escribir más de tres páginas por secuencia, pero aun así era muy amplio. Y luego el elenco de los personajes.

¿Hay que añadir?
F.A.: Que la novela es muy buena.
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https://www.editions-ivrea.fr/fr/2-catalogue.html

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Mensaje por Pogue Mahone Sáb 28 Ago 2021 - 11:33

@Axlferrari escribió:Patria (Serie HBO) - Página 15 16301341885098

Fernando Aramburu : "Nací en una familia obrera con poca cultura, y si no hubiera sido por los libros podría haber repetido el destino laboral de mi padre"


https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2021/08/28/6127c5c6e4d4d84f328b45ba.html

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Cinco años después de Patria, con su millón y medio de ejemplares vendidos, regresa el Aramburu novelista con Los vencejos (Tusquets). La soledad, el desencanto y la inestabilidad emocional rondan la vida de este hombre complejo y cincuentón que sólo tiene un amigo y al que confiesa que quiere suicidarse en un año exacto. En un diario cuenta sus incertidumbres y revive su pasado. El libro, de 700 páginas y con una tirada inicial de 150.000 ejemplares, aborda "qué función le queda, si es que le queda alguna, al varón maduro en una época de post patriarcado". El escritor donostiarra anuncia que sopesa volver a escribir sobre el terrorismo pero desde un punto de vista humorístico. Este pasado jueves, en la plaza de La Guindalera, el barrio madrileño donde transcurre buena parte de la novela, se realizó la entrevista.

¿Por qué los vencejos y no las golondrinas o los estorninos?

F. Aramburu: Porque hay muchos en la ciudad [Madrid] cuando la he visitado, por la mañana y al atardecer sobre todo. Los vencejos figuran en la novela pero no como elemento decorativo, cumplen una función simbólica. El protagonista narrador les incorpora a su mundo de sueños y de reflexiones.

¿Cómo se le ocurrió la novela, hubo un fogonazo?

F.A.: No recuerdo un hecho inicial, al contrario de otras narraciones. Llegué a raíz de unas preguntas que me hacía sobre dos cuestiones: la función que le queda, si es que le queda alguna, al varón maduro en una época de post patriarcado, pues el feminismo va cumpliendo en la democracia sus legítimas reclamaciones pero qué pasa con el alimentador, el señor que mandaba en la familia y tenía la última palabra. Y el otro estímulo, simultáneo, no tiene tanto que ver con el suicidio sino con la circunstancia de que uno sepa el día y la hora exacta de su muerte, cómo se vive eso; sobre todo cuando no son inmediatas, cuando no se llega por un impulso ciego sino dentro de un plazo que permite adoptar una visión de la vida cotidiana que acaso sea muy distinta. Como, por ejemplo, el valor de unas cosas que nos parecen muy importantes y que dentro de poco las vamos a perder o si merece la pena aceptar las leyes. Cuando vi que había una posibilidad de novela la diseñé tras tomar unas decisiones de tipo formal, técnico entre las que incluyo el final, que por cierto no era el que tiene la novela. Ideé una novela al estilo mosaico, con secuencias breves, el tipo de modulación del idioma adaptado a un hombre maduro de 55 años con un nivel cultural elevado... Y me lancé.

El protagonista se quiere suicidar sin un motivo claro, podría parecer una novela existencialista.
F.A.: Eso depende de quien lo lea; según el lector, la novela irá en una dirección u otra. El protagonista no sabe por qué se va a suicidar, el autor tampoco. Él se concede un año para saber por qué no quiere vivir más. Quizá porque lo vivido ya es suficiente. Si esto se anuncia ya en la primera página, de alguna manera es como una cuenta atrás. Si sigue leyendo, el lector va a ejecutar al personaje, aunque podría liberarlo de este destino dejando de leer.

En ese año, que se inicia el 1 de agosto de 2018, el protagonista va desprendiéndose de sus libros, excepto de El extranjero de Camus. El autor francés aparece a menudo en el libro, incluso se cita su conocida frase "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio".

F.A.: Tanto para Toni, el protagonista, como para Fernando Aramburu, Camus es muy importante porque los dos hemos creado una moral con la que nos manejamos para convivir con los demás que está muy bien teorizada por Camus en El hombre rebelde. La frase que citabas, de El mito de Sísifo, me parece una chorrada, una afirmación gratuita. Pero Camus es mucho. Y Bertrand Russell, que consideraba que una vida buena, positiva está fundada en tres principios en los que Toni fracasa: la experiencia del amor, que no le sale bien; el afán de conocimiento, ya desde el principio empieza quejándose porque hay cosas de la vida cotidiana que no entiende, y la empatía con los dolores del mundo, en la que también fracasa porque no termina de conectarse con los demás, los problemas colectivos le dan igual: va a votar y vota a ciegas. Camus y Russell cuestionan la crueldad, la falta de comprensión.

¿Los libros consuelan, sirven para algo?
F.A.: Yo discrepo de mi personaje porque la cultura, el cultivo de la persona sí es liberador y yo lo he percibido en mis propias carnes porque nací en una familia obrera, con muy poca cultura, y si no hubiera sido por los libros podría haber repetido el destino laboral de mi padre, no habría conocido otros países. El libro es un símbolo cultural. El libro supone el conocimiento del idioma y por tanto la posibilidad de nombrar el mundo y entenderle. En principio Toni también creía algo parecido, lo que pasa es que ha llegado a un desengaño, que para mí es ajeno, y vuelve la mirada atrás, busca culpables y entre ellos encuentra los libros. Está en un laberinto de culpas, de arrepentimiento, de mala conciencia. Confío en que los lectores vean cierta complejidad en el personaje.

Toni sólo tiene un amigo, que es un descreído, con el hijo no se entiende... en realidad sólo se lleva bien con su perro.

F.A.: Es curiosa su soledad, es una soledad acompañada. Con los otros personajes de la novela [su hermano, su ex novia Águeda, por supuesto su ex mujer Amalia...] tiene una relación no plena, no satisfactoria, salvo con su perra y con su muñeca hinchable. Son los dos únicos entes con los que se comunica con cierta plenitud, sin trampas.

¿Por qué situó la trama en Madrid?
Es una ciudad muy visitada por mí, donde viven amigos y parientes. Y como tenía la ambición de introducir un dibujo de la España de nuestros días no tuve duda de que Madrid es un escenario pintiparado, ocurren muchas cosas. Elegí La Guindalera porque lo conozco, porque vive una sobrina mía que me ha ayudado mucho y porque me parece un barrio muy auténtico, no está invadido por turistas.

Hay bastante sexo en el libro.
Tiene una razón. La novela activa una paradoja que me parece que hay que tener en cuenta: el protagonista es un hombre racional, muy propenso al discurso analítico y sin embargo no ha superado nunca las pulsiones físicas. Crea en él como dos espacios, de pronto actúa de una forma irracional, dejándose llevar por el instinto. El sexo remarca mucho la soledad de este hombre. El sexo no está recogido en el libro como unas páginas calentitas que puedan excitar el morbo del lector. De hecho no hay ninguna escena erótica de tipo divertido, nunca se hace comedia. Tanto el protagonista como su amigo, Patachula, viven mediante el sexo de pago uno de los últimos restos del patriarcado, pagando logran durante unos minutos la mujer sumisa, que no les exige nada. Viven durante un rato esa ilusión de poseer un cuerpo a cambio de unos honorarios

Y por ahí anda Tina, una muñeca hinchable.
Tina es tratada con mimo, es la Dulcinea del Toboso de Toni. Proyecta en esa muñeca toda una serie de fantasías varoniles, se desfoga con ella, pero en cierto modo la humaniza poniéndole un nombre, tratándola con cierto afecto. Estos episodios son un poco tristes pues muestran la radical soledad de ese hombre. Hay un episodio en que su hijo descubre la muñeca y esa escena podía dar pie a un pasaje chusco pero no quise.

Menudo protagonista, taciturno, soso, medio fracasado, solitario...
F.A.:Pero es lúcido. Tiene un saco de defectos pero tiene lucidez.

¿Eso es lo que le lleva a la amargura?
F.A.:A ratos sí. Yo lo veo como un hombre al que le gustaría, una vez en la vida, vivir algo grande, protagonizar una tragedia y no sabe cómo. Le gustaría ser Hamlet, el joven Werther. Que la vida se lo permita o no, eso se sabrá si se lee la novela. Pero mala leche también tiene. E ironía, cuando quiere.

La novela parece un poco sombría.
F.A.: A mí me vienen episodios gamberros, divertidos. Aquí hay una pequeña trampa: todo lo que sabemos de los personajes nos lo dice el narrador, habría que cogerlos con guantes porque igual el tipo este nos está dando una descripción desfavorable que igual no se corresponde con la realidad. Pero en principio no hay miseria, no hay violencia, salvo la doméstica de los padres... Es más bien gente que se disputa espacios que no terminan de congeniar, que están liberados de relaciones fijas o estables. De manera que se acercan y se repelen. La mujer triunfa, el hijo consigue poner pie en la vida, Águeda, mi personaje favorito, sí cree en lo que hace y nunca dejó la relación que mantuvo con el protagonista. Hasta guarda el libro de Saramago que le regaló.

Los suicidios en España se están incrementando. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2019 hubo 3.671 fallecidos por esta causa, 2.771 eran hombres y 900 eran mujeres, un 3,7% más que el año anterior. ¿Usted ha conocido casos próximos?
F.A.: Sí. Lo importante en la novela es el hecho de que uno se va a suicidar, porque eso cambia radicalmente la manera de ver la realidad y relacionarse con los demás. En esta época de pandemia se habla mucho de virus y demás pero el índice de suicidios en los países afectados ha subido mucho. Es un tema que no agrada todavía, aún es un tema tabú, no sé por qué, quizá por razones religiosas, por la vergüenza de haber perdido un pariente al que se pudo ayudar, por sentimiento de culpa. Las cifras oficiales están por debajo de las cifras reales. Entre adolescentes también se da. Bueno, en Hannover [donde vive Aramburu] tuvimos hace poco un caso que conmocionó a toda la ciudad, tres adolescentes se tiraron al tren. El hecho de que haya un tema que no gusta hablar es un tema muy estimulante para un novelista. Ahora mismo en Hannover es muy difícil conseguir una cita para el psicólogo, están los consultorios abarrotados.

¿Va a abordar esto en algún libro?
F.A.:Es posible, nunca se sabe. Lo que yo no hago es ir detrás de los temas. Está en el baúl, donde todos los trastos que ha dejado la memoria.

¿Y el terrorismo en el País Vasco, lo tiene olvidado?
F.A.: No, no. Volveré porque creo que todavía tengo historias en el cajón. Lo que no quiero es escribir siempre sobre los mismos asuntos, exprimiendo la misma naranja toda la vida.

¿Sería un tratamiento diferente?
F.A.: Tengo varias ideas. Tengo una cuenta pendiente con el humor, por ejemplo, pero tengo que saber resolverlo. Que no incurriese en el aumento dolor de las víctimas, pero sí en la parodia del criminal, del agresor.

No es fácil.
F.A.: Por eso no lo tengo resuelto. El asunto del terrorismo fue, y sigue siendo, doloroso para mí. Será muy difícil que no lo aborde nuevamente.

¿Le tocó muy cerca?
F.A. : Totalmente cerca, ETA se fundó el año que yo nací. Chavales del cole que ingresaron en ETA, ETA estaba allí, en el barrio. Una vez nos hicieron un atentado, nos reventaron un transformador y nos dejaron sin luz en un barrio obrero. Se cayó en casa un cuadro que yo había pintado y se hizo un agujero con algo. Lo conservo. He visto autobuses ardiendo, gente en el suelo, la policía, los disparos... Me eduqué ahí, pero por suerte no caí en el abismo en que cayeron otros.

¿Qué le salvó?
F.A.: Vivir en una ciudad, en un pueblo no hay escapatoria; cierta base cristiana de niño al que le enseñan pronto qué estaba bien y mal y que ya nace sabiendo que no puedes construir nada positivo matando a otros. Y, probablemente, la cultura, que te abre la mente, que el mundo va más allá que el final de tu calle, que hay arte, que existe la tolerancia.

El abrazo final de Patria, ¿no era más un deseo que una realidad?
F.A. : Probablemente era un deseo mío. Un abrazo que no fuera meloso, exagerado, sino una mínima muestra de reconocimiento del otro. Hasta el punto que ese final lo tenía en la mente antes de empezar la novela. Ese abrazo ha recibido multitud de interpretaciones, muchas de ellas contradictorias, pero a mí eso me da igual. Yo no podía despedir al lector después de 600 y pico páginas con una bofetada en la cara, ¿no?, sino que yo quería poner a esas dos mujeres una enfrente de la otra, y que no se dijeran nada. Que en el fondo, si uno lee con atención o ve la serie, en realidad no van al encuentro una de la otra, sino que se topan. Se podrían apartar y no. Se detienen un momento y se dan un mínimo abrazo que, para mí al menos, tiene un valor simbólico. Me gustaría que la sociedad en que nací llegara a un mínimo grado de convivencia pacífica, de aceptar que el otro es distinto.

¿Y cómo lo ve ahora?
F.A. : Ahora hay una coexistencia que la población en general ha aceptado. Hay un nivel de bienestar muy alto, un grado de competencias muy alto y el agresor parece que se conforma con la situación actual y renuncia en principio a la crueldad para conseguir sus objetivos. Hay un remanso no sé si de paz pero sí de cierta armonía social. Y esto se está valorando para beneficio del nacionalismo.

¿Cómo se sobrevive al éxito de Patria?
F.A.: Bueno, hay un antídoto eficaz que es la serenidad. Yo ya no tengo 18 años.Patria era mi novena novela, con libros anteriores que habían pasado inadvertidos. Me alegró mucho, fueron años de muchos viajes. Yo estoy agradecido al libro porque me ha proporcionado lo que antes no tenía, muchos muchos lectores. Ahora bien, no tengo que perder contacto con el suelo. Tampoco he estado solo en la gestión del éxito, estaba mi mujer, los amigos que aconsejan, porque las posibilidades de creerse bobo, de creerse que uno vale mucho son muy grandes y eso además no concuerda con mis orígenes. Y después he publicado tres libros, este es el cuarto. Libros que iban claramente por senderos no comerciales. La carta de la literatura no me gustaría dejar de jugarla, yo soy muy ambicioso. Para mí la literatura no es un puente para llegar a otro sitio, sino que mi ambición empieza en la primera palabra y termina en el punto final. Ahí sí que quiero lograr la literatura, hacer arte, lograr la profundidad del pensamiento con la ayuda de las palabras. Si la obra no es valiosa, sólida literariamente, a eso sí que le llamaría fracaso. Si gusta o no... Llegó un momento en que dejé de leer críticas, ni positivas ni negativas.

Ahora igual le están esperando, en España somos muy envidiosos.
F.A.: Me da igual, yo no vivo en España.

En Los vencejos no toca el terrorismo, excepto con Patachula, que tiene una prótesis porque fue víctima del 11-M, pero sí que hay, al menos, una frase sobre el nacionalismo: "A uno le paren en una parcela acotada del planeta y, por capricho del azar, es español, irlandés, argentino o lo que le toque, y se supone que debe sentir alguna suerte de entusiasmo patriótico...".
F.A.: No es que me impuse no meter el tema vasco, sí el catalán porque el año en que trascurre la novela el conflicto estaba muy virulento todavía. Todo lo que tiene que ver con la realidad social española está incorporado a la narración. La narración no se detiene para que alguien eche un discurso.

Entre esos temas aborda la educación y usted conoce ese mundo porque dio clases durante 24 años en dos colegios públicos. En el libro se dice: "¿Para qué vamos a memorizar si en Google está todo'".
F.A.: En Alemania, en educación, hay un mínimo común para todos y el país está, ahora, mejor cohesionado. Pero si ya a uno le intentan hacer votante, entonces la educación fracasa. El tema de la memoria me parece fundamental. Las listas de los reyes godos no equivalen al conocimiento pero el esfuerzo por memorizar los nombres o poemas es muy importante.

¿Qué libros o autores son los suyos, a quiénes revisita?
F.A.: Sí, soy relector. Me pillas ahora releyendo el Quijote, me lo he traído. Por sexta vez, una por década. Yo soy muy dado a los ritos. Actualmente leo dos libros de Austral al mes, de la colección antigua, me da igual el contenido. Para resarcirme de los inconvenientes de la pandemia estuve comprando por internet primeras ediciones de Heinrich Böll, me leo uno al mes. Soy asiduo de Aleixandre, César Vallejo, Lorca, Machado, Quevedo, Góngora, soy muy dado a las crónicas de Indias, tan olvidadas, cuentistas iberoamericanos, Pedro Páramo cada tres o cuatro años sabiendo que uno va al gozo seguro, un Dostoievski para acabar el año, Eça de Queiroz, que lo tengo en lo más alto... Y mucha literatura alemana. Creo que no soy explicable sólo desde la literatura española. Por ejemplo, esta tendencia que tengo desde Patria, de contar una historia en fragmentos, me viene un poco de la literatura alemana, de Uwe Johnson, que escribió cuatro tomos en Los días del año, plúmbeo y demás. Pero me convenció la estructura de fragmentos cotidianos de escritura en los cuales lo mismo puedes contar un recuerdo, un episodio del día que un sueño. La idea del diario no me convence para explicar Los vencejos, aunque la escritura sea diaria. Yo soy un lector constante. No veo la tele y no porque no me guste sino porque tengo que elegir, al teatro apenas voy. A las siete y media u ocho me siento a leer hasta las once y media. Y además he descubierto que un libro no consiste exactamente en lo que contiene, también lo que a uno se le ocurre mientras está leyendo. Particularmente los libros tediosos son muy inspiradores para mí, me despisto, los ojos siguen mirando los renglones y yo sigo trabajando en otras historias útiles para mí.

¿Lleva una agenda encima?
F.A.: Sí. Y si leo a Cervantes o Galdós y veo una expresión que tiene saborcillo, me da igual que sea arcaica, cuando puedo la uso.

¿Escribe por la mañana?
F.A.: Y por la tarde. Yo dedico el día entero a escribir. Desde las ocho de la mañana. A las once y cuarto saco la perra, como, hago un sudoku, hago una siesta con música, veo el telediario y hasta las seis otra vez. Y a las seis el cerebro se me apaga. Y eso todos los días.

¿Cuánto tiempo le ha llevado la novela?
F.A.: Como tres años. Al principio la interrumpía. Cada novela son miles de datos y como uno se despiste puede contradecirse, pero luego vino la pandemia y se acabaron los viajes y estuve en unas condiciones inmejorables. Dejé de escribir las colaboraciones de prensa para escribir este libro que sabía que iba a ser muy tocho, sabía que iba a constar de 365 secuencias, y eso que me prohibí escribir más de tres páginas por secuencia, pero aun así era muy amplio. Y luego el elenco de los personajes.

¿Hay que añadir?
F.A.: Que la novela es muy buena.

Casi acaba de obrero! Pobrecito.... Enhorabuena señor Aramburu!!!

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Mensaje por salakov Sáb 28 Ago 2021 - 11:38

Las camisas estampadas son de…
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Mensaje por Axlferrari Sáb 28 Ago 2021 - 11:40

Las zapatillas rosas ya ni te cuento.
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https://www.editions-ivrea.fr/fr/2-catalogue.html

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Mensaje por salakov Sáb 28 Ago 2021 - 11:43

Mi personaje de ficción favorito es el empresario vasco bondadoso de “Patria”.
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Mensaje por morley Sáb 28 Ago 2021 - 11:46

Cuanta inquina...  Laughing
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Mensaje por Pogue Mahone Sáb 28 Ago 2021 - 11:49

@salakov escribió:Mi personaje de ficción favorito es el empresario vasco bondadoso de “Patria”.

Una novela moderna, en la cual los personajes a más aroma constitucionalista, mejores rasgos de personalidad, valores éticos más altos... A menos, personalidades con patologías mentales varias...

Me recuerda a "Million dollar...", la peli esa de Eastwood en la cual, el mayor poder adquisitivo va en consonancia con valores éticos elevados y el menor, a los más mezquinos.

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Mensaje por salakov Sáb 28 Ago 2021 - 11:55

¿Insinúas que “Patria”, la gran novela sobre el conflicto basko, es maniquea?

Uy uy uy.
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Mensaje por wakam Sáb 28 Ago 2021 - 12:06

@salakov escribió:Mi personaje de ficción favorito es el empresario vasco bondadoso de “Patria”.

Conoces El Jefe Infiltrado? Te va a encantar.

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Mensaje por Axlferrari Dom 29 Ago 2021 - 7:12

Hace cuatro años puse el enlace hacia la reseña muy completa de Javier Rodríguez Hidalgo "Patria, una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro", lo pongo otra vez :

https://edicioneselsalmon.wordpress.com/2017/06/27/patria-una-novela-que-refleja-muy-bien-el-conflicto-austrohungaro/


Pocos críticos han señalado lo obvio, esto es, que Patria no es un feliz cruce de «alta literatura» y éxito de ventas (a la manera de Cien años de soledad, por poner un ejemplo claro), sino un best-seller a secas. Aunque no existan fórmulas infalibles para su fabricación, Patria respeta muchas reglas del género: busca la identificación del lector con algunos de los personajes, las situaciones son estereotipadas, la trama es sólo superficialmente compleja y no exige ningún esfuerzo para seguirla, los capítulos son breves para no desalentar a lectores perezosos, el morbo abunda y además es un buen ladrillo (para que el lector no habitual crea que se lleva un buen taco de lectura a casa al hacer la compra).
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https://www.editions-ivrea.fr/fr/2-catalogue.html

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Mensaje por Pogue Mahone Dom 29 Ago 2021 - 9:12

@Axlferrari escribió:Hace cuatro años puse el enlace hacia la reseña muy completa de Javier Rodríguez Hidalgo "Patria, una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro", lo pongo otra vez :

https://edicioneselsalmon.wordpress.com/2017/06/27/patria-una-novela-que-refleja-muy-bien-el-conflicto-austrohungaro/


Pocos críticos han señalado lo obvio, esto es, que Patria no es un feliz cruce de «alta literatura» y éxito de ventas (a la manera de Cien años de soledad, por poner un ejemplo claro), sino un best-seller a secas. Aunque no existan fórmulas infalibles para su fabricación, Patria respeta muchas reglas del género: busca la identificación del lector con algunos de los personajes, las situaciones son estereotipadas, la trama es sólo superficialmente compleja y no exige ningún esfuerzo para seguirla, los capítulos son breves para no desalentar a lectores perezosos, el morbo abunda y además es un buen ladrillo (para que el lector no habitual crea que se lleva un buen taco de lectura a casa al hacer la compra).

Jajaja q reseña más brutal!
Muy bien traido a colacion el "Paz en la guerra" de Unamuno, demostrando que la novela no es una basura por el tratamiento dado al tema ni por prejuicios ideológicos, sino por el maniqueísmo pueril que sobrevuela cada frase.

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Mensaje por thunderpussy Dom 29 Ago 2021 - 13:39

@salakov escribió:Mi personaje de ficción favorito es el empresario vasco bondadoso de “Patria”.

Muy pequeño empresario al fin y al cabo, o eso se quiere hacer ver
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Mensaje por thunderpussy Dom 29 Ago 2021 - 14:33

@Pogue Mahone escribió:
@Axlferrari escribió:Patria (Serie HBO) - Página 15 16301341885098

Fernando Aramburu : "Nací en una familia obrera con poca cultura, y si no hubiera sido por los libros podría haber repetido el destino laboral de mi padre"


https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2021/08/28/6127c5c6e4d4d84f328b45ba.html

Artículo Premium:

Spoiler:
Cinco años después de Patria, con su millón y medio de ejemplares vendidos, regresa el Aramburu novelista con Los vencejos (Tusquets). La soledad, el desencanto y la inestabilidad emocional rondan la vida de este hombre complejo y cincuentón que sólo tiene un amigo y al que confiesa que quiere suicidarse en un año exacto. En un diario cuenta sus incertidumbres y revive su pasado. El libro, de 700 páginas y con una tirada inicial de 150.000 ejemplares, aborda "qué función le queda, si es que le queda alguna, al varón maduro en una época de post patriarcado". El escritor donostiarra anuncia que sopesa volver a escribir sobre el terrorismo pero desde un punto de vista humorístico. Este pasado jueves, en la plaza de La Guindalera, el barrio madrileño donde transcurre buena parte de la novela, se realizó la entrevista.

¿Por qué los vencejos y no las golondrinas o los estorninos?

F. Aramburu: Porque hay muchos en la ciudad [Madrid] cuando la he visitado, por la mañana y al atardecer sobre todo. Los vencejos figuran en la novela pero no como elemento decorativo, cumplen una función simbólica. El protagonista narrador les incorpora a su mundo de sueños y de reflexiones.

¿Cómo se le ocurrió la novela, hubo un fogonazo?

F.A.: No recuerdo un hecho inicial, al contrario de otras narraciones. Llegué a raíz de unas preguntas que me hacía sobre dos cuestiones: la función que le queda, si es que le queda alguna, al varón maduro en una época de post patriarcado, pues el feminismo va cumpliendo en la democracia sus legítimas reclamaciones pero qué pasa con el alimentador, el señor que mandaba en la familia y tenía la última palabra. Y el otro estímulo, simultáneo, no tiene tanto que ver con el suicidio sino con la circunstancia de que uno sepa el día y la hora exacta de su muerte, cómo se vive eso; sobre todo cuando no son inmediatas, cuando no se llega por un impulso ciego sino dentro de un plazo que permite adoptar una visión de la vida cotidiana que acaso sea muy distinta. Como, por ejemplo, el valor de unas cosas que nos parecen muy importantes y que dentro de poco las vamos a perder o si merece la pena aceptar las leyes. Cuando vi que había una posibilidad de novela la diseñé tras tomar unas decisiones de tipo formal, técnico entre las que incluyo el final, que por cierto no era el que tiene la novela. Ideé una novela al estilo mosaico, con secuencias breves, el tipo de modulación del idioma adaptado a un hombre maduro de 55 años con un nivel cultural elevado... Y me lancé.

El protagonista se quiere suicidar sin un motivo claro, podría parecer una novela existencialista.
F.A.: Eso depende de quien lo lea; según el lector, la novela irá en una dirección u otra. El protagonista no sabe por qué se va a suicidar, el autor tampoco. Él se concede un año para saber por qué no quiere vivir más. Quizá porque lo vivido ya es suficiente. Si esto se anuncia ya en la primera página, de alguna manera es como una cuenta atrás. Si sigue leyendo, el lector va a ejecutar al personaje, aunque podría liberarlo de este destino dejando de leer.

En ese año, que se inicia el 1 de agosto de 2018, el protagonista va desprendiéndose de sus libros, excepto de El extranjero de Camus. El autor francés aparece a menudo en el libro, incluso se cita su conocida frase "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio".

F.A.: Tanto para Toni, el protagonista, como para Fernando Aramburu, Camus es muy importante porque los dos hemos creado una moral con la que nos manejamos para convivir con los demás que está muy bien teorizada por Camus en El hombre rebelde. La frase que citabas, de El mito de Sísifo, me parece una chorrada, una afirmación gratuita. Pero Camus es mucho. Y Bertrand Russell, que consideraba que una vida buena, positiva está fundada en tres principios en los que Toni fracasa: la experiencia del amor, que no le sale bien; el afán de conocimiento, ya desde el principio empieza quejándose porque hay cosas de la vida cotidiana que no entiende, y la empatía con los dolores del mundo, en la que también fracasa porque no termina de conectarse con los demás, los problemas colectivos le dan igual: va a votar y vota a ciegas. Camus y Russell cuestionan la crueldad, la falta de comprensión.

¿Los libros consuelan, sirven para algo?
F.A.: Yo discrepo de mi personaje porque la cultura, el cultivo de la persona sí es liberador y yo lo he percibido en mis propias carnes porque nací en una familia obrera, con muy poca cultura, y si no hubiera sido por los libros podría haber repetido el destino laboral de mi padre, no habría conocido otros países. El libro es un símbolo cultural. El libro supone el conocimiento del idioma y por tanto la posibilidad de nombrar el mundo y entenderle. En principio Toni también creía algo parecido, lo que pasa es que ha llegado a un desengaño, que para mí es ajeno, y vuelve la mirada atrás, busca culpables y entre ellos encuentra los libros. Está en un laberinto de culpas, de arrepentimiento, de mala conciencia. Confío en que los lectores vean cierta complejidad en el personaje.

Toni sólo tiene un amigo, que es un descreído, con el hijo no se entiende... en realidad sólo se lleva bien con su perro.

F.A.: Es curiosa su soledad, es una soledad acompañada. Con los otros personajes de la novela [su hermano, su ex novia Águeda, por supuesto su ex mujer Amalia...] tiene una relación no plena, no satisfactoria, salvo con su perra y con su muñeca hinchable. Son los dos únicos entes con los que se comunica con cierta plenitud, sin trampas.

¿Por qué situó la trama en Madrid?
Es una ciudad muy visitada por mí, donde viven amigos y parientes. Y como tenía la ambición de introducir un dibujo de la España de nuestros días no tuve duda de que Madrid es un escenario pintiparado, ocurren muchas cosas. Elegí La Guindalera porque lo conozco, porque vive una sobrina mía que me ha ayudado mucho y porque me parece un barrio muy auténtico, no está invadido por turistas.

Hay bastante sexo en el libro.
Tiene una razón. La novela activa una paradoja que me parece que hay que tener en cuenta: el protagonista es un hombre racional, muy propenso al discurso analítico y sin embargo no ha superado nunca las pulsiones físicas. Crea en él como dos espacios, de pronto actúa de una forma irracional, dejándose llevar por el instinto. El sexo remarca mucho la soledad de este hombre. El sexo no está recogido en el libro como unas páginas calentitas que puedan excitar el morbo del lector. De hecho no hay ninguna escena erótica de tipo divertido, nunca se hace comedia. Tanto el protagonista como su amigo, Patachula, viven mediante el sexo de pago uno de los últimos restos del patriarcado, pagando logran durante unos minutos la mujer sumisa, que no les exige nada. Viven durante un rato esa ilusión de poseer un cuerpo a cambio de unos honorarios

Y por ahí anda Tina, una muñeca hinchable.
Tina es tratada con mimo, es la Dulcinea del Toboso de Toni. Proyecta en esa muñeca toda una serie de fantasías varoniles, se desfoga con ella, pero en cierto modo la humaniza poniéndole un nombre, tratándola con cierto afecto. Estos episodios son un poco tristes pues muestran la radical soledad de ese hombre. Hay un episodio en que su hijo descubre la muñeca y esa escena podía dar pie a un pasaje chusco pero no quise.

Menudo protagonista, taciturno, soso, medio fracasado, solitario...
F.A.:Pero es lúcido. Tiene un saco de defectos pero tiene lucidez.

¿Eso es lo que le lleva a la amargura?
F.A.:A ratos sí. Yo lo veo como un hombre al que le gustaría, una vez en la vida, vivir algo grande, protagonizar una tragedia y no sabe cómo. Le gustaría ser Hamlet, el joven Werther. Que la vida se lo permita o no, eso se sabrá si se lee la novela. Pero mala leche también tiene. E ironía, cuando quiere.

La novela parece un poco sombría.
F.A.: A mí me vienen episodios gamberros, divertidos. Aquí hay una pequeña trampa: todo lo que sabemos de los personajes nos lo dice el narrador, habría que cogerlos con guantes porque igual el tipo este nos está dando una descripción desfavorable que igual no se corresponde con la realidad. Pero en principio no hay miseria, no hay violencia, salvo la doméstica de los padres... Es más bien gente que se disputa espacios que no terminan de congeniar, que están liberados de relaciones fijas o estables. De manera que se acercan y se repelen. La mujer triunfa, el hijo consigue poner pie en la vida, Águeda, mi personaje favorito, sí cree en lo que hace y nunca dejó la relación que mantuvo con el protagonista. Hasta guarda el libro de Saramago que le regaló.

Los suicidios en España se están incrementando. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2019 hubo 3.671 fallecidos por esta causa, 2.771 eran hombres y 900 eran mujeres, un 3,7% más que el año anterior. ¿Usted ha conocido casos próximos?
F.A.: Sí. Lo importante en la novela es el hecho de que uno se va a suicidar, porque eso cambia radicalmente la manera de ver la realidad y relacionarse con los demás. En esta época de pandemia se habla mucho de virus y demás pero el índice de suicidios en los países afectados ha subido mucho. Es un tema que no agrada todavía, aún es un tema tabú, no sé por qué, quizá por razones religiosas, por la vergüenza de haber perdido un pariente al que se pudo ayudar, por sentimiento de culpa. Las cifras oficiales están por debajo de las cifras reales. Entre adolescentes también se da. Bueno, en Hannover [donde vive Aramburu] tuvimos hace poco un caso que conmocionó a toda la ciudad, tres adolescentes se tiraron al tren. El hecho de que haya un tema que no gusta hablar es un tema muy estimulante para un novelista. Ahora mismo en Hannover es muy difícil conseguir una cita para el psicólogo, están los consultorios abarrotados.

¿Va a abordar esto en algún libro?
F.A.:Es posible, nunca se sabe. Lo que yo no hago es ir detrás de los temas. Está en el baúl, donde todos los trastos que ha dejado la memoria.

¿Y el terrorismo en el País Vasco, lo tiene olvidado?
F.A.: No, no. Volveré porque creo que todavía tengo historias en el cajón. Lo que no quiero es escribir siempre sobre los mismos asuntos, exprimiendo la misma naranja toda la vida.

¿Sería un tratamiento diferente?
F.A.: Tengo varias ideas. Tengo una cuenta pendiente con el humor, por ejemplo, pero tengo que saber resolverlo. Que no incurriese en el aumento dolor de las víctimas, pero sí en la parodia del criminal, del agresor.

No es fácil.
F.A.: Por eso no lo tengo resuelto. El asunto del terrorismo fue, y sigue siendo, doloroso para mí. Será muy difícil que no lo aborde nuevamente.

¿Le tocó muy cerca?
F.A. : Totalmente cerca, ETA se fundó el año que yo nací. Chavales del cole que ingresaron en ETA, ETA estaba allí, en el barrio. Una vez nos hicieron un atentado, nos reventaron un transformador y nos dejaron sin luz en un barrio obrero. Se cayó en casa un cuadro que yo había pintado y se hizo un agujero con algo. Lo conservo. He visto autobuses ardiendo, gente en el suelo, la policía, los disparos... Me eduqué ahí, pero por suerte no caí en el abismo en que cayeron otros.

¿Qué le salvó?
F.A.: Vivir en una ciudad, en un pueblo no hay escapatoria; cierta base cristiana de niño al que le enseñan pronto qué estaba bien y mal y que ya nace sabiendo que no puedes construir nada positivo matando a otros. Y, probablemente, la cultura, que te abre la mente, que el mundo va más allá que el final de tu calle, que hay arte, que existe la tolerancia.

El abrazo final de Patria, ¿no era más un deseo que una realidad?
F.A. : Probablemente era un deseo mío. Un abrazo que no fuera meloso, exagerado, sino una mínima muestra de reconocimiento del otro. Hasta el punto que ese final lo tenía en la mente antes de empezar la novela. Ese abrazo ha recibido multitud de interpretaciones, muchas de ellas contradictorias, pero a mí eso me da igual. Yo no podía despedir al lector después de 600 y pico páginas con una bofetada en la cara, ¿no?, sino que yo quería poner a esas dos mujeres una enfrente de la otra, y que no se dijeran nada. Que en el fondo, si uno lee con atención o ve la serie, en realidad no van al encuentro una de la otra, sino que se topan. Se podrían apartar y no. Se detienen un momento y se dan un mínimo abrazo que, para mí al menos, tiene un valor simbólico. Me gustaría que la sociedad en que nací llegara a un mínimo grado de convivencia pacífica, de aceptar que el otro es distinto.

¿Y cómo lo ve ahora?
F.A. : Ahora hay una coexistencia que la población en general ha aceptado. Hay un nivel de bienestar muy alto, un grado de competencias muy alto y el agresor parece que se conforma con la situación actual y renuncia en principio a la crueldad para conseguir sus objetivos. Hay un remanso no sé si de paz pero sí de cierta armonía social. Y esto se está valorando para beneficio del nacionalismo.

¿Cómo se sobrevive al éxito de Patria?
F.A.: Bueno, hay un antídoto eficaz que es la serenidad. Yo ya no tengo 18 años.Patria era mi novena novela, con libros anteriores que habían pasado inadvertidos. Me alegró mucho, fueron años de muchos viajes. Yo estoy agradecido al libro porque me ha proporcionado lo que antes no tenía, muchos muchos lectores. Ahora bien, no tengo que perder contacto con el suelo. Tampoco he estado solo en la gestión del éxito, estaba mi mujer, los amigos que aconsejan, porque las posibilidades de creerse bobo, de creerse que uno vale mucho son muy grandes y eso además no concuerda con mis orígenes. Y después he publicado tres libros, este es el cuarto. Libros que iban claramente por senderos no comerciales. La carta de la literatura no me gustaría dejar de jugarla, yo soy muy ambicioso. Para mí la literatura no es un puente para llegar a otro sitio, sino que mi ambición empieza en la primera palabra y termina en el punto final. Ahí sí que quiero lograr la literatura, hacer arte, lograr la profundidad del pensamiento con la ayuda de las palabras. Si la obra no es valiosa, sólida literariamente, a eso sí que le llamaría fracaso. Si gusta o no... Llegó un momento en que dejé de leer críticas, ni positivas ni negativas.

Ahora igual le están esperando, en España somos muy envidiosos.
F.A.: Me da igual, yo no vivo en España.

En Los vencejos no toca el terrorismo, excepto con Patachula, que tiene una prótesis porque fue víctima del 11-M, pero sí que hay, al menos, una frase sobre el nacionalismo: "A uno le paren en una parcela acotada del planeta y, por capricho del azar, es español, irlandés, argentino o lo que le toque, y se supone que debe sentir alguna suerte de entusiasmo patriótico...".
F.A.: No es que me impuse no meter el tema vasco, sí el catalán porque el año en que trascurre la novela el conflicto estaba muy virulento todavía. Todo lo que tiene que ver con la realidad social española está incorporado a la narración. La narración no se detiene para que alguien eche un discurso.

Entre esos temas aborda la educación y usted conoce ese mundo porque dio clases durante 24 años en dos colegios públicos. En el libro se dice: "¿Para qué vamos a memorizar si en Google está todo'".
F.A.: En Alemania, en educación, hay un mínimo común para todos y el país está, ahora, mejor cohesionado. Pero si ya a uno le intentan hacer votante, entonces la educación fracasa. El tema de la memoria me parece fundamental. Las listas de los reyes godos no equivalen al conocimiento pero el esfuerzo por memorizar los nombres o poemas es muy importante.

¿Qué libros o autores son los suyos, a quiénes revisita?
F.A.: Sí, soy relector. Me pillas ahora releyendo el Quijote, me lo he traído. Por sexta vez, una por década. Yo soy muy dado a los ritos. Actualmente leo dos libros de Austral al mes, de la colección antigua, me da igual el contenido. Para resarcirme de los inconvenientes de la pandemia estuve comprando por internet primeras ediciones de Heinrich Böll, me leo uno al mes. Soy asiduo de Aleixandre, César Vallejo, Lorca, Machado, Quevedo, Góngora, soy muy dado a las crónicas de Indias, tan olvidadas, cuentistas iberoamericanos, Pedro Páramo cada tres o cuatro años sabiendo que uno va al gozo seguro, un Dostoievski para acabar el año, Eça de Queiroz, que lo tengo en lo más alto... Y mucha literatura alemana. Creo que no soy explicable sólo desde la literatura española. Por ejemplo, esta tendencia que tengo desde Patria, de contar una historia en fragmentos, me viene un poco de la literatura alemana, de Uwe Johnson, que escribió cuatro tomos en Los días del año, plúmbeo y demás. Pero me convenció la estructura de fragmentos cotidianos de escritura en los cuales lo mismo puedes contar un recuerdo, un episodio del día que un sueño. La idea del diario no me convence para explicar Los vencejos, aunque la escritura sea diaria. Yo soy un lector constante. No veo la tele y no porque no me guste sino porque tengo que elegir, al teatro apenas voy. A las siete y media u ocho me siento a leer hasta las once y media. Y además he descubierto que un libro no consiste exactamente en lo que contiene, también lo que a uno se le ocurre mientras está leyendo. Particularmente los libros tediosos son muy inspiradores para mí, me despisto, los ojos siguen mirando los renglones y yo sigo trabajando en otras historias útiles para mí.

¿Lleva una agenda encima?
F.A.: Sí. Y si leo a Cervantes o Galdós y veo una expresión que tiene saborcillo, me da igual que sea arcaica, cuando puedo la uso.

¿Escribe por la mañana?
F.A.: Y por la tarde. Yo dedico el día entero a escribir. Desde las ocho de la mañana. A las once y cuarto saco la perra, como, hago un sudoku, hago una siesta con música, veo el telediario y hasta las seis otra vez. Y a las seis el cerebro se me apaga. Y eso todos los días.

¿Cuánto tiempo le ha llevado la novela?
F.A.: Como tres años. Al principio la interrumpía. Cada novela son miles de datos y como uno se despiste puede contradecirse, pero luego vino la pandemia y se acabaron los viajes y estuve en unas condiciones inmejorables. Dejé de escribir las colaboraciones de prensa para escribir este libro que sabía que iba a ser muy tocho, sabía que iba a constar de 365 secuencias, y eso que me prohibí escribir más de tres páginas por secuencia, pero aun así era muy amplio. Y luego el elenco de los personajes.

¿Hay que añadir?
F.A.: Que la novela es muy buena.

Casi acaba de obrero! Pobrecito.... Enhorabuena señor Aramburu!!!

declaraciones clasistas ¿que hay de malo en
A) ser obrero
B) tener poco cultura?
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Mensaje por thunderpussy Dom 29 Ago 2021 - 14:33

Va ligado lo uno a lo otro?
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Mensaje por Pogue Mahone Dom 29 Ago 2021 - 14:43

@thunderpussy escribió:Va ligado lo uno a lo otro?
Si nos basamos en la los valores éticos y morales q podemos extraer de su novela, la respuesta es un rotundo "porque no".

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Mensaje por nicaster Dom 29 Ago 2021 - 16:26

En mi opinión, siendo "Patria" un bodrio, y el tipo un oportunista, entre este y  "La voz del faquir" de Harkaitz Cano, en realidad hay tan poca diferencia...

Ahora, yo no leo que el tipo diga en la entrevista lo que pone en el titular, aunque eso no es óbice para pontificar sobre si lleva unas zapatillas rosas o una camisa estampada.
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Mensaje por salakov Lun 30 Ago 2021 - 9:55

“Patria” al menos es ágil. Maniquea, pero ágil. No diría que es un bodrio, sí un best-seller.

Me enfadó más “Mejor la ausencia”, de Edurne Portela. Muchísimo más.
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Mensaje por salakov Vie 3 Sep 2021 - 18:44

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Mensaje por red_mosquito Vie 3 Sep 2021 - 18:48

¿Descacharrante?

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@Stoner escribió:coño, que nos pitan como a un equipo modesto joder
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Mensaje por BlueStarRider Vie 3 Sep 2021 - 18:57

@red_mosquito escribió:¿Descacharrante?


Incomprensible el término e incomprensible que este tipo haya vendido tanto libro.
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Mensaje por Wonton Sopabuena Vie 3 Sep 2021 - 19:00

averlo descargao jaja salu2
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Mensaje por nicaster Sáb 4 Sep 2021 - 12:43

@salakov escribió:“Patria” al menos es ágil. Maniquea, pero ágil. No diría que es un bodrio, sí un best-seller.

Me enfadó más “Mejor la ausencia”, de Edurne Portela. Muchísimo más.

Sí, entiendo tu matiz y, en buena parte, lo comparto.
El de Portela no lo he leído, pero creo que aún no ha salido el relato que a mí me gustaría que es el de las situaciones surrealistas y divertidas (ahora) de aquellos tiempos, esas historias descacharrantes incomprensibles en otro momento y lugar. Pero en fin, no creo que llegue a editarse algo así, aunque quizá fuera muy sano.
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Mensaje por wakam Sáb 4 Sep 2021 - 12:46

@salakov escribió:Patria (Serie HBO) - Página 15 142f8310

Clickbait a tope.
El periódico, no tú, que no se puede clickar.
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Mensaje por morley Sáb 4 Sep 2021 - 13:03

Qué esperar del panfleto más infame de la historia del periodismo... con lo competido que está el puesto, además...
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Mensaje por salakov Mar 7 Sep 2021 - 9:42

@wakam escribió:
@salakov escribió:Mi personaje de ficción favorito es el empresario vasco bondadoso de “Patria”.

Conoces El Jefe Infiltrado? Te va a encantar.


Escribí un editorial contra ese programa hace años, justo cuando salió el primero.

Y me ha gustado mucho este hilo de Twitter.

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Mensaje por Apocalypse Dude Mar 7 Sep 2021 - 10:01

En general, todo lo que dice ese hilo es cierto.

Aunque hsce años que no lo veo, si matizaría un par de cosas, que no cambian el mensaje del programa, pero situémoslo a su nivel.

La primera y megaobvia, que tu jefe aparezca con una peluca y 3 cámaras de tv, haciendo preguntas estúpidas y nadiie se entere, pues la mitad de las veces, al menos, es muy difícil de creer.

Por otro lado, aunque se tiren el triple, en muchas ocasiones no es un jefe como tal, si no el dueño de una franquicia que visita a sus franquiciados, de los cuales, obviamente, no es jefe, porque ni les contrata, ni les paga.

Lo que no es óbice para que el mensaje sea de lo más clasista.
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Mensaje por wakam Mar 7 Sep 2021 - 10:05

@Apocalypse Dude escribió:
La primera y megaobvia, que tu jefe aparezca con una peluca y 3 cámaras de tv, haciendo preguntas estúpidas y nadiie se entere, pues la mitad de las vrces, al menos, es muy difícil de creer.

Laughing Arrow2 Arrow2 Arrow2
Yo creo que muchos lo saben y siguen el rollo, porque saben que al final hay viaje a Disneyland para toda la familia.
Y muy llamativo que TODOS los trabajadores que hacen mal su trabajo, TODOS tienen detrás un problema familiar o personal gordo.

Por otro lado cómo me gusta virar los topics hacia asuntos totalmente insospechados Laughing Laughing Laughing

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